MEMORIA

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Un laboratorio de un solo hombre

El Museo Botánico de Amazonas, inaugurado en 1883, impulsó la carrera científica de João Barbosa Rodrigues

RODRIGO DE OLIVEIRA ANDRADE | ED. 243 | MAYO 2016

 

Barbosa Rodrigues en su despacho del Jardín Botánico de Río de Janeiro (s/d)

Barbosa Rodrigues en su despacho del Jardín Botánico de Río de Janeiro (s/d)

El 18 de junio de 1883, en medio del anhelo de popularizar la ciencia y de conocer más Brasil, se inauguró en la ciudad de Manaos el Museo Botánico de Amazonas, la primera institución científica de la en ese entonces provincia de Amazonas. Proyectado para erigirse en un centro especializado en estudios etnográficos y botánicos aplicados a la medicina, dicho museo tuvo una vida efímera, ya que cesó en sus actividades en 1890, siete años después de abrir sus puertas al público. Pese a esa breve existencia, la institución sirvió para contemplar las aspiraciones profesionales de su director, el botánico João Barbosa Rodrigues (1842-1909), una figura polémica y ambiciosa, quien en busca de prestigio y del reconocimiento de la comunidad científica brasileña se involucró en varias controversias con científicos y directores del Museo Nacional de Río de Janeiro.

Barbosa Rodrigues nació en Río, pero pasó su infancia en el interior de Minas Gerais, donde inició sus estudios en artes y ciencias. Regresó a la entonces capital brasileña en 1850. Durante ese período, conoció Guilherme Schüch, el barón de Capanema (1824-1908), un ingeniero de minas bien relacionado con la familia real y que terminó convirtiéndose en su mentor. En 1870, el botánico sorprendió a la comunidad científica de Río al solicitarle fondos el gobierno imperial para publicar un libro sobre orquídeas (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 210). El asombro se suscitó porque hasta ese momento nunca tomado parte en el círculo de investigadores de la ciudad, el centro científico del país. Tal pedido desató discusiones sobre su capacidad en el área y no fue contemplado.

Astrocaryum manoense: una nueva especie de palmera descrita por el director del Museo Botánico de Amazonas

Astrocaryum manoense: una nueva especie de palmera descrita por el director del Museo Botánico de Amazonas

La idea de abrir un museo en la Amazonia partió de Capanema, quien pretendía asegurarle un puesto de prestigio a su amigo el botánico. En esa época, Barbosa Rodrigues ya había participado en varias expediciones a la región norte del país, donde dibujó y describió orquídeas y palmeras, tomó apuntes etnográficos y escribió sobre el uso de la flora local en la medicina. El botánico también recolectó material arqueológico y geológico y estudio el curare, un veneno proveniente de la combinación de varias plantas usado por los indígenas. Años más tarde, esa sustancia lo ayudó a justificar la creación del Museo Botánico. En el plan que elevó al gobierno imperial, Barbosa Rodrigues hizo hincapié en la contribución que el museo –en otras palabras, sus propios estudios– haría al avance de la investigación sobre el curare.

La estrategia se mostró exitosa, el museo se inauguró y Barbosa Rodrigues se convirtió en su director, pese a la resistencia de las autoridades locales, que no apoyaban la creación del mismo. “Los políticos de la provincia de Amazonas consideraban al botánico como un extranjero en su propio país”, dice la historiadora Maria Margaret Lopes, del Núcleo de Estudios de Género de la Universidad de Campinas (Unicamp), quien estudió el museo junto a Magali Romero Sá, historiadora de la Casa Oswaldo Cruz, dependiente de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz).

Ejemplar de Curarea toxicofera...

Ejemplar de Curarea toxicofera

Barbosa Rodrigues organizó la institución en tres secciones: botánica, química y etnográfica, además de un jardín botánico para cultivar y exhibir plantas. La primera colección expuesta exhibía especímenes botánicos y etnográficos recolectados por el propio investigador durante una expedición al valle del río Amazonas, en 1872. Un mes después de la inauguración del museo, Barbosa Rodrigues organizó una nueva expedición a la zona del río Jauaperi, en Roraima, donde recolectó objetos y especies para su institución.

El museo inauguró su jardín botánico en 1884, y el laboratorio de química, con equipos  importados desde París, en 1886. Pero el empeño de Barbosa Rodrigues, no fue suficiente como para transformar ese emprendimiento científico en la moderna institución de investigación que él ideara. Aun cuando funcionó regularmente hasta 1888, se mudó tres veces, siempre con falta de recursos, equipamientos y personal. Con poca gente para trabajar, los hijos, los entenados y hasta la esposa de Barbosa Rodrigues colaboraban en la administración.

...y dibujos de artefactos indígenas (abajo) recolectados por Barbosa Rodrigues durante una expedición al valle del río Amazonas, en 1872

…y dibujos de artefactos indígenas recolectados por Barbosa Rodrigues durante una expedición al valle del río Amazonas, en 1872

El período en que estuvo al frente de la institución amazonense fue muy productivo para el investigador. “Barbosa Rodrigues produjo dibujos de plantas y de objetos etnográficos, catálogos para exposiciones y artículos científicos”, dice Margaret Lopes. Entre 1886 y 1887, el botánico realizó ilustraciones de al menos 394 plantas y 94 objetos etnográficos.

“Las investigaciones realizadas durante sus años como director del Museo Botánico fueron decisivas para que lo invitasen a hacerse cargo de la dirección del Jardín Botánico de Río de Janeiro en 1890, consolidando así su carrera como botánico en el seno de la comunidad científica nacional de la época”, dice Romero Sá en un artículo donde detalla sus análisis, publicado en la revista Museum History Journal. Barbosa Rodrigues asumió como director del Jardín Botánico de Río en 1892 con el prestigio de haber sido director de un museo situado en el corazón de la selva amazónica.

Dejó el cargo de director del Museo Botánico al percatarse de que la institución no tendría futuro. Tras su salida, parte de la colección fue a parar al Liceo Amazonense, con sede en Manaos, y luego se la trasladó al Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa, por sus siglas en portugués). Otros ejemplares se remitieron a instituciones de Alemania, Italia y Estados Unidos.


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