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Las raíces de la resistencia

La distancia respecto al patrón histórico de inmigrantes blancos y europeos y un mercado de trabajo limitado constituyen algunas de las razones de la hostilidad contra los actuales flujos migratorios

Vendedores de hierbas y condimentos típicos de Bolivia en la feria de la calle Coimbra, en São Paulo

Eduardo CesarVendedores de hierbas y condimentos típicos de Bolivia en la feria de la calle Coimbra, en São PauloEduardo Cesar

“¡Vuélvanse a Cuba!” La socióloga Roberta Peres se asustó con el grito proveniente de un pasajero de un coche gris que pasaba delante de Missão Paz, una institución religiosa que atiende a migrantes, inmigrantes y refugiados recién llegados a la ciudad de São Paulo. El haitiano a quien entrevistaba –un estudiante de ingeniería que interrumpió su carrera porque su universidad quedó destruida por el terremoto de 2010 en Haití– no entendió la situación, puesto que conversaban en inglés. Esto fue a comienzos de 2014, en el auge de la llegada de haitianos a la capital paulista. Y esa hostilidad creció durante los meses siguientes. El sábado 1º de agosto de 2015, seis haitianos fueron baleados con un rifle de aire comprimido en la calle Glicério y en la escalinata de la parroquia Nossa Senhora da Paz, sede de Missão Paz.

“En varias ciudades brasileñas los haitianos aún son oprimidos por los habitantes locales”, asevera Rosana Baeninger, también socióloga y colega de Peres en el Núcleo de Estudios de Población (Nepo) de la Universidad de Campinas (Unicamp). Ambas investigadoras participaron en un estudio recientemente concluido sobre la situación y los planes de 250 haitianos que viven en Manaos, Porto Velho, São Paulo capital y tres ciudades del interior paulista (Campinas, Jundiaí y Santa Fé do Sul), Curitiba, Camboriú, Porto Alegre y Encantado, en Rio Grande do Sul. Los entrevistados eran en su mayoría varones con edades entre 24 y 29 años, que pretendían traer a sus familiares, pero no pensaban en permanecer en Brasil. “Para los haitianos”, dice Peres, “Brasil está dejando de ser un país de destino para ser una etapa de tránsito ‒aunque larga‒ hacia Estados Unidos, adonde la mayoría afirmó que le gustaría ir”.

El estudio reiteró dos conclusiones previas del equipo del Nepo. La primera apunta hacia la desconcentración territorial: ciudades del interior paulista tales como Piracicaba y Limeira, aparte de Campinas, Jundiaí y Santa Fé do Sul, debido a inversiones internacionales en la producción agropecuaria o industrial, están recibiendo más inmigrantes y viviendo situaciones antes comunes únicamente en capitales tales como São Paulo, que hasta comienzos de los años 2000 constituían el destino casi exclusivo de los extranjeros. “El excedente poblacional acompaña los destinos del capital internacional, aunque la ciudad de São Paulo sigue siendo una referencia en el imaginario inmigratorio”, dice Baeninger.

Inmigrantes africanos trabajando como vendedores ambulantes

Eduardo CesarInmigrantes africanos trabajando como vendedores ambulantesEduardo Cesar

La segunda conclusión indica que la ola inmigratoria de los últimos diez años –formada por bolivianos, peruanos y otros hispanoamericanos, a los cuales se sumaron haitianos, senegaleses y congoleses a partir de 2010– contraría supuestos históricos tácitos. “Desde finales del siglo XIX, se creó la idea de que el inmigrante, para ser aceptado, debería ser blanco y europeo, y los inmigrantes actuales son indígenas que hablan en español, como los bolivianos, o negros que hablan en francés o en criollo, como los haitianos”, dice Baeninger, quien trabaja en ese campo hace 30 años. Según la investigadora, el alejamiento del estándar histórico blanco europeo, la ausencia de una necesidad explícita de mano de obra extranjera y la escasez de políticas públicas locales, estaduales y federales que promuevan la interacción social de los inmigrantes del siglo XXI generan aquello a lo que ella denomina “distancia en relación al otro” y las reacciones de hostilidad.

