HUMANIDADES

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El calor de las ciudades

Investigaciones apuntan a definir modelos destinados a proteger a los habitantes de las metrópolis contra los efectos de las altas temperaturas

DIEGO VIANA | ED. 246 | AGOSTO 2016

 

Autovía elevada Presidente João Goulart, en el centro de la ciudad de São Paulo: los beneficios que aportan los árboles tienen un alcance moderado

Autovía elevada Presidente João Goulart, en el centro de la ciudad de São Paulo: los beneficios que aportan los árboles tienen un alcance moderado

Con los sucesivos récords de temperatura que se han registrado en los últimos años, los habitantes de las grandes urbes son unos de los primeros en padecer los efectos de un clima más cálido agravado por las “islas de calor”, un fenómeno presente, principalmente en las metrópolis. La profusión de asfalto y hormigón, pocas áreas verdes y el exceso de contaminación atmosférica propician un aumento de la temperatura. Consecuentemente, la labor de planificación urbana afronta el reto de promover el confort ambiental. En el espacio público, los mayores aliados son los árboles. Debajo de un árbol de gran porte y follaje denso, la sensación térmica es mucho menor que pocos metros más allá: aunque la temperatura del aire sea tan sólo de 1 ó 2 grados Celsius (ºC) menor bajo un árbol, dependiendo de las interacciones suelo-superficie-atmósfera, una persona percibe un frescor de alrededor de 10 a 13 ºC menos. En días cálidos, esa diferencia puede llegar a 20 ºC. El Laboratorio de Confort Ambiental y Eficiencia Energética (Labaut) del Departamento de Tecnología de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo (FAU-USP) desarrolla proyectos que intentan entender las complejas relaciones climáticas en las ciudades, buscando formas aportar confort a la vida desde un punto de vista ambiental.

“Los árboles son fuentes de bienestar que hacen una gran diferencia en términos de temperatura, humedad, viento y luz”, sostiene la ingeniera Denise Duarte, coordinadora del Labaut y docente de la FAU. Con todo, el efecto de un parque, una plaza o incluso una avenida bien arbolada, es solamente local. Aquellos que se encuentran en las construcciones inmediatamente vecinas experimentan cierto alivio térmico, pero algunos pisos más arriba o en la calle siguiente las condiciones ya no son las mismas. Duarte recomienda que la planificación y el diseño urbano tengan en cuenta una “red de infraestructura verde”, con vías arboladas, que conecte la cobertura vegetal con el resto de los espacios públicos de la ciudad.

El vicecoordinador del Labaut, el arquitecto Leonardo Marques Monteiro ideó un índice de confort térmico ‒Temperatura Equivalente Percibida (TEP)‒ adecuado a las condiciones específicas de Brasil. Existen más de 100 modelos internacionales de cálculo para arribar a un índice que sirva como parámetro para evaluar el confort térmico. El más utilizado, Physiological Equivalent Temperature (PET), compara la diferencia de una sensación en espacio abierto con la correspondiente a un espacio cerrado. Este modelo tiene en cuenta la fisiología de un cuerpo promedio correspondiente a la población de Alemania, donde fue desarrollado.

“Lo que me preocupa no es tanto la fisiología del cuerpo, sino el modo en que la gente responde”, explica Monteiro. El método contempla un gran número de entrevistas con transeúntes de diversos sitios para comprender las actividades que allí se realizan y cómo los diferentes grupos sociales perciben a los espacios. Los cuestionarios indagan sobre sensación y satisfacción térmica. Los resultados se encuentran disponibles para su empleo como base investigativa y para proyectos públicos y privados. Según opina el investigador, la planificación de un área urbana debe considerar la diversidad de esas experiencias. “El uso de la ciudad es muy heterogéneo, hay todo tipo de gente en diversas clases de situaciones”, afirma. “Lo importante es crear una variedad de tipos de espacios, para que los individuos elijan aquello que prefieran”.

Corredor verde en Vila Madalena: las conexiones entre áreas arboladas amplían el confort ambiental

Corredor verde en Vila Madalena: las conexiones entre áreas arboladas amplían el confort ambiental

Ancianos
Un grupo de investigadores, bajo la coordinación de Fábio Gonçalves, docente del Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas (IAG) de la USP, se concentraron, en el marco del proyecto temático “Biometeorología humana: Análisis de los efectos de variables ambientales (meteorológicas, confort ambiental y contaminación atmosférica) y de los cambios climáticos sobre la población geriátrica de la ciudad de São Paulo”, que concluyó en el mes de junio, en un segmento de la población particularmente vulnerable al calor excesivo: los ancianos. Según Monteiro, quien participa en el proyecto, el anciano no percibe un ambiente cálido del mismo modo que un joven, especialmente en condiciones de alta humedad, cuando el sudor resulta menos eficaz para la disipación del calor. Los ancianos se sienten cómodos pero en realidad se encuentran en situación de estrés térmico por calor. “No obstante, mediante una mejora de la cobertura vegetal, podemos obtener confort durante la mayor parte del tiempo”, sostiene Monteiro.

La expresión confort ambiental designa el estado en que alguien logra adaptarse satisfactoriamente a las condiciones térmicas, lumínicas, sonoras y ergonómicas. En los proyectos de edificaciones, se tiene en cuenta al confort ambiental cuando se contemplan la eficiencia energética y la exposición al sol y al viento. En las áreas abiertas, el problema es más complejo. Exige la convergencia de diversos campos del conocimiento, tales como meteorología ‒particularmente la biometeorología‒, geografía, arquitectura e ingeniería. Según Duarte, quien participó en el proyecto temático, la arquitectura cumple un rol unificador en ese contexto. “Los arquitectos disponen de una percepción más humanista, que va más allá de los modelos numéricos”, dice.

