Imprimir

INNOVACIÓN

Del riesgo al mercado

Un análisis del programa del BNDES que promueve la cooperación entre universidades y empresas revela que entre los proyectos el 67% dio como resultado un producto

Eduardo Cesar y Léo Ramos ChavesEl Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) divulgó una evaluación del Fondo Tecnológico (Funtec), el único programa del banco para el área de innovación que ofrece recursos no reembolsables y ayuda a instituciones tecnológicas en proyectos cooperativos con empresas. El estudio, publicado el año pasado en la Revista do BNDES, muestra que el 67% de los casos estudiados habían logrado introducir nuevas tecnologías en el mercado, y había perspectivas de que ese índice podría alcanzar un 93% a mediano plazo. Entre las iniciativas se destacan el desarrollo de chips usados para la identificación y rastreo de animales y tratamientos contra el cáncer. En todos los casos, la asignación de recursos no reembolsables apuntó atender a proyectos cuyo riesgo se consideraba muy alto para que las empresas lo asuman por sí solas.

El análisis abarcó a una muestra de 22 proyectos, que corresponden a un total de 198 millones de reales desembolsados entre 2007 y 2014, abarcando a 23 instituciones tecnológicas y 15 empresas, públicas o privadas. El esfuerzo de evaluación del programa comenzó en 2013, con el desarrollo de una nueva metodología para el BNDES, denominada Análisis Sistémico de Efectividad (ASE), que, además de los aspectos financieros y de la verificación del cumplimiento de objetivos declarados, puede evaluar otras características, tales como el impacto de los proyectos en la capacitación del personal de las instituciones, así como procesos internos y de los clientes. “El análisis se realizó a partir de los objetivos originales del Funtec, que eran cualitativos, como son la estimulación de la cooperación entre universidad y empresa, contribuir para la capacitación de las instituciones involucradas y generar nuevas tecnologías que puedan insertarse en el mercado”, explica Luciana Capanema, gerente de Innovación del BNDES.

“A partir de esos objetivos se establecieron indicadores que captaran los efectos del Funtec para alcanzarlos. Con base en los resultados obtenidos, se puede concluir que el fondo ha sido exitoso, tanto en su finalidad como en sus efectos sistémicos”, explica Capanema.

El Funtec patrocina proyectos en áreas consideradas estratégicas para el desarrollo económico, tales como la salud, manufactura avanzada, biotecnología, semiconductores y energías renovables. Se trata de uno entre varios instrumentos de financiación pública no reembolsable disponible en el país destinado a la investigación aplicada, aunque sea el único del BNDES. Programas tales como la Subvención Económica de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep) y el de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe) de la FAPESP, financian investigaciones realizadas en empresas y les asignan recursos directamente, mientras que en el caso del Funtec, son las instituciones de investigación las que reciben el dinero.

De acuerdo con el sociólogo Glauco Arbix, docente de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP) y presidente de la Finep entre 2011 y 2015, las evaluaciones regulares de programas de financiación a la investigación aún son escasas, algo que dificulta la comparación de la eficiencia de las iniciativas en ejecución en el país. “En este sentido, llama la atención el hecho de que el BNDES haya efectuado un seguimiento sistemático del Funtec”, dice Arbix.

La falta de monitoreo dificulta la comprensión del impacto social y económico de los proyectos de investigación financiados con recursos públicos, dice Sérgio Salles-Filho, docente del Departamento de Política Científica y Tecnológica de la Universidad de Campinas (DPCT-Unicamp). “Ése es un sesgo cultural en Brasil y en muchos otros países. Para buena parte de los gestores públicos, basta con analizar si los proyectos merecen ser financiados y luego asignarles un monto de dinero. No existe gran preocupación por conocer los efectos de los resultados de la investigación y verificar si se cumplió con los objetivos”, afirma el investigador, quien en 1995 fue partícipe de la fundación del Laboratorio de Estudios sobre Organización de la Investigación e Innovación (Geopi), responsable del desarrollo de indicadores y metodologías para el análisis de políticas, programas e instituciones científicas. El grupo lleva evaluados diversos programas de la FAPESP (lea en  Pesquisa FAPESP, ediciones nº 147 y 210). Según Salles-Filho, la iniciativa del BNDES es muy bienvenida y sería deseable que progresara hacia evaluaciones sistemáticas de los impactos y retornos de las inversiones en la sociedad.

Cuellos de botella en infraestructura
El análisis efectuado por el BNDES muestra que los recursos del programa se aprovecharon de diferentes formas: para el desarrollo de nuevas tecnologías, para la capacitación de mano de obra, en el perfeccionamiento de la gestión de los proyectos y para solucionar problemas de infraestructura mediante la modernización de los laboratorios. El estudio también apunta que el 90% de las instituciones de investigación fueron inducidas a intervenir en los temas de los proyectos en los cuales participaron. Esto indica, según el documento, que los proyectos conjuntos con empresas ayudaron a determinar nuevas líneas de actuación para los investigadores de las instituciones, además de estimular la realización de seminarios y workshops, así como la producción de artículos científicos en conjunto. Otro dato revela que el 75% de los coordinadores de proyectos en las instituciones de investigación consideraron que el apoyo del Funtec les sirvió como trampolín para nuevos convenios con empresas.

