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SOCIOLOGÍA

Macrometrópolis en movimiento

Un estudio estima que 3,8 millones de personas viven precariamente en favelas y asentamientos clandestinos o irregulares en 113 municipios paulistas

El barrio de Piratininga, en Guarulhos: la investigación tuvo en cuenta variables tales como hábitat, infraestructura  y aspectos demográficos

Léo RamosEl barrio de Piratininga, en Guarulhos: la investigación tuvo en cuenta variables tales como hábitat, infraestructura y aspectos demográficosLéo Ramos

Ciertas ciudades pueden “leerse” como un retrato y como un mapa. Como retrato, en el proceso de favelización visible en las últimas décadas, con casuchas precarias, construcciones irregulares y cobertizos improvisados, donde viven “invisibles” miles de habitantes ocultos tras las fronteras imaginarias de las ciudades brasileñas. Como mapa, en los análisis geográficos, mediante el estudio de estadísticas rigurosas y cruzamientos de informaciones de otras investigaciones, donde consta la localización y las condiciones de esos “asentamientos precarios” en los territorios. Ésta fue la propuesta del Diagnóstico de los asentamientos precarios en los municipios de la macrometrópolis paulista, coordinado por el investigador Eduardo Marques, del Centro de Estudios de la Metrópolis (CEM), uno de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid) que cuentan con el apoyo de la FAPESP. También participaron en el estudio los geógrafos Daniel Waldvogel y Donizete Cazolato, el estadístico Edgard Fusaro y la politóloga Mariana Bittar.

“Los asentamientos precarios incluyen favelas, lotes clandestinos e irregulares, tres soluciones habitacionales precarias”, define Marques, docente de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP). “Existe una gran heterogeneidad de situaciones, pero las áreas precarias albergan generalmente población pobre, con poco acceso a infraestructura y servicios, especialmente en lo referente a servicios de desagües cloacales”. Con el objetivo de identificar los asentamientos precarios, el estudio se basó en variables tales como vivienda, infraestructura y aspectos demográficos, tales como escolaridad e ingresos del responsable del domicilio.

Ese estudio, realizado a pedido de la Empresa Paulista de Planificación Metropolitana (Emplasa) y de la Compañía de Desarrollo Habitacional y Urbano (CDHU), actualiza la metodología elaborada en un trabajo anterior, desarrollado para el Ministerio de Ciudades. En 2005, con base en los datos registrados por el Censo de 2000, la población en las favelas de la macrometrópolis paulista giraba en torno de 3,17 millones. En 2010, año en el que se basa el nuevo estudio efectuado con los datos que arrojó el Censo de 2010, ya eran 3,80 millones de habitantes en condiciones precarias en los 113 municipios de la región, un área de 31,5 kilómetros cuadrados que comprende las regiones metropolitanas de São Paulo (RMSP), de Campinas (RMC), de Baixada Santista (RMBS) y de Vale do Paraíba y Litoral Norte (RMVP-LN), además del conglomerado urbano de Jundiaí (AUJ) (observe los mapas). Se produjo, por lo tanto, un crecimiento considerable, que va del 13,5% al 14,3%. “Con todo, esas cifras ocultan una gran variabilidad entre regiones”, pondera Marques. “En la Región Metropolitana de São Paulo, la proporción descendió de un 15% a un 14,5%. Mientras tanto, en Baixada Santista, la cifra creció del 18,1% al 20,5%; en la región de Campinas, dio un salto del 9,9% al 14,5%, es decir, un cambio significativo, que sugiere intensos procesos de favelización. Se registró un crecimiento absoluto en todas las regiones, pero en la capital, ese porcentaje fue inferior al crecimiento del conjunto de la población. En cierto sentido, lo que se nota es una dispersión del problema”, señala.

082-085_Assentamentos_221Centro de Estudios de la MetrópoliEn opinión de Marques, existen diversos factores que contribuyen para ese retrato. “El proceso de favelización está en curso desde hace décadas, causado por la pobreza y por la falta de políticas habitacionales a la altura de la demanda. En términos generales, es producto de la forma en que se originó (y por la que sigue ocurriendo, aunque a menor ritmo) el proceso de urbanización en Brasil”, dice. Con el tiempo, una solución posible implicaría la reducción de la pobreza y un expresivo incremento de la oferta de viviendas populares, pero en la forma en que se han constituido las metrópolis, ese tema se ha vuelto más complejo. “En muchos casos, la disponibilidad de tierras para la construcción y el mercado inmobiliario pueden representar obstáculos para la solución de la precariedad. Éste es el caso de la región metropolitana de São Paulo. Las reglamentaciones sobre la tierra urbana y la disponibilidad de buenos terrenos para la planificación pasan a ser cruciales, y estatutos como el de las Zonas de Especial Interés Social (Zeis), previstas en el Plan Maestro que actualmente se debate en São Paulo, trabajan en ese sentido”, analiza. En esa cartografía paulista, las consecuencias son la baja calidad urbana y de vida para un significativo conjunto de la población y, en la misma sintonía, un deterioro ambiental y urbano en las ciudades.

