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Política C&T

CNPq: 50 años de ciencia

La agencia de fomento fue responsable por la sistematización del apoyo a la investigación científica y tecnológica en el país

LNLS Laboratorio Nacional de Luz SincrotrónLNLS

Incluso haciendo un buen ejercicio de ficción sería difícil imaginar actualmente el panorama de la producción científica y tecnológica en Brasil sin la acción del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq). La agencia de fomento, que en abril celebró sus 50 años, fue responsable por la sistematización del apoyo a la investigación científica y tecnológica en el país, que le permitió a Brasil entrar al selecto grupo de las 18 naciones que concentran más del 1% de la producción científica mundial de acuerdo con el volumen de publicaciones. Si bien la historia del CNPq está hecha de altibajos en lo que se refiere al otorgamiento de fondos para la investigación, también está signada por el diálogo permanente con la comunidad científica y por la formación de un sólido sistema de evaluación por parte de los pares, elementos básicos para el sostenimiento de la autonomía y la independencia política de la investigación.

“La creación del CNPq es un hito fundamental en la historia de la ciencia en Brasil”, dice José Galizia Tundisi, presidente del Instituto Internacional de Ecología, que presidió el CNPq entre 1995 y 1998. “Fue un movimiento estratégico de gran envergadura”. Brasil estaba en sintonía con lo que sucedía en el mundo: su constitución se produjo apenas un año después de la estructuración de la National Science Foundation (NSF), organismo que en Estados Unidos ejerce un papel muy similar al suyo. En Europa, es contemporánea de la consolidación práctica de tres organismos de financiamiento de la ciencia en el Centre National de la Recherche Scientifique (CNRF) y de las primeras discusiones en torno a la creación de un ministerio de ciencia en Gran Bretaña.

La fundación del CNPq significó un gran incentivo para las ciencias básicas, en esa época muy poco evolucionadas, dice Roberto Santos, profesor titular jubilado de la Universidad Federal de Bahía (UFBA), que presidió el órgano en el bienio 1985-1986, después de gobernar Bahía entre 1974 y 1978. Lindolpho de Carvallo Dias, que estuvo al frente de la entidad entre 1993 y 1995, apunta la relevancia para la institución de la investigación en tiempo completo en Brasil. “El CNPq indujo el nacimiento del sistema de posgrado en Brasil”, complementa Carlos Henrique de Brito Cruz, presidente de la FAPESP.

Apoyo sistemático
La conmemoración del 50° aniversario reunió, el día 17 de abril, al presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, ministros, legisladores e investigadores de todo el país en el Teatro Nacional, en Brasilia. Ellos tenían mucho para festejar, pero para alcanzar el éxito actual fue recorrido un largo camino.

A mediados del siglo pasado, la ciencia y la tecnología en el país se resentían ante la falta total de apoyo sistemático, hasta la fundación del CNPq. “Salvo por algunas inversiones federales y estaduales en áreas tales como la de salud pública y de saneamiento básico, y por algunas becas concedidas por la Fundación Rockfeller e iniciativas de alguna que otra empresa privada, simplemente no había recursos para la ciencia y la tecnología”, comenta el historiador Shozo Motoyama, director del Centro de Historia de la Ciencia de la Universidad de São Paulo (USP). Según Motoyama, los pocos institutos de investigación por entonces existentes frecuentemente se veían obligados a orientar su accionar por el utilitarismo o el inmediatismo. La falta de incentivo comprometía el desarrollo de las investigaciones, principalmente en São Paulo, que ya contaba con una universidad del porte de la USP desde 1934, por cierto una de las primeras iniciativas con visión de largo plazo para la CyT en Brasil. Ejemplo de ello es que, en la década del 40, el Instituto Butantan casi que fue transformado en fábrica de sueros y vacunas por el gobierno estadual, cuenta Motoyama. “Es posible que el número de investigadores en Brasil no pasase de una centena en1951”, dice Motoyama. “Hoy gira en torno alos 70 mil.”

