TRAYECTORIAS

Cambio de hábito

La transición de científicos del ambiente académico al ambiente empresarial requiere una adaptación a la dinámica y a las demandas del mercado

Imagem: André Ducci

A mediados de 2011, el ingeniero de la computación Renato Cerqueira decidió tomarse una licencia del cargo de profesor del Departamento de Informática de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-Rio) para seguir de cerca la instalación del primer Laboratorio de Investigaciones de IBM en Brasil y conocer el sistema de investigación de la empresa. Esa experiencia le redituó una propuesta de trabajo. A los 45 años, y con una carrera académica consolidada, Cerqueira se vio frente a la oportunidad de poder hacer investigación científica en una gran empresa de tecnología. No lo pensó dos veces y aceptó la oferta, dejando el cargo de profesor y coordinador del área de Ingeniería de Sistemas Distribuidos del Grupo de Tecnología en Computación Gráfica (Tecgraf) de la referida universidad.

Cerqueira es tan sólo uno de los muchos investigadores brasileños que dejaron la universidad o los centros públicos de investigación para trabajar en actividades de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) en compañías privadas. Al igual que la mayoría de los que optan por este cambio, se dejó llevar por el deseo de transformar su conocimiento en un proceso o un producto que pudiese poner a disposición de la sociedad de un modo más rápido y efectivo. “El potencial de aplicación de los resultados de las investigaciones desarrolladas en las empresas es muy superior con relación a la investigación realizada en la universidad, y eso pesó en mi decisión de dejar la academia”, remarca. La remuneración puede constituir un factor decisivo a la hora de decidir dejar el ambiente académico para trabajar en una empresa, recuerda el investigador. “La percepción general indica que el sector privado ofrece sueldos más atractivos, pero eso depende de la universidad, del cargo que la persona ocupa y de lo que la empresa donde trabajará ofrece”, dice.

Durante los últimos años, a medida que la competitividad de las empresas pasó paulatinamente a pautarse por una perspectiva de innovación y de inversión en I+D+i, se intensificó en algunas compañías la búsqueda de profesionales más calificados y con amplia experiencia científica. Ese esfuerzo en I+D+i por parte de las empresas en Brasil, si bien es tímido comparado con otros países, ha tenido reflejos en el índice de absorción de investigadores.

En 2010, 41.317 investigadores brasileños, de un total de 234.797, trabajaban en actividades de I+D+i en empresas en Brasil, de acuerdo con el último informe del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicaciones (MCTIC) con datos de la Investigación de Innovación Tecnológica (Pintec, por sus siglas en portugués), del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). En São Paulo, las empresas concentraban el 53% de los 63 mil científicos paulistas en 2008, año en que superaron por primera vez al ambiente académico, según datos de la última edición de Indicadores de ciência, tecnologia e inovação em São Paulo, una publicación de la FAPESP. En 2014, el más reciente informe de la Pintec contabilizó alrededor de 94 mil investigadores actuando en actividades I+D+i en empresas en Brasil.

La transición de la universidad al sector privado tiende a erigirse en un desafío, pues comprende un proceso de adaptación a la dinámica y a las demandas del mundo empresarial. En general, la investigación realizada en la universidad suele regirse por el interés del investigador en determinados temas, y le compete a éste desarrollar una propuesta de investigación robusta y convincente, capaz de obtener los recursos necesarios como para hacerla factible. “Si el investigador está en la industria, es probable que tenga menos libertad para decidir qué va a investigar. Pero no necesitará preocuparse por conseguir recursos para sus proyectos”, afirma el neurocientífico Luiz Eugénio Mello, vicepresidente de la Asociación Nacional de Investigación y Desarrollo en Empresas Innovadoras (Anpei) y gerente ejecutivo de Innovación y Tecnología de la compañía Vale.

Es importante que los científicos tengan en mente el modelo de negocio de la empresa a la hora de elaborar un proyecto de investigación. Mientras que la universidad tiene la vocación de generar nuevos conocimientos, la empresa vislumbra la producción de utilidades por encima de todo, aunque con el conocimiento como base. “Es necesario que exista un alineamiento estratégico entre los proyectos que desarrollan los científicos y las especificidades del segmento de mercado en el cual la empresa opera”, sostiene el analista de sistemas Bruno Bragazza, gerente de Innovación, Propiedad Intelectual y Nuevos Negocios de Bosch para América Latina. En ese sentido, explica Bragazza, la investigación básica, cuyos resultados suelen ser menos palpables, tiene menos espacio en el ámbito de las actividades de I+D+i en las empresas, toda vez que este tipo de abordaje no se orienta hacia un retorno inmediato.

Imagem: André DucciLa visión de mercado
Suele suceder que los científicos en las empresas trabajen en proyectos con grandes equipos. IBM, por ejemplo, cuenta con alrededor de 3 mil investigadores propagados por 12 laboratorios en el mundo. “Constituye un desafío similar al que se afronta en la universidad, especialmente para los recién llegados, lograr formar parte de una red de investigadores e identificar posibles lazos de colaboración”, dice Cerqueira. Inmediatamente después de incorporarse al laboratorio de IBM, el ingeniero de la computación se convirtió en gerente del área de Soluciones para Recursos Naturales, actuando en proyectos tendientes a aumentar la eficiencia de procesos y perfeccionar la interpretación de datos de empresas de petróleo y gas, minería y agricultura. Actualmente coordina un equipo de 50 científicos en Río de Janeiro.

