<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Revista Pesquisa Fapesp &#187; Zoología</title>
	<atom:link href="http://revistapesquisa.fapesp.br/es/tag/zoologia-es/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://revistapesquisa.fapesp.br/es/</link>
	<description>Revista Pesquisa Fapesp</description>
	<lastBuildDate>Wed, 22 May 2013 18:58:42 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.5.1</generator>
<xhtml:meta xmlns:xhtml="http://www.w3.org/1999/xhtml" name="robots" content="noindex" />
		<item>
		<title>Ramificaciones ancestrales</title>
		<link>http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2013/02/06/ramificaciones-ancestrales/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=ramificaciones-ancestrales</link>
		<comments>http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2013/02/06/ramificaciones-ancestrales/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 06 Feb 2013 17:05:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maria Guimarães</dc:creator>
				<category><![CDATA[Tapa]]></category>
		<category><![CDATA[Comportamiento]]></category>
		<category><![CDATA[Ecología]]></category>
		<category><![CDATA[Genética]]></category>
		<category><![CDATA[Zoología]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://revistapesquisa.fapesp.br/?p=105484</guid>
		<description><![CDATA[La divergencia de los monos capuchinos, tan antigua como la de los seres humanos y los chimpancés, se ve reflejada en la ecología y el comportamiento

]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_105485" class="wp-caption alignright" style="width: 300px"><img class="size-full wp-image-105485" title="" alt="" src="http://revistapesquisa.fapesp.br/wp-content/uploads/2013/02/018-019_CAPA-Macacos_196-1aa.jpg" width="290" height="225" /><p class="wp-caption-text">Desaparecidos durante siglos, los monos capuchinos dorados fueron redescubiertos hace pocos años</p></div>
<p>Los monos capuchinos y caiararas habitan en América Central, toda la Amazonia, el cerrado, la caatinga y todo el bosque atlántico, llegando hasta Argentina. Dentro de esa extensión, varían bastante en cuanto a forma, color, tamaño, preferencias alimenticias y comportamiento. Se trata de primates notables, con un sistema social complejo, y capaces de utilizar herramientas, lo que constituye una rara habilidad. Incluso frente a la gran variación entre especies, hasta hace poco los expertos clasificaban a los monos capuchinos y caiararas dentro del mismo género, <em>Cebus</em>, y buena parte de ellos estaba clasificada en los registros científicos con el nombre <em>Cebus apella</em>. En los últimos 10 años, la clasificación de estos primates ha sufrido una revolución, basada en el trabajo de investigadores brasileños y de otros países. “Su taxonomía todavía se regía por el trabajo de los naturalistas”, dice el primatólogo brasileño Jean-Philippe Boubli. “La era de la tecnología molecular está haciendo posible toda una reorganización”. Junto con su colega estadounidense Jessica Lynch Alfaro, de la Universidad de California con sede en Los Angeles, Boubli –en aquella época investigador en la Wildlife Conservation Society– organizó un simposio sobre esos primates durante un congreso realizado en Japón, en 2010. El encuentro, que reunió a los investigadores que estaban aportando novedades al conocimiento sobre estos primates, originó un número especial de la revista <em>American Journal of Primatology</em>, publicado en abril de este año.</p>
<p>Cuando estudiaba el comportamiento de esos monos en Caratinga, Minas Gerais, Lynch Alfaro observaba diferencias entre éstos y los de otras regiones, pero no conocía el contexto evolutivo como para evaluar de dónde provenían. “No sabíamos cuánto tiempo hacía que los grupos se habían separado o cuál es el parentesco entre ellos”, comenta. Ahora, el animal que ella estudiaba se denomina <em>Sapajus nigritus</em>, distinto a como se lo conocía, tanto en género como en especie. El puntapié inicial para el cambio fue sugerido por José de Sousa e Silva Júnior durante su doctorado, concluido en 2001 por la Universidad Federal de Río de Janeiro, quien propuso dos subgéneros: <em>Cebus</em>, para los caiararas, más esbeltos, distribuidos de la Amazonia hacia el norte, y <em>Sapajus</em> para los monos capuchinos, más robustos y frecuentemente caracterizados por un copete en la cabeza, diseminados desde la Amazonia hacia el sur. “Tuvo el coraje de plantear la división”, analiza Boubli, “pero ahora podemos ir más allá”.</p>