La creación de una agencia de fomento era una aspiración que los científicos reunidos en la Asociación Brasileña de Ciencia (ABC) nutrían desde 1919. En esa época, debido a la falta de recursos, ellos quedaron fuera de la primera reunión del International Research Council (Consejo Internacional de Investigación). El CNPq nació con el nombre de Consejo Nacional de Investigación, en 15 de enero de 1951, en gran medida recompensando los esfuerzos del almirante Álvaro Alberto da Motta e Silva, que en 1946 envió la propuesta formal al presidente Eurico Gaspar Dutra. La creación de un organismo nacional de fomento se produjo poco tiempo después de las primeras iniciativas para la creación de la FAPESP, prevista en la Constitución Estadual Paulista de 1947, finalmente llevada a cabo en 1962. Transcurridos algunos meses desde la fundación del CNPq, sería creada la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes), otra agencia exitosa.

Bombas y sonares
Tanto en Brasil como en el exterior, la intensificación de la participación gubernamental en el apoyo a CyT se explica por la importancia estratégica que la ciencia ganó en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, que tuvo su expresión más dramática con la explosión de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. En EE.UU., recuerda Donald E. Stokes en Pasteur’s Cuadrant (Brookings Institution Press, 1997), la comunidad científica, que hasta entonces había optado por no estrechar lazos con el gobierno para proteger su autonomía, se involucró fuertemente en programas patrocinados por las autoridades gubernamentales. “En Brasil también hubo una movilización de los científicos en el esfuerzo de guerra. Un ejemplo de ello fue la fabricación, por ingeniería reversa, de un sonar para la detección de submarinos alemanes”, cuenta Motoyama. “En ese escenario, argumentos en favor de la fundación de un consejo científico con base en la seguridad nacional encontraron menos oposición política”, explica el historiador.

“El CNPq surgió de la articulación de varias corrientes que, si bien no eran convergentes, con seguridad tampoco eran contrapuestas”, analiza Evando Mirra, presidente del CNPq, destacando la excepcional formación científica de los militares que, con Álvaro Alberto, trabajaron para la constitución del organismo. Muchos de esos hombres figuraban, junto a científicos de relevancia como los físicos César Lattes y Joaquim da Costa Ribeiro, en la lista de asociados de la ABC. La trayectoria intelectual de Álvaro Alberto es realmente ejemplar. Graduado en ingeniería en la antigua Escuela Politécnica, el almirante mostró interés en la investigación científica desde muy temprano y,en1921, ingresó a la asociación. Integróla comitiva que recibió a Albert Einstein, cuando el físico alemán estuvo en Brasil en 1925, y cinco años después publicaría un artículo sobre la teoría de la relatividad en la Revista de la Academia Brasileña de Ciencia. En 1935, traería al país Enrico Fermi, quiencondujo las primeras experiencias de desintegración del átomo.

La determinación de Álvaro Alberto para estructurar en el país un consejo nacional de investigación se fortaleció en las discusiones de la comisión de Energía Atómica de la ONU, donde el almirante representó a Brasil. Ante la Comisión, Alberto defendió la tesis no aceptada de las compensaciones específicas, proponiendo que los países poseedores de materias primas atómicas, como el torio brasileño, tuvieran derecho a acceder a la tecnología nuclear para fines pacíficos. “En la época, eran grandes las expectativas de que la energía nuclear suplantara la carbón y al petróleo”, recuerda Motoyama. Fue también en ese foro que Álvaro Alberto se opuso al Plano Baruch, presentado por EE.UU., que mantendría bajo el control de ese país los recursos minerales radioactivos del bloque occidental.

Otro factor que contribuyó para la formación del CNPq, observa Evando Mirra, fue el sensible aumento del interés del público por la ciencia y su desarrollo en el país. En un momento en el cual la energía nuclear representaba la quintaesencia de la modernidad, la participación de César Lattes en el descubrimiento del mesón pi, que le valió al británico Cecil Powell el Premio Nobel de Física en 1950, también recibió amplia cobertura por parte de la prensa. “El evento adquirió en la época casi tanta relevancia como la que el Proyecto Genoma tiene hoy en día”, compara el presidente do CNPq. Éste también llama la atención para el hecho de que, en un país eminentemente agrario, con apenas un tercio de su población concentrada en las ciudades, la comisión que redactó el anteproyecto del CNPq ya contaba con representantes del sector empresarial.