Frente a estos desafíos, es importante que los científicos tengan una visión amplia con relación a sus propias investigaciones. “La empresa ofrecerá las condiciones de trabajo como para que el investigador lleve adelante sus proyectos. Como contrapartida, exigirá una agenda sostenible de investigaciones, con estrategias específicas de desarrollo, producción y comercialización de nuevos bienes, procesos y servicios”, destaca Cerqueira. A juicio del biólogo Marcos Valadares, no hay espacio para errores por falta de planificación dentro de las empresas. “La investigación en la industria se realiza de una manera sumamente planificada”, explica.

Valadares es socio fundador de Pluricell Biotech, una startup dedicada a la producción y comercialización de células madre pluripotentes inducidas (iPS), células maduras, a las que puede reprogramárselas para que se vuelvan otra vez capaces de generar tejidos distintos del organismo (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 240). Según el investigador, una de las principales dificultades de los científicos cuando deciden trabajar en el sector privado o abrir sus propias empresas reside en la falta de visión comercial y administrativa. “Toma un cierto tiempo hasta que uno aprende a entender y a comunicarse con el mercado y logra desarrollar un plan de negocio sostenible”, dice. “Se trata de una etapa de transición, cuando el individuo deja de tener un pensamiento estrictamente académico y pasa a pensar en forma más mercadológica.”

En las empresas, la calidad del trabajo de los investigadores no se evalúa de acuerdo con la cantidad de artículos publicados o citas obtenidas, dos de los criterios que se emplean en la universidad. “El impacto de las investigaciones en la industria se mide según los beneficios que éstas generan en la actividad de la propia empresa o en la de sus clientes”, explica Bragazza. Otra diferencia con relación a las universidades y los centros públicos de investigación reside en que en las empresas, los investigadores no necesitan dar clases y dirigir alumnos. Pero no dejan de presentar proyectos de investigación a los directores responsables, que los discutirán y los evaluarán para decidir sobre su factibilidad y cuánto se invertirá en ellos. Para un proyecto de investigación, se recomienda que los científicos presenten una revisión concisa y consistente de la literatura referente al tema, con objetivos y metodologías coherentes con la hipótesis que se pretende verificar (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 254).

En el caso de las empresas, se exige que el proyecto se desarrolle a la luz de un abordaje mercadológico que justifique la inversión. “Hay que demostrar el carácter innovador de la investigación, reforzando el impacto que sus resultados podrán aportar”, explica la física Kesley Moraes de Oliveira, gerente de I&D de la División de Farmoquímica de Cristalia, una empresa farmacéutica con sede en la localidad de Itapira (São Paulo). La investigadora fue contratada por la empresa en 2002, cuando aún cursaba su doctorado en el Instituto de Química de la Universidad de Campinas (Unicamp).

Imagem: André DucciLa gestión de la innovación
La preocupación por proteger los resultados de las investigaciones científicas para finalidades económicas también es constante. “La cultura de la gestión de la innovación por medio de la propiedad industrial está bien arraigada en las empresas”, explica Moraes de Oliveira. “Los investigadores deben siempre cerciorarse de que no están infringiendo el derecho de otras empresas sobre un proceso o una tecnología, y deben estar alertas para verificar si los resultados de sus proyectos atienden las exigencias básicas de una solicitud de patente.”

Por eso muchas empresas han crearon equipos enfocados únicamente en la cuestión de las patentes. Según Luiz Mello, de la Anpei, esto ha estimulado a las universidades también a invertir en estrategias de promoción de una cultura de la propiedad intelectual entre sus alumnos, docentes e investigadores, al orientarlos con respecto a los requisitos necesarios para patentar un producto o un proceso (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 252).

La cultura de la propiedad intelectual siempre estuvo al frente de los proyectos de Bosch. Teniendo en cuenta todos sus centros de investigación existentes en el mundo, la empresa depositó, en promedio, 22 solicitudes de patente por día en 2016. Al igual que Cristalia, Bosch cuenta con un departamento destinado exclusivamente a la orientación de los investigadores con respecto a qué podría o no ser protegido y cómo hacer una investigación de anterioridad, entre otras directrices.

Los expertos también refuerzan la importancia de las asociaciones de la industria con las universidades y los centros públicos de investigación con el propósito de generar nuevas oportunidades de financiación de la investigación básica, promover una mayor captación de científicos por la industria y estimular la transferencia de tecnología. Según Mello, Anpei procura acercar a las empresas a las universidades, sobre todo mediante los núcleos de innovación tecnológicos, creando así un ambiente favorable al intercambio de experiencias. No obstante, destaca que “la cooperación con las universidades no puede sustituir al esfuerzo de las empresas en el desarrollo de una actividad propia de I&D y de un ambiente propicio a la innovación”.