Imprimir

Memoria

Circa 1962

Un libro que retrata las áreas en las cuales había densidad científica en São Paulo antes del surgimiento de la FAPESP

Ruth y Victor Nussensweig (esq.) se casan en la biblioteca de la FM-USP. Samuel Pessôa es el segundo de derecha a izquierda

Archivo familia Nussensweig Ruth y Victor Nussensweig (izq.) se casan en la biblioteca de la FM-USP. Samuel Pessôa es el segundo de derecha a izquierdaArchivo familia Nussensweig

No se conoce la dirección exacta donde sucedió. Puede haber sido en una sala en el edificio en el cual funcionaba la rectoría de la Universidad de São Paulo (USP), en la calle Helvétia, en el centro de la capital paulista, o en la Facultad de Medicina de la USP, en la avenida Dr. Arnaldo. El hecho es que en algún momento del día 4 de junio de 1962, el genetista Warwick Kerr, el primer director científico de la FAPESP, se sentó a la mesa y empezó a examinar las primeras 507 propuestas de proyectos con solicitudes de ayudas y becas enviadas a la recién fundada agencia de fomento de la ciencia y la tecnología. Nacía entonces una rutina diaria de análisis de expedientes dentro de la Fundación incorporada por su planta de personal, los asesores ad hoc y los directores, que se perfeccionó en diversas oportunidades y nunca se vería interrumpida durante las décadas siguientes. El comienzo del trabajo de apoyo económico a la investigación científica en São Paulo realizado por una institución especialmente creada a tal fin y los años precedentes aparecen narrados en el recién publicado libro Circa 1962 – A ciência paulista nos primórdios da FAPESP [Circa 1962 ‒ La ciencia paulista en los albores de la FAPESP], de autoría de la periodista Mônica Teixeira.

Este libro constituye una narrativa sobre las principales actividades científicas realizadas en São Paulo durante las décadas anteriores a la creación de la Fundación. La opción de la autora fue concentrarse en las áreas donde había masa crítica de investigación. “Utilicé el primer Informe de actividades de la FAPESP, referente a 1962, para hablar de los sectores en los cuales realmente se hacía ciencia”, dice Texeira. “No pude hablar de todos, y algunas áreas son citadas de modo sucinto”. La agronomía, por ejemplo, aparece en la figura de Warwick Kerr y Friedrich Brieger, catedrático de Citología y Genética de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq-USP). Aparece también en el prólogo de Celso Lafer, presidente de la Fundación, en el cual se refiere al aporte de la ingeniera agrónoma Victoria Rossetti. La científica diagnosticó y le dio nombre en 1987 a la enfermedad de los naranjos, la clorosis variegada de los cítricos (CVC), cuya bacteria, la Xylella fastidiosa fue identifica tres años más tarde por John Hartung, de la Universidad de California, con la secuenciación de su ADN a cargo  de equipos de investigadores de São Paulo financiados por la FAPESP entre finales de la década de 1990 y el año 2000.

Página interna del Informe de actividades de 1962: relato del director científico sobre las primeras ayudas concedidos por la FAPESP

Archivo FAPESP Página interna del Informe de actividades de 1962: relato del director científico sobre las primeras ayudas concedidos por la FAPESPArchivo FAPESP

Lo propio sucedió con el Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IPT), que si bien no forma parte de ningún capítulo, es citado por el profesor Lafer por las investigaciones allí realizadas desde cuando formaba parte de la Escuela Politécnica y se llamaba Gabinete de Resistencia de Materiales. “Los docentes de la USP actuaron en el IPT, y muchos de ellos ayudaron a gestar las primeras ideas de la creación de una fundación de apoyo a la investigación científica en la década de 1940”, dice el presidente de la FAPESP.

