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EFEMÉRIDES

Tiempos de innovación transformadora

Una conferencia fue el marco de los 50 años de la Science Policy Research Unit, una referencia en economía y política científica

ANDREW BAKER/ GETTY IMAGESAlrededor de 500 investigadores, administradores y representantes de organizaciones de la sociedad civil de diversos países se reunieron, del 7 al 9 de septiembre, en el campus de la Universidad de Sussex en Brighton, en el Reino Unido, y se los invitó a debatir cómo puede transformarse el proceso de innovación para que el mismo sea más efectivo, contribuyendo para la solución de problemas globales en temas tales como cambios climáticos, energía y seguridad alimentaria. Más allá de la discusión sobre nuevas tendencias, también hubo bastante espacio para analizar el pasado, toda vez que en la conferencia se celebraban los 50 años de la Science Policy Research Unit (Spru) y contó con 200 presentaciones de exalumnos e investigadores de ese centro interdisciplinario, uno de los principales referentes internacionales en economía de la innovación, políticas científicas y, tecnología y estudios sociales de la ciencia.

“Simultáneamente con este marco de celebración, notamos que el mundo se enfrenta a problemas recurrentes y a un número creciente de crisis”, dijo el historiador Johan Schot, actual director del Spru, quien aprovechó la conferencia para anunciar el lanzamiento del Transformative Innovation Policy Consortium (TIPC), un convenio con agencias de fomento a la investigación de Colombia, Sudáfrica y Noruega. La agenda emergente de educación e investigación, según Schot parte de un supuesto según el cual la innovación produce impactos negativos que, eventualmente, superan a los positivos. La meta de una “innovación transformadora”, tal el lema de la conferencia, consiste en ampliar el foco de la investigación y de la enseñanza de política científica y tecnológica, proponiendo soluciones originales para superar esos efectos colaterales, conectando a científicos de varios lugares del mundo, así como disciplinas. “Precisamos soluciones nuevas y radicales”, sostuvo Schot.

La conferencia rescató temas que, en cierta forma, ya se hallaban presentes cuando se creó el Spru, dice el economista André Sica de Campos, docente de políticas públicas de la Facultad de Ciencias Aplicadas de la Universidad de Campinas (Unicamp), uno de los brasileños que participaron de la conferencia. “Ni bien fue creada, la institución elaboró varios estudios prospectivos sobre el futuro de la humanidad y ya cundía una preocupación por las transformaciones tecnológicas. Pero poco a poco, como es natural, los temas de investigación se diversificaron. El enfrentamiento de la cuestión del clima y el tema de la sostenibilidad traen nuevamente a escena esas preocupaciones”, dice Campos, cuyo doctorado, que defendiera en el Spru en 2006, abordó las relaciones entre universidad e industria en Brasil.

Un estudio publicado en agosto por Frederique Lang, docente de la Universidad de Sussex, y por Jane Pujols y Nora Blascsok, del cuerpo técnico de la institución, mostró cómo evolucionan los temas de investigación. En los primeros años, durante la década de 1960, se trataba de asuntos más genéricos, que giraban en torno a tópicos tales como la innovación industrial y políticas científicas. En esa etapa, sus escasas decenas de investigadores también se dedicaron a estudios pioneros sobre el desarrollo económico de China. Entre 1975 y 1985, se produjo una clara inflexión hacia las investigaciones relacionadas con los cambios tecnológicos, el desempleo y la energía. El interés por áreas tales como biotecnología, industria farmacéutica y tecnología de la información y de las comunicaciones marcó el período que va de 1985 a 2005, mientras que en los últimos 10 años surgieron los estudios que involucran a los mecanismos regulatorios y de gobierno. Recientemente, el interés por la energía evolucionó hacia estudios sobre sostenibilidad, así como se observó un mayor énfasis en tópicos tales como emprendedorismo y crecimiento industrial.

Influencia
El Spru siempre fue influyente a lo largo de su trayectoria. “El centro nació en los años 1960, en una época en que el propio campo de investigación en política científica y tecnológica, en estudios sociales de la ciencia y en innovación recién se formaba y, el mundo, luego de la Segunda Guerra Mundial, comenzaba a comprender y a prestarle atención al impacto de la ciencia y de la tecnología”, dice Sérgio Queiroz, docente del Departamento de Política Científica y Tecnológica (DPCT) del Instituto de Geociencias (IG) de la Unicamp, quien fue investigador visitante del Spru. “Además de ser pionero, se tornó una referencia para investigadores y centros de Europa, Estados Unidos y América Latina”, afirma Queiroz, recordando que el periódico Research Policy, vinculado a la unidad, aún hoy en día es uno de los más respetados del área.