En la gestión de Álvaro Alberto, que se extendió hasta 1955, además de las inversiones en la formación de recursos humanos, a través de la concesión de becas y auxilios, fueron creados los primeros institutos ligados al organismo. En 1956, la estructuración de la Comisión Nacional de Energía Nuclear hizo que el CNPq dejara de coordinar las actividades directamente vinculadas a la investigación nuclear y perdiera una buena parte de su presupuesto. La escasez de recursos resultó en una diáspora de científicos, en busca de mejores condiciones de trabajo y remuneración en el exterior. Esa situación empezó a revertirse en 1967, cuando el gobierno militar promovió la llamada Operación Retorno, con el objetivo de atraer investigadores nuevamente a Brasil, pero en diciembre del año siguiente, con el AI-5 (Acto Institucional Número Cinco), el régimen, contradictoriamente, provocaba el despido y la jubilación compulsiva de muchos investigadores.

En 1974, nuevos cambios. El CNPq dejó de ser autárquico para transformarse en una fundación, lo que le otorgó una mayor agilidad en sus decisiones, y se desvinculó de la Presidencia de la República para subordinarse a la Secretaría de Planeamiento. “La mudanza, que implicó la transferencia física del CNPq a Brasilia, también propició la estructuración de un sistema de evaluación”, cuenta Mirra.Al final de la dictadura, los fondos para CyT volverían a mermar, recuperándose ostensiblemente después del restablecimiento del régimen democrático en el país. A propósito, data de 1985 la constitución del Ministerio de Ciencia y Tecnología, que comandado por Renato Ascher, incorpora inmediatamente al CNPq. “Por esa época, el CNPq dio prioridad a áreas tales como la de genética, que ya era fuerte en Brasil, la denuevos materiales y la de microelectrónica”, recuerda Roberto Santos.

En el período inmediatamente posterior, bajo la presidencia de Crodowaldo Pavan (1986-1990), el órgano invirtió fuerte en la formación de investigadores, elevando el valor de los auxilios. En ese período, también se creó el Laboratorio Nacional de Luz Sincrotrón – el único de este género en América Latina -, se apostó a la divulgación científica y se estructuró en São Paulo la Estación Ciencia, que años después pasaría a ser administrada por la USP.Durante el gobierno de Fernando Collor, conturbado económica y políticamente, las partidas volvieron a menguar. “En una reunión de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia, realizada poco después de que asumiera la presidencia del CNPq, dije en tono de broma que iba a declarar la convocatoria de acreedores”, cuenta Lindolpho de Carvallo Dias. De hecho, la entidad y la comunidad científica tuvieron que negociar la reevaluación y la reestructuración de algunos programas y, consecuentemente, el pago parcial de auxilios atrasados.

Poder de influencia
Durante el período 1995-1998, bajo la presidencia de José Galizia Tundisi, el CNPq implementó proyectos importantes, como la Reserva de Desarrollo Sostenible de Mamirauá, que integra las áreas de ambiente, ciencias sociales y de manejo de los recursos naturales, y el Soar (con la participación de la FAPESP), con influencia decisiva en la inserción de Brasil en la investigación astronómica internacional. Otro hito de ese período fue el lanzamiento de la Sociedad para la Promoción y la Excelencia del Software Brasileño, con el objetivo de apoyar la innovación y el desarrollo científico y tecnológico del software nacional e incentivar su consolidación como producto de exportación.

