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Los precursores de Lobato

Hacia fines del siglo XIX ya circulaban libros para niños escritos por autores brasileños

Eduardo CesarTras permanecer inéditos durante al menos 120 años, finalmente fueron publicados los Versos para os pequeninos, a fines del mes de febrero. Con 24 poemas infantiles escritos entre 1886 y 1897 por el licenciado en Derecho y educador fluminense João Köpke (1852-1926) que fueron rescatados por investigadores de la Universidad de Campinas (Unicamp), los Versos se suman a otros hallazgos de expertos de distintas universidades del país que revelan los autores nacionales y los mecanismos de funcionamiento del mercado editorial de libros para niños hacia el final del siglo XIX y comienzo del siglo XX. La articulación entre editores, escritores, divulgadores y lectores empezó a formarse décadas antes de la publicación, en 1920, de A menina do narizinho arrebitado, el primer libro del escritor paulista José Bento Renato Monteiro Lobato (1882-1948), autor de una obra vasta y reconocida (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 157 y Especial 50 Años). En estudios recientes se reitera como conclusión que Monteiro Lobato modernizó la literatura infantil brasileña, pero no fue quien la creó, a diferencia de lo que sostenían investigadores y escritores del pasado. Uno de sus primeros biógrafos, el escrito paulista Edgard Cavalheiro (1911-1958), en un comentario bastante citado en estudios del área, apartó a los precursores al afirmar que antes de Monteiro Lobato “la literatura infantil prácticamente no existía entre nosotros” y “lo único que existía era el cuento folklórico”.

“En una carta que le enviara a un amigo, en 1919, Monteiro Lobato le comentaba que no había nada para leerle a sus hijos a no ser el libro de fábulas de João Köpke. Él hacía alusión a la calidad de las obras disponibles, adaptaciones de obras europeas e incluso libros de autores nacionales, pero eso no es la pura verdad”, dice Marisa Lajolo, docente de la Unicamp y de la Universidad Presbiteriana Mackenzie, quien retoma el tema en el libro Literatura infantil brasileira: Uma nova/ outra nova história (FTD-PUC Press, 2017), que saldrá a la venta en el mes de abril, en coautoría con Regina Zimmermann. “En 1920, Monteiro Lobato recibe de la imprenta que estaba imprimiendo la primera edición de Narizinho arrebitado la noticia de que Primeiro livro de leitura, de Köpke, serviría como modelo para la impresión de su historia”. Según Lajolo, Lobato realizó transformaciones radicales en la literatura infantil, “tal como los modernistas de 1922 lo hicieron en la literatura para adultos” y, a partir de la década de 1930, ganó mucha mayor visibilidad que cualquier otro autor anterior a él.

El hijo mayor de Köpke, Winckelmann Köpke (1886-1951), fue quien inicialmente conservó el manuscrito original de 54 páginas de Versos para os pequeninos, con sus poemas ordenados correlativamente y las respectivas ilustraciones a página completa, recortadas de otros libros, que servían como referencia para aquel que las reprodujera. Probablemente, Winckelmann se lo habría entregado a su hijo José, quien a su vez se lo confió a su hija mayor, Maria Izabel Köpke Ramos, bisnieta de João Köpke. Una de las hermanas de Maria Izabel, Maria Lygia Köpke Santos, mencionó el libro en su tesis doctoral, presentada en 2013 en la Facultad de la Educación de la Universidad de Campinas (FE-Unicamp). Después de eso, ella le entregó los originales a su directora de tesis, Norma Ferreira, docente de la FE-Unicamp. Ferreira analizó los Versos en su tesis de libre docencia, que presentara en 2014 y ahora se publicó en formato de libro, junto con los poemas.

Eduardo CesarLuego de construir una carrera respetada como educador en escuelas de las ciudades de São Paulo y Campinas, Köpke se mudó en 1886 a Río de Janeiro y fundó el Instituto Henrique Köpke, denominado así en honor a su padre. El instituto funcionaba era una escuela particular, que funcionó hasta 1897 y le servía para lanzar sus propios libros de alfabetización y de lecturas para niños. Fue como director del instituto que Köpke se presentó en el prólogo de los Versos, con grandes letras manuscritas. Según Ferreira, el propósito de su libro era ofrecerles a los niños una lectura amena y aplicar el método analítico de alfabetización, que él ya había desarrollado en otros libros, el primero de ellos publicado en 1884 por la editorial Francisco Alves.