La investigación en áreas externas exige un meticuloso proceso de medición que requiere diversos tipos de dispositivos y en gran cantidad. Los investigadores lamentan unánimemente que las ciudades brasileñas no dispongan de una mayor cantidad de estaciones meteorológicas. El proyecto “Modelo participativo para el análisis del confort ambiental en espacios abiertos”, que se encuentra en curso bajo la conducción de la arquitecta Alessandra Prata, docente de la FAU-USP, trajo como resultado la creación de una aplicación para celulares que se encuentra en fase de prueba, con la cual, voluntarios describen su situación de confort ambiental en diferentes lugares de la ciudad. El objetivo principal consiste en relacionar la sensación térmica con los datos de estaciones meteorológicas a instalarse en diversos espacios urbanos, aportando así información que será tomada como base para la implementación de políticas públicas.

Continuidad de espacios
Para Duarte, son raros los casos de ciudades brasileñas con una buena planificación del confort ambiental. En las metrópolis, eventualmente pueden encontrarse sitios que, según ella, funcionan como un oasis. Como ejemplo, ella hace mención a los parques urbanos arbolados, tales como el Trianon, situado en la avenida Paulista, en São Paulo, que es un alivio en los días más tórridos. “Pero esos sitios son pocos, aislados e insuficientes. Hay grandes áreas de la ciudad que no disponen de ninguna clase de vegetación”.

La perspectiva de una continuidad es importante. “Se carece de una planificación que genere una sucesión de espacios arbolados, a modo de oasis urbanos, para amenizar los desplazamientos”, señala la investigadora. La cobertura vegetal, con una buena ventilación natural y un equilibrio satisfactorio entre espacios sombreados y asoleados, es el factor principal para el alivio térmico, pudiendo complementarse con pérgolas (estructuras que sostienen plantas trepadoras) y con la presencia de cursos o espejos de agua.

Concentración de edificios en la región central de São Paulo (arriba) y Parque da Aclimação, en la zona sur: cobertura desigual

Concentración de edificios en la región central de São Paulo (arriba) y Parque da Aclimação, en la zona sur: cobertura desigual

Para cada tipo de clima se necesita pensar en ejemplares arbóreos adecuados. En 2012, en el marco de la conferencia Río+20 sobre el clima, de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se inauguró en el barrio de Madureira, en la zona norte de Río de Janeiro, un parque que aprovechaba un área antiguamente ocupada por las líneas de transmisión de electricidad. En Madureira residen alrededor de 50 mil personas y cuenta con menos de 1 m2 de espacio verde por habitante. La Sociedad Brasileña de Arbolado Urbano recomienda 15 m2. El Parque Madureira ocupa 93 mil m2, y cuenta con árboles nativos, pérgolas y espejos de agua para garantizar sombra y humedad. Sin embargo, Duarte y Monteiro critican la falta de sombra y la elección de especies, con una cantidad excesiva de palmeras. “El Parque Madureira suma varios aciertos, con la presencia de agua en forma lúdica, pero las palmeras, debido al formato de su copa, no aportan sombra de buena calidad”, sostiene. “A causa de ello, las áreas pavimentadas pueden alcanzar temperaturas superficiales muy altas”.

Según la investigadora, el ejemplo positivo está en Alemania, cuyas leyes de planificación urbana prevén la obligatoriedad de protección climática, mencionan expresamente la mitigación de los efectos del calentamiento global desde 1976 y se ocupan de la adaptación ante las transformaciones del clima. En Brasil, tanto los planes ejecutivos como las leyes de uso y ocupación del suelo y los reglamentos de obras y construcción de edificios en las ciudades son poco rigurosos en lo concerniente a los temas ambientales, dice Duarte.

Según Luciana Schwandner Ferreira, doctorando en arquitectura en la FAU y experta en áreas verdes, los índices de parquización pueden ser engañosos, porque toman como dato homogéneo una cobertura desigual. “La mayor parte de los árboles de São Paulo se encuentran en sitios tales como Parelheiros y Cantareira”, declara, refiriéndose a barrios alejados del centro y de las islas de calor. En su investigación, ella utiliza datos satelitales para medir los impactos de la pérdida de vegetación en los últimos años sobre la temperatura de superficie, la temperatura y humedad del aire en la Región Metropolitana de São Paulo. La intención es que los datos recabados puedan entregársele al poder público, para poder utilizarlos en la elaboración de directrices de arborización de la ciudad.

Proyectos
1.
Biometeorología humana: Análisis de los efectos de variables ambientales (meteorológicas, confort ambiental y contaminación atmosférica) y de los cambios climáticos sobre la población geriátrica de la ciudad de São Paulo (nº 2010/10189-5); Modalidad Apoyo a la Investigación – Proyecto Temático; Investigador responsable Fábio Luiz Teixeira Gonçalves (IAG-USP); Inversión R$ 671.390,00
2. Modelo participativo para un análisis del confort ambiental en espacios abiertos (nº 2015/19484-3); Modalidad Apoyo a la Investigación – Regular; Investigadora responsable Alessandra Rodrigues Prata Shimomura; Inversión R$ 121.489,00


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