Actualmente, el CNPq mantiene la concesión de becas en niveles relativamente altos. El año pasado distribuyó 43 mil. A lo largo de su historia, fueron otorgadas un total de 653 mil becas. El organismo prevé un volumen mayor en 2002, producto de un aporte de recursos significativamente más elevado, promovido por las contribuciones de nuevos fondos sectoriales. Evando Mirra admite que la expansión de la concesión de becas impacta de manera negativa sobre el presupuesto para actividades de fomento desde hace ya algún tiempo, pero hay quienes atribuyan al CNPq una capacidad de fomentar la investigación que extrapola la cuestión meramente presupuestaria. “El CNPq es una marca, y como tal, puede generar e incentivar proyectos incluso sin recursos”, opina Tundisi. Crodowaldo Pavan concuerda: “El poder de influencia del CNPq es enorme”. En la opinión de Mirra, en un cuadro de relaciones más complejo como el que se delineó desde hace 10 ó 15 años hasta hoy, la función fomentadora también puede ejercerse mediante convenios y asociaciones.

Un ejemplo de los resultados de este tipo de actuación compartida fue la creación de un núcleo de desarrollo científico y tecnológico en la región de la Usina Hidroeléctrica de Xingó, en el río São Francisco. El Proyecto Xingó es el resultado de la articulación de esfuerzos entre el CNPq, la Companhia Hidrelétrica do São Francisco (Chesf), el Servicio Brasileño de Apoyo a la Pequeña y Mediana Empresa (Sebrae) y el Programa Comunidad Solidaria. El proyecto involucra a cinco universidades estaduales y federales en los estados que forman parte de esa región, donde se registran graves problemas de desertificación y salinización del suelo, además de centros como el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) – que tuvo su origen en el CNPq – y la Empresa Brasileña de Investigaciones Agropecuarias (Embrapa), que fue incubada en el organismo. “El Proyecto Xingó aprovecha la pequeña estructura urbana armada para laconstrucción de la central y también impacta positivamente enlas condiciones de vida de la poblaciónlocal, promoviendo el desarrollo sostenible.”

Políticas integradas
Otra estrategia que está siendo llevada adelante por el CNPq es la de aproximar a las fundaciones de apoyo a la investigación estaduales. “Políticas integradas estaduales y regionales deben ayudar a las administraciones actuales y futuras”, dice Tundisi. Brito Cruz, de la FAPESP, revela que la Fundación se encuentra discutiendo con el CNPq la ampliación de sus asociaciones, entre las cuales se destacan, por su envergadura, el Proyecto Genoma Brasileño y el Proyecto Soar. En la visión de Denis Rosenfield, profesor titular del Departamento de Filosofía de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), vicepresidente del CNPq en 1999, asociaciones de esta naturaleza promueven la diseminación del conocimiento en términos regionales. “Ese modelo de asociación, que parte de proyectos ya estructurados en los estados, permite la transferencia de los avances acumulados en centros altamente capacitados”, evalúa.

El CNPq también está estrechando relaciones con la iniciativa privada, en la mayor parte de los casos en asociación con la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep). “El incentivo para el desarrollo de nuevas tecnologías en las pequeñas y medianas empresas, que la mayoría de las veces las asimilan más rápidamente, es fundamental”, observa Roberto Santos.

En el transcurso de su historia, el CNPq siempre estuvo ligado a proyectos estratégicos para el desarrollo de la ciencia y la tecnología en el país, como, por ejemplo, la producción de insulina, en el ámbito de Biobrás, más allá de diversos programas en el área de biotecnología que tenían como objetivo promover la modernización de los negocios agrícolas. “Otro proyecto especialmente relevante es el Softex, para la exportación de software desarrollados en Brasil”, comenta Mirra. Para el diagnóstico de necesidades de desarrollo localizadas, dice, uno de los instrumentos es el Programa de Tecnologías Apropiadas, con los gobiernos estaduales, otra estrategia importante, con su implementación actualmente en curso.

