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GENÉTICA

La disputada conquista de América

Análisis sugieren que los humanos llegaron al continente hace entre 23 mil y 15 mil años, y que algunos indígenas de Brasil poseen ADN oriundo de pueblos de Oceanía

052-055_Colonização_234Un tema controvertido volvió quedó nuevamente en el tapete a finales del mes de julio: la llegada de los seres humanos a América. El día 21, dos equipos independientes publicaron estudios en dos revistas que compiten, Science y Nature, comparando las características genéticas de poblaciones autóctonas americanas con las de pueblos de otras regiones del mundo. En esos trabajos se analizó el más amplio conjunto de información genética disponible de pueblos del Nuevo Mundo para intentar reconstruir la historia de la ocupación del último continente ‒a excepción de la Antártida‒ en que el Homo sapiens se estableció. En los artículos se arriba a conclusiones aparentemente distintas; pero ambos indican que algunos grupos indígenas actuales de Brasil tienen algún grado de parentesco con pueblos de Oceanía.

En el estudio de Science, el grupo del biólogo Eske Willerslev, de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, afirma que los primeros humanos llegaron a América en una sola oleada migratoria. Habrían partido del este de Asia en algún momento de los últimos 23 mil años, para llegar al Nuevo Mundo luego de haber permanecido durante casi ocho mil años en Beringia, una vasta extensión de tierra (actualmente sumergida) que conectaba Siberia, en Asia, con Alaska, en América del Norte.

Willerslev y sus colaboradores –entre ellos la arqueóloga Niède Guidon, de la Fundación Museo del Hombre Americano (Fumdham), con sede en Piauí– arribaron a esta conclusión luego de secuenciar el genoma de 31 individuos de 11 poblaciones actuales autóctonas de América, de Siberia y de Oceanía, y de comparar esos datos con los del genoma de 23 individuos de pueblos extintos de Américas del Norte y América del Sur, y con variaciones genéticas de otras 28 poblaciones.

Los resultados sugieren que, una vez en el Nuevo Mundo, esta población ancestral se habría dividido en dos, hace unos 13 mil años. Una parte habría permanecido en el norte del continente y originado el pueblo Atabascano, de Alaska, y los grupos indígenas Chipewyan, Cree y Ojibwa, de Canadá. La otra se habría dispersado por el sur de América del Norte y por el resto del continente, generando la mayor parte de las demás etnias.

Aun cuando no cuenta con más datos a disposición, Willerslev no postula algo totalmente nuevo. Durante los últimos 15 años, otros grupos, brasileños inclusive, ya habían sugerido que los primeros humanos que llegaron a las Américas podrían haberlo hecho provenientes del este de Asia en un solo desplazamiento, incluso con una parada en Beringia (lea en Pesquisa FAPESP, ediciones nº 77 y nº 149). Tanto la propuesta publicada en Science como sus versiones anteriores confrontan ideas más antiguas, según las cuales, dos, tres o incluso más oleadas habrían sido necesarias para originar la diversidad genética y de facciones de cráneo hallada en América (véase la infografía).

Al igual la mayor parte de los trabajos que mencionan una sola entrada al continente americano, el modelo de Willerslev funciona bien para explicar cómo surgieron los pueblos nativos de América genéticamente más cercanos a los asiáticos actuales, con los cuales comparten algunas características anatómicas, tales como la cara más plana y el cráneo redondeado. Pero falla en otros puntos. La idea de un solo viaje hace difícil justificar la semejanza genética hallada entre los indios suruís, de la Amazonia brasileña, por ejemplo, los atabascanos y los nativos de las islas Aleutianas, en Alaska, y los pueblos aborígenes de Oceanía, en el Pacífico Sur.

¿Cuán distintos?
Para Willerslev y sus colegas, estos datos pueden indicar que hubo un intercambio genético posterior al poblamiento inicial. Una oleada más modesta de individuos emparentados con los aborígenes de Australia y de la Melanesia se habría mestizado con poblaciones asiáticas que habrían ingresado posteriormente en América, posiblemente desde las islas Aleutianas.

Mientras Willerslev y sus colaboradores afirman que fue un arribo, quizá complementado por una segunda llegada, el genetista David Reich ‒de la Universidad Harvard, en Estados Unidos‒ y sus colegas dicen que cuentan con evidencias de que fue necesaria la entrada de dos poblaciones distintas en momentos diferentes para explicar la diversidad genética de los nativos americanos. ¿No estarían afirmando ambos grupos lo mismo? Pues bien, sí y no.

En el artículo de Nature, Reich y sus colaboradores, cuatro de ellos brasileños, argumentan que solamente la llegada de dos oleadas con características distintas ayudaría a entender por qué los suruís y otros grupos indígenas brasileños guardan una afinidad genética con pueblos del Pacífico Sur. Pero la historia no se resume a eso.