Los japoneses que llegaron a comienzos del siglo XX, sostiene Baeninger, si bien eran tolerados debido a la necesidad de mano de obra en las plantaciones de café, en ese entonces la base de la economía nacional, fueron hostilizados y discriminados, tal como puede verse en la película Gaijin – os caminhos da liberdade (1980). Los orientales eran tenidos como una raza inferior, al igual que los negros y los indios, que perjudicaría el emblanquecimiento de la población que anhelaba el gobierno brasileño y que promovían los inmigrantes europeos.

El proyecto de emblanquecimiento de la población brasileña, de carácter eugenésico, había sido establecido por Getúlio Vargas durante el régimen conocido como Estado Novo (1930-1945). De acuerdo con estudio del historiador Fábio Koifman, de la Universidad Federal Rural Fluminense, publicado en el libro Imigrante ideal: o Ministerio da Justicia e a entrada de estrangeiros no Brasil (1941-1945) (Civilização Brasileira, 2012), dicho proyecto establecía cuáles eran los inmigrantes deseables: blancos, católicos y apolíticos, preferentemente portugueses con escasa escolaridad, sin “ideas disolventes” como las que tenían grupos intelectualizados de Alemania, Francia y Austria, entre otros países. Indeseables eran los negros, los japoneses, los ancianos y los discapacitados. En 1930, durante la campaña a la Presidencia, Vargas advirtió que la inmigración debería pensarse también bajo un criterio étnico, no meramente económico. Una vez en el poder, promulgó varias leyes que estipulaban cupos de inmigración y restringían la entrada de orientales fundamentalmente. “Segmentos letrados de la sociedad brasileña y muchos hombres del gobierno, Vargas inclusive, creían que el problema del desarrollo brasileño estaba relacionado con la mala formación étnica del pueblo. Consideraban que al traer ‘buenos’ inmigrantes, es decir, blancos que se integrasen a la población no blanca, Brasil en 50 años se transformaría en una sociedad más desarrollada”, dijo Koifman en entrevista a Pesquisa FAPESP en 2012 (lea en la edición nº 201).

Frecuentadores del comercio callejero mantenido por bolivianos en la zona de Brás, en São Paulo

Eduardo CesarFrecuentadores del comercio callejero mantenido por bolivianos en la zona de Brás, en São PauloEduardo Cesar

Prejuicios
Tanto en Brasil como en Europa, los medios de comunicación abordan la llegada de los inmigrantes “como una amenaza, como si el país estuviera siendo invadido por una horda de vagos, pandilleros que vienen acá a presionar al ya tan debilitado sistema de protección social y al mercado de trabajo”, escribió Antônio Tadeu Ribeiro de Oliveira, investigador del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), en un artículo publicado en enero de este año en la Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana. Según Ribeiro de Oliveira, la dimensión de este fenómeno, pese a la intensa visibilidad, “es muy inferior al de la entrada vía aeropuertos, puertos y otras áreas de fronteras de inmigrantes irregulares blancos”.

Los que llegan muchas veces se decepcionan. Según el padre Paolo Parise, uno de los directores de Missão Paz, los coyotes, como se les llama a los agentes que les cobran a los interesados para ayudarlos a atravesar las fronteras de otro país, les prometen a los haitianos empleo fácil y ganar 1.500 dólares por mes. “Los haitianos dicen que no imaginaban que Brasil era tan racista”, dice. La institución, mantenida por la Congregación Scalabriniana y mediante donaciones, ofrece desde 1978 albergue, alimentación, atención médica y psicosocial y servicios de documentación a inmigrantes, refugiados y migrantes. Por allí pasaron 11 mil de los 60 mil haitianos que entraron en Brasil desde 2010. A comienzos de septiembre, el padre Paolo saludaba a los recién llegados sirios con la mano en el pecho, sin extenderles la mano ni tocarlos como hacía con los latinos que encontraba mientras caminaba, lo cual indicaba los cuidados indispensables para tratar con los representantes de distintos países y culturas.

