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Especial

La Innovación Tecnológica y la FAPESP

“A great part of the machines made use of in those manufactures in which labour is most subdivided, were originally the inventions of common workmen, who, being each of them employed in some very simple operation, naturally turned their thoughts towards finding out easier and readier methods of performing it.. … All the improvements in machinery, however, have by no means been the inventions of those who had occasion to use the machines. Many improvements have been made by the ingenuity of the makers of the machines, when to make them became the business of a peculiar trade; and some by that of those who are called philosophers or men of speculation, whose trade it is not to do anything, but to observe everything; and who, upon that account, are often capable of combining together the powers of the most distant and dissimilar objects.”

(Adam Smith, La Riqueza de las Naciones, 1776)

 

En el párrafo anterior, Adam Smith se refiere a los actores e ingredientes esenciales de aquello que dio en llamarse como innovación tecnológica. La constante incorporación de conocimiento a los procesos y productos se ha convertido en un ingrediente esencial para la competitividad de las empresas. En Brasil, la cultura empresarial tiende a valorar poco la búsqueda de la Innovación Tecnológica, pero esta situación ha venido revirtiéndose en los últimos años.

Uno de los elementos fundamentales para la innovación es la actividad de Investigación y Desarrollo (I&D) llevada a cabo en el ambiente empresarial. El elemento creador de innovación es el científico o el ingeniero que trabaja para las empresas, ya sean éstas orientadas a productos o a servicios. De esta manera, en EE.UU., de los 960 mil científicos e ingenieros que trabajan en Investigación y Desarrollo (I&D), 760 mil (el 80% del total) trabajan para las empresas. La posición central de la empresa en la generación de innovación ha sido demostrada por varios autores desde Adam Smith, pasando por los estudios realizados por la National Science Foundation e incluso por la Confederación Nacional de las Industrias (CNI) de Brasil. Al margen de ello, la universidad desempeña un rol fundamental en un sistema nacional de innovación, en tanto formadora de científicos e ingenieros y como generadora de nuevas ideas.

En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los gastos empresariales en I&D corresponden a casi dos tercios de los gastos totales de los países en I&D, y crecen año tras año. En Canadá, el crecimiento ha sido del 7% anual desde 1981; en Estados Unidos, del 4,3% anual. En Finlandia, país que fue clasificado en primer lugar en el Índice de Avance Tecnológico de la ONU en 2001, el crecimiento ha sido del 11% anual.

Junto a su compromiso inalienable con el apoyo a la generación de conocimiento, la FAPESP también se ha preocupado, y cada vez más intensamente, con la diseminación y la aplicación de conocimiento. Se trata de una preocupación en completa sintonía con las aspiraciones de la sociedad paulista y con los desafíos presentes en este comienzo de un nuevo milenio, marcado por el establecimiento de la llamada “sociedad del conocimiento”. Hoy más que nunca, el conocimiento se ha convertido en la verdadera riqueza de las naciones: aquellas que sean capaces de generarlo y aplicarlo con mayor desenvoltura serán las naciones que a su vez tendrán la oportunidad de desarrollarse económica y socialmente.

Para la FAPESP, este nuevo desafío no significa el abandono de las realizaciones anteriores, es decir, como agencia eficaz en el desarrollo del conocimiento básico. Al contrario: a partir de la aceleración vertiginosa del avance ininterrumpido de las fronteras de la ciencia y de la intensificación de la dependencia de la tecnología con relación a los desarrollos científicos, se ha vuelto natural para la fundación ejercer ese nuevo papel en calidad de promotora e inductora de las aplicaciones de la ciencia.

Por otro lado, en el caso brasileño es forzoso considerar las dificultades estructurales obstaculizan el avance de la tecnología. En primer lugar, nuestro sistema de ciencia y tecnología es reducido en términos de recursos humanos calificados –contamos apenas unos 90 mil científicos e ingenieros activos en el área de investigación y desarrollo. Esta cantidad corresponde solamente a un 0,14% de la fuerza de trabajo activa, y se muestra en franca desventaja con relación al número existente en otros países, como España (0,24%), Corea del Sur (0,37%), Italia (0,31%) o Estados Unidos y Japón (0.75%). En segundo lugar, la actividad de investigación y desarrollo se concentra en el ambiente académico de las universidades e institutos de investigación. Estos dos tipos de instituciones constituyen elementos indispensables en cualquier sistema nacional de innovación, pero no son suficientes: se requiere la presencia de la empresa en calidad de actor decidido y determinante en el escenario de la investigación y el desarrollo tecnológico.

Mientras que en Brasil hay unos 9 mil científicos e ingenieros actuando en I&D en empresas, en países de industrialización reciente, como Corea del Sur, hay 75 mil de estos profesionales, en tanto que en Estados Unidos existen casi 800 mil científicos y ingenieros haciendo I&D en las empresas. Cabe hacer mención finalmente al ambiente económico inestable, extremadamente desfavorable e incluso hostil para que las empresas realicen inversiones de retorno seguro, pero en un plazo muchas veces largo, como lo son las inversiones en I&D.

Aun ante estas dificultades, se está desarrollando una capacitación nacional para el desarrollo de tecnología. El afianzamiento de Embraer como una de las más importantes empresas fabricantes de aviones jets del mundo, y el desarrollo de la tecnología de perforación y prospección en Petrobras, constituyen dos importantes ejemplos de éxitos en ese área, pero no son los únicos. Esos y otros casos, como el cluster de telecomunicaciones en Campinas, o el aeroespacial en São José dos Campos, son ilustrativos del la sinergia entre las buenas universidades públicas, haciendo educación con referentes internacionales, y las empresas creadas por egresados de esas instituciones y dedicadas al desarrollo interno de tecnología, pueden generar resultados impresionantes en términos de desarrollo de tecnología avanzada y capacidad para generar empleos y riqueza.