<p>Recién ahora, una década después, la subdivisión se ha ampliado con el trabajo de Lynch Alfaro, Boubli y otros colaboradores publicado el mes de febrero en la revista <em>Journal of Biogeography</em>. Mediante amplios análisis genéticos, realizados mayormente en el laboratorio de Lynch Alfaro, aunque también en el de Izeni Farias, de la Universidad Federal de Amazonas (Ufam), se demostró que <em>Cebus </em>y <em>Sapajus</em> son distintos a punto tal de considerárselos géneros diferentes, aunque de tamaño similar, ambos con algo más de 2 kilogramos. Pero específicamente, el estudio revela que sus linajes se separaron hace más de 6 millones de años, el mismo tiempo que separa el surgimiento de chimpancés y seres humanos a partir de un ancestro común. Esta modificación fue aceptada por la mayor parte de los primatólogos y se encuentra en la <em>Lista anotada dos mamíferos do Brasil</em> publicada en abril por Conservation International. Aunque no hay unanimidad, tal como es costumbre en el ámbito científico. En un comentario recientemente publicado en el sitio <em>web</em> de la <em>American Journal of Primatology</em>, Alfred Rosenberg, del Brooklyn College de Nueva York, sostiene que la división de los monos capuchinos y caiararas fue apresurada y hasta cierto punto innecesaria. Si bien no critica los fundamentos genéticos, Rosemberg argumenta que una subdivisión exagerada puede dar lugar a especies raras que aumentarían los recursos necesarios para su conservación, aunque no se justifique desde el punto de vista científico. El debate se orienta más hacia el campo filosófico, basado en la fluidez del concepto de especie, que no tiene fronteras definidas.</p>
<div id="attachment_114583" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://revistapesquisa.fapesp.br/wp-content/uploads/2013/02/018-019_CAPA-Macacos_196.jpg" rel="lightbox[105484]" title="Ramificaciones ancestrales"><img class="size-medium wp-image-114583" alt="018-019_CAPA Macacos_196" src="http://revistapesquisa.fapesp.br/wp-content/uploads/2013/02/018-019_CAPA-Macacos_196-300x220.jpg" width="300" height="220" /></a><p class="wp-caption-text">Ilustración: Amisha Gadani / Infografía: Laura Daviña</p></div>
<p>Lynch Alfaro está convencida de sus conclusiones. Mediante secuenciación genética y técnicas que permiten estimar cuándo ocurrieron las ramificaciones en el árbol genealógico de esos primates, todo ello relacionado con la geografía de su distribución actual, el grupo que ella lidera elaboró una propuesta sobre la trayectoria de estos animales en su transcurso evolutivo. La formación del río Amazonas creó una separación norte-sur que aisló a los primates que habitaban allí, generando la ramificación en la genealogía que originó a los <em>Cebus </em>y los <em>Sapajus</em>. Posteriormente, durante alrededor de 4 millones de años, no se sabe con certeza qué ocurrió. Recién hace unos 2 millones de años, el grupo que originó a los monos más robustos se diseminó por el bosque atlántico sin dejar descendientes en la Amazonia. La ocupación de toda la costa brasileña ocurrió velozmente y en junto a una gran diversificación de especies. Hace alrededor de 700 mil años, la expansión hacia el sur llegó a Argentina, en las cercanías de las cataratas del Iguazú, siguiendo luego hacia el norte y ocupando el cerrado, en la región central de Brasil. Después, hace unos 400 mil años, ellos llegaron nuevamente a la Amazonia, donde se reencontraron con sus parientes más delicados, que se habían propagado por la región norte, alrededor de los Andes, alcanzando el territorio de Costa Rica, en Centroamérica.</p>