Mônica Teixeira se enfocó en las investigaciones que se hacían en medicina, genética, física y ciencias sociales, áreas que ya contaban con densidad científica y eran frecuentemente apoyadas por la Fundación Rockefeller antes de los años 1960. De las 507 solicitudes, Warwick Kerr optó por la concesión de 344, el equivalente al 68% de los proyectos presentados hasta 30 de abril de 1962. En total quedaron contemplados “cerca de 700 investigadores”, de acuerdo con el informe de Kerr, un genetista ya conocido y respetado en el seno de la comunidad científica y en ese entonces docente de la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras (FFCL) de Rio Claro, posteriormente vinculada a la Universidade Estadual Paulista (Unesp). En 2013, la cifra de contrataciones de la FAPESP ascendió a 12.393.

Antonio Candido en Bofete (antiguo Rio Bonito) en investigación para su tesis, defendida en 1954

Edgar Carone Antonio Candido en Bofete (antiguo Rio Bonito) en investigación para su tesis, defendida en 1954Edgar Carone

Las 507 solicitudes iniciales fueron clasificadas dentro de áreas –Agronomía, Biología, Ingeniería y Tecnología, Química, Ciencias Médicas, Ciencias Humanas y Sociales, Exactas, Geológicas, Geografía e Historia– y en todas hubo presupuestos reducidos y proyectos rechazados. Una de las concesiones fue para José Carneiro da Silva Filho, uno de los profesores asistentes de Histología y Embriología de la FM-USP, para el estudio de nucléolos en células hepáticas mediante radioautografía.

Antes de la década de 1960, la FM-USP era uno de los pocos lugares en donde se practicaba la investigación en medicina y biología de manera constante en Brasil. El laboratorio del catedrático de Histología y Embriología, Luiz Carlos de Uchôa Junqueira, parecía el más interesante para aquéllos que querían efectivamente aventurarse en el mundo científico para trabajar con temas de punta y buscar –y concretar– colaboraciones con científicos calificados de fuera del país. Uno de los asistentes de Junqueira era Michel Rabinovitch, conocido en esa época por ser una especie de imán de jóvenes talentos. Entre los muchos que fueron acogidos y estimulados por él se encuentran Ricardo Brentani, Thomas Maack, Nelson Fausto y Sergio Henrique Ferreira, todos con aportes reconocidos en sus áreas.

Dobzhansky, su hija Sophia (sentados), Pavan (izq.) y Antonio Brito da Cunha recorren en una zorra de rieles el trayecto hasta el área de investigación en Monguaguá (São Paulo)

Archivo Comisión de Memoria IB/USPDobzhansky, su hija Sophia (sentados), Pavan (izq.) y Antonio Brito da Cunha recorren en una zorra de rieles el trayecto hasta el área de investigación en Monguaguá (São Paulo)Archivo Comisión de Memoria IB/USP

Algo similar sucedía en el entorno de Samuel Pessôa, catedrático de Parasitología entre 1931 y 195, médico e investigador interesado en intentar resolver problemas sociales usando la investigación científica como instrumento. La suma de los deseos de hacer ciencia y arreglar el mundo unió alrededor del veterano investigador a jóvenes como Erney Plessmann de Camargo –quien refundaría la cátedra de Pessôa en el Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB) de la USP en 1986–, Luiz Hildebrando Pereira da Silva y la pareja integrada por Ruth y Victor Nussensweig, entre otros. Los dos últimos se conocieron y se casaron en la Facultad de Medicina. Literalmente: la celebración se concretó en la biblioteca de la facultad.

