TECNOLOGÍA

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Medidas preventivas

Estudios muestran propuestas sobre los posibles impactos de nanoproductos en la salud humana y en el medio ambiente

MARCOS DE OLIVEIRA | ED. 251 | ENERO 2017

 

Una concepción artística exhibe nanorrobots atacando a un virus (en rojo)

Amén de los numerosos beneficios que le aportan a la sociedad, las nuevas tecnologías siempre traen aparejadas algunas preocupaciones, debido a la posibilidad de que provoquen perjuicios a la salud humana o al medio ambiente. Y con la nanotecnología ocurre lo mismo. A comienzos de diciembre, investigadores brasileños participaron en la elaboración final del NANoREG, un proyecto de la Unión Europea que se puso en marcha en 2014, cuyo objetivo es recabar información y presentar un conjunto de propuestas de evaluación de riesgo ante los organismos reguladores de los países y a las industrias, abordando aspectos inherentes a la seguridad de la nanotecnología. Durante la conferencia, un grupo de 180 expertos de diversos países debatió la relevancia de la regulación y la aplicabilidad de los resultados basados en la ciencia generada en los últimos 10 años sobre el uso de nanomateriales con relación al medio ambiente, la salud y la seguridad.

“Estamos echando por tierra varios mitos con el NANoREG”, dice el patólogo Wagner Fávaro, docente del Instituto de Biología de la Universidad de Campinas (Unicamp). Fávaro fue el representante del Laboratorio de Síntesis de Nanoestructuras e Interacción con Biosistemas (Nanobioss) de la Unicamp, en la conferencia final del NANoREG realizada en París por la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE). “Con una amplia red de instituciones de investigación que incluyó ‒además de los europeos‒ a investigadores invitados de la Food and Drug Administration (FDA), de Estados Unidos, de Brasil y de Corea del Sur, logramos arribar a resultados científicos importantes: saber qué tipo de nanotubos pasan por las barreras biológicas o logran acumularse dentro de las células, por ejemplo”, comenta Fávaro. “Los trabajos presentados en esa conferencia demostraron claramente que muchos métodos y abordajes científicos fueron validados y son confiables para regulaciones a corto plazo. Es un trabajo inmenso, pues cada prueba debe pensarse para cada material. Muchos debieron rehacerse bajo estándares acordados previamente para evitar resultados divergentes, tal como era común hasta hace poco tiempo.”

La participación brasileña en el NANoREG estuvo integrada por siete grupos de instituciones de investigación bajo la coordinación del Instituto Nacional de Metrología, Calidad y Tecnología (Inmetro). Los resultados de esta conferencia se darán a conocer en un libro a mediados de 2017, en forma de recomendaciones que puedan constar en futuros reglamentos referentes al tema de cómo testear y evaluar los efectos y los riesgos de cada nanomaterial.

El grupo de la Unicamp, el cual además de Fávaro cuenta también con la coordinación de Oswaldo Alves y Nelson Durán, ambos del Instituto de Química (IQ), presentó en la conferencia del NANoREG un estudio conjunto con investigadores daneses con análisis histopatológicos y toxicológicos de muestras tisulares de riñones de ratones a los que se les aplicaron diferentes tipos y concentraciones de nanotubos a través la tráquea. El resultado final indicó que este material se acumuló en los pulmones, después entró en la circulación sanguínea y por último se acumuló en los riñones. En ese órgano, los nanotubos provocaron inflamaciones y no fueron eliminados naturalmente.

Los cuidado al desechar
Uno de los estudios pioneros en esta área en Brasil se concretó en 2008 y estuvo a cargo de un grupo del IQ-Unicamp, junto con el Instituto de Pesca de Cananéia (São Paulo), bajo la coordinación de Oswaldo Alves. “Logramos demostrar que los nanotubos de carbono, cuando entran en contacto con los pesticidas que se aplican en los cultivos, aumentan considerablemente la toxicidad en los peces [lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 226]”. La idea fue simular en laboratorio un posible encuentro debido al desechado de nanotubos y pesticidas en ambientes acuáticos. “Descubrimos que los nanotubos son excelentes concentradores de pesticidas, que quedan prendidos a las agallas y contaminan a los peces”, explica Alves. “Los nanotubos son muy buenos para su uso en sensores y en chips, por ejemplo, pero hay que tener cuidado al desecharlos”. Aisladamente, este material no registró ninguna señal de toxicidad aguda hasta el límite de 3 miligramos por litro, pero aparentemente causó una disminución del consumo de oxígeno y de la eliminación de amoníaco en los peces.

“En los laboratorios, en la investigación básica o aplicada, es fácil controlar y destruir esos materiales porque las cantidades son muy pequeñas, pero cuando se altera la escala a un sistema industrial, el panorama cambia”, advierte Fernando Galembeck, docente del IQ-Unicamp y exdirector del Laboratorio Nacional de Nanotecnología (LNNano). “La directriz que puse en práctica en el LNNano es que ningún nanoproducto debe desarrollarse tecnológicamente sin que se evalúen sus riesgos toxicológicos y ambientales, y hay que empezar lo más tempranamente posible. Necesitamos saber cuáles son los riesgos en las etapas iniciales de la investigación, porque el desarrollo tecnológico implica grandes gastos. Cualquier empresario, ante cualquier nuevo descubrimiento, se preocupa con la posibilidad de riesgos ambientales y toxicológicos”, afirma.