<p>Esa reinvasión relativamente reciente de la Amazonia por parte de los monos capuchinos explica su baja diversidad en esa zona en cuanto a la cantidad de especies, y también la competencia que surge entre ambos géneros, que permanecieron separados durante millones de años. “Los <em>Sapajus</em> logran hacer uso de una mayor variedad de recursos, tales como partir frutos más duros”, explica Lynch Alfaro. Esto lleva a que, cuando coexisten con sus primos del norte –tal como es común en el oeste de la Amazonia entre los <em>C. albifrons</em>, y los <em>S. macrocephalus</em>–, la densidad de los más pequeños se reduzca. Boubli analizó en detalle la diversidad genética de los <em>Cebus</em>, en un artículo publicado en la edición especial de la <em>American Journal of Primatology</em>, y reveló que estos animales escasamente estudiados albergan una enorme diversidad. En opinión de Izeni Farias, responsable de los análisis genéticos, esto no constituyó una sorpresa. “La distribución es muy amplia, era de esperarse que hubiera una gran variación”, afirmó la genetista, quien coordina un proyecto del Sistema Nacional de Investigación en Biodiversidad (Sisbiota) que tiene por objeto catalogar la diversidad genética de los vertebrados amazónicos.</p>
<p>Experimentado en andanzas por el interior de la selva amazónica, Boubli toma al estudio genético como un punto de partida que indica la necesidad de nuevos estudios. “Los interfluvios de ríos tales como el Jaú, el Purus y otros, separan poblaciones que pueden quedar aisladas durante el tiempo suficiente como para convertirse en especies”, explica el primatólogo. Un ejemplo que observa es el de los monos de ambas orillas del río Negro, que se encuentran separados desde hace un millón de años, según los datos genéticos. “Observándolos, parecen iguales. ¿Serán dos especies distintas?</p>
<p><strong>A simple vista</strong></p>
<div id="attachment_105486" class="wp-caption alignright" style="width: 300px"><img class="size-full wp-image-105486" title="" alt="" src="http://revistapesquisa.fapesp.br/wp-content/uploads/2013/02/018-019_CAPA-Macacos_196-2a.jpg" width="290" height="396" /><p class="wp-caption-text">Sapajus libidinosus trepa un paredón en Serra da Capivara</p></div>
<p>En la amplitud tridimensional de la Amazonia, la recolección de material para realizar estudios genéticos resulta de por sí bastante difícil. Pero los estudios sobre ecología y comportamiento son mucho más complicados, por eso la casi total ignorancia al respecto de los animales que habitan allí. La mayor parte de los estudios que requieren observación se lleva a cabo en áreas de fácil acceso, donde los monos ya se encuentran habituados a la presencia humana. En Brasil, eso hace que los <em>Sapajus</em> sean mucho más estudiados que los <em>Cebus</em>. Y existe una variación importante entre una y otra especie.</p>
<p>Esa variación depende, en parte, del ambiente, tal como lo muestra un grupo liderado por Patrícia Izar, del Instituto de Psicología de la Universidad de São Paulo (IP-USP), en un artículo en la <em>American Journal of Primatology</em>. El equipo comparó <em>S. nigritus</em> del Parque Estadual Carlos Botelho, en el interior de São Paulo, y <em>S. libidinosus</em> de Fazenda Boa Vista, en el municipio de Gilbués, en Piauí. Las diferencias ecológicas son notables: una es una especie del bosque atlántico, que pasa la mayor parte del tiempo en la copa de los árboles, y la otra, de la caatinga, que utiliza más asiduamente la llanura en el entorno de una vegetación menos exuberante.</p>
<p>Quizá debido al ambiente más abierto, los primates nordestinos se mostraban más molestos ante la presencia de los investigadores, lo que a veces se traducía en gritos de alarma, como si se tratase de predadores. Esa mayor percepción del riesgo del entorno puede ser el motivo de que los grupos sociales sean más cohesionados allí que en la selva paulista. La disponibilidad de alimento, sorprendentemente menor en la selva más exuberante, también afecta la estructura del grupo, que en Carlos Botelho a menudo se dispersa en busca de un buen bocado. Las palmeras de la caatinga producen cocos de varios tipos, ricos en nutrientes y que exigen pericia de quien desea consumirlos: el uso de herramientas, un comportamiento común en los <em>Sapajus</em> pero nunca observado en los <em>Cebus</em>.</p>
