Imprimir

Geolog

Era una Tierra bajo el hielo

Hace 630 millones de años, una desértica región amazónica estaba cubierta de glaciares

En vez de bosques densos con siringas o heveas, castaños y otros árboles de decenas de metros de altura, la Amazonia de hace 630 millones de años habría sido una vasta llanura cubierta totalmente por una capa de hielo de hasta un kilómetro de espesor, y rodeada de mares con glaciares y icebergs. Su ubicación también parece haber otra, no la que se imaginaba. De acuerdo con la reconstitución de la Tierra realizada hace cerca de 30 años por el geólogo canadiense Paul Hoffman, de la Universidad Harvard, Estados Unidos, la región amazónica estaría cerca del Polo Sur. Sin embargo, geólogos de los estados de São Paulo, Amazonas, Pernambuco y Pará cuestionan ahora este modelo clásico de la geología y revelan que la Amazonia estaba a decir verdad muy cerca del Trópico de Capricornio a una distancia de la posición anterior de al menos 4.500 kilómetros, casi una vez y media la distancia existente entre las ciudades de Manaos y São Paulo en línea recta donde las temperaturas habrían sido más altas.

La región amazónica estaba ubicada en la región intertropical, a 22° de latitud, en una posición similar a la que ocupa actualmente el estado de São Paulo, afirma Afonso Nogueira, geólogo de la Universidad Federal de Amazonas (Ufam), uno de los integrantes del equipo que contó con la participación de investigadores del Instituto de Geociencias y del Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas de la Universidad de São Paulo (USP), y de las universidades federales de Pernambuco (UFPE) y Pará (UFPA). Pero, ¿cómo puede ser que hubiera hielo cerca del trópico? No fue difícil hallarle una explicación a esta aparente paradoja. Los descubrimientos realizados en territorio brasileño refuerzan la idea del snowball Earth, una teoría que postula que en dos ocasiones, una de ellas hace alrededor de 630 millones de años, toda la superficie terrestre estuvo cubierta de hielo, lo que hizo de la Tierra una inmensa bola de nieve, afirma el geólogo Cláudio Riccomini, coordinador del equipo del Instituto de Geociencias de la USP.

En dicha época, estaba empezando a formarse un supercontinente llamado Gondwana, que reunió los bloques rocosos conocidos como cratones, que corresponden a las actuales superficies de América del Sur, África, Antártida, Australia y la India. Uno de estos bloques, el cratón amazónico, que cambió de lugar, abarca los actuales estados brasileños de Rondônia, Amazonas, Roraima y Amapá, el norte de Mato Grosso y el oeste de Pará, al margen de las Guyanas, Surinam y parte de Bolivia.

Las pistas que indican que había una capa de hielo también en el cratón amazónico surgieron de los diamictitos [paraconglomerados] glaciales. Estas rocas, formadas de lodo y arena, tienen en general una coloración grisácea, e incluyen fragmentos de rocas más antiguas, provenientes de regiones remotas. Algunos de estos fragmentos tienen caras relativamente planas, a veces pulidas, que guardan las estrías de la abrasión glacial ranuras paralelas a la roca causadas por el rozamiento con otras rocas, adquiridas cuando estos fragmentos se ubicaban en la base de glaciares en movimiento. Había diamictitos glaciales bien preservados en una cantera de 40 metros de altura y 70 metros de extensión en la localidad de Mirassol d’Oeste, en el sudoeste de Mato Grosso. Los geólogos de la USP, en colaboración con los grupos de Alcides Sial, de Pernambuco, y Cândido Moura, de Pará, examinaron los isótopos de carbono y de estroncio de las muestras recogidas y lo confirmaron: había allí preciosidades de más de 600 millones de años.

Registros magnéticos – Cuando los registros del paso del hielo por la región salieron a la luz, los científicos tuvieron que sacar del estante el mapa dibujado por Hoffman. Y vacilaron al plantear una duda: ¿la Amazonia estaría realmente en el Polo Sur? Pero la respuesta conclusiva emergió al emplear una técnica que ha sido útil en la reconstrucción de la Tierra primitiva, el paleomagnetismo. ?Cuando se forman las rocas, el campo magnético terrestre queda registrado en ellas?, explica Ricardo Trindade, del Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas de la USP. En la pedrera de Mirassol d?Oeste, cada 1 ó 2 metros usábamos un taladro especial para extraer cinco o seis muestras de roca, recuerda Eric Font, quien por ese entonces estaba empezando su doctorado, bajo la dirección de Trindade. En una habitación blindada magnéticamente, las muestras pequeños cilindros de una pulgada de diámetro por dos centímetros de altura pasan por sucesivos calentamientos, de manera tal de eliminar los registros más recientes de magnetismo. Luego se comparan las informaciones sobre el magnetismo original con el campo magnético terrestre, que funciona como un enorme imán enclavado en el centro del planeta. Se puede así descubrir la latitud del bloque y la posición donde se encontraba en relación con el eje de la Tierra en aquel pasado remoto, dice Trindade.

