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Medio ambiente

Para combatir la extinción

Investigadores relevan áreas prioritarias de conservación en el estado de Pará

TERESA CRISTINA ÁVILA PIRES/MPEGEn plena Amazonia, el estado de Pará naturalmente alberga una parte de la selva exuberante característica del norte del país. Una muestra de tan sólo cinco hectáreas florece en el parque zoobotánico del Museo Paraense Emílio Goeldi (MPEG), cerca del centro de Belém. Allí, los árboles de copas densas ya no forman un techo que impida que el sol llegue al suelo, pero a la noche los agutíes aún corren discretos, y mirando hacia arriba es común avistar alguno que otro perezoso paseando lentamente por las ramas. Con el avance de las actividades humanas no el estado, sobre todo agropecuarias, el desmonte amenaza dejar la selva restringida a islas protegidas como ésta, demasiado pequeñas como para mantener la diversidad biológica típica de la Selva Amazónica.

Los investigadores del Goeldi decidieron no quedarse de brazos cruzados ante la destrucción de la selva y buscan medios de cumplir las metas del Programa Extinción Cero, creado por la gobernación paraense en 2007. En colaboración con Conservación Internacional (CI-Brasil) y la Secretaría de Estado de Medio Ambiente de Pará (Sema), lanzaron el programa Biota Pará para hacer un relevamiento de la fauna y la flora amenazadas de extinción. Y fueron más allá: propusieron  áreas prioritarias para la preservación en el marco del estudio Especies amenazadas de extinción y áreas críticas para a biodiversidad en Pará, coordinado por las biólogas Ana Luisa Albernaz y Teresa Cristina Avila-Pires, ambas del Goeldi.

Publicado en noviembre en forma de libro, este trabajo analizó casi 6 mil puntos de existencia de 122 especies (50 de plantas, 23 de invertebrados, 2 de anfibios, 5 de reptiles, 30 de aves y 12 de mamíferos). Modelos ecológicos permitieron predecir la distribución total de las 47 especies sobre las cuales había más datos. “Detallamos el conocimiento de la distribución de las especies”, comenta Teresa. En un encuentro realizado en febrero de este año, 19 investigadores del Goeldi y 20 expertos de otras regiones del país discutieron las mejores maneras de aprovechar estos datos con el fin de hacer posible el uso sostenible del ambiente.

Este estudio llevó en consideración tres parámetros “las áreas ya protegidas, el tipo de vegetación original y el costo para conservación, teniendo en cuenta la presión y la deforestación a corto plazo” para generar mapas que indican áreas que deben incorporarse a las reservas naturalas ya delimitadas. También se evaluó la eficacia de tres escenarios distintos para la conservación de las especies amenazadas. El primero consideraba solamente las áreas de protección integral existentes hoy en día, muchas de las áreas por preservarse coinciden con áreas ya protegidas, tales como las tierras indígenas, que deberían pasar a ser mejor monitoreadas. El segundo escenario incluye todos los tipos de unidades de conservación (de protección integral y de uso sostenible). En este caso, la recomendación también sería una atención especial al manejo de las tierras. Y el tercero escenario abarca todas las áreas protegidas, incluso las tierras indígenas. El resultado demostró que ni siquiera ese conjunto basta para proteger a las especies amenazadas, aunque exista un mayor esfuerzo de manejo y monitoreo. Todos ellos indican que las llanuras del Amazonas, el este y parte del sudeste de Pará, están bajo fuerte amenaza y requieren atención urgente.

En el medio del camino
Según Teresa, el libro, elaborado como una propuesta concreta,  ya fue presentado ante la Sema para que se discutan metas y estrategias de implementación. Pero el trabajo publicado está lejos de ser un punto final. “Necesitamos más datos, por ejemplo, para verificar mejor la situación del este del estado, que está muy degradado”, comenta la bióloga. Las distribuciones tendrán también que ser confirmadas para ver si las especies en cuestión realmente — o todavía — existen donde los modelos ecológicos prevén que estén. El estudio ayudó a apuntar también deficiencias de conocimiento en las cuales los investigadores deberían concentrarse durante los próximos tiempos. Se sabe poco sobre las plantas de algunas áreas del este y del centro de Pará. En el caso de las aves, las mayores lagunas están en el centro-sur y en el noroeste. El centro es también poco estudiado en lo que hace a los mamíferos que viven allí.

Queda todavía mucho trabajo por delante, que puede reducirse en caso de que no se encaren acciones inmediatas contra la degradación ambiental. Menos trabajo no es precisamente lo que los biólogos de allí desean.

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