El físico Vanderlei Bagnato, coordinador del Centro de Investigaciones en Óptica y Fotónica (Cepof), uno de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid) de la FAPESP, cuya sede se encuentra en el Instituto de Física de la USP en São Carlos, explica que estrechó relaciones con MM Optics, una compañía radicada en el polo tecnológico de la ciudad, a partir de un proyecto seleccionado en 2010 mediante un pliego del Funtec enfocado en el área de la salud. “Con el aval del fondo, profundizamos la colaboración, enlazando el conocimiento producido en la universidad con el desarrollo realizado en MM Optics”, dice Bagnato.

El Cepof y MM Optics idearon un dispositivo que aplica terapia fotodinámica para el tratamiento de determinados tipos de cáncer de piel empleando un fármaco fotosensible capaz de indicar la ubicación de tumores. Con los recursos del Funtec, pudieron financiarse las pruebas de ese instrumental en 100 centros diseminados por el país. “Lo utilizaron más de 10 mil pacientes, comprobando su eficiencia al incrementar las posibilidades de cura en un 94%”, afirma Luiz Antonio de Oliveira, director de MM Optics. Cada aparato cuesta 23 mil reales. En total, se destinaron 3,5 millones de reales al proyecto, de los cuales un 10% fueron invertidos por MM Optics. Luciana Capanema, del BNDES, explica que el Funtec siempre exige alguna contraprestación de la empresa que interviene en el proyecto. “Eso es para estimular el compromiso de la misma con los resultados del proyecto”.

La promoción de la interacción entre universidades y empresas no era la misión inicial del Funtec cuando se lo instituyó, en 1964. Su función era financiar la implementación de programas de posgrado en universidades. La primera fase duró hasta 1967, cuando se lo derogó. En 2006, el BNDES recreó el Funtec, que pasó a enfocarse en el apoyo a la innovación. En los primeros años, parte de los recursos se destinaron a la modernización de los laboratorios de las universidades que podrían utilizados por empresas. En 2012, la participación de empresas en los proyectos se tornó obligatoria. “La labor de la empresa amplifica las posibilidades de que la tecnología llegue al mercado”, subraya Capanema.

La aplicación de recursos no reembolsables es de importancia para viabilizar, dentro de las empresas, determinados tipos de investigaciones que, además de ser caras, tienen gran riesgo de no prosperar. “En el caso en que un proyecto que implique riesgo tecnológico resulte exitoso, el beneficio para la sociedad es muy grande. Esta lógica es lo que instiga la inversión en estudios en la frontera del conocimiento en los países desarrollados”, dice Miguel Giudicissi Filho, director médico-científico de la Unión Química, que ya participó en proyectos financiados por el Funtec. Uno de ellos fue el desarrollo de un fármaco para el tratamiento de la tuberculosis, en colaboración con la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul (PUC-RS). La empresa se encargó de fabricar las cápsulas y testear la estabilidad del medicamento, que actualmente se encuentra en la fase de ensayos preclínicos.

Otro proyecto involucra al Instituto Butantan y al Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IPT), en São Paulo, para el desarrollo de un medicamento biológico antitumoral. Se trata de una proteína recombinante capaz de provocar la muerte de las células malignas sin ocasionar daños a las sanas. “Vamos a comenzar con los ensayos clínicos en humanos”, dice Giudicissi. La investigación dio inicio con el estudio de la garrapata de cayena (Amblyomma cajennense), realizado hace más de 10 años por Ana Marisa Chudzinski-Tavassi, investigadora del Butantan. El objetivo en esa época era la búsqueda en la saliva del arácnido de nuevos agentes para inhibir la coagulación sanguínea. Sin embargo, durante los ensayos, se descubrió que una molécula de la glándula salival de la garrapata inhibía la proliferación de células, con la cual, potencialmente se podrían tratar algunos tipos de cáncer. El proyecto generó una patente y contó con el apoyo de la FAPESP.

Chip de vaca
El Funtec patrocinó proyectos en otros sectores, como, por ejemplo, el de tecnología de la información. El Centro Nacional de Tecnología Electrónica Avanzada (Ceitec), transformado en 2008 en una empresa, con sede en Porto Alegre, produjo lo que se denominó chip de vaca, que se utilizó para la identificación y el rastreo de ganado bovino, comercializado a partir de 2012. Los recursos del Funtec –alrededor de 18 millones de reales– se invirtieron en la infraestructura de elaboración del producto y en la investigación y desarrollo del circuito integrado del chip. “A partir de la identificación individual y automatizada de cada animal, el propietario acrecienta la eficiencia de los diversos procesos de manejo del rebaño, mejorando la rentabilidad del negocio”, explica Paulo Luna, presidente de Ceitec S.A. El proyecto contó con la colaboración de instituciones de investigación, entre los que figura la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS). Hasta hoy, se han producido alrededor de 1 millón de chips.

También hay reflexiones acerca de la propia concepción del programa. Glauco Arbix reconoce la importancia del Funtec como impulsor de la investigación empresarial, empero, sostiene que no es adecuado que la coordinación del proyecto esté a cargo de instituciones de investigación. “Las universidades deben seguir obligatoriamente ciertos rituales concernientes al sector público, tales como la burocracia de los procesos de licitación y las dificultades para la contratación de investigadores, algo que obstaculiza un tanto el proceso”, dice. La legislación que permitió la asignación de recursos públicos no reembolsables para proyectos en empresas privadas es nueva en el país. Aunque algunas agencias de apoyo ya pusieron en práctica programas de subvención económica para empresas, la base jurídica de esa modalidad surgió en 2006, con la Ley de Innovación. “Cuando un recurso va directamente a la empresa, ésta determina el estilo del proyecto ajustándose a un cronograma más veloz que el de las universidades”, prevé Arbix.