En 2015, el investigador estuvo en la Cámara de Diputados, en Brasilia, en la Comisión Bicameral de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible y de Ciencia y Tecnología, Comunicación e Informática para plantear su postura, en ese momento en calidad de director del LNNano, en lo atinente dos proyectos de ley del diputado José Sarney Filho (del Partido Verde de Maranhão): el proyecto número 5133/ 2013, que prevé la rotulación de productos que contengan nanotecnología, y el proyecto 6741/ 2013, referente a la Política Nacional de Nanotecnología, que comprende la investigación, la producción, el destino de los desechos y el uso de la nanotecnología en Brasil.

“Sobre el rotulado, enumeré en una lectura literal del proyecto de ley varios tipos de productos familiares y muy conocidos que pasarían a ser rotulados, tales como manteca, margarina, leche, cosméticos, jabones de tocador, neumáticos y pinturas. Esos productos tienen y siempre tuvieron partículas y otras estructuras nanométricas en su composición. Por ejemplo, el fosfato de calcio contenido en la leche se encuentra allí presente en forma de nanopartículas”, explica. “Con relación al otro proyecto, demostré que su redacción compromete a todos los proyectos de investigación y desarrollo en nanotecnología existentes en el país porque deberíamos registrar qué haríamos antes de empezar cada proyecto, ante un ente estatal. Esto es imposible e incompatible con la propia naturaleza de la investigación, que es un salto a lo desconocido”. Los proyectos están ahora tramitándose en la Comisión de Desarrollo Económico, Industria, Comercio y Servicios.

“Cualquier persona que haya trabajado en el área química durante los últimos 40 años sabe que un producto nuevo puede revestir riesgos. Debe pasar por estudios ambientales y de riesgos para la salud, y la industria requiere estándares de seguridad muy altos”, sostiene Galembeck. “En la nanotecnología podemos regular lo que sabidamente provoca riesgos significativos y debemos investigar aquello que no se conoce, para aumentar la seguridad del público y del emprendedor. Sin embargo, las actividades de regulación en Brasil han sido objeto de gran menoscabo para con la investigación científica, las empresas y el desarrollo del país. Los abusos de regulación constituyen una parte importante de la insalubridad del ambiente de innovación en Brasil.”

La seguridad en la fábrica
El debate acerca de los posibles problemas que podrían causarse con la nanotecnología existe desde hace algunos años en Brasil. “Empezamos a discutir este tema en el año 2002, mapeando riesgos, pero en un primer momento fui acusado de disparar ‘fuego amigo’ por los colegas investigadores del área”, recuerda Alves. En 2013, él fue uno de los coautores de uno de los primeros libros a este respecto en el país: Nanotoxicology: Materials, methodologies and assessments (Nanotoxicología: Materiales, metodologías y evaluaciones), publicado por Springer. Esa misma editorial tiene una serie dedicada al tema, coordinada por el profesor Valtencir Zucolotto, del Instituto de Física de São Carlos en la Universidad de São Paulo (IFSC-USP).

En el área industrial, un libro publicado en 2015 aportó nueva información destinada a los que trabajan directamente con nanotecnología en el sector productivo. Nanossegurança: Guia de boas práticas em nanotecnología para fabricação e laboratorios [Nanoseguridad: guía de buenas prácticas en nanotecnología para fabricación y laboratorios] tiene como autores a Leandro Antunes Berti, doctor en nanotecnología y secretario ejecutivo del Acuerdo Promotor de Innovación en Nanotecnología (API.nano), una red que congrega a empresas e instituciones para el desarrollo industrial sostenible de la nanotecnología en Brasil, que tiene su sede en la Fundación Certi, en Florianópolis (Santa Catarina), y al ingeniero y doctor en ingeniería química Luismar Marques Porto, docente de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC). Con el apoyo económico de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica y a la Innovación del Estado de Santa Catarina (Fapesc), este libro constituye una guía práctica que presenta con un lenguaje didáctico definiciones accesibles sobre lo que es la nanotecnología, sus aplicaciones y como se está insertando en la vida cotidiana. La obra es el resultado de un estudio minucioso en órganos tales como la FDA y la agencia de protección ambiental (EPA) de Estados Unidos, entre otras instituciones internacionales y de otros países.

“Procuramos poner en evidencia al paradigma Safety by design [Seguridad obtenida por el proyecto] y las mejores rutas de desarrollo y producción de nanomateriales, centradas en el concepto de nanoseguridad”, dice Antunes Berti. “Mostramos técnicas prácticas reconocidas y los más modernos métodos de producción y caracterización de nanomateriales.”

Otro libro, publicado en 2016, fue escrito por investigadores de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) bajo la coordinación del ingeniero de materiales Antônio Carlos Guastaldi, del Instituto de Química de Araraquara: Engineered nanomaterials: Nanotoxicology issues, nanosafety and regulatory affairs, de la editorial Cultura Académica de la Unesp. También son coautores la farmacéutica Carla dos Santos Riccardi, de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Unesp de Botucatu, y el químico Márcio Luiz dos Santos, de la Universidad Federal del ABC (UFABC). El interés de Guastaldi por el tema surgió durante los estudios, fundamentalmente en odontología, del Grupo de Biomateriales que coordina en la Unesp. “Decidimos hacer un mapeo sobre este tema y entender el conocimiento mundial sobre el mismo”, comenta Guastaldi. Y encontraron 187 mil estudios, entre 1990 y 2014, con la palabra nanopartícula, mientras que los artículos científicos que contenían las palabras nanopartícula y toxicidad llegaron a 6.900. En un mapeo realizado hasta 2014 en un banco de patentes internacional, de las 20.216 patentes sobre nanotecnología, sólo 795 contienen citas referentes a la nanotoxicidad.


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