Si bien la pequeña empresa a veces necesita recursos gubernamentales para desarrollar tecnologías, las grandes corporaciones están comenzando a contribuir con la ciencia y tecnología por medio de los fondos sectoriales. Evando Mirra afirma que las partidas presupuestarias generadas por el Fondo del Petróleo entraron ya en el presupuesto del año pasado. Por ley, el 20% de los recursos de los fondos se destinarán al CNPq, para financiar, entre otras cuestiones, la gestión del personal. Lindolpho de Carvallo Dias aplaude la iniciativa. “La participación del sector privado en el apoyo a la investigación, que llega a casi el 70% en Estados Unidos y al 50% en Alemania, es de apenas un 10% en Brasil”, dice.

El presidente de la FAPESP ve en la creación de los fondos sectoriales una excelente oportunidad para el direccionamiento de partidas tradicionalmente destinadas por el CNPq a la investigación básica.

Empero los fondos tiendan a atender objetivos de carácter utilitario y de esa manera concentrarse más en el desarrollo tecnológico, el presidente del CNPq cree que los nuevos proyectos que serán financiados con esos recursos pueden implicar la adquisición de conocimientos fundamentales. “Hay toda una gama de problemas matemáticos relacionados, por ejemplo, ala dinámica de fluidos como el petróleo”, comenta Brito Cruz. El presidente de la FAPESP se muestra particularmente entusiasmado con la reciente reglamentación del Fondo de Infraestructura, queinvertirá 150 millones de reales en la recuperación y ampliación de laboratorios y equipamientos de centros de investigación y con la perspectiva de la reglamentación de los fondos de telecomunicaciones e informática. La implementación del fondo está prevista para el segundo semestre. “La idea es crear tantos fondos cuanto sea posible”, dice Evando Mirra. “En el contexto de la sociedad de la información, agencias con el papel del CNPq son cadavez más esenciales”, reflexiona.

Apoyo a institutos de investigación
El CNPq invirtió en la estructuración de la investigación a través de la creación de cuatro organismos especializados. En 1952, surgieron el Instituto de Matemática Pura y Aplicada (Impa), y el Instituto de Investigaciones de la Amazonia (Inpa), que incorporó al Museo Emílio Goeldi (del estado de Pará). En 1954, fue estructurado el Instituto de Bibliografía y Documentación (IBBD), que más tarde se transformaría en el Instituto Brasileño de Información en Ciencia y Tecnología. En 1957, el CNPq fundó el Instituto de Investigaciones Viales, que en 1972 pasaría a depender del Departamento Nacional de Carreteras (DNER, sigla en portugués).

El Grupo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Gocnae), embrión del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe, en portugués), surgió en 1961. Después de la creación del Inpe, y hasta mediados de la década del 70, fueron efectivizados proyectos como el Mesa, para la recepción e interpretación de imágenes de satélites meteorológicos; el Sere, para el estudio de los recursos terrestres a partir de técnicas de monitoreo remoto por satélites y aeronaves; y el Saci, para aplicación de un satélite de comunicaciones geoestacionario con miras a ampliar el sistema educativo del país.

En los años 80, el Inpe desarrolló la Misión Espacial Completa Brasileña (MECB), que presentó resultados en la década del 90, con la puesta en órbita de dos satélites brasileños: el SCD-1, en 1993, y el SCD-2, en 1998. También fue lanzado el satélite CBERS-1 en 1999, en cooperación con China.

A lo largo de su trayectoria, el CNPq también invirtió en la instalación de institutos de investigación como el Laboratorio Nacional de Computación Científica (LNCC), en 1980, y el Museo de Astronomía y Ciencia Afines (Mast), en 1985. También puso bajo su esfera a importantes organismos de investigación como el Centro Brasileño de Investigaciones Físicas, fundado en 1949, y el Observatorio Nacional, en actividad desde 1827.

El Inpa fue creado en 1952. Nació como respuesta a una propuesta de la Unesco con miras a la estructuración de un instituto internacional de la selva amazónica, que encontró resistencias de carácter nacionalista en Brasil. El instituto mantiene convenios para la cooperación bilateral con varios países y coordina proyectos importantes, como el Programa de Preservación de las Selvas Tropicales.

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