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MEMORIA

Trigo y maíz bien molidos

Los molinos de agua representan un estilo de producción desde el siglo XVII

Molino vertical de Gramado, Rio Grande do Sul, construido por inmigrantes italianos

Francisco AndradeMolino vertical de Gramado, Rio Grande do Sul, construido por inmigrantes italianosFrancisco Andrade

Los molinos de piedra hidráulicos, instalados en Brasil por los colonizadores europeos, eran comunes en el centro y sur del país. El registro más antiguo sugiere que los primeros molinos se construyeron entre 1614 y 1616 en São Paulo. Los de mayor tamaño se utilizaban para moler trigo, mientras que los menores, diseminados también por estados vecinos a partir del siglo XVIII, servían para triturar maíz, que se empleaba como alimento para personas y animales domésticos. A partir de la electricidad y la industrialización de los alimentos, perdieron utilidad. La mayoría desapareció, de otros sólo quedan ruinas, como es un caso en Santana do Parnaíba, en el Gran São Paulo, pero aún quedan decenas en funcionamiento en poblados y estancias, en general, con un uso secundario o turístico.

“Actualmente, los molinos de piedra son casi un fósil tecnológico”, dice el historiador Francisco Andrade, de la Universidad de Campinas (Unicamp). “Representan una conexión con una tradición técnica que comenzó en Europa hace más de dos milenios”. El historiador halló tres molinos de agua en funcionamiento en los municipios de São Gonçalo do Rio das Pedras y Ouro Branco, en el estado de Minas Gerais. En Boa Esperança conoció al artesano Gilson José Guimarães, que fabricaba las piezas más importantes del molino, los discos de piedra, a partir de bloques de granito, y él le explicó la relación entre las ranuras de las piedras y su utilidad para moler el maíz.

Reconstrucción del molino de Sítio do Morro, en Santana do Parnaíba, São Paulo

Francisco Andrade Reconstrucción del molino de Sítio do Morro, en Santana do Parnaíba, São PauloFrancisco Andrade

En São Paulo, Andrade encontró otros molinos completos, aunque la mayoría estaban inactivos, en antiguas plantaciones de café de Vale do Paraíba y de la región de Itu. En la localidad de Silveiras, conoció a Josias Mendes Florêncio, un singular operador de molino (o molinero). Natural de Minas Gerais, nacido en 1931, que fue arriero y fabricante de canastos, Florêncio le explicó cómo funcionaba el molino, con descripciones que frecuentemente coincidían con las de un tratado redactado por el ingeniero español Pedro Juan de Lastanosa entre 1564 y 1575. El molino de Silveiras se construyó en 1916 y permaneció inactivo durante décadas, hasta que Florêncio lo reparó, en los años 1980, y empezó a utilizarlo para moler maíz y hacer harina para él y sus vecinos.

En los estados de Goiás, Minas Gerais, Rio de Janeiro, Espírito Santo y São Paulo, predominaban los molinos de rueda horizontal, con un máximo de cuatro metros de altura. El agua de los ríos empuja una rueda horizontal de madera, que mueve un eje vertical, en el cual está adosado uno de los discos de piedra. La piedra gira sobre otro disco de piedra, en este caso, fijo, y triturando los granos colocados entre ellas. En el sur, los más comunes son los molinos de rueda vertical, a los que se denomina aceña, y se utilizan para moler trigo. En un artículo publicado en enero en la revista Anais do Museu Paulista, Andrade afirmó que los molinos de Brasil eran de menor porte y más sencillos que los construidos en Portugal y España, aunque más numerosos, a causa de la abundancia de ríos con cascadas.

Aceña en Ibitinga, São Paulo, en una foto de Guilherme Gaensly, 1906

Centro de Memoria de la Unicamp – Colección de la Secretaría de Agricultura, Comercio y Obras Públicas del Estado de São Paulo Aceña en Ibitinga, São Paulo, en una foto de Guilherme Gaensly, 1906Centro de Memoria de la Unicamp – Colección de la Secretaría de Agricultura, Comercio y Obras Públicas del Estado de São Paulo

“Los molinos de agua dotaban al Brasil colonial de las más profundas tradiciones civilizatorias y, dada su importancia, se los consideraba una inversión que siempre debía ser controlada por la Corona y sus gobernantes”, comenta el arquitecto Marcos Tognon, docente de la Unicamp y supervisor del trabajo de Andrade. Tognon lamenta la desidia con los discos de piedra, a los que también se denomina muelas. “Las piedras de muelas, generalmente fabricadas con granito rosa o gris, se encuentran en un estado de gran desidia, utilizadas como mostradores, tapas de mesas e incluso como meros bancos bajo árboles frondosos”, dice. “Aquél que se sienta o se apoya sobre ellas no sabe que esas piezas cumplieron un rol primordial en la ocupación del interior brasileño colonial”.

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