Los poemas son historias alegres con rimas simples, que versan sobre la Luna, los abuelos, bromas, juguetes, animales y canciones para niños [lea al lado, algunos tramos del poema O balanço (el columpio)]. “Los Versos para os pequeninos ofrecen, en forma más contundente que en sus obras editadas, otra faceta de João Köpke: la de un escritor que se propone conquistar al lector niño mediante una representación del universo infantil que cuestiona el conocimiento, la verdad y la realidad”, escribió Ferreira en su tesis de libre docencia.

Desde su perspectiva, la libertad y la informalidad de los poemas no encajaban en las propuestas pedagógicas predominantes al comienzo del siglo XX, que apreciaban los poemas educativos y a los niños de buena conducta, como los de Livros das crianças, de la educadora paulista Zalina Rolim (1867-1961), de 1897. “Köpke era bastante crítico de las propuestas educativas de aquel período, como lo fue el plan pedagógico, adoptado para la creación del Jardín de Infantes, el cual, según él, presentaba salones superpoblados y cerrados, recreos cortos entre clases y docentes inexpertos”, dice Ferreira. “La irreverencia en los poemas se convirtió, décadas más tarde, en una marca de estilo para Monteiro Lobato”.

Eduardo Cesar João Felpudo en la tapa de la revista O Tico-Tico de 1925Eduardo Cesar

João Felpudo en Brasil
A su vez, cuando estaba culminando su investigación de posdoctorado en la Universidad de São Paulo (USP), la historiadora Patrícia Raffaini, mientras estudiaba periódicos antiguos en el sitio web de la Biblioteca Nacional, al comienzo de 2016, se topó con el siguiente anuncio: “João Felpudo – Historias alegres para niños traviesos con veinticuatro dibujos extraños” en la edición del 4 de diciembre de 1860 del Jornal do Commercio, de Río de Janeiro. Ese aviso era un registro de la primera edición de un libro de mucho éxito que se publicó en Alemania, en 1844. Su autor fue el médico Heinrich Hoffmann, quien lo escribió para su hijo de tres años, y contenía abundantes ilustraciones y cuentos cortos de niños que eran severamente castigados porque no les gustaba la sopa o bañarse. Raffaini encontró al traductor original, el juez Henrique Velloso de Oliveira (1804-1861), posiblemente, uno de los responsables de la adaptación del título original –Der Struwwelpeter–, cuya traducción literal sería Pedro despeinado.

La historiadora encontró después otras propagandas de João Felpudo en el Jornal do Commercio, que indicaba una de las formas mediante las cuales la editorial Laemmert promovía la venta de los libros. En 1894, tal como ella ya lo había comprobado, el editor fluminense Pedro Quaresma (1863-1921), dueño de la Livraria do Povo, invirtió en anuncios de media página para promover el relanzamiento de una producción nacional, Contos da carochinha [Cuentos fantásticos], puesto que los 5 mil ejemplares de la primera edición se habrían agotado en menos de un mes. Contos da carochinha inauguraba una serie de libros compilados por el periodista carioca Alberto Figueiredo Pimentel (1869-1914) cuyo propósito era presentar con un lenguaje coloquial, las fábulas de autores europeos, con animales parlantes, lobisones, santos y hadas. Con esos libros, Quaresma abogaba por la creación de una literatura infantil de corte popular, con ediciones sencillas y más baratas que las traducciones refinadas de las editoriales Laemmert, de propietarios alemanes, Garnier, de origen francés, y Francisco Alves, portuguesa.

