SALUD PÚBLICA 

Remedios en la punta del lápiz

Un estudio informa sobre los tipos de medicamentos en los que más invirtió el gobierno federal brasileño durante los últimos años

Imagem: Léo Ramos Chaves

Científicos de Brasil y de Suecia analizaron la evolución en las compras de medicamentos efectuadas por el gobierno federal entre 2006 y 2013, y observaron que los gastos crecieron y cambiaron de perfil. Según el estudio de estos investigadores, publicado en abril en la revista PLOS ONE, mientras que hasta 2009 el tratamiento de las enfermedades infecciosas recibió la mayor porción de los recursos asignados por el gobierno, a partir de 2010, ese lugar fue ocupado por la compra de agentes antineoplásicos, es decir, medicamentos que se usan contra el cáncer, e inmunosupresores, recetados para combatir enfermedades autoinmunes y para la prevención del rechazo a trasplantes de órganos. Estas dos últimas clases de fármacos insumieron 183 millones de reales en recursos públicos en 2006, y 3.700 millones de reales en 2013.

El estudio muestra que esos tipos de enfermedades no han elevado su incidencia entre los brasileños, sino que los medicamentos contra tales afecciones comenzaron a suministrarse a la población e incidieron en las cuentas del Sistema Único de Salud (SUS). En cuanto al volumen de medicamentos adquiridos, aquellos destinados al tratamiento de enfermedades cardiovasculares representaron algo más de un tercio del total comprado por el gobierno entre 2006 y 2013. “En Brasil, las enfermedades con mayor prevalencia entre la población siguen siendo la hipertensión y el infarto, además de la diabetes, pero los medicamentos para el tratamiento de estas enfermedades se fueron abaratando con el paso del tiempo. A la par de ello, el SUS comenzó a incorporar y a contar con disponibilidad en la red pública de medicamentos destinados a enfermedades menos frecuentes”, analiza Tatiana Chama Borges Luz, investigadora del Grupo de Estudios Interdisciplinarios de Educación en Salud y Medio Ambiente de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) en Minas Gerais, y autora principal del estudio.

El gasto del gobierno federal en la compra de medicamentos para el sistema público de salud tuvo un incremento exponencial en los últimos años, según muestra el estudio. Mientras que en 2006 se destinaron 2.630 millones de reales para la adquisición de remedios, en 2013 se desembolsaron 7.150 millones de la misma moneda, lo cual representa un incremento del 271%. Del valor total gastado en aquel período (2006 a 2013), unos 34 mil millones de reales, casi un 50% se utilizó para la adquisición de tres clases de fármacos: inmunosupresores, antineoplásicos y también algunos antivirales empleados para el tratamiento de enfermedades tales como el Sida, herpes e influenza [gripe]. “Algunas categorías, como es el caso de los inmunosupresores, se encarecieron debido a la incorporación de nuevas tecnologías”, explica Borges Luz.

El estudio indica que los gastos del gobierno prácticamente se triplicaron, empero, en términos de volumen, las compras apenas se duplicaron entre 2006 y 2013. “El gasto aumentó sin que haya habido un incremento en la cobertura correspondiente. Esta tendencia de crecimiento en los gastos farmacéuticos se verifica a nivel global, aunque en diferentes niveles”, advierte la investigadora. En Canadá, la erogación del gobierno entre 2006 y 2011 aumentó a una tasa anual promedio del 4,5%, mientras que en Brasil fue del 13,3% y, en China, del 14,9%. Para Borges Luz, el gobierno debería efectuar un balance para saber cómo aplicar los recursos de manera más eficiente. Datos aportados por la Comisión Nacional de Incorporación de Tecnologías en el SUS (Conitec), un organismo ligado al Ministerio de Salud, muestran que el 60% de los medicamentos incorporados por el sistema público entre 2012 y 2016 eran de alto costo.

Los inmunosupresores encabezan la lista de los medicamentos que más se incrementaron dentro de esos gastos, correspondiéndoles un aumento del 25 mil por ciento entre 2006 y 2013. Esa categoría incluye a los fármacos que se utilizan contra el factor de necrosis tumoral alfa (FNT-α) y también a inhibidores de otras interleucinas. Estos medicamentos se utilizan, por ejemplo, para el tratamiento de dolencias tales como la artritis reumatoide, cuya incidencia entre la población va del 0,5% al 1%, y la enfermedad de Crohn, cuyo índice estimado de incidencia es de aproximadamente seis casos por cada 100 mil habitantes. El precio fue el principal factor de aumento de los gastos en inmunodepresores, que en cantidad tuvieron una variación menor. “Las enfermedades autoinmunes representan un grupo de enfermedades que actualmente afectan a alrededor del 8% al 10% de la población adulta, siendo menos frecuentes entre los niños”, explica Magda Carneiro-Sampaio, docente de pediatría clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP).