Sirios recién llegados, acogidos por Oásis Solidário, una organización mantenida por la comunidad siria residente en São Paulo

Eduardo CesarSirios recién llegados, acogidos por Oásis Solidário, una organización mantenida por la comunidad siria residente en São PauloEduardo Cesar

Este año, el equipo de Missão les consiguió trabajo a 1.180 inmigrantes. Hasta septiembre del año pasado, fueron 1.700, lo cual lleva al padre Paolo a prever que el año pueda terminar con un tercio menos de contrataciones. El estudio de la Unicamp también indicó que la buena fase parece quedado atrás. Después de una época de empleos temporales relativamente fáciles en la construcción civil, antes del Mundial de Fútbol de 2014, muchos ahora prefieren ir a Santa Catarina y Rio Grande do Sul, en donde creen que encontrarán mejores empleos.

“Los organismos públicos se están posicionando a favor de la inmigración y se están haciendo cargo de la formulación de políticas públicas”, sostiene Camila Baraldi, coordinadora adjunta de la Coordinación de Políticas para Migrantes (CPMig) de la Secretaría Municipal de Derechos Humanos y Ciudadanía de São Paulo. Como una de sus primeras acciones, tras su creación en 2013, la coordinación promovió la simplificación de la apertura de cuentas bancarias para inmigrantes como una forma de disminuir los asaltos a estos grupos de personas, que antes se guardaban el dinero que acumulaban, y facilitar su contratación en las empresas. Una buena parte del tiempo de los equipos del CPMig va para los haitianos, que en 2014 llegaban en gran cantidad: en ocasiones era un autobús por día. El flujo actual es menor, pero todavía llegan entre dos y tres micros por semana provenientes del estado de Acre, su primera parada en Brasil. La mayoría permanecen, al menos al principio, en la capital. Ahora está aumentando el arribo de sirios: en agosto los equipos de la municipalidad atendieron a 25.

A los que llegan sin tener adónde ir, la coordinación les ofrece albergues y apoyo para la emisión de documentos y la búsqueda de empleo, aparte de impulsar la articulación con los equipos de otros organismos públicos con el objetivo de asegurar el acceso a servicios de salud y educación y asistencia social. “Muchas veces se les niegan esos derechos debido al desconocimiento de quienes los atienden”, dice Baraldi. En este momento, una de las prioridades es la formación del Comité Intersectorial de la Política Municipal para la Población Inmigrante, creado en agosto, que contará con 13 representantes del poder público y 13 de la sociedad civil, que tendrán la tarea de redactar una propuesta de política pública para la población inmigrante que vive actualmente en la ciudad de São Paulo.

016-023_Capa_Migrações_236El soporte legal de apoyo a quienes inmigran sigue siendo precario. El Estatuto del Refugiado, de 1997, asegura algunos derechos, tales como el registro de extranjero en Brasil, pero se dificultan acciones más amplias debido al carácter restrictivo del Estatuto del Extranjero, en vigor desde la década de 1980. En julio, el Senado aprobó un proyecto de ley que crea una nueva Ley de Migración, que revoca dicho estatuto y reduce las exigencias para la concesión de visas y autorización de residencia. El proyecto en la actualidad se trata en la Cámara de Diputados.

Durante los últimos cuatro años, la cantidad de refugiados en el país se duplicó, llegando a 8.530 en septiembre de 2015, de acuerdo con el Comité Nacional de Refugiados del Ministerio de Justicia. Los sirios, que llegan en número creciente, representan un 24,5% del total de refugiados de 81 nacionalidades que viven en Brasil, seguidos por los colombianos, angolanos y congoleses y libaneses. Hay también 12.666 solicitudes de refugiados en análisis.

En Brasil no hay multitudes de refugiados como las que desde hace meses llegan a los países centrales de Europa, provenientes fundamentalmente de Siria, destruida por la guerra. En 2015, Alemania recibió a alrededor de 200 mil inmigrantes, que pueden compensar la merma de la población generada por la caída de la tasa de natalidad, pero en general los inmigrantes son indeseables, y no solamente en Europa. De acuerdo con estudio del instituto francés Ipsos, la mitad de los habitantes entrevistados en 24 naciones, Brasil inclusive, afirmaron que había demasiados inmigrantes en sus países; el 46% sostuvo que los extranjeros dificultaban el acceso de los pobladores nativos a los empleos y tan sólo el 21% de los 17.533 entrevistados consideró positivo el impacto de los inmigrantes en sus países. En Brasil, el 36% de los consultados dijo que los inmigrantes intensifican la disputa por empleos, índice muy por debajo del 85% de la Turquía, el 68% de Rusia y el 56% de los habitantes de la Argentina que expresan esa misma opinión.

