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TAPA

Vals en descompás

En una lenta danza cósmica, la estrella Eta Carinae recupera el brillo antes de lo esperado y sorprende a los observadores

EtaCarSTEPSd1MR LYNETTE COOK/OBSERVATÓRIO GEMINIEta Carinae, la mayor, la más brillante y la más estudiada estrella de la Vía Láctea, con excepción del Sol, volvió a sorprender a los astrónomos a comienzos de ese año. Observada desde diciembre por diez telescopios apostados en Tierra y cuatro en el espacio, atravesaba uno de sus típicos apagones – la reducción del brillo comparable con la pérdida de luminosidad de miles de estrellas como el Sol que dura tres meses y se repite precisamente cada cinco años y medio, como determinó en 1993 el astrofísico paranaense Augusto Damineli, de la Universidad de São Paulo (USP). Como quien recupera las fuerzas después de una gripe, Eta Carinae debería recobrar su luminosidad lenta y progresivamente a partir de finales de marzo, hasta llegar a su vigor total meses más tarde. Sin embargo, esta vez no fue así. Durante la última semana de febrero, un mes antes de lo esperado, la estrella empezó a salir de la oscuridad parcial en que se encontraba y volvió a brillar.

Habituado a la inconstancia de Eta Carinae, a la que estudia desde hace 20 años, Damineli siguió paso el paso desvanecimiento y la vuelta de la estrella por medio de uno de los más modernos telescopios terrestres – el Southern Observatory for Astrophysical Research (Soar), erigido en los Andes chilenos con financiamiento brasileño y estadounidense. Y no se inmutó al ver que parte de su previsión no se concretó. “Eta Carinae siempre fue una estrella con muchas peculiaridades”, dice el profesor del Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas (IAG) de la USP, quien llegó incluso a celebrar lo inesperado. “Con la vuelta anticipada del brillo, astrónomos de todo el mundo empezaron a pedir tiempo en los principales telescopios del planeta para observarla durante los próximos seis meses”.

Tiempo de observación es aquello por lo cual Damineli siempre luchó desde que comenzó a estudiar a la Eta Carinae en 1989. Aun con un telescopio de proporciones modestas – con un espejo de 1,60 metro de diámetro, instalado en Pico dos Dias, Minas Gerais, y llamado telescopio de la selva por sus competidores- , Damineli registró el apagón de 1992 y estableció el período en que debería repetirse. También postuló el modelo que hasta este momento es el que mejor explica la pérdida de brillo cíclica de la estrella – que se volvió conocido internacionalmente. Ubicada a 7.500 años luz del Sistema Solar, Eta Carinae no sería una estrella solitaria, sino un dúo de estrellas. La mayor tiene alrededor de 90 veces la masa del Sol y es más fría – la temperatura en su superficie no pasa de los 15 mil grados. Con un tercio de la masa de la estrella principal, la menor es más caliente (su atmósfera llega a casi 50 mil grados) y diez veces menos brillante que la mayor. “Este modelo aportó alguna regularidad en lo que hace al comportamiento de Eta Carinae, que no es una estrella tan exótica como se imaginaba”, explica Damineli.

EtaCarSTEPSd5MR LYNETTE COOK/OBSERVATÓRIO GEMINICon movimientos que se asemejan al de una pareja bailando un vals, ambas estrellas se alejan y se acercan en el transcurso del período de cinco años y medio. En el momento de máximo acercamiento – el llamado periastro -, la estrella mayor encubre en parte a la menor. Pero ese eclipse no explica completamente la pérdida de brillo detectada por los telescopios, que ven desaparecer progresivamente distintas franjas del espectro electromagnético (radio, infrarrojo y rayos X). Si el eclipse fuera el único evento inherente al apagón, todas esas líneas de energía deberían desaparecer al mismo tiempo. Simulaciones tridimensionales del comportamiento de las estrellas que se conocieron el año pasado,  cargo del equipo de Atsuo Okazaki, de la Universidad Tokkai-Gakuen, Japón, y de Michael Corcoran, de la agencia espacial estadounidense (Nasa), indican que el apagón es causado por perturbaciones en el viento de partículas que emanan de las estrellas y colisionan a velocidades altísimas, emitiendo rayos X. En el lapso en que están más cerca, la menor es engolfada por el viento de la mayor, que es más denso y oculta el brillo de la estrella secundaria.

Según Damineli, la reducción de un mes en el apagón de este año añadió una complejidad a un escenario de por sí complicado. “Las estrellas se comportaban como dos bailarinas hasta el momento de entrelazarse, cuando hicieron una voltereta y adelantaron un poco el paso al apartarse”, comenta el astrofísico de la USP. Él mismo tiene una posible explicación para el descompás de Eta Carinae. Por tener una masa muy elevada – actualmente corresponde a 90 veces la masa del Sol, pero que ya fue de 120 masas solares antes de la explosión que sufrió en 1843 -, la estrella mayor es menos densa y su diámetro puede oscilar, como un globo de fiesta que se infla un poco para luego desinflarse. “En los períodos en que está más compacta, pierde menos materia y sus vientos se enrarecen”, explica Damineli. Si la aproximación ocurre en esta fase, la luz de la estrella secundaria puede escapar más fácilmente de los vientos que la abrazan y así puede observársela desde la tierra.

Toda esta inestabilidad no corresponde a las excentricidades de una estrella acostumbrada a llamar la atención. Medidas de la masa que la estrella principal ya lanzó al espacio indican que su fin se avecina y, con sus 2,5 millones de años, Eta Carinae sería una anciana dama que tiene sus días contados. De estar correctas las previsiones de Nathan Smith, astrofísico de la Universidad de California y estudioso de Eta Carinae, en cualquier momento la estrella mayor puede sufrir una superexplosión mucho más intensa que la de 1843, capaz de reducirla a polvo y así culminaría definitivamente el ballet espacial. En dicha explosión, el 90% de su masa se pulverizaría y el resto se compactaría originando un agujero negro, emisor de rayos gama, la radiación más intensa que existe. “Sería un evento fantástico para observárselo”, afirma Damineli. La muerte de Eta Carinae permitirá comprender un estadio más del ciclo de vida de las supergigantes azules, estrellas actualmente raras que dominaron el Universo primitivo, hace entre 10 mil y 7 mil millones de años.

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