De acuerdo con Carneiro-Sampaio, los medicamentos denominados inmunobiológicos, un subgrupo de los inmunosupresores, están indicados para varias enfermedades autoinmunes y, de hecho, son fármacos de alto costo. “Buena parte de ellos son anticuerpos monoclonales que demandan gran inversión para su desarrollo”, explica la investigadora. Más allá del precio elevado, dice, viene registrándose un incremento en el uso de los inmunosupresores, probablemente como consecuencia del aumento del número de trasplantes, y de una mayor capacidad de diagnóstico de enfermedades autoinmunes.

Los medicamentos utilizados contra el cáncer también figuran entre aquéllos que aumentaron su precio en Brasil, siguiendo una tendencia mundial. Datos de 2015 registrados por la Sociedad Americana de Oncología muestran que en la actualidad el tratamiento contra el cáncer llega a costar alrededor de 10 mil dólares por mes, en promedio. “Las principales innovaciones en ese campo son las terapias de blancos moleculares, específicas para cada tipo de tumor y la inmunoterapia, que busca restablecer la respuesta inmunitaria del paciente contra el cáncer. Ambas estrategias se han mostrado eficaces y menos tóxicas que la quimioterapia clásica”, comenta Helano Freitas, coordinador científico de investigación clínica del A.C.Camargo Cáncer Center, de São Paulo. Según Freitas, los nuevos medicamentos para el cáncer están llegando al mercado brasileño con un costo de 30 mil a 35 mil reales por mes.

Freitas explica que su encarecimiento se debe, entre otros factores, al avance tecnológico y a las altas inversiones en torno a las nuevas terapias. “Con el avance de las medicinas de precisión, enfermedades comunes, como el adenocarcinoma de pulmón, se están transformando en múltiples dolencias raras, de acuerdo con el tipo de alteración molecular detectada”, dice Reis. En ciertos casos, explica, se pueden prescribir medicamentos específicos para un determinado perfil de enfermedad, elevando las chances de un control de la enfermedad a largo plazo. “La sociedad debe debatir los aspectos farmacoeconómicos en relación con estas nuevas terapias. Los resultados de esos tratamientos son alentadores, pero los costos se están tornando impagables”, advierte Reis.

La tendencia al crecimiento en los gastos farmacéuticos es algo notorio en todo el mundo, dice Tatiana Luz

La directora clínica del Hospital de Clínicas de la FM-USP, Eloísa Bonfá, sostiene que el desarrollo de las terapias de blancos moleculares es especialmente laborioso, involucra a la ingeniería genética y demanda grandes inversiones. “Eso genera un costo muy elevado y dificulta el acceso al medicamento, generando con frecuencia demandas judiciales de los pacientes que precisan medicamentos que no están incorporados al SUS”, informa. “Nuestra investigación incluye, en efecto, valores que hubo que erogar por vía judicial, aunque aún no sabemos los montos”, dice Tatiana Luz, de la Fiocruz. El fenómeno de la judicialización de la salud está presente en todo el país. Tan sólo en 2015, el gobierno paulista gastó 1.200 millones de reales en remedios e insumos para 57 mil pacientes que recurrieron a los tribunales (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 252).

“El estudio de la Fiocruz debe ser difundido ampliamente entre los funcionarios ejecutivos de la esfera federal”, sugiere Carlos Octávio Ocké-Reis, presidente de la Asociación Brasileña de Economía de la Salud e investigador del Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea, en portugués). Director del Departamento de Economía de la Salud, dependiente del Ministerio de salud, entre 2015 y 2016, Ocké-Reis afirma que varios actores del sistema de salud presionan al Estado para la incorporación de nuevos medicamentos. Entre ellos menciona al estrato médico, a los seguros de salud y a la industria farmacéutica. “Ciertas lagunas en el sistema regulatorio del SUS favorecen esa presión. Una de las propuestas reside en que el Estado aumente su capacidad regulatoria y, así pueda tener mayor fortaleza al momento de negociar con la industria y definir cuáles medicamentos estarán disponibles en el sistema público”, sugiere Ocké-Reis.

Artículo Científico
Chama, Borges Luz T. et al. Trends in medicines procurement by the Brazilian federal government from 2006 to 2013. PLoS ONE. Abr. 2017.