Los inmigrantes árabes ganan las calles de São Paulo

Eduardo CesarLos inmigrantes árabes ganan las calles de São PauloEduardo Cesar

Las reacciones contrarias exhibidas hasta ahora en las ciudades brasileñas también están lejos de los conflictos que ocurren en Europa, “pero expresan la dificultad de la sociedad receptora a la hora de acoger a estos grupos de inmigrantes”, subraya Baeninger. En 2012 y 2013, pintadas en puertas de comercios de la localidad paulista de Piracicaba hostilizaron a los coreanos, numerosos en la ciudad desde cuando la automovilística surcoreana Hyundai empezó a construir su fábrica, en 2010. A comienzos de agosto de este año, el muro del cementerio de Nova Odessa, ciudad cercana a Campinas, apareció pintado con la frase “Back to Haiti” (“Vuélvanse a Haití”). Hasta julio, la Iglesia Bautista de Nova Odessa había ayudado a alrededor de 80 haitianos a encontrar trabajo y a aprender portugués. En 2014, trece haitianos denunciaron haber sido golpeados en las empresas donde trabajaban en Curitiba. En la capital se estima en 2.500 la cifra de haitianos, y la mayoría trabaja en constructoras.

Pese a las dificultades, los inmigrantes conquistan sus territorios. Ya se ven bares, pastelerías, tiendas de ropas y cibercafés con empleados o propietarios haitianos en las inmediaciones de la calle Glicério, cerca de Missão Paz, en São Paulo. La calle Coimbra, en el barrio de Brás, es el corazón de la comunidad boliviana en la capital, estimada en 300 mil inmigrantes, de los cuales tan sólo 90 mil están regularizados. Las ferias de los sábados y domingos en calle Coimbra reúnen a unos seis mil bolivianos y visitantes que pueden comprar papas que parecen zanahorias, piedras blancas o negras o veteadas con puntos rojos,  múltiples tipos de maíz y ajíes y otros condimentos, en medio de restaurantes que sirven salchipapas, silpanchos, sajta, caldo de cardán y otros platos típicos. Como probable efecto de la clandestinidad en que vivieron o viven, los vendedores son atentos aunque ariscos, hablan con entusiasmo de los numerosos tipos de maíz y, a lo sumo, cuentan algo sobre sus ciudades de origen, en general La Paz o Cochabamba, y después vuelven al silencio. La municipalidad regularizó la feria en noviembre de 2014, lo que permitió la concreción de mejoras en su organización y su seguridad, tras funcionar 11 años en la ilegalidad.

A menos de tres kilómetros de allí funciona una maternidad municipal cuyos equipos, desde 2005, se han venido especializando en atender a mujeres bolivianas que en general no hablan en portugués. En un artículo publicado en 2006 en la revista Estudos Avançados, el antropólogo Sidney Silva, de la Universidad Federal de Amazonas, escribió que la inmigración boliviana se volvió más visible en São Paulo a partir de la década de 1980, pero empezó en la década de 1950, con estudiantes que llegaban merced a un programa de intercambio cultural Brasil-Bolivia. “Al culminar sus estudios, muchos de ellos terminaban optando por la permanencia, en razón de las múltiples ofertas laborales que había en aquel momento en el mercado de trabajo paulistano”, sostuvo Silva. Posteriormente, el flujo de inmigrantes latinoamericanos –bolivianos, peruanos y paraguayos, uruguayos y chilenos– siguió creciendo. Trabajan fundamentalmente en confecciones y en el comercio.

Para entender las raíces de la inmigración, la socióloga Patrícia Freitas, en la actualidad investigadora del Centro de Estudios de la Metrópolis (CEM), uno de los 17 Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid) financiados por la FAPESP, entrevistó a 17 bolivianos en São Paulo y a otros 33 ‒durante ocho meses, en 2012 y 2013‒ en ciudades y en municipios rurales de Bolivia, como parte de su doctorado, dirigido por Rosana Baeninger. “En general a los bolivianos que inmigraron los están expulsando del campo desde las décadas de 1980 y 1990 y arribaron aquí provenientes de situaciones de extrema precariedad en las ciudades de Bolivia”, concluyó Freitas, tras rehacer las trayectorias personales de los entrevistados.

