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TRAYECTORIAS

La ciencia de la palabra

Las posibilidades de que un artículo sea aceptado para su publicación se incrementan cuando el mismo se encuentra bien redactado

Nelson Provazi Un criterio significativo para el análisis de la productividad científica de un investigador brasileño es la cantidad y calidad de artículos que haya publicado. Para muchos, ellos constituyen el principal camino para la exposición de los resultados de los estudios, además de ser el medio mediante el cual, los investigadores construyen su autoridad como científicos, al exponer sus ideas y experiencias llevadas a cabo valiéndose de métodos de trabajo reconocidos como válidos por expertos en el área. Si bien la mayoría de los brasileños está familiarizada con el proceso de remisión, evaluación y publicación de artículos científicos, muchos manuscritos son rechazados, en general, a causa de errores en su redacción científica, tales como resúmenes incompletos o conclusiones que no dejan muy en claro cuál es la novedad que aporta el trabajo. Más allá de una buena estructura, del uso de una metodología concreta y resultados convincentes, cada vez se reconoce más, que un artículo debe estar bien redactado para que se lo pueda aceptar en una revista de calidad.

Hay dos artículos que sirven de ayuda para brindar una real dimensión al respecto de ese problema. En 2011, los editores del Jornal Brasileiro de Patologia e Medicina Laboratorial publicaron un editorial presentando un balance de los trabajos recibidos entre enero de 2009 y abril de 2011. De los 174 manuscritos que les enviaron para revisión, 61 fueron publicados, 75 fueron rechazados, 30 se hallaban en fase de análisis y 8 estaban aprobados pero aguardaban ser publicados. Esas cifras brindan una idea del flujo de trabajos remitidos a la revista y de la gran responsabilidad que se plantea en la selección de los manuscritos según su mérito científico. Recientemente, los editores de la revista Ciência & Saúde Coletiva publicaron un editorial planteando un debate sobre los problemas más comunes en los manuscritos evaluados por sus revisores. Según ellos, la sección introductoria de muchos artículos no hacía mención al contexto nacional e internacional de las investigaciones relacionadas con el objeto de estudio. A menudo, la argumentación de los resultados se realizaba de manera descriptiva y escasamente analítica, y las conclusiones, o mantenían el debate, en lugar de zanjarlo, o bien se desentendían del asunto, presentando propuestas que no solucionaban el tema en estudio.

Por un lado, esos editoriales ponen de manifiesto el esfuerzo de esas revistas científicas para generar un diálogo transparente y franco entre editores, revisores y autores, en un intento por mejorar la calidad de la producción científica brasileña, y por otro, resaltan la falta de conocimiento de algunos investigadores brasileños acerca de ciertos aspectos metodológicos y de redacción científica. “Una parte del problema reside en el hecho de que poquísimas carreras de grado y de posgrado ofrecen disciplinas que enseñen metodología y redacción científica a sus alumnos”, dice el biólogo Glauco Machado, del Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo (IB-USP). “Hacen falta disciplinas que les permitan a los alumnos tener experiencias prácticas y útiles sobre la redacción de un artículo científico”.

Desde hace más de 10 años, Machado coordina cursos de redacción científica en universidades, ONGs e instituciones de investigación del país (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 242). Y explica que las dificultades que se les plantean a los alumnos rozan la falta de nociones básicas de gramática. Como resultado de ello, los textos suelen resultar confusos y, a veces, ininteligibles. También se da el caso de que muchos alumnos creen que la escritura científica debe ser rebuscada, algo que los induce al empleo de palabras y construcciones innecesariamente complicadas. “En los textos científicos, el investigador debe estar comprometido con la claridad de las ideas, y no con la complejidad del texto”, sostiene. “Un texto científico debe ser, por encima de todo, una cadena de argumentos a favor de una secuencia lógica que pueda percibirse dentro de cada frase”.

Tan es así que Gilson Volpato, del Instituto de Biociencias de la Universidade Estadual Paulista (IB-Unesp), en Botucatu, autor de libros sobre redacción científica y docente de redacción científica desde hace 30 años, recomienda algunas estrategias para perfeccionar la calidad de los textos de los artículos científicos. La introducción debe presentar el trabajo y debatirlo desde una perspectiva de investigación más amplia, mientras que la metodología tan sólo debe indicar los procedimientos que se emplearon para la obtención de los resultados. A su vez, los resultados deben exponer las evidencias que forman parte del relato que se pretende contar.

En tanto, la discusión debe poner a la metodología y los resultados en perspectiva ante lo que ya se conoce sobre el tema, para mostrarle al lector la validez y relevancia de las conclusiones. “Se necesita plantear argumentos sólidos, valiéndose de un texto conciso, preciso y convincente”, dice. De modo más amplio, Volpato sugiere a los autores que piensen en títulos que impliquen un breve resumen del tema en estudio, induciendo el interés de los lectores por el texto.

Una exposición frecuente a la lectura de artículos, la revisión de manuscritos y el envío de trabajos a revistas de renombre podría ser de ayuda para incrementar la experiencia en cuanto a la redacción, opina el médico Paulo Abrahamsohn, del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB) y profesor de redacción científica en el ICB. “La redacción es una actividad como cualquier otra y, para adquirir práctica y habilidad se necesita mucho entrenamiento”, dice.

También es común que a algunos les rechacen sus artículos porque escogieron la publicación equivocada (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 244). Cada revista posee un enfoque característico y acepta tipos particulares de artículos. Por eso, es importante que el investigador lea las instrucciones del periódico en el que desea publicar y tome nota de los artículos publicados en los últimos años. “Si el perfil del artículo fuera adecuado, redacte una buena carta de presentación explicándole al editor porqué cree que el artículo debería ser publicado en su periódico”.