Una figura clave en la instauración del Spru fue el economista Christopher Freeman (1921-2010), homenajeado durante el primer día de la conferencia en una disertación que brindó el economista británico Nicholas Stern. Él fue el fundador y primer director de la unidad, autor de obras de referencia tales como La economía de la innovación industrial, de 1974, contribuyendo en forma decisiva para el resurgimiento de Joseph Schumpeter (1883-1950) como autor central de los estudios de innovación. Los campos de interés del investigador abarcaban temas tales como los ciclos de largo plazo y sistemas nacionales de innovación. Su aporte para la estandarización de metodologías y estadísticas relacionadas con la investigación y el desarrollo fue el puntal, en los años 1960, del Manual de Frascatti, una referencia hasta el día de hoy.

La idea de crear un centro interdisciplinario en política científica y tecnológica se venía discutiendo desde el comienzo de los años 1960 en la entonces recién fundada Universidad de Sussex, pero se hizo viable recién en 1966, bajo el liderazgo de Freeman. El abordaje era bastante innovador para esa época: se trataba de una institución orientada a la resolución de problemas y planteo de políticas públicas, donde participaban economistas, sociólogos, politólogos y expertos de otras áreas. “Los investigadores se valían de contribuciones de diversas disciplinas y de varias metodologías de los economistas, en tanto y en cuanto eran útiles para analizar un problema asociado a la ciencia, la tecnología o la innovación”, dice João Carlos Ferraz, docente del Instituto de Economía de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), uno de los primeros brasileños en doctorarse en el Spru. Su tesis, que data de 1984, aborda la industria naval brasileña. “A lo largo del tiempo se fueron construyendo puentes con otras fuentes de inspiración, tales como John Maynard Keynes, cuando se estudiaban políticas e inversiones, y Hyman Minsk, cuando se introdujo el tema de la financiación a la innovación”, relata Ferraz, haciendo mención de otros dos exponentes de la heterodoxia económica.

El Spru contó desde un principio con un grado elevado de autonomía y garantizaba la mayor parte de su financiación elaborando estudios por encargo de gobiernos, empresas y organizaciones. Había un cuerpo de investigadores permanentes, que recibían a científicos visitantes de renombre. Al comienzo de los años 1980, creó su propio programa de posgrado, que hasta ahora ha rendido más de mil tesis, y siguió haciendo aportes originales, tales como los del italiano Giovanni Dosi, quien, bajo la supervisión de Freeman, propuso un marco teórico capaz de explicar la naturaleza del proceso de cambio tecnológico. Dosi planteó conceptos tales como paradigma tecnológico y trayectoria tecnológica para explicar los mecanismos mediante los cuales surgen y se desarrollan nuevas tecnologías.

Seminarios
Los alumnos de doctorado perciben a la unidad como un ámbito efervescente. “Los viernes, todos dejan lo que estén haciendo y asisten a los seminarios en los que participan invitados de varias disciplinas y de otras instituciones, en los que se discuten nuevas ideas y abordajes, sin respetar barreras disciplinarias”, recuerda la economista Janaina Pamplona da Costa, docente del DPCT-Unicamp, que se doctoró en el Spru en 2012 con una tesis sobre administración de redes de innovación. “Se trata de una tradición que data por lo menos desde los años 1980”. El proceso de evaluación es riguroso. “Se evalúa a los estudiantes anualmente y ellos deben demostrar lo que están produciendo. La defensa de la tesis es un examen oral, en el cual no interviene el supervisor, y puede tener nueve resultados diferentes. Lo más raro es la aprobación sin ninguna corrección. En general, el jurado solicita correcciones y concede un tiempo para realizarlas. En algunos casos, no sólo es preciso rehacer el trabajo sino también convocar a un nuevo examen”, dice.

Los vínculos del Spru con América Latina, y con Brasil en particular, siempre fueron estrechos. Un estudio reciente realizado para los festejos del cincuentenario reveló que el Reino Unido, con 99 tesis, es el país más estudiado por los alumnos de doctorado, Brasil figura segundo, con 26 tesis, por delante de Alemania, con 20. “Esto, en la mayoría de los casos, es el resultado del trabajo de estudiantes brasileños”, comenta Da Costa.