Otro casamiento feliz, en este caso metafóricamente hablando, se concretó entre los años 1940 y mediados de la década de 1960. La Fundación Rockefeller financió la mayor parte de la investigación tendiente a implementar el estudio de cromosomas y genes en Brasil. Invirtió en la llegada del genetista ucraniano radicado en Nueva York Theodosius Dobzhansky, por ejemplo, para continuar sus investigaciones de genética de poblaciones de drosófilas (la mosca de la fruta) en 1943 en Brasil, mientras dictaba cursos en São Paulo. Y envió a Crodowaldo Pavan y a otros investigadores a especializarse en genética en el exterior. Con estos estímulos, se formó en el país una generación de genetistas: Antônio Brito da Cunha, Pedro Henrique Saldanha y Luiz Edmundo Magalhães (São Paulo), Newton Freire-Maia (Paraná), Francisco Salzano y Antonio Cordeiro (Rio Grande do Sul) y Oswaldo Frota-Pessoa (Río de Janeiro). También en la física hay grandes nombres, que desarrollaron la disciplina en Brasil: Marcelo Damy de Souza Santos, Mario Schenberg, Roberto Salmeron, Paulus Aulus Pompeia, César Lattes, Oscar Sala, José Goldemberg y Sérgio Mascarenhas, por citar algunos de ellos. Por detrás de todo está la afortunada decisión de invitar a Gleb Wataghin, ucraniano radicado en Italia, para empezar a construir la enseñanza y la investigación de la física en Brasil en 1934, en la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras (FFCL-USP.) En pocos años, bajo el liderazgo de Wataghin, la física brasileña empezó a aparecer bajo la forma de artículos publicados en buenas revistas internacionales. Los estudiantes eran enviados para realizar pasantías en laboratorios de otros países y perfeccionarse. Por otro lado, investigadores extranjeros como el italiano Giuseppe Occhialini, pasaban períodos en Brasil. De toda la rica experiencia de los físicos graduados entre los años 1930 y 1950, lo que se hizo más conocido fue el descubrimiento de la partícula subatómica mesón pi, a cargo del grupo liderado por Cecil Powell, de Inglaterra, logro del cual participaron activamente Lattes y Occhialini en 1947.

Francisco Lara escribió el diagnóstico sobre la bioquímica en el país, con propuestas de acción

Archivo de familia Francisco Lara escribió el diagnóstico sobre la bioquímica en el país, con propuestas de acciónArchivo de familia

En la década de 1960 empezó otra buena etapa de la física brasileña, cuando Mario Schenberg montó el primer grupo de física del estado sólido (actualmente llamada física de materia condensada) en São Paulo, en 1961, con fondos federales, del estado y de la propia USP. En los años siguientes, los científicos que trabajaban en el nuevo laboratorio buscaron ayudas y becas en la FAPESP. Posteriormente, en 1969, Zeferino Vaz, el dinámico primer rector de la Universidad de Campinas (Unicamp), llevó a Rogério Cerqueira Leite de Estados Unidos al Instituto de Física, con el apoyo de la Fundación, para desarrollar esa línea de investigación. Otros investigadores de primera línea también llegaron a la universidad, tales como José Ellis Ripper Filho y Sérgio Porto. “El grupo que llegó proveniente de Estados Unidos a la Unicamp fue quizá el más exitoso de Brasil en los años 1970, al establecer una relación productiva con la industria”, escribió Texeira en el capítulo “Física del estado sólido”.

La investigación paulista estaba presente también en las ciencias sociales en los albores de la FAPESP. Florestan Fernandes, sociólogo de la FFCL-USP, incluyó en su solicitud de 1962 elevada a la Fundación, ayuda destinada a “investigaciones sobre empresas industriales en São Paulo” y fondos para viajes de sus asistentes doctores, Fernando Henrique Cardoso (Paris) y Octavio Ianni (Londres). Ambos fueron a estudiar temas relacionados con la sociología rural y del trabajo, para, posteriormente, de regreso a Brasil, ir al campo a relevar y analizar datos. “En aquella época, las ciencias sociales eran menos ensayísticas y los investigadores hacían estudios de campo. Y eso requería dinero”, comenta Texeira. Ir al campo era lo que hacía el crítico literario Antonio Candido, sociólogo de origen, quien entre 1947-1949 y 1952-1954 realizó un extenso trabajo en ciudades del interior paulista. Del mismo resultó el clásico Os parceiros do Rio Bonito, libro de 1964 que nació como tesis defendida en 1954 en la cátedra de Sociología II de la FFCL-USP. Candido y Florestan Fernandes fueron asistentes, en la década de 1940, del catedrático Fernando de Azevedo, uno de los formuladores de la USP.