El estudio de este año constituye un refinamiento de un trabajo anterior. En 2012, Reich y los investigadores Maria Cátira Bortolini y Francisco Salzano, de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Maria Luiza Petzl-Erler, de la Universidad Federal de Paraná, y Tábita Hünemeier, de la Universidad de São Paulo (USP), junto a otros colaboradores, compararon alrededor de 365 mil tramos del genoma de 493 individuos de 52 poblaciones autóctonas de las Américas con los de 245 integrantes de 17 pueblos de Siberia y los de 1.613 personas de 52 poblaciones del resto del mundo. En esa oportunidad, en un artículo también publicado en Nature, arribaron a la conclusión de que las Américas habían sido pobladas por tres oleadas migratorias distintas: una primera y más densa, con individuos de características genéticas y rasgos asiáticos, que habría llegado al continente vía Beringia hace al menos 15 mil años para originar la mayor parte de las poblaciones americanas extintas y actuales; una segunda, que al mestizarse con la inicial contribuyó a generar a los esquimales, en Groenlandia, y a los habitantes de las islas Aleutianas en Alaska; y una tercera que, al llegar, se mezcló con los primeros habitantes del continente y derivó en el surgimiento de los grupos indígenas canadienses.

Ahora, al analizar más tramos (alrededor de 600 mil) del genoma de otras poblaciones autóctonas (25) de América Central y del Sur y compararlos con los datos de 197 poblaciones de otras partes del mundo, hallaron algo similar a lo que observara Willerslev, y postularon una migración más –la cuarta, que habría llegado a América del Sur hace más de 6 mil años– para justificar la diversidad étnica del continente.

Aparte de los suruís, que viven en la selva amazónica en el estado Rondônia, esa migración más reciente habría originado también al pueblo Karitiana, de Rondônia, y a los indios xavantes, del Cerrado de Mato Grosso. Estos tres grupos comparten entre el 1% y el 2% de su genoma con los pueblos de Oceanía. “Esta proporción parece ser pequeña, pero resulta importante”, afirma Hünemeier. “Debemos imaginar que era mucho más elevada en la población ancestral que llegó a América y luego se diluyó a lo largo de centenas de generaciones”, explica.

Hijos de Ypykuera
Esa oleada migratoria más reciente –la cuarta, según el artículo de 2012, o la segunda en el de 2015– no habría estado compuesta por individuos con características genéticas exclusivas de los pueblos del Pacífico Sur. Esos viajeros serían descendientes de una población mestiza, resultante del cruzamiento de nativos de Oceanía con asiáticos. Los investigadores le dieron a ese grupo el nombre de población Y, inicial de la palabra Ypykuera, que significa ancestro en tupí. Para Reich y sus colaboradores brasileños, los suruís, los karitianas y los xavantes actuales serían descendientes de dicha población Y, que aún no se sabe cómo habría llegado acá.

“El hecho de que los suruís, los karitianas y los xavantes compartan características genéticas con pueblos del Pacífico Sur sugiere que hubo un mestizaje en un área menos restringida de lo que se pensaba”, explica Hünemeier, coautora de los artículos de Nature. Al fin y al cabo, los dos primeros viven en Rondônia, en la Selva Amazónica, a centenas de kilómetros de donde viven los xavantes, que son del Cerrado, en Mato Grosso. Además de la distancia física, existe también una divergencia cultural. Los karitianas y los suruís hablan el tupí, en tanto que los xavantes hablan la lengua yê. “Ese mestizaje habría ocurrido hace más de seis mil años, cuando esos troncos lingüísticos se separaron”, dice Hünemeier.

La posible existencia de una población Y no sorprendió a algunos antropólogos físicos que estudian la ocupación de América. “Indirectamente, esos resultados publicados en Nature son favorables a la idea que postulo hace 25 años, de la venida de dos migraciones a América”, afirma el bioantropólogo Walter Neves, de la USP. Con base en el análisis de la morfología de cráneos de poblaciones actuales y extintas de distintas regiones de América –entre ellas la del pueblo que vivió hace entre 12 mil y 7 mil años en la región de Lagoa Santa, en Minas Gerais–, Neves y el arqueólogo argentino Héctor Pucciarelli propusieron que América fue colonizada por dos oleadas migratorias: la primera, hace 14 mil años, integrada por individuos con morfología similar a la de los nativos de África y de Australia, seguida por otra de rasgos asiáticos que habría sustituido al grupo inicial.

Para Rolando González-José, antropólogo físico y director del Centro Nacional Patagónico, con sede en Puerto Madryn, Argentina, las evidencias que se presentan en los artículos de Science y de Nature son en cierta forma similares. “El parentesco con los australo-melanesios que ellos encontraron era esperado desde hace años, pues indica que las poblaciones de América compartieron ancestros comunes”, afirma. “Los datos son interesantes, pero poco se los discute en esos artículos, que no tienen en cuenta todos los escenarios posibles”. En 2008, González-José y colegas brasileños plantearon la hipótesis de que América habría sido colonizada por una población inicial de individuos con alta diversidad genética y de morfología del cráneo, seguida de otra menor que dio origen a los esquimales. Según esta versión, cuestionada hace alrededor de tres años por Walter Neves, durante los miles de años que existió Beringia, habría existido un contacto entre poblaciones de Asia y de América.

Artículos científicos
SKOGLUND, P. et al. Genetic evidence for two founding populations of the Americas. Nature. 21 jul. 2015
RAGHAVAN, M. et al. Genomic evidence for the Pleistocene and recent population history of Native Americans. Science. 21 jul. 2015.

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