En 1994, la FAPESP estableció el Programa de Apoyo a la Investigación en Asociación entre Universidades e Institutos de Investigación y Empresas, hoy llamado Programa de Asociación para la Innovación Tecnológica, el PITE. Una iniciativa cuidadosa, actualmente consolidada, que apoya a más de 50 proyectos de investigación en asociación. Una asociación seria, en la cual el interés en el proyecto puede medirse, entre otras cosas, por el valor de la inversión efectiva que la empresa destina al proyecto. En el conjunto de esos proyectos, alcanzamos una media de un 60% del costo financiado por la empresa y un 40% financiado por la FAPESP. Varias aplicaciones importantes ya han sido concluidas, aportándole competitividad a la empresa e incorporando temas relevantes de investigación a las instituciones académicas. Siempre atenta las oportunidades, la FAPESP creó dos “spin-offs” del PITE en el año 2000: el PICTA, Asociación para la Innovación en Ciencia y Tecnología Aeroespacial, y el ConSiTec, para el apoyo a la formación de consorcios empresariales en sociedad con instituciones académicas. Desde 1997, la FAPESP opera el PIPE, Programa de Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas, único programa en el país que apoya a fondo perdido actividades de I&D en la empresa.

El PICTA ya ha contratado su primer proyecto: una asociación entre Embraer y el Centro Técnico Aeroespacial (CTA, São José dos Campos) para el desarrollo de la tecnología de ensayos aerodinámicos con túnel de viento. Este proyecto constituye un hito, por ser el mayor ya contratado en los programas de asociación de la FAPESP.

Un elemento importante para el éxito de un programa como el PITE ha sido el desarrollo de la ingeniería en el país, especialmente en función de la intensificación y de la progresiva calificación de la actividad de investigación en las escuelas y facultades de ingeniería. En ello desempeñó un papel fundamental el desarrollo de los programas de posgrado en el área. Por eso no sorprende que un gran número de proyectos del PITE se encuentren en el área de ingeniería. En el año 2000, dicho sector fue, por primera vez, el mayor contratante de becas de la FAPESP, aglutinando un 18,9% de los recursos para becas.

En el PIPE existe ya una cartera de 165 proyectos en marcha. Son decenas de pequeñas empresas que apuestan al conocimiento como fuente de riqueza, de desarrollo, de empleos, de soberanía nacional. Con la intensificación de la divulgación del PIPE por medio de llamados publicados en los medios de comunicación de todo el estado de São Paulo, hemos registrado un flujo permanente de candidatos. Pocas agencias de apoyo a la investigación en el mundo cuentan con una cartera de proyectos como ésta. La iniciativa de la FAPESP generará una contribución significativa para el desarrollo del estado de São Paulo.

Cabe destacar que, durante el corriente año, por primera vez, una de las empresas apoyadas en el marco del PIPE (con dos proyectos) llegará a los 100 millones de reales de facturación. La empresa es AsGa Microeletrônica, de Campinas, y su principal producto es precisamente aquél que desarrolló con el apoyo del PIPE: módems ópticos multicanales. Cuando la empresa entró al programa, en 1997, su facturación anual era de 6 millones de reales.

Éste es un ejemplo para poner de relieve, puesto que constituye una muestra de algunas de las características esenciales para el éxito. La principal es que, para generar riqueza con conocimiento, es necesario tener cerebros en la empresa: en AsGa, su titular, José Ellis Ripper Filho, y el líder del proyecto, Rege Scarabucci, son renombrados científicos que, junto a la expresiva producción científica académica, ambos recibieron, en ocasiones diferentes, el premio Moinho Santista, la principal distinción científica brasileña.

AsGa realiza un formidable esfuerzo en I&D, y cuenta entre sus filas con varios otros científicos egresados de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). Puede decirse que AsGa empezó a nacer en 1971, cuando Ripper regresó a Brasil proveniente de Estados Unidos, abandonando una promisoria carrera en Laboratorios Bell de AT&T para estructurar el Grupo de Investigación en Comunicaciones Ópticas del Instituto de Física de la Unicamp. Así nació el esfuerzo brasileño en este área. En 1974, Scarabucci mostraba sus primeros módems ópticos en la Facultad de Ingeniería de la Unicamp. El esfuerzo de la Unicamp se vio reforzado sustancialmente en 1976, con la creación del CPqD de Telebrás (hoy Fundación CPqD), al lado de la universidad.

Los proyectos del PITE y del PIPE son presentados en este suplemento. Módems ópticos, aceros eléctricos, aerodinámica, luces de plasma, biotecnología, pinturas más eficientes, mantas de fibra óptica para tratamientos neonatales, programas de computadora y muchos otros. Son proyectos que muestran la capacidad instalada en el estado de São Paulo para la generación y la aplicación del conocimiento. Una capacidad construida a lo largo de varios años de inversiones significativas por parte del estado de São Paulo, materializadas a lo largo de sucesivos gobiernos estaduales, en tres universidades públicas de la más alta calidad, en importantes institutos de investigación estaduales y en la FAPESP. Junto a las inversiones federales, especialmente bajo la forma de becas de estudio de posgrado, la iniciativa paulista construyó un patrimonio institucional que pone al estado de São Paulo a la vanguardia en esta era de desarrollo basado en el conocimiento.