<p>“Entre los monos arborícolas, los registros sobre el uso de herramientas son rarísimos”, comenta Tiago Falótico, del IP-USP. El investigador reveló, durante su trabajo de doctorado finalizado en 2011, bajo la dirección de Eduardo Ottoni, que más allá del aspecto ecológico, este comportamiento también sufre la influencia de la cultura grupal. “Los primates del Parque Nacional de Serra da Capivara cuentan con un instrumental mucho más variado que los de Gilbués”, añade, en referencia a dos ubicaciones en Piauí. En Gilbués, los cocos de <em>piaçava</em>, de <em>catulé</em> y de <em>catuli</em> pueden ser bastante grandes y difíciles de partir. Nada que amedrente a los <em>Sapajus libidinosus</em>, los monos capuchinos amarillos o monos silbadores: ellos utilizan piedras de hasta 3 kilogramos (prácticamente su propio peso), que levantan y arrojan sobre el coco apoyado sobre una roca plana. “A veces, las hembras necesitan saltar con la piedra utilizando la fuerza de la caída para lograr partir los cocos”, dice el investigador.</p>
<p>Pero la creatividad llega hasta ahí en Gilbués, mientras que los grupos de Serra da Capivara, que no cuentan con cocos para partir (aunque abren castañas de cajú o anacardo a pedradas), utilizan ese mismo tipo de herramienta para cavar en el suelo arenoso en busca de raíces y arañas que habitan en nidos subterráneos. Además, también tienen pericia para la confección y uso de varillas para extraer miel de las colmenas y sacar abejorros y otros insectos de los huecos en los troncos de los árboles. También utilizan largas varas para sacar lagartos de las hendijas en los paredones de piedra rojizos que se yerguen hasta 50 metros sobre el suelo. “La diferencia de comportamiento entre grupos de la misma especie en un ámbito similar indica que éstos pueden ser portadores de tradiciones transmitidas mediante un aprendizaje social”, explica Falótico. Otro uso curioso de herramientas se detecta en el repertorio de las hembras de un único grupo de Serra da Capivara: ellas les arrojan piedras a los machos para llamar su atención durante los pocos días que dura el celo.</p>
<p>Otro adepto al uso de herramientas es el mono capuchino dorado (<em>S. flavius</em>), estudiado en Rio Grande do Norte por Ricardo Emidio y Renata Ferreira, de la Universidad Federal de Rio Grande do Norte. Sobre esa especie, hasta hace poco tan sólo conocida por una pintura del siglo XVIII, se han realizado escasos estudios, a punto tal que nadie sabía si representaba a un animal existente.</p>
<p><strong>Habilidades alternativas</strong><br />
Aunque no utilizan herramientas a diario, los monos capuchinos de la selva también cuentan con habilidades manuales. Eso es lo que reveló el equipo del primatólogo Júlio César Bicca-Marques, de la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul (PUCRS), mediante experimentos con <em>Sapajus nigritus</em> en que depositó bananas en el interior de cajas de acrílico sobre plataformas en una propiedad privada de Porto Alegre. Desarrollado por el antropólogo Paul Garber, de la Universidad de Illinois y coautor del artículo, el experimento produjo resultados similares a los obtenidos por el estadounidense con <em>Cebus capucinus</em> en Costa Rica. Durante una primera versión del desafío, los monos necesitaban tirar de una varilla para hacer caer la banana y dejarla al alcance de las manos. Los dos machos del grupo aprendieron el truco con facilidad. Pero cuando el experimento se modificó, y la varilla debió ser empujada, el éxito no se repitió. No por falta de capacidad para solucionar problemas, según opina el investigador <em>gaúcho</em>. “La asociación resultó muy sencilla, pero ellos parecen necesitar más tiempo para aprender”, explica. En la próxima oportunidad, pretende comenzar el test por la segunda versión, para comprobar su hipótesis.</p>
<p>Otro tipo de herramienta, muy distinta, la constituye el hábito de frotar diversos objetos, tales como frutos o insectos, sobre el pelaje. Hasta hace poco, esa costumbre se observaba con mayor frecuencia en <em>Cebus</em> que en <em>Sapajus</em>. “Como es un comportamiento observado esporádicamente en <em>Sapajus</em>, casi nadie contaba con datos suficientes como para publicar”, comenta Jessica Lynch Alfaro, quien reunió las informaciones recabadas por diversos investigadores en una revisión.</p>
<div id="attachment_105487" class="wp-caption alignright" style="width: 300px"><img class="size-full wp-image-105487" title="" alt="" src="http://revistapesquisa.fapesp.br/wp-content/uploads/2013/02/018-019_CAPA-Macacos_196-3.jpg" width="290" height="219" /><p class="wp-caption-text">Las crías aprenden mediante la observación cercana</p></div>
