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Memoria

Las rutas de la electricidad

La primera central hidroeléctrica brasileña destinada a generar energía para la población se inauguró hace 116 años

La energía eléctrica empezó a estar disponible para uso público en Brasil casi al mismo tiempo que en el exterior. Un conjunto de factores contribuyó para eso. El ingeniero alemán Werner Siemens inventó el dínamo en 1867, y eso hizo posible la utilización industrial de la electricidad. Los medios de transmisión de energía en alta tensión hasta distancias más grandes, los transformadores y los alternadores tuvieron un desarrollo igualmente rápido. Esas conquistas hicieron posible la creación de los tendidos de red destinados a abastecer las vías públicas, las fábricas, los comercios y las viviendas. Asimismo, la aceptación colectiva de la electricidad fue rápida en el siglo XIX. Y Brasil siguió de cerca ese proceso en buena medida gracias al interés del imperador Don Pedro II, un reconocido entusiasta de las novedades tecnológicas.

La cronología de algunos hechos muestra muy bien esa simultaneidad en el uso de la electricidad. El mismo año en que el estadounidense Thomas Edison inventó la lámpara eléctrica, en 1879, se inauguró la iluminación de la Estación Central del Ferrocarril Don Pedro II (después llamada “Central do Brasil”), en Río de Janeiro. Si Nueva York fue la primera ciudad del mundo en tener alumbrado público, en 1882, con alimentación de una usina termoeléctrica, al año siguiente, el en ese entonces distrito de Campos, interior de Río de Janeiro, fue el primero del país que disfrutó del mismo servicio, provisto por una máquina de vapor. También en 1883 entró en actividad una pequeña central ubicada a orillas del Ribeirão do Inferno, un arroyo afluente del río Jequitinhonha, en la localidad de Diamantina (Minas Gerais). Esa primera central hidroeléctrica instalada en Brasil hizo el suministro del fluido eléctrico durante algún tiempo para una empresa de minería.

Sin embargo, en los hechos se considera que la primera central hidroeléctrica que suministró energía eléctrica para el alumbrado público en Brasil y en toda Latinoamérica, llamada Marmelos-Zero, se instaló en el río Paraibuna, a la altura de la cascada de Marmelos, localidad de Juiz de Fora (Minas Gerais). Al principio, en 1886, la idea era contar con iluminación a gas. Con todo, el industrial Bernardo Mascarenhas y el banquero Francisco Batista de Oliveira lograron alterar la concesión original para tener alumbrado eléctrico. A tal fin, se constituyó la Companhia Mineira de Eletricidade, dirigida por Mascarenhas, que empezó a construir la central en febrero de 1889 y la inauguró el 5 de septiembre de ese mismo año. En sus comienzos, la operación se llevaba a cabo con dos grupos de generadores de 125 kilovatios cada uno, compuestos por dos turbinas hidráulicas que accionaban cada una a su vez dos alternadores monofásicos, con una tensión de 1.000 voltios y una frecuencia de 60 hertz. Ciento ochenta lámparas incandescentes de 32 bujías, a 50 voltios, conformaban el sistema de iluminación pública de Juiz de Fora ese año. Dos años después, amén del uso público, se instalaron 700 lámparas para utilización domiciliaria.

Durante los siguientes años, un tercer grupo generador se juntó a los que ya estaban en funcionamiento, y esto hizo posible la modernización de la industria de toda la región, especialmente la textil. En 1896, la usina Marmelos-Zero fue desactivada y otras hidroeléctricas tomaron su lugar, para aprovechar mejor el potencial del salto. Más de cien años después, ya como parte del Patrimonio Histórico, la casa de fuerza de la antigua usina fue restaurada por la Compañía Energética de Minas Gerais, y hoy en día funciona allí el Museo Marmelos-Zero, dependiente de la Universidad Federal de Juiz de Fora.