Eduardo Cesar Anuncio de la edición brasileña de 1860 (arriba) y el dibujo original, de 1844Eduardo Cesar

“El mercado de libros para niños y jóvenes era próspero hacia el final del siglo XIX, un período en el cual se creía que había poco o casi nada a disposición de los jóvenes lectores”, dice Raffaini. “Los editores invertían en ese segmento había muchas obras, como fue el caso de João Felpudo, que ya habían sido traducidas. La producción de obras con autores nacionales era incipiente”. Ella comenzó su investigación con una lista de 20 títulos de libros infantiles publicados entre 1860 y 1920, registrados en la Biblioteca Nacional y en el Real Gabinete Portugués de Lectura, ambos en Río de Janeiro. Tres años después, luego de hurgar en librerías de todo el país, había reunido 70 títulos diferentes.

“Una de las precursoras de la literatura infantil brasileña fue la novelista Júlia Lopes de Almeida (1862-1934)”, declaró Nelly Novaes Coelho, docente jubilada de la USP y una de las mayores expertas en el tema, en el libro Panorama histórico da literatura infantil/ juvenil (editorial Amarilys, 2010). En 1886, Júlia Lopes publicó Contos infantis, que incluía 60 narraciones en verso y prosa escritas en colaboración con su hermana Adelina Lopes Vieira, y más tarde Histórias da nossa terra [Historias de nuestra tierra], en 1907, y Era uma vez [Érase una vez], en 1917, todos reeditados. “Simultáneamente con el aumento de las traducciones y adaptaciones de libros literarios para un público infantojuvenil”, escribió Nelly Coelho en su libro, “Comienza a instaurarse en Brasil la conciencia de que disponer de una literatura propia, que valorase lo nacional, era algo urgente para el niño y la juventud brasileña”. Ella también reconoce a Pimentel como “el primer intelectual en popularizar el libro, por medio de ediciones más accesibles de los autores clásicos”.

Eduardo Cesar Libros de autores nacionales: Álbum das crianças, de Figueiredo Pimentel, de 1897Eduardo Cesar

Más allá de la crítica literaria
Los escritores antecesores de Monteiro Lobato ya eran citados en varios libros y sitios web, tales como Memória de Leitura, de la Unicamp, que registra 19 autores entre 1880 y 1910, con sus obras más importantes. Un estudio más profundo conducirá a una representante de una época aún más remota, Nísia Floresta (1809-1885), una educadora de Rio Grande do Norte que fundó un colegio para niñas en Río de Janeiro y escribió poemas y novelas: Conselhos à minha filha que data de 1842 y las novelas Fany ou modelo das donzelas y Daciz ou a jovem completa, de 1847.

Los investigadores de São Paulo, Río de Janeiro, Mato Grosso, Ceará y otros estados brasileños han ampliado su enfoque más allá de los textos de los libros. “Nos escindimos del sesgo de la crítica literaria –que solamente resalta aquello que era bueno– para ocuparnos de la historia cultural, que tiene en cuenta lo que se leía, independientemente de su calidad, de quién lo elaboraba, de qué modo, en qué lugar y quiénes lo consumían”, explica la historiadora Gabriela Pellegrino Soares, docente de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas (FFLCH) de la USP y autora del libro Semear horizontes (editorial de la UFMG, 2007), al respecto de la conformación del mercado editorial de libros para niños en Argentina y Brasil. “El análisis de los engranajes de la producción y distribución de los libros es un sendero muy fértil para conocer las ideas y las representaciones del mundo en determinada época”, agrega.

Eduardo Cesar Cantigas das crianças e do povo, de Alexina Magalhães Pinto, de 1911Eduardo Cesar

Los libros para adultos y niños circulaban principalmente por las capitales brasileñas a lo largo del siglo XIX, a pesar del alto analfabetismo, que llegaba al 80% de una población de casi 10 millones de personas en 1872, cuando se efectuó el primer censo demográfico nacional. Se estima que el analfabetismo habría sido menor, acaso del 50%, en Río de Janeiro, por entonces la capital del país. “A partir del siglo XVIII se verificó una intensa importación de libros hacia Brasil, entre los cuales figuraron los infantiles”, dice Márcia Abreu, profesora del Instituto de Estudios del Lenguaje (IEL) de la Unicamp, y coordinadora de un proyecto de investigación sobre la circulación transatlántica de impresos (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 240) y autora de Os caminhos dos livros (editorial Mercado de Letras, 2003). “La lectura era una de las mayores fuentes de entretenimiento en esa época y los hombres libres compraban varios libros por año. Esto generaba un fuerte movimiento editorial y comercial, con importación asidua de libros y, luego de 1808, también con muchas impresiones brasileñas”.

