Imprimir

MEMORIA

El río del Imperio

Un ingeniero alemán radicado en Brasil realizó el primer estudio científico del río São Francisco para el gobierno de Pedro II

PATRIMONIO DEL MUSEO DE ARTE DE SÃO PAULO ASSIS CHATEAUBRIAND, REPRODUCCIÓN DE JOÃO MUSA Cachoeira de Paulo Afonso, E. F. Schute 1850, óleo sobre lienzoPATRIMONIO DEL MUSEO DE ARTE DE SÃO PAULO ASSIS CHATEAUBRIAND, REPRODUCCIÓN DE JOÃO MUSA

“El poblado de Pirapora está compuesto por 30 a 35 casitas con techos de paja u hojas de cocotero, habitadas por familias de pescadores que capturan peces, los secan al sol en tendederos y los venden a las tropas que acuden en su busca y los llevan, mayoritariamente, hacia las ciudades, pueblos, campamentos y establecimientos mineros del distrito de Diamantina”.

El ingeniero alemán Henrique Guilherme Fernando Halfeld (1797-1873) describe de esa manera al villorrio ‒actualmente una localidad con 60 mil habitantes‒ desde donde partió junto a su equipo para realizar un meticuloso reconocimiento cartográfico del río São Francisco, entre 1852 y 1854, por pedido del gobierno imperial. Los mapas y ese relato, que fue publicado en 1860, retratan con exactitud las diferencias entre los diversos tramos del río y muestran las obras necesarias para mejorar su navegabilidad.

BIBLIOTECA DEL SENADO Mapa de la cascada de Paulo Afonso elaborado por HalfeldBIBLIOTECA DEL SENADO

“Se trata de mapas de estudio o proyecto de viabilidad, que sirvieron para estimar los costos de las obras, tal como él lo hizo en algunos segmentos”, dice Jorge Pimentel Cintra, docente de la Escuela Politécnica de la Universidad de São Paulo (USP), experto en cartografía histórica, quien analizó el trabajo de Halfeld, a pedido de la revista Pesquisa FAPESP. “Los mapas no poseen coordenadas geográficas, algo que encarecería la obra y no se justificaba para esa etapa, además de retardarla, aunque están realizados rigurosamente a escala, orientados con el norte real y cumplen con el objetivo de representación, que era lo importante en esa fase de estudio”.

“El río São Francisco revestía importancia estratégica para el Imperio, puesto que era capaz de integrar a las provincias del sur, especialmente a Minas Gerais y Río de Janeiro, con las del norte, particularmente, Bahía y Pernambuco”, relata el historiador Gabriel Oliveira, quien en 2015 finalizó un estudio sobre el principal río del nordeste, en la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG). Los hombres del gobierno imperial tenían una perspectiva optimista acerca del río porque lo conocían escasamente y lo imaginaban siempre calmo y favorable para la navegación a vapor, lo cual no pudo confirmarse.

REPRODUCCIÓN DEL INGENIERO HALFLED, WILSON BASTOS Desde 1825 afincado en Brasil, Halfeld adquirió tierras donde abundaba el mineral de hierro y fue concejal en Juiz de ForaREPRODUCCIÓN DEL INGENIERO HALFLED, WILSON BASTOS

Halfeld arribó a Brasil en 1825 para integrarse al Cuerpo Imperial de Extranjeros del Ejército del Imperio Brasileño donde realizó trabajos científicos y técnicos. “Él constituye un claro ejemplo de cómo la ingeniería y el conocimiento militar interactuaban en el siglo XIX ayudando al Imperio brasileño a afirmarse como una nación moderna”, dice la historiadora Regina Horta Duarte, docente de la UFMG que supervisó el estudio de Oliveira. Al ser contratado como jefe de ingenieros de Minas Gerais en 1836, Halfeld sobresalió como experto en la construcción de caminos y el gobierno imperial lo designó para mapear los tramos navegables del río entre Pirapora y su desembocadura, en el límite de las provincias de Sergipe y Alagoas.

