MEMORIA

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En nombre de los investigadores

La Academia Brasileña de Ciencias celebra sus 100 años de vocación para difundir el conocimiento y aconsejar a los gobiernos

BRUNO DE PIERRO | ED. 244 | JUNIO 2016

 

Una exposición celebra el centenario de la Academia Brasileña  de Ciencias en el Museo del Mañana, en Río

Una exposición celebra el centenario de la Academia Brasileña de Ciencias en el Museo del Mañana, en Río

El día 3 de mayo de 1916, en las dependencias de la Escola Polytechnica do Rio de Janeiro, un grupo de investigadores fundó la Sociedad Brasileña de Ciencias, con el objetivo de defender la cultura científica y la investigación básica en el país. La iniciativa contó con el respaldo de intelectuales e investigadores de áreas tales como la geología, la arqueología y las matemáticas, bajo el liderazgo de Henrique Morize (1860-1930), geógrafo, ingeniero y astrónomo francés naturalizado brasileño, quien dirigió el Observatorio Nacional durante 20 años. En 1921, y emulando a las tradicionales academias científicas de países como Francia y Estados Unidos, la sociedad cambió su nombre por el Academia Brasileña de Ciencias (ABC), que el mes pasado celebró su centenario. En el Congreso Nacional, en Brasilia, se montó una exposición sobre los principales descubrimientos científicos de los últimos 100 años. En el Museo del Mañana, en Río de Janeiro, una muestra con paneles interactivos narra la historia de la institución y destaca a 18 científicos brasileños de diversas áreas, tales como el físico César Lattes y la geógrafa Bertha Becker.

Durante sus primeros años, la institución se dedicó a organizar conferencias y a recibir visitas de científicos ilustres. En 1925, por ejemplo, Albert Einstein estuvo en Brasil y participó en un encuentro con miembros de la ABC en Río. Un año después, la academia recibió a la científica polaca Marie Curie, ganadora de dos premios Nobel y la primera mujer laureada. Tanto Einstein como Marie Curie se convirtieron en miembros corresponsales de la institución.

En 1924, el gobierno brasileño cedió el Pabellón de Checoslovaquia, en Río, para que se convirtiera en la primera sede propia de la ABC...

En 1924, el gobierno brasileño cedió el Pabellón de Checoslovaquia, en Río, para que se convirtiera en la primera sede propia de la ABC…

“A diferencia de otros países, Brasil consolidó sus prácticas de investigación científica tardíamente, a finales del siglo XIX. No existía una cultura capaz de asignarle valor y justificar inversiones en la actividad científica”, explica el historiador Shozo Motoyama, del Centro Interunidades de Historia de la Ciencia de la USP. “Unas de las principales banderas de la ABC, en su origen, era la de luchar por la institucionalización de la ciencia brasileña a través de la difusión del conocimiento.”

A partir de la década de 1920, la ABC se dedicó a apoyar iniciativas de educación científica. Una de las primeras de esas acciones consistió en participar en la creación de Radio Sociedad (actual Radio MEC) en 1923, la primera emisora de radio del país. Miembro de la academia en esa época, el médico, antropólogo y escritor Edgar Roquette-Pinto, uno de los pioneros de la radiodifusión, convenció a la ABC a comprar equipos para montar la radio en Río. La emisora tenía un propósito educativo, con programas de literatura, música clásica y ciencia. “Los fundadores de la ABC argumentaban que para lograr el desarrollo del país, incluso el desarrollo económico, sería necesario difundir la cultura científica”, comenta Motoyama.

...Un decreto de 1934 promulgado por Getúlio Vargas reconoció a la academia como una institución de utilidad pública

…Un decreto de 1934 promulgado por Getúlio Vargas reconoció a la academia como una institución de utilidad pública

Según el historiador, en su origen la institución no tenía la finalidad de brindarle asesoría científica al gobierno brasileño, a diferencia de la misión original de las academias de otros lugares del mundo. La Académie des Sciences, Francia, por ejemplo, fue fundada por Luis XIV en 1666 con el objetivo de patrocinar la investigación científica. En Estados Unidos, la National Academy of Sciences se creó merced a una ley aprobada en el Congreso y promulgada por el presidente Abrahan Lincoln en 1863. “En esos casos, los gobiernos ya reconocían la importancia de la ciencia. En Brasil, la ABC fue una iniciativa civil, de los propios científicos, en busca de reconocimiento”, explica el físico e historiador de la ciencia Olival Freire Junior, docente de la Universidad Federal de Bahía (UFBA).