No existen reglas para la localización geográfica de los asentamientos precarios. En la región metropolitana de São Paulo, muchos se concentran en las áreas periféricas. “Solamente algunas grandes favelas están ubicadas en la región central y más rica. Eso es producto de un largo proceso de expulsión de los núcleos centrales, con la población intentando instalarse en los espacios aún existentes, cada vez más periféricos. Los lotes irregulares, a su vez, ya se implementaron en áreas más alejadas, siendo, en realidad, los responsables de la porción predominante de la expansión periférica a partir de los años 1960. La combinación de esos dos procesos profundizó el modelo de segregación social en São Paulo y en otras metrópolis”, critica.

Fuera de lo “normal”
El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) prefiere la expresión “conglomerados subnormales” para referirse a los sectores urbanos donde las clasificaciones del censo afrontan cierta complejidad, como en los casos de rellenos, ranchos, favelas, ocupaciones, taperas, palafitos y lotes clandestinos. Se considera “subnormales” a las zonas con 50 viviendas o más, signadas por toda una serie de precariedades habitacionales, es decir, construcciones fuera de las reglas de planificación urbana. El resto de los sectores urbanos son clasificados como “no especiales”.

“Esa definición, empero, se realizó antes del censo, pues se trata de la organización del trabajo de recolección de datos. Por eso, la información está desactualizada. Cabe resaltar, sin embargo, que la definición ‘subnormal’ no emana de un error del IBGE, porque la información no pretende expresar la precariedad, sino organizar el trabajo del instituto. Los datos recopilados configuran un modelo y por eso tiene sentido aprovecharlos para otros estudios, aunque subsanando sus limitaciones”, dice Eduardo Marques. En eso se basó el trabajo del CEM, que tomó informaciones del IBGE para identificar los asentamientos precarios, incluyendo tanto a los conglomerados “subnormales” como a los sectores “no especiales” en un contexto de características sociales y urbanas similares, con el objetivo de zanjar posibles distorsiones.

Definiciones al margen, los conglomerados subnormales y los asentamientos precarios constituyen un retrato de las frágiles soluciones habitacionales que se expanden por las áreas vulnerables en las grandes ciudades, a la espera de políticas públicas eficaces. “Las viviendas tienen una gran importancia no sólo por su relevancia en la calidad de vida de las personas que dependen de las políticas gubernamentales, sino porque configuran la estructura de las ciudades. En ese sentido, es de interés común para todos los grupos sociales la elaboración de políticas habitacionales masivas y diversificadas, así como de políticas redistributivas de regulación de la tierra, y no sólo para los directamente beneficiados”, dice el investigador.

El estudio del CEM también analiza instrumentos de gestión volcados a la política habitacional. “Brasil ha venido acumulando conocimiento para el desarrollo de políticas de vivienda que den solución a los problemas existentes desde el comienzo de los años 1990, mediante procesos de aprendizaje de políticas que atravesaron varios gobiernos”, comenta Marques. En la precisión de la teoría: “Está claro que el camino es el desarrollo de políticas diversificadas, que abarquen la producción masiva de nuevas viviendas para los sectores de menores ingresos, la regularización de los lotes, la urbanización de las favelas. Los conocimientos técnicos se vienen acumulando a lo largo de las décadas, pero las políticas que implican son caras y lentas”, dice el investigador. En la imprecisión de la práctica: mientras no se implementen esas políticas públicas, las ciudades brasileñas prosiguen su crecimiento a los tropezones, al derecho y al revés, y en lo referente a las favelas, tal como diría Carlos Drummond de Andrade, “el tiempo perdido en contarlas es el tiempo de que surjan otras” (Crônica das favelas nacionais, Jornal do Brasil, 6 de octubre de 1979).

Proyecto
Centro de Estudios de la Metrópolis – CEM (nº 2013/ 07616-7); Modalidad Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid); Investigadora responsable Marta Teresa da Silva Arretche (CEM); Inversión R$ 7.109.808,20 para todo el Cepid (FAPESP).

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