El ingeniero recorrió 382 leguas marítimas, es decir, alrededor de 2.100 de los 2.800 kilómetros de extensión del río, describiendo los distintos tipos de embarcaciones y peces de cada tramo, detallando las variantes de altura de las barrancas (entre 12 y 60 palmos, siendo que un palmo equivale a 22 centímetros) y señaló los segmentos más estrechos y los más anchos, los más y los menos profundos, los más calmos y los más turbulentos. Las costas eran más bajas y las aguas más veloces en las cercanías de la cascada de Paulo Afonso, con una caída de 80 metros, en buena parte devastada con la construcción de las cinco centrales del Complejo Hidroeléctrico de Paulo Afonso, que se inauguró un siglo más tarde, en 1955. Halfeld concluyó, frente a las dificultades para la navegación, que el tramo de cascadas del río exigía “una corrección del curso para lograr un paso fácil y seguro” y por eso propuso la construcción de exclusas y canalización, así como la extracción de rocas en un brazo del río.

BIBLIOTECA NACIONAL Mapa de 1848 de Marcos Macedo que propone el reencauzamiento de las aguas del São Francisco hacia CearáBIBLIOTECA NACIONAL

En el tramo final del Atlas e relatorio concernente a exploração do rio de S. Francisco, desde a cachoeira da Pirapora até ao Oceano Atlantico (su título original, en portugués), propuso aprovechar los “bosques existentes en ambas orillas del río y sus afluentes” como combustible para las futuras embarcaciones a vapor. Y finalizó la redacción del relato el 20 de julio de 1858 en la villa de Santo Antonio de Paraibuna, actualmente Juiz de Fora, en el estado de Minas Gerais, donde se afincó, adquirió tierras ricas en mineral de hierro a bajo costo, dado que no servían para la agricultura, fue concejal durante tres períodos consecutivos y falleció, a los 76 años, dejando viuda a su tercera esposa (las dos anteriores habían muerto) y 16 hijos.

En 1862, también a pedido del gobierno imperial, el astrónomo francés Emmanuel Liais (1826-1900) completó el trabajo de Halfeld, cartografiando el río de Pirapora hasta su nacimiento. Hacia el final del siglo XIX, el ingeniero bahiano Theodoro Sampaio (1855-1937), quien formaba parte de la Comisión Hidráulica del Imperio, realizó el trayecto inverso, desde la desembocadura hasta Pirapora, regresando por tierra a través de la Chapada Diamantina, mapeando también los ríos y poblaciones (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 214). Ese trabajo de Sampaio también serviría para el estudio de un camino alternativo al río, las vías férreas, tal como, de hecho, se implementaron en otro tramo, desde Salvador hasta Juazeiro”, dice Cintra.

F. IGNÁCIO MENDO/ BIBLIOTECA NACIONAL Piranhas, en el estado de Alagoas, a orillas del São Francisco, y las vías férreas de Paulo Afonso, durante su construcción, en 1870F. IGNÁCIO MENDO/ BIBLIOTECA NACIONAL

En el río São Francisco solamente se efectuaron, a lo largo del siglo XIX, las obras menores, tales como la extracción de piedras del lecho del mismo. “El gobierno imperial priorizó la construcción de ferrocarriles y apuntaló el puerto de Río de Janeiro en lugar de llevar a cabo la propuesta de Halfeld de reencauzar las aguas del São Francisco hacia el Jaguaribe, en el estado de Ceará, un emprendimiento sugerido desde el final del siglo XVIII que había sido presentado por un jurista de Crato (Portugal), Marcos Antonio de Macedo, en un mapa publicado en 1848”, dice Oliveira. El costo, las limitaciones técnicas y las disputas políticas impidieron el avance de una obra cuyo debate se retomó durante los gobiernos de Getúlio Vargas (1930-1945), João Figueiredo (1979-1985), Fernando Henrique Cardoso (1994-2002) y Luis Inácio Lula da Silva (2003-2010). Las obras para llevar agua hasta las regiones más secas del nordeste finalmente comenzaron en 2007 y todavía no se han completado.

Republicar