Había un mercado consumidor en formación, compuesto por un contingente cada vez mayor de inmigrantes, hombres libres y profesionales autónomos o asalariados. Se calcula que para 1860 había en la ciudad de Río de Janeiro 17 librerías y 30 talleres tipográficos. Actualmente, incluso con el permanente cierre de librerías, la literatura infantil constituye un mercado pujante. En 2014 se publicaron 37 millones de ejemplares de 7.802 libros para niños, según datos de la Cámara Brasileña del Libro.

Patrícia Hansen/ Hemeroteca de la Biblioteca Nacional Una publicidad que hace hincapié en la obra de LobatoPatrícia Hansen/ Hemeroteca de la Biblioteca Nacional

Después de Monteiro Lobato
“Monteiro Lobato fue tan importante que opacó a los escritores predecesores. Ya nadie habla de Olavo Bilac y Tales de Andrade”, dice la periodista Laura Sandroni, autora del libro De Lobato a Bojunga – As reinações renovadas (editorial Agir, 1987), aparte de fundadora y directora durante casi 20 años de la Fundación Nacional del Libro Infantil y Juvenil (FNLIJ). Monteiro Lobato se impuso mediante una obra compuesta por 22 libros escritos en un lenguaje coloquial, irreverente y vibrante, versando sobre problemas de la época y no de un distante país del futuro, como ocurría con los libros escolares anteriores. Con el aval de una intensa propaganda –el propio Monteiro Lobato separó 500 ejemplares de Naricita para distribuirlos en escuelas y acelerar su aceptación–, sus libros superaron el millón de ejemplares en 1943.

“Lobato era un genio, como escritor y como editor, siendo él mismo quien instauró en el imaginario que habría sido un pionero”, dice la historiadora Patrícia Hansen, quien actualmente está radicada en Lisboa. En el archivo digital de periódicos antiguos de la Biblioteca Nacional, Hansen encontró un anuncio de la edición del 15 de noviembre de 1933 en la revista O Tico-Tico, más tarde reproducido en otras publicaciones, presentando a História do mundo para crianças, el último lanzamiento de Companha Editora Nacional, y al escritor paulista como “el creador de la literatura infantil en Brasil”. “Fue una campaña de marketing exitosa”, concluyó la historiadora. “No cuestionaron la fuente”.

Proyecto
Lectura de ciencia ficción en la infancia, 1880-1920 (nº 13/00454-1); Modalidad Beca de Posdoctorado; Investigador responsable Elias Thome Saliba (USP); Beneficiaria Patrícia Tavares Raffaini; Inversión R$ 240.377,83

Artículo científico
HANSEN, P. S. A biblioteca dos jovens brasileiros: Do caráter didático da literatura infantil aos usos dos livros pelas crianças no início do século XX. Escritos. v. 5, n. 5, p. 79-96, 2011.

Libros
SOARES, G. P. Semear horizontes: Uma história da formação de leitores na Argentina e no Brasil, 1915-1954. Belo Horizonte: Editorial UFMG, 2007.
ABREU, M. Os caminhos dos livros. Campinas: Mercado de Letras/ ALB/ FAPESP, 2003, 382 pág.
COELHO, N. N. Panorama histórico da literatura infantil/juvenil. São Paulo: Amarylis, 2010, 320 pág.
SANDRONI, L. De Lobato a Bojunga – As reinações renovadas. Río de Janeiro: Agir, 1987, 181 pág.
FERREIRA, N. S. de A. Um estudo sobre os versos para os pequeninos, de João Köpke. Campinas: FAPESP/ Mercado de Letras, 2017, 276 pág.