Con las nuevas evidencias y la concordancia del propio Hoffman, que estuvo en Mirassol d’Oeste en septiembre de 2003, el mapamundi de la Tierra primitiva está siendo ahora redibujado. Al asumir una nueva posición, tal como se informara a finales de 2003 en la revista Terra Nova, la Amazonia saltó del extremo sur del globo a la región tropical. Al norte está Laurentia, el bloque de roca que forma la actual América del Norte. A este se ubican otros cratones: el del Congo-São Francisco, correspondiente a la parte oriental de África y al nordeste brasileño; el otro es el cratón del Río de la Plata, que hoy en día forma la región sur de Brasil y Uruguay. El mosaico se completaba con los cratones de África Occidental, la Antártida y la India. Como todos los bloques se encontraban muy cerca, sería difícil imaginar que la glaciación fuera un fenómeno local, restringido a la Amazonia?, dice Nogueira. ?Lo más lógico es que fuera efectivamente un suceso global.

Y otros estudios reforzaron esta idea. Diamictitos glaciales similares a los de Mirassol d’Oeste habían sido encontrados en antes, la década de 1990 en Canadá y en Namibia. En mayo de este año, un equipo de la Universidad de Oxford, Inglaterra, describió en la revista Geology depósitos de rocas con características parecidas en Omán, Medio Oriente, para las cuales los datos paleomagnéticos también indican una sedimentación en baja latitud. Al añadir otras piezas al rompecabezas, los brasileños ayudan a consolidar el escenario de la snowball, planteado en 1992 por el geofísico estadounidense Joseph Kirschvink. Su idea nació del inesperado descubrimiento de rocas glaciales en el sur de Australia, también formadas a bajas latitudes.

Kirschvink arriesgó entonces un pálpito audaz que, poco a poco, se va confirmando: hace algo más de 600 millones de años, debido a la colosal concentración de la masa continental en un solo supercontinente, Gondwana, habría sido mayor la capacidad de la Tierra de reflejar la luz solar. Debido a que, por eso mismo, la superficie absorbería menos calor, la temperatura del planeta habría caído bruscamente. Otra causa de este enfriamiento habría sido la descomposición de silicatos, los minerales más abundantes en la corteza terrestre, en medio a un proceso que absorbía gas carbónico de la atmósfera, uno de los gases que contribuyen a causar el efecto invernadero y ayudan a calentar la Tierra. Estas premisas llevaron a Kirschvink a ver el planeta como una gigantesca bola de nieve ?la llamada snowball.

Existe un relativo consenso acerca de la existencia de la glaciación, pero quedan aún dudas con relación al tiempo durante el cual la Tierra habría permanecido cubierta de nieve. Los estudios llevados a cabo por brasileños en la Amazonia muestran que en tan sólo 100 mil años, un tiempo geológicamente corto, la temperatura de la superficie del planeta puede haber pasado de 50°C bajo cero a casi 60°C positivos. Esta conclusión surgió del análisis de los dolomitos, rocas de carbonato de calcio y magnesio que cubrían los diamictitos de Mirassol d’Oeste. Los dolomitos de allí, formados en aguas cálidas del mar, son tan antiguos como los diamictitos una señal de que el hielo que cubría la Tierra ya estaba totalmente derretido cuando surgieron. En otro artículo, publicado en Geology, el equipo brasileño reveló un detalle importante de estas rocas: tanto los diamictitos glaciales como los dolomitos presentaban deformaciones que ocurrieron cuando estaban aún blandos, no solidificados. Estas deformaciones ponen en evidencia que los cambios de las condiciones glaciales hacia climas cálidos fueron muy rápidas, afirma Riccomini.

Siempre viva – Aun con el hielo cubriendo casi toda la superficie terrestre, Thomas Fairchild, científico del Instituto de Geociencias de la USP y coautor de este trabajo, no cree que la vida sobre la Tierra haya desaparecido. Es difícil imaginar que la evolución de los animales, que ya había empezado, se haya visto interrumpida, para luego reanudarse, comenta. Para éste, el proceso que generó la snowball, pese a ser intenso, no habría sido tan extremo. Deben haber resistido bolsones de mares, principalmente en las proximidades del ecuador, con nutrientes para los primeros seres pluricelulares microscópicos, aún con tejidos poco definidos, parientes de los actuales corales y esponjas. Solamente mucho después, cuando las temperaturas empezaron a subir, la vida proliferó por los continentes, y surgieron nuevos linajes de animales y plantas. La ausencia de fósiles dificulta los trabajos, dice Fairchild, pero estamos aprendiendo mucho sobre la vida remota en el planeta por caminos paralelos.

En la misma cantera de Mirassol d’Oeste se encontró un tipo de petróleo primitivo, quizá el más antiguo de Brasil. Es un betún negro, viscoso como la miel y de aspecto vítreo. Representa uno de los últimos estadios de la maduración de la materia orgánica, hallado en poros, bolsones y fracturas de las rocas carbonáticas. Según Nogueira, ésta es otra clara señal de vida terrestre inmediatamente después de la glaciación, ya que este hidrocarburo se forma a partir de la descomposición de los seres vivos. Este material está estudiándose en cooperación con investigadores de la Universidad de Nancy, Francia, con miras a recabar informaciones sobre los organismos que lo formaron. Probablemente se trata de bacterias primitivas, cree Nogueira. Como no es un yacimiento, este petróleo no tiene importancia económica. Su valor es puramente científico.

El Proyecto
Estratigrafía de secuencias del grupo Alto Paraguay, neoproterozoico cámbrico de la franja Paraguay, Mato Grosso
Modalidad
Línea Regular de Auxilio a la Investigación
Coordinador
Claudio Riccomini – IG/ USP
Inversión
R$ 54.392,98 (FAPESP)