Schenberg, físico teórico, trabajó en pro de la institucionalización de la física del estado sólido

O. Luiz/ Estadão ConteúdoSchenberg, físico teórico, trabajó en pro de la institucionalización de la física del estado sólidoO. Luiz/ Estadão Conteúdo

El libro Circa 1962 describe también de qué modo perfeccionó la FAPESP el apoyo a los investigadores. El proyecto especial Programa para el Desarrollo de la Bioquímica (Bioq-FAPESP) empezó en 1970 con la participación importante del bioquímico Francisco Lara, catedrático de la Facultad de Farmacia de la USP. Un hito inédito importante consistió en la concreción de un proyecto concebido para acelerar el desarrollo de la investigación en un campo determinado, en este caso, la bioquímica. El primer diagnóstico del sector, con propuestas de acción para avanzar en la investigación del área, fue obra de Lara. La secuencia bien planificada de proyectos cumplió su papel de afianzar los programas de posgrado en la USP y en la Escuela Paulista de Medicina con investigadores como Hugo Armelin, Rogério Meneghini, Walter Colli, Ricardo Brentani, Giuseppe Cilento, Carl Peter Dietrich, Hernan Chaimovitch y José Leal Prado, entre varios otros. “El Bioq-FAPESP representó una nueva forma de organizar la investigación científica y la financiación a partir de la década de 1970”, dice Texeira.

La periodista recuerda que las primeras solicitudes de ayuda llegaban con nombres reconocidos, tales como Schenberg, Lattes, Pavan, Brieger y Florestan Fernandes, por ejemplo. “Pero me sorprendieron los dos pedidos de Carolina Bori en psicología experimental”, dice. El primero en el área de Ciencias Humanas y Sociales, para estudiar la socialización de los niños mediante métodos clínicos; el segundo en Ciencias Biológicas, para verificar el papel de los estímulos aversivos en el aprendizaje. “Ambos estaban entre los 344 aprobados en 1962”. Bori era docente de la FFCL de Rio Claro y fue una entre los investigadores instados por Warwick Kerr, según recuerdan colegas de aquella época, a elevar proyectos para su análisis. Posteriormente, en 1987, ella sucedió a Pavan en la presidencia de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC).

Reunión de físicos en la década de 1960: Mascarenhas, Damy, Goldemberg, Sala (sentados) y Ernst Hamburger (de pie)

Archivo personal Marcelo DamyReunión de físicos en la década de 1960: Mascarenhas, Damy, Goldemberg, Sala (sentados) y Ernst Hamburger (de pie)Archivo personal Marcelo Damy

Circa 1962 se enfoca en las investigaciones del pasado para entender el presente, y fue planificado para celebrar los 50 años da FAPESP, en 2012. Cuando el gobernador Carvalho Pinto firmó el decreto nº 40.123, sancionado el 23 de mayo de 1962, que aprobaba sus estatutos, quedó definido que la FAPESP debería apoyar la investigación y no hacer investigación científica; que el concepto de investigación sería abarcador; que el proceso de evaluación debería basarse en el análisis por pares, y que la Fundación tendría autonomía en los procesos decisorios y un límite del 5% para gastos administrativos. “Al pensar en este libro, también pretendíamos destacar que ya existía en la época de la creación de la Fundación un público objetivo que podría responder constructivamente a la existencia de una institución con esas facciones”, explica Celso Lafer.

En el Plano de acción de gobierno (1958-1963), Carvalho Pinto planteó el tema de la FAPESP en el apartado al que denominó “Mejora de las Condiciones del Hombre”. Allí se hace referencia a una institución destinada a apoyar la investigación científica y tecnológica. “El gobernador le encargó a Paulo Vanzolini, del Museo de Zoología, el estudio de instituciones similares en Estados Unidos y Europa”, comenta Lafer. “Le cupo al investigador reflexionar acerca de cómo debería constituirse la tarea de la Fundación mediante directrices presentes en sus estatutos, y esto fue muy debatido con el gobernador”. De acuerdo con su presidente, la FAPESP cuenta con un conjunto de dispositivos legales y estatutarios que le permitió crecer en consonancia con esas directrices. “Circa 1962 tiene esa intención de explicar qué es la institución y qué  representa para São Paulo y para el país”, concluye. El libro, con un tiraje de tres mil ejemplares, se distribuyó en las bibliotecas de universidades públicas y privadas y en instituciones de investigación científica del estado de São Paulo.