En 1924, la entidad participó en la fundación de la Sociedad Brasileña de Educación, que tuvo gran influjo en la creación del Ministerio de Educación y Salud, en 1930. En esa época, la ABC empezó a adquirir expresión política. Durante los años siguientes, lideró el movimiento que reivindicó la creación del Consejo Nacional de Investigaciones, actual Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), que se concretó en 1951. La elaboración de la propuesta de creación de ese organismo estuvo a cargo de una comisión de la ABC presidida por el almirante Álvaro Alberto da Motta e Silva, ingeniero egresado de la Escuela Polytechnica do Rio de Janeiro, quien realizó investigaciones con explosivos químicos. El militar estuvo al frente de la ABC durante dos períodos: de 1935 a 1937 y de 1949 a 1951, año en que dejó la entidad para asumir la presidencia del flamante CNPq.

Henrique Morize: el primer presidente de la ABC

Henrique Morize: el primer presidente de la ABC

También en 1951, pero unos meses después, miembros de la ABC participaron en la fundación de la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes). Un poco antes, en 1948, la academia había apoyado la creación de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC). Con el objetivo de representar a diversas sociedades científicas del país, la SBPC pasó a actuar en conjunto con la ABC en la defensa de los intereses de la comunidad científica.

El trabajo de aconsejar a los organismos del gobierno federal en temas científicos cobró expresión durante la década de 1970, aún durante el régimen militar. En ese tiempo el gobierno federal elaboró el primero y el segundo Plan Básico de Desarrollo Científico y Tecnológico y reconoció el rol de la ABC como parte central del sistema de ciencia y tecnología de Brasil. “La academia empezó a emitir dictámenes y a realizar estudios para el gobierno. Los recursos recibidos del gobierno pasaron a contribuir para el mantenimiento de la ABC”, comenta Eduardo Moacyr Krieger, vicepresidente de la FAPESP y presidente de la ABC entre 1993 y 2007. En su gestión, Krieger le dio un nuevo vigor a esa misión al crear grupos de trabajo abocados a la elaboración de estudios y la realización de simposios. Sus resultados salieron publicados en libros destinados a consolidar el conocimiento referente a los temas abordados y a brindar apoyo a gestores en la conducción de políticas públicas.

En 1923,   directores de la ABC participaron en la creación de Radio Sociedad, que pasó a funcionar en las dependencias de la academia

En 1923, directores de la ABC participaron en la creación de Radio Sociedad, que pasó a funcionar en las dependencias de la academia

En 2004, por ejemplo, la institución le presentó al gobierno federal propuestas para la reforma de la educación superior. Una de ellas consistía en privilegiar la interdisciplinariedad en las grillas curriculares. El documento sirvió de apoyo para la creación de nuevas universidades federales. En 2010, otro documento abordó la cuestión de las aguas al analizar el funcionamiento y la gestión de los sistemas hídricos en el país. En el área energética, expertos ligados a la ABC elaboraron un diagnóstico sobre biocombustibles mostrando que la producción del etanol de caña de azúcar no iría en detrimento de la seguridad alimentaria del planeta. El último trabajo salió publicado en 2014 y se refería la medicina traslacional, que apunta a acelerar la interacción entre la investigación de laboratorio y la investigación clínica.

En la actualidad, la ABC cuenta con 960 académicos en sus cuadros. De ese total, 535 son miembros titulares, 198, corresponsales extranjeros y 58 asociados. Otros 167 son jóvenes científicos que permanecen vinculados con la academia durante un período de cinco años, y hay dos miembros colaboradores. La mayoría de los académicos actúan en las áreas de ciencias biomédicas, física, matemática y química. De acuerdo con el nuevo presidente de la ABC, Luiz Davidovich, docente del Instituto de Física de la Universidad Federal de Río de Janeiro (IF-UFRJ), la institución pretende ampliar su contacto con la sociedad. “Desarrollaremos iniciativas de comunicación científica con el objetivo de que la ABC se vuelva más conocida. Aspiramos a estar más presentes en internet y en las redes sociales”.

En visita al Observatorio Nacional, en 1925, el físico Albert Einstein se reunió con miembros de la ABC

En visita al Observatorio Nacional, en 1925, el físico Albert Einstein se reunió con miembros de la ABC

Para Shozo Motoyama, el trabajo de divulgación científica de la ABC podría ser más significativo. “Para los brasileños en general, la ABC es aún una ilustre desconocida. La National Academy of Sciences de Estados Unidos tiene un museo abierto a la población: el Marian Koshland Science Museum, en Washington, con exposiciones que le muestran al público la relación entre la ciencia y el cotidiano”, dice Motoyama.

Otro desafío de la ABC fue el que recordó el matemático Jacob Palis, profesor titular del Instituto de Matemática Pura y Aplicada (Impa) y presidente de la ABC entre 2007 y mayo de 2016. En su presentación en la ceremonia del centenario en el Museo del Mañana, en Río, el científico comentó que una de las actuales prioridades de la institución consiste en fomentar la actuación de las mujeres en la ciencia. “Queremos encontrar mujeres que sean elegidas para formar parte de la academia. La presencia femenina debe ser más significativa”. En la actualidad, la ABC agrupa a 826 varones y tan sólo 134 mujeres.


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