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Geoquímica

Abono precolombino

Los antiguos indígenas de la Amazonia contribuyeron para la fertilidad de la tierra negra

EDUARDO GÓES NEVES (izquierda) / CENA/USP (derecha)Perfil que muestra la diferencia entre la fértil tierra negra y el oxisol típico y pobre de la Amazonia. A la derecha, una imagen de microscopía por fluorescencia de la superficie de carbono pirogénicoEDUARDO GÓES NEVES (izquierda) / CENA/USP (derecha)

Los arqueólogos suelen debatir cuál es el significado real de las manchas de tierra negra descubiertas en sitios prehistóricos de la Amazonia Central, un tipo de suelo oscuro que se destaca visualmente entre la monotonía pardo amarillenta característica de las superficies de tierra firme de la región. Para algunos, éstas constituyen una prueba de que grupos indígenas precolombinos vivieron durante centenas o hasta algunos miles de años en sociedades complejas y estructuradas, basadas en la agricultura sedentaria y en el manejo del ambiente, en medio de la selva. Para otros, la presencia de este tipo de terreno más oscuro, frecuentemente saturado de fragmentos de piezas de alfarería, no constituye una prueba firme de que allí hubo un proceso de ocupación humana antigua y prolongada anterior al desembarco del conquistador europeo. Pero en lo que respecta a una cuestión, más identificada con las ciencias agrarias que con las humanísticas, existe un consenso uniforme: la tierra negra representa un oasis casi permanente de fertilidad en una región plagada de terrenos pobres e incapaces de retener nutrientes durante mucho tiempo. Un estudio reciente confirma que un componente importante de esa variante de suelo es un inequívoco vestigio del establecimiento de asentamientos humanos: las heces de los aborígenes.

Se hallaron concentraciones de un biomarcador asociado con la deposición de excrementos humanos en el ambiente, el coprostanol (5ß-stanol), en muestras de tierra negra provenientes de cinco sitios prehistóricos de la Amazonia, según un artículo científico que será publicado por un equipo de investigadores de Brasil y de Alemania en la edición de junio de la revista Journal of Archaeological Science. Cuatro de esos sitios se encuentran localizados en el estado de Amazonas, al sudoeste de Manaos, en una franja de tierra firme en la confluencia de los ríos Negro y Solimões, y uno se ubica en Pará, al sudoeste de Santarém, en el curso bajo del río Tapajós. “En rigor, el biomarcador también podría estar indicando la presencia de excrementos de cerdo domesticados”, afirma el ingeniero agrónomo Wenceslau Geraldes Teixeira, de la empresa estatal Embrapa Suelos, de Río de Janeiro, y uno de los autores del trabajo. “Sin embargo, como ese animal recién fue introducido en América del Sur luego de la llegada de los europeos, descartamos esa posibilidad”. Todas las muestras de tierra negra analizadas se formaron hace entre 500 y 2.500 años, antes del descubrimiento oficial del continente por parte de Cristóbal Colón.

La tierra negra, rica en minerales asociados con la fertilidad de los suelos, debe su color negruzco a la elevada presencia en su composición del denominado carbono pirogénico, una forma estable de carbón aromático producida por la combustión incompleta de biomasa. El modo de vida de los antiguos indígenas de la Amazonia –quienes quemaban los restos de los animales consumidos, enterraban a sus muertos y depositaban residuos y excrementos en los alrededores de sus comunidades– debe haber sido el responsable por la conformación de este tipo de suelo. “Estamos intentando entender la composición química de la tierra negra y descubrir cuál es el aporte de material orgánico que la mantiene fértil hasta hoy”, afirma el arqueólogo Eduardo Góes Neves, de la Universidad de São Paulo (USP), otro de los autores del estudio y coordinador de un proyecto temático de la FAPESP sobre la historia precolonial de la Amazonia. “Si tenemos éxito con ese objetivo, tal vez podamos aprender a mejorar la fertilidad en los suelos pobres y brindar un aporte a una agricultura tropical más sostenible”. Hay tentativas para reproducir artificialmente las propiedades de la tierra negra, aunque los esfuerzos recién se encuentran en sus etapas iniciales.

Algunos especialistas consideran que los compuestos presentes en las heces humanas desempeñan un rol importante en el mantenimiento a largo plazo de la fecundidad de esa variante del suelo amazónico. Contrariamente que en los empobrecidos latosuelos (oxisoles) típicos de la Amazonia, la tierra negra sufre escasa lixiviación, un proceso caracterizado por la pérdida de nutrientes ocasionada por la infiltración del agua de lluvia que “lava” el suelo y le roba los componentes químicos. “Los excrementos otorgan un aporte significativo al contenido de nutrientes encontrados en la tierra negra, tales como nitrógeno y fósforo, y le ayudan a reciclar sus nutrientes”, afirma Bruno Glaser, de la Universidad Martín Lutero de Halle-Wittenberg, Alemania, estudioso de la biogeoquímica de suelos y también coautor del artículo. “En las sociedades modernas eso ya no ocurre, pues esos nutrientes se pierden mediante la deposición del barro cloacal en reservorios”. En el humus, las heces probablemente se mezclan con el suelo a causa de la acción de lombrices, termitas, hormigas y otros organismos.

Aunque no suele señalárselo directamente como un elemento capaz de conferir fertilidad al suelo, el carbono pirogénico parece contener un conjunto único de hongos y bacterias, cuya sinergia puede hallarse relacionada con la fertilidad de la tierra negra. En otros trabajos realizados por el equipo de la ingeniera agrónoma Siu Mui Tsai, del Centro de Energía Nuclear en la Agricultura de la USP de Piracicaba, se muestra que la forma de carbón presente en este tipo de terreno alberga el ADN de hasta 3 mil especies de microorganismos. “Esta biodiversidad es bastante mayor que la encontrada en suelos amazónicos vecinos”, afirma Siu. “Los indígenas no utilizaban productos tóxicos y así, su sistema se encontraba en equilibrio”. Nadie sabe, sin embargo, si los pueblos precolombinos crearon intencionalmente la tierra negra, como una forma de enriquecer los terrenos destinados a la agricultura, o si ella es la resultante de una mera confluencia accidental de las deyecciones y desechos producidos por su modo de vida.

El Proyecto
Cronologías regionales, grietas y discontinuidades en la historia precolonial de la Amazonia (nº 2005/60603-4); Modalidad Proyecto Temático; Coordinador Eduardo Góes Neves – MAE/USP; Inversión
R$ 577.619,78 (FAPESP)

Artículo científico
BIRK, J.J. et al. Faeces deposition on Amazonian Anthrosols as assessed from 5ß -stanols. Journal of Archaeological Science. v. 38 (6). p-1209-20, jun. 2011.

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