El DPCT de la Unicamp, creado en los años 1980 como núcleo de investigación interdisciplinaria, se inspiró en la unidad británica, con el fundador del Instituto de Geociencias, el geólogo argentino Amílcar Herrera, contratado por el rector Zeferino Vaz luego de pasar tres años como investigador visitante en el Spru. “Herrera era amigo de Christopher Freeman y el Spru se convirtió en una referencia muy fuerte para el DPCT, tan es así que varios investigadores del departamento, entre los que figuran Léa Velho, Renato Dagnino, Janaina Pamplona da Costa y yo, pasamos por allí”, dice Sérgio Queiroz, quien trabajó en Brighton con otra personalidad que marcó la trayectoria del Spru, el inglés Keith Pavitt (1937-2002), creador de nuevos métodos para medir la innovación y los cambios tecnológicos. “En realidad, hubo una relación de intercambio entre la Unicamp y Sussex, ya que Herrera también fue importante para llevarle los temas de interés en los países en desarrollo a la agenda del Spru”, aclara João Carlos Ferraz. El arribo a Brasil de Christopher Freeman, al comienzo de los años 1980, para asistir a una conferencia que brindó en la Unicamp el economista Luciano Coutinho, intensificó ese acercamiento, dice Ferraz. “Los estudios de competitividad de la industria brasileña tuvieron notable influencia tras el abordaje del Spru, que aún hoy en día es un referente para las políticas públicas del país”, dice André Sica de Campos.

El pasado mes de abril, una de las más influyentes investigadoras de la institución, la economista ítaloestadounidense Mariana Mazzucato, autora del libro El Estado emprendedor, visitó Brasil para presentar las conclusiones de un estudio, elaborado en colaboración con el Centro de Gestión y Estudios Estratégicos (CGEE), que analizó programas de innovación del gobierno federal. El trabajo evaluó el desempeño de cinco áreas a las cuales el gobierno considera estratégicas, que son objeto de financiación por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep), en el marco del programa Inova Empresa. Se constató que el retorno de cada una de ellas fue desigual: mientras que las industrias de fármacos, azúcar y alcohol tuvieron un desempeño satisfactorio, las de defensa, petróleo y aeroespacial respondieron de forma más modesta. “En el estudio, intentamos señalar los factores que colaboraron para la consistencia de cada programa”, dice Caetano Penna, investigador asociado del Spru y docente del Instituto de Economía de la UFRJ, quien participó en la elaboración del estudio y presentó sus resultados, junto a Mariana Mazzucato, en la conferencia del mes de septiembre. Penna llegó a Sussex en 2009, luego de desempeñarse como asistente de la venezolana Carlota Perez, investigadora honoraria de la unidad. Allí, él hizo el doctorado con estudios de caso sobre la industria automovilística estadounidense y, posteriormente, se sumó al equipo de Mazzucato.

Carta de presentación
Las relaciones entre el Spru y la Universidad de Sussex tuvieron más altos que bajos. “En las primeras décadas, el Spru obtuvo un enorme reconocimiento internacional y se transformó en una carta de presentación para la propia universidad”, dice Ferraz. En los años 1980 sobrevino un primer momento de tensión, cuando una nota en el periódico francés Le Monde sugirió que el Spru era más conocido en el exterior que en el Reino Unido y que su importancia para los ingleses, responsables de buena parte de la financiación, era acotada. La etapa más difícil se vivió entre 2008 y 2013, cuando el Spru fue forzado por la universidad a integrarse a la Escuela de Negocios, Administración y Economía, y derivó en el desalojo de su sede desde 2002, el Freeman Centre. Actualmente, funciona en el Jubilee Building. “Debe notarse que durante ese proceso se perdió un patrimonio: su afamada biblioteca fue desmontada y, parte de su contenido, descartado”, escribió la historiadora portuguesa Ângela Ferreira Campos, investigadora del Spru, en un estudio reciente sobre la historia de la institución.

Según Ferreira Campos, en esa fase, el director Gordon MacKerron llegó a iniciar negociaciones para trasladar la unidad al University College London (UCL), que no prosperaron. En 2014, con la llegada del holandés Johan Schot, profesor de historia de la tecnología y de estudios sobre transiciones hacia la sostenibilidad, el Spru se asoció en un frente con la red Nexus, una alianza con la Universidad de East Anglia y el Instituto para el Liderazgo en Sostenibilidad de la Universidad de Cambridge, creado por el gobierno británico para la realización de proyectos que apoyen la toma de decisiones sobre seguridad alimentaria, energía y medio ambiente. Según el análisis de João Carlos Ferraz, la conferencia demostró que el Spru sigue contribuyendo en forma relevante para el debate sobre ciencia, tecnología e innovación. “Eso es algo que emana de los principios según los cuales fue fundado el Spru: orientación por problemas, disposición para renovar los programas de investigación, multidisciplinariedad y rigurosidad científica”, afirmó.