Boliviana en con vestido de fiesta presente en un festival de poesía, en la feria dominical de la plaza Kantuta,  en el barrio paulistano de Canindé

Eduardo CesarBoliviana en con vestido de fiesta presente en un festival de poesía, en la feria dominical de la plaza Kantuta, en el barrio paulistano de CanindéEduardo Cesar

“Las condiciones de trabajo allá son peores que acá, donde pueden ganar más. Hay casos de explotación, es cierto; pero muchos se las arreglan bien”, dice. Según la investigadora, los contratistas atraen a los interesados en emigrar mediante anuncios, y les pagan los viajes a São Paulo o a Buenos Aires, que es otro destino usual, para trabajar en talleres de costura, con lo cual generan una deuda que no siempre se paga, puesto que los inmigrantes, una vez que llegan, encuentran empleos mejores. Los 50 entrevistados habían pasado por 180 talleres de costura en las ciudades bolivianas y en São Paulo.​

“Ésta es una oportunidad de reconocernos como parte de América Latina”, dice Camila Baraldi, de la CPMig. En su doctorado, concluido en 2014 en la USP, ella argumentó que la ciudadanía sudamericana se encuentra en construcción y “podría venir a ser una ciudadanía fundada en el paradigma de la movilidad”. El cura Paolo sugiere: “Debemos aprender y enseñar las razones históricas de los flujos migratorios”. “El mundo actual”, dice el saerdote, “está hecho por la emigración y por el refugio, que dejaron de ser circunstanciales y hoy en día son estructurales”. La migración internacional es una condición básica por la cual se forjan, se expanden y se reproducen las sociedades y los Estados, reitera Thomas Nail, docente de la Universidad de Denver, Estados Unidos, en un libro recientemente publicado (The figure of the migrant, Stanford University Press). “Las condiciones sociales de la migración”, sostiene, “son siempre una mezcla de los tipos de expulsión territorial, política, jurídica y económica. Estos cuatro tipos operan al mismo tiempo, en distintos grados”. El mundo académico tiene un plan por cumplir en ese campo, ofreciendo oportunidades a estudiantes e investigadores para que prosigan sus carreras, se advirtió en un editorial de Nature del 10 de septiembre. De otro modo, argumentó la revista, se puede perder una generación entera de talentos de Medio Oriente y de otras regiones del mundo.

Proyectos
1. Observatorio de migraciones en São Paulo: las migraciones internas e internacionales contemporáneas en el estado de São Paulo (n⁰ 2014/ 04850-1); Modalidad Proyecto Temático; Investigadora responsable Rosana Aparecida Baeninger (Nepo/ Unicamp); Inversión R$ 555.279,96.
2. La gobernanza de las migraciones internacionales y sus impactos en la experiencia social de los migrantes: un estudio comparativo de los contextos nacionales y locales de São Paulo, en Brasil, y Buenos Aires, en Argentina (nº 2014/ 11649-0); Modalidad Beca de Posdoctorado; Investigador responsable Eduardo Cesar Leão Marques (USP); Becaria Patrícia Tavares de Freitas; Inversión R$ 169.557,84.

Artículos científicos
BAENINGER, R. Rotatividade migratória: um novo olhar para as migrações internas no Brasil. Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana. v. 20, n. 39, p. 77-100. 2012.
FREITAS, P. T. de. Família e inserção laboral de jovens migrantes na indústria de confecção. Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana. v. 22, p. 231-46. 2014.
Keep a welcome. Nature, v. 525, p. 157. 10 sep. 2015.
OLIVEIRA, A.T.R. de. Os invasores: as ameaças que representam as migrações subsaarianas na espanha haitiana no Brasil. Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana. v. 23, n. 44, p. 135-55. ene./ jun. 2015.
SILVA, S.A. Bolivianos em São Paulo: entre o sonho e a realidade. Estudos Avançados. v. 20, n. 57, p. 157-70. 2006.