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Memoria

Un largo camino

Hace 130 años comenzaba la trayectoria de las primeras médicas brasileñas

La Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP), el más famoso y productivo centro de atención a la salud, la enseñanza y la investigación en el área de Brasil, recién tuvo su primera docente titular a finales del siglo XX, más precisamente, en 1996, con la patóloga Maria Irma Seixas Duarte. En el marco de una entrevista concedida a la Revista da Folha a la época, Maria Irma comentaba: “Siempre me acuerdo de un amigo del tiempo de la residencia que me decía: ‘Si yo, como hombre, necesitaré hacer un esfuerzo igual a x para lograr algo, puedes estar segura de que necesitarás hacer 2x’. Incorporé eso y resolví no prestar más atención a esa historia del machismo. Pienso: voy a esforzarme el doble y listo”. Pero hace 130 años, la condición de la mujer en el escenario brasileño era muy distinta: ni siquiera se les permitía seguir las mismas carreras superiores que seguían los hombres.

Cada logro de ellas requería un gran esfuerzo, y solamente con determinación y coraje obtenían sus triunfos. Fue así en 1875, con la carioca Maria Augusta Generoso Estrella, quien a los 15 años embarcó rumbo a Estados Unidos para estudiar medicina. Cuatro años después, la pernambucana Josefa Águeda Felisbela Mercedes de Oliveira siguió el mismo camino, con la misma edad que Maria Augusta.

La primera oteó su futuro al leer sobre la graduación de una médica norteamericana. Maria Augusta doblegó la resistencia de su padre, quien empero la envió a Nueva Cork, donde al final de 1876 logró su aceptación en el New York Medical College and Hospital for Women, una facultad de medicina orientada a las mujeres, creada en 1863. Desde el principio, sus pasos fueron seguidos de cerca por la prensa brasileña, que publicaba informes periódicos de su vida académica y personal en el exterior. Su prestigio era tal que el emperador Don Pedro II le otorgó una beca de estudios, cuando los recursos de la familia mermaron. En el Medical College, Maria Augusta encontró a Josefa, quien también había logrado doblegar a su padre. Josefa y Maria Augusta cultivaron una gran amistad, y juntas publicaron el periódico literario A Mulher, redactado en Nueva York y distribuido en las capitales brasileñas. Ambas se graduaron en 1881.

Josefa regresó a Recife [la capital de Pernambuco] y poco se sabe acerca de su trayectoria posterior. Maria Augusta permaneció un año más en el exterior, y luego volvió a Río de Janeiro, donde se casó y ejerció la clínica durante muchos años. Lo inédito de su lucha para estudiar, y su constante presencia en los medios de comunicación ayudaron a la aceptación, −autorizada por una reforma en la enseñanza− de mujeres en carreras superiores en 1879, meses después de que Josefa fuera a Nueva York. Con la nueva legislación, Rita Lobato Velho Lopes, de São Pedro do Rio Grande [Río Grande do Sul], logró matricularse en la Facultad de Medicina de Río de Janeiro, en 1884. Pero luego logró su transferencia a la Facultad de Medicina de Bahía, de la cual salió siendo la primera médica brasileña graduada en el país. En São Paulo, la Facultad de Medicina y Cirugía, actual FMUSP, ya contaba en su primera promoción, de 1913, con dos mujeres: Odette Nóra de Azevedo Antunes y Délia Ferraz Fávero.

Las conquistas de las mujeres médicas siguieron, atravesando el siglo XX. En 1998, Angelita Gama se convirtió en docente titular de cirugía en el Departamento de Gastroenterología de la FMUSP. Al margen de superar los obstáculos – académicos y de la especialidad –, rompió con el tabú ligado a la cirugía, que tradicionalmente era considerada como una actividad masculina.