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Los transgénicos vistos en el microscopio

Una empresa domina la técnica de detección de productos genéticamente modificados y ya estructura un laboratorio

Imagem: eduard cesar El análisis con la técnica PCR detecta si existe un nuevo gen en el maízImagem: eduard cesar

Las empresas exportadoras de soja a Europa, China y Japón son los principales clientes del primer laboratorio nacional privado capaz de realizar tests moleculares para detectar alimentos transgénicos. Se trata de Tecam – Tecnología Ambiental, una empresa paulistana (de la ciudad de São Paulo) especializada en análisis de laboratorio en las áreas de química y biología. Antes, solamente un puñado de laboratorios extranjeros e instituciones públicas de investigación dominaban esta tecnología. El laboratorio de Biología Molecular fue erigido con el apoyo del Programa de Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas (PIPE) de la FAPESP. Se invistieron en total cerca de 350 mil reales en su creación. La mayor parte de dichos recursos se utilizó en la importación de equipamientos e insumos de laboratorio.

La demanda de tests de detección de alimentos transgénicos seguramente va a crecer cuando ese mercado se regule en Brasil. Pero por ahora ésta es limitada, ya que la legislación vigente no permite la comercialización de alimentos transgénicos en el país. Cuando éstos sean liberados, los tests cobrarán importancia, pues Brasil es el segundo productor mundial de soja, y exportó 15 millones de toneladas del grano el año pasado. Las naciones europeas y asiáticas pretenden diferenciar entre los alimentos genéticamente modificados y los convencionales, y dentro de poco empezarán a exigir certificaciones que comprueben si las semillas y los productos importados sufrieron o no modificaciones genéticas. Esta prueba, por lo tanto, servirá para certificar alimentos convencionales brasileños destinados a la exportación.

“Sabemos que los cargamentos de soja brasileña que llegan a Europa ya están siendo testados”, comenta la bióloga Janete Walter Moura, una de las directoras de Tecam. “Por eso las empresas nacionales prefieren efectuar tests acá, para saber con qué soja están trabajando, para evitar ulteriores sorpresas”, afirma. Esto sucede porque, a expensas de la prohibición, existen fuertes indicios de que una parcela significativa del área plantada con soja de la región sur del país contiene organismos genéticamente modificados (OGMs). Esa información consta en un estudio elaborado recientemente por la Cámara de Diputados. También existen indicios de que agricultores brasileños están comprando granos en Argentina, país en donde el cultivo de soja transgénica está autorizado.

Semillas importadas
Para la directora de Tecam, además de la soja, otro mercado potencial para la realización de testes es el del maíz y sus derivados. En los últimos años, la región nordeste de Brasil ha sido un gran importador de este grano. Solamente el año pasado se compraron 634 mil toneladas de maíz, más de la mitad en Argentina y Estados Unidos, países en los cuales no existen restricciones para el cultivos de semillas transgénicas. La única forma de garantizar que el maíz importado por Brasil no es genéticamente modificado es realizando pruebas moleculares en esos granos.

El análisis para la detección de alimentos transgénicos se efectúa mediante la identificación del nuevo gen que fue introducido en la planta. La búsqueda de ese elemento, que distingue a la planta genéticamente modificada de su correspondiente convencional, se efectúa con la técnica denominada reacción en cadena de polimerasa, o simplemente PCR, del inglés Polymerase Chain Reaction. Debido a la alta sensibilidad de dicha técnica, los resultados son bastante precisos. “Existen otras técnicas para la detección de transgénicos que analizan la proteína, pero ésta (la PCR), que efectúa la lectura del material genético (ADN), es la más eficaz de todas”, afirma Janete. “La PCR hace que el nuevo el nuevo gen o la nueva secuencia de ADN que buscamos identificar se tornen visibles, produciendo miles de millones de copias de ese organismo que fue introducido en la planta”, dice la farmacéutica Daniela Contri, de Tecam. El resultado del análisis demora entre cuatro y cinco días.

Para efectuar el test de detección de alimentos transgénicos, Tecam tuvo que requerir una certificación de bioseguridad emitida por la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (CTNBio), organismo dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT). Este documento, una especie de resolución, es obligatorio para todas las empresas e instituciones que trabajan con OGMs. No obstante, esto no significa que los resultados de los exámenes deban ser comunicados a la CTNBio. “Nuestro trabajo es confidencial y únicamente se refiere a Tecam y a nuestros clientes”, afirma Janete.

El próximo paso de la empresa consistirá en munirse de la estructura de equipamientos necesarios para realizar las pruebas que puedan cuantificar el porcentaje de OGMs constatado en las muestras, ya que la PCR es originalmente una técnica cualitativa y permite únicamente informar si el producto es o no es transgénico, sin especificar la cantidad de OGMs presente en éste. Esa cuantificación es importante, puesto que algunos países están estipulando límites para definir si un producto debe o no debe ser rotulado como genéticamente modificado.

En Europa, por ejemplo, ese límite es del 1%. Eso significa que si la muestra tiene más del 1% del material de OGMs, es considerada transgénica. En Japón, ese índice asciende al 5%. “Normalmente, los límites relacionados con alimentos se refieren a la cuestión de la salud, pero en el caso de los transgénicos, el límite es arbitrario, toda vez que todavía no existen estudios que relacionen el consumo de OGMs con riesgos para la salud humana”, dice la directora de Tecam. Para efectuar los tests de cuantificación, la empresa planea adquirir un aparato importado, capaz de realizar la PCR en tiempo real, que cuesta entre 50 mil y 100 mil dólares, dependiendo de su grado de sofisticación.

Tests toxicológicos
El Laboratorio de Biología Molecular es un nuevo paso en la capacidad de innovación de Tecam, que comenzó a funcionar en 1992, realizando pruebas toxicológicas para el mercado de defensivos agrícolas. Luego empezó a realizar ensayos en efluentes industriales y pruebas de potabilidade del agua. En 1996, la empresa entró al mercado de alimentos, ofertando análisis microbiológicos, físicoquímicos y microscópicos. Actualmente cuenta con 40 empleados, un 60% de nivel superior, un índice que atestigua el empeño tecnológico de la empresa.

La estructuración del laboratorio y la estandarización de la metodología contaron con la colaboración del investigador José Eduardo Levi, del Laboratorio de Virología del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad de São Paulo (USP). Un buen comienzo, que servirá de impulso para la empresa, para andar mejor preparada por ese aún polémico camino de los transgénicos.

El proyecto
Implementación de la Técnica de PCR para la Detección de Alimentos Genéticamente Modificados (nº 99/11559-0); Modalidad Programa de Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas (PIPE); Coordinadora Janete Walter Moura – Tecam; Inversión tR$ 73.100,00 y US$ 105.000,00