<p>De modo general, el trabajo reveló que los <em>Cebus</em> demuestran una tendencia mayor que sus primos a frotarse en el pelaje casi todo lo que encuentran, con preferencia por el material vegetal, tal como ocurre con frutos cítricos y hojas. Ese comportamiento resulta más raro en los <em>Sapajus</em>, que, sobre todo en el bosque atlántico, circunscriben su uso a insectos. La elección del material para embadurnarse no deja de tener una influencia ecológica –lo que se encuentre encuentre disponible–, aunque una diferencia intrínseca entre ambos géneros resulta decisiva. “En el Parque Nacional Manu, en Perú, los <em>Sapajus</em> no se frotan, pero sí lo hacen los <em>Cebus</em>”, pone como ejemplo Lynch Alfaro.</p>
<p>Los monos capuchinos del bosque atlántico evidencian una marcada preferencia por las hormigas, tal como mostraron Tiago Falótico y su colega Michele Verderane, en un estudio llevado a cabo en el Parque Ecológico del Tietê, en São Paulo, y publicado en 2007. Fundamentalmente durante la estación seca, cuando proliferan las garrapatas, los primates agarran puñados de hormigas y se las refriegan meticulosamente por su cuerpo. “Las hormigas liberan ácido fórmico, que posee un efecto repelente contra las garrapatas”, comenta el investigador de la USP. Michele y él comprobaron ese efecto al untar la sustancia en un dedo e introducirlo en un frasco con garrapatas, en un experimento en el que contaban cuánto tiempo caminaban los parásitos sobre el dedo y qué distancia recorrían. Falótico observó el mismo comportamiento en Piauí, donde los primates también se frotan milpiés, que son fuente de benzoquinona, un repelente contra los mosquitos.</p>
<p>Otras observaciones que recabó Lynch Alfaro permitieron mapear el frotamiento en los monos capuchinos y demostrar que este procedimiento no se limita a una preferencia cosmética, sino que es de uso práctico e incluso medicinal. Un caso curioso es el de los <em>Cebus albifrons </em>que habitan dentro de una aldea de la Amazonia ecuatorial y suelen robar el jabón de lavar la ropa y utilizarlo para bañarse.</p>
<p>Se han descubierto muchas cosas nuevas en el reino de los monos capuchinos, aunque los expertos están lejos de mostrarse satisfechos. Según Lynch Alfaro y Boubli, tan sólo se ha revelado la punta del iceberg, lo cual indica cuánto queda aún por descubrir. En la Amazonia, donde el comportamiento y la ecología son prácticamente desconocidos, las informaciones genéticas constituyen una pista que indica que quizá haya especies a las que nadie otorga importancia. “Espero que las nuevas poblaciones y especies descubiertas promuevan la toma de decisiones para su conservación”, dice Jessica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Artículos científicos</em></p>
<p>LYNCH ALFARO, J.W. <em>et al</em>. Explosive Pleistocene range expansion leads to widespread Amazonian sympatry between robust and gracile capuchin monkeys. <strong>Journal </strong><strong> </strong><strong>of Biogeography.</strong> v. 39, n. 2, p. 272-88. Feb. 2012.<br />
BOUBLI, J.P. <em>et al</em>. Cebus phylogenetic relationships:  a preliminary reassessment of the diversity of the untufted capuchin monkeys. <strong>American Journal of Primatology.</strong>  v. 74, n. 4, p. 381-93. Abr. 2012.<br />
IZAR, P. <em>et al</em>. Flexible and conservative features of social systems in tufted capuchin monkeys: comparing the socioecology of <em>Sapajus libidinosus</em> and <em>Sapajus nigritus</em>. <strong>American Journal of Primatology.</strong> v. 74, n. 4, p. 315-31. Abr. 2012.<br />
GARBER, P.A. <em>et al</em>. Experimental field study of problem-solving using tools in free-ranging capuchins (<em>Sapajus nigritus</em>, formerly <em>Cebus nigritus</em>). <strong>American Journal </strong><strong> </strong><strong>of Primatology.</strong> v. 74, n. 4, p. 344-58. Abr. 2012.<br />
LYNCH ALFARO, J.W. <em>et al</em>. Anointing variation across wild capuchin populations: a review of material preferences, bout frequency and anointing sociality  in <em>Cebus</em> and <em>Sapajus</em>. <strong>American Journal of Primatology.</strong>  v. 74, n. 4, p. 299-314. Abr. 2012.
<p><a style="float:left" href="http://www.printfriendly.com/print/v2?url=http://revistapesquisa.fapesp.br/es/tag/zoologia-es/feed/" rel="nofollow"><img src="http://revistapesquisa.fapesp.br/wp-content/uploads/2012/04/ico_print_es.png" alt="Print Friendly"></a><span class='st_facebook_large' st_title='Ramificaciones ancestrales' st_url='http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2013/02/06/ramificaciones-ancestrales/' displayText='share'></span><span class='st_twitter_large' st_title='Ramificaciones ancestrales' st_url='http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2013/02/06/ramificaciones-ancestrales/' displayText='share'></span><span class='st_email_large' st_title='Ramificaciones ancestrales' st_url='http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2013/02/06/ramificaciones-ancestrales/' displayText='share'></span><span class='st_sharethis_large' st_title='Ramificaciones ancestrales' st_url='http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2013/02/06/ramificaciones-ancestrales/' displayText='share'></span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2013/02/06/ramificaciones-ancestrales/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Las rutas de los pumas</title>
		<link>http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2012/09/28/las-rutas-de-los-pumas/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=las-rutas-de-los-pumas</link>
		<comments>http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2012/09/28/las-rutas-de-los-pumas/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 28 Sep 2012 20:38:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maria Guimarães</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ecología]]></category>
		<category><![CDATA[Zoología]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://revistapesquisa.fapesp.br/?p=101913</guid>
		<description><![CDATA[Los felinos logran trasladarse por zonas de ocupación humana, pero su obstáculo son las carreteras]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_17360" class="wp-caption alignright" style="width: 300px"><img class="size-full wp-image-17360" title="052-055_sucuarana_199-1" alt="" src="http://revistapesquisa.fapesp.br/wp-content/uploads/2012/09/052-055_sucuarana_199-1.jpg" width="290" height="196" /><p class="wp-caption-text">El puma (Puma concolor), uno de los mayores predadores de América, aún resulta poco conocido para la ciencia brasileña</p></div>
<p>Los análisis genéticos están revelando algo de la historia y de la ecología del puma (<em>Puma concolor</em>), uno de los mayores felinos brasileños, solamente menor al yaguareté o jaguar (<em>Panthera onca</em>). Estos tímidos animales son altamente adaptables y habitan incluso en zonas con pocas selvas. Pero se topan con problemas tales como la caza y las carreteras, según está revelando el trabajo simultáneo de dos investigadoras que nunca se han encontrado personalmente: Camila Castilho, actualmente en la Universidad de São Paulo (USP), y Renata Miotto, hoy en día en la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq), también de la USP, con sede en la localidad paulista de Piracicaba.</p>
<p>Ambas estudian aspectos genéticos en poblaciones locales de pumas, arribando mayormente a resultados similares, según muestran el artículo de Miotto publicado en la revista <em>Conservation Genetics</em> en 2011, y el de Castilho, publicado este año en <em>Genetics and Molecular Biology</em>. El primer aspecto importante consiste en que existe una escasa diferenciación genética en las áreas estudiadas, que evidencia una población no fragmentada. Ello indica que estos animales logran recorrer grandes distancias manteniendo el flujo del material genético, pese a que no haya continuidad de selvas. Es un caso muy diferente del que se registrar con el yaguareté, que se arriesga muy poco fuera de las áreas selváticas y acaba quedando aislado en fragmentos y generando poblaciones diferenciadas, según revelan otros estudios.</p>
<p>En la práctica, el puma establece poblaciones continuas a lo largo de áreas extensas. En el caso de Castilho, quien desarrolló su trabajo durante el doctorado en la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), el área abarcaba gran parte de Santa Catarina, una porción del sur de Paraná y algunas muestras en el extremo norte de Rio Grande do Sul, con un total de más de 140 mil kilómetros cuadrados (km<sup>2</sup>). El estudio de Miotto, actualmente doctorando en la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), era más circunscrito, aunque nada diminuto: unos 1.700 km<sup>2</sup> del interior paulista que incluyen 15 municipios, entre ellos Ribeirão Preto, Rio Claro y São Carlos.</p>
<p>Otro hallazgo común a ambos estudios revela que recientemente, en algún punto del último siglo, hubo una drástica reducción en el número de pumas, aquello que los genetistas de poblaciones denominan cuello de botella poblacional. Al sufrir uno de esos cuellos de botella, la población pierde parte de su diversidad genética, lo cual en ciertos casos puede generar problemas. “La pérdida de genes es aleatoria y es posible que no se pierda nada importante”, explica Castilho, “pero la probabilidad de que haya algún problema es mayor”. Una problema sería que el animal no pueda contar con algún gen esencial para afrontar las alteraciones del ambiente. Hay algo que es seguro cuando se detecta un cuello de botella: ha ocurrido algún desequilibrio en la población, ya sea una reducción importante en su tamaño o, más raramente, una alteración drástica en la proporción entre machos y hembras.</p>
<p><strong>Cañamelar<br />
</strong>Ahí es donde comienzan las diferencias entre ambos estudios. El interior de São Paulo, donde trabaja Miotto, se encuentra cubierto por plantaciones de caña de azúcar. “La mayor parte se plantó entre los años 1960 y 1970, en función del Proálcool [Programa nacional de Alcohol]”, informa la investigadora. “Los datos genéticos indican que el cuello de botella puede haber sucedido en esa época”. En ese caso, muchos pumas habrían muerto durante ese período de intenso desmonte, y luego, gradualmente, la población habría vuelto a aumentar, a medida que sus presas se fueron adaptando a vivir en los cañamelares. “La dieta de los pumas de la región consiste principalmente en armadillos, ciervos, carpinchos y otros roedores”, comenta. Son animales que aparentemente se están adaptando muy bien a la agricultura, algunos de ellos incluso consumen caña de azúcar. Al haber abundante alimento, los pumas fácilmente pueden vivir en la región, sin representar problemas para los dueños de las plantaciones.</p>
<p><a href="http://revistapesquisa.fapesp.br/wp-content/uploads/2012/09/052-055_sucuarana_1994.jpg" rel="lightbox[101913]" title="Las rutas de los pumas"><img class="wp-image-117120 alignleft" alt="052-055_sucuarana_199" src="http://revistapesquisa.fapesp.br/wp-content/uploads/2012/09/052-055_sucuarana_1994.jpg" width="357" height="286" /></a></p>
<p>El gran problema que enfrentan actualmente esos animales son las carreteras transitadas, prácticamente infranqueables por pedestres –sean ellos humanos o felinos–, que atraviesan el estado. Esto puede bloquear el derrotero de los pumas y, con el tiempo, reducir su variabilidad genética.</p>
<p>Más allá de limitar el tránsito de estas felinos, los atropellamientos constituyen una importante causa de mortalidad. “Los machos jóvenes, que se desplazan lejos del área donde nacieron, son las principales víctimas”, dice Miotto. Entre los 23 animales atropellados de su muestreo, 16 son machos. El puma Anhanguera, apodado así en 2009, con el nombre de la carretera donde fue atropellado, en el interior paulista, era precisamente un macho joven. “Esa mortalidad diferencial puede alterar la proporción sexual, lo cual puede detectarse como un cuello de botella”. Esto sucede porque ellos son los emisarios del material genético, dado que se desplazan hacia una zona lejana donde finalmente se establecen y aparean.</p>
<p>Las hembras permanecen en las cercanías del sitio donde nacieron, según demostró Miotto mediante sus cinco años de monitoreo en la Estación Ecológica de Jatai, en el municipio de Luis Antônio, cerca de Ribeirão Preto. En el transcurso de ese período, ella recorrió sendas y recolectó excrementos frescos, de donde extrajo material genético. Los datos, que fueron publicados este año en la revista <em>Biotropica</em>, revelan que todos los pumas residentes son hembras.</p>
<p><strong>Ganado<br />
</strong>En la región sur, Castilho se topó con una relación más conflictiva entre los seres humanos y el <em>leão-baio</em>, tal como se lo conoce al felino en tierras catarinenses. Ahí se crían varios tipos de ganado –vacas, cabras y ovejas– en forma extensiva, con los animales siempre sueltos pastando. Más allá de las pacas, agutíes y venados, los animales domésticos acaban convirtiéndose en buenos bocados para los pumas, que enseguida se enfrentan con el ganadero armado. “Aunque su caza sea ilegal, sabemos que ocurre a menudo en esa región”, informa Castilho, que poco a poco venció la desconfianza y logró que los dueños de los campos le cediesen muestras de los pumas cazados, para extraer material genético. La zona de estudio de la investigadora se concentró en el sur de Santa Catarina, donde las propiedades se extienden por llanuras de montaña con vestigios de selva –denominadas <em>capões</em>– en medio de las pasturas. Es en esos montes, y en las selvas que bordean los ríos, que los pumas se refugian y donde a veces encuentran alguna cabra o ternero que también busca albergue.</p>
<p>Tal como en São Paulo, los datos aportados por Castilho revelan que el cuello de botella poblacional ocurrió durante el último siglo, coincidiendo con la gran tala de la selva de araucarias que caracterizaba a la región. Actualmente, la caza parece ser la responsable por la mayor parte de la mortalidad allí, y no la falta de hábitat. “La conectividad no parece constituir un problema”, comenta Castilho. Por medio de modelos ecológicos que analizan el paisaje, ella sugiere, en un artículo de 2011 en la revista <em>Mammalian Biology</em>, que no hay impedimento para que esos animales se desplacen por toda su área de estudio, que abarca buena parte de la región sur del país. Un dato genético que confirma esta idea es el bajo parentesco entre los individuos que logró analizar. “Tan sólo un 6,6% de los individuos que analizamos se hallaban emparentados”, comenta. Para ella, es necesario concientizar a los hacendados sobre la importancia ecológica de los grandes predadores y buscar soluciones, tales como la construcción de corrales donde el ganado pueda pasar la noche.</p>
<p>Aunque nunca hayan conversado, ambas investigadoras continúan por caminos paralelos. Ellas, actualmente en el posdoctorado, dejaron la genética de lado para concentrarse en el análisis del paisaje. “Son abordajes complementarios”, explica Castilho. Ante los informes recabados de la distribución de la variación genética, surgieron nuevas preguntas que las indujeron a intentar entender el ambiente por donde los pumas circulan, para detectar los problemas que enfrentan y proponer soluciones para mantener poblaciones viables de este gran felino que habita casi toda América, excepto buena parte de Argentina y la mitad este de América del Norte.</p>
<p>Actualmente ellas trabajan en São Paulo: Miotto está elaborando un banco de datos sobre la cobertura vegetal y la ocupación de la misma región que examinó hasta ahora, que incluye un mapeo minucioso de la red vial y del flujo de vehículos, que en conjunto con los datos genéticos formarán un modelo de dispersión. Simultáneamente compila datos de atropellamientos y, con la ayuda de la Policía Forestal, engrosa su colección de muestras genéticas. “A partir de esos modelos, pienso analizar las rutas preferenciales de desplazamiento de los pumas, para definir qué puede hacerse en términos de manejo del paisaje”, explica. Castilho concentra su proyecto en el mosaico de las sierras de Bocaina y Mantiqueira, en el nordeste paulista, que incluye la región de São José dos Campos. En esa región, evaluará el hábitat disponible y las posibilidades de desplazamiento de los pumas. “Determinaré valores de permeabilidad para detectar las áreas prioritarias en términos de conservación”.</p>
<p>En conjunto, los dos proyectos pueden contribuir para reducir el desequilibrio que existe entre América del Norte y Sudamérica en lo que respecta al conocimiento de este imponente predador. Tal vez también se logren propuestas para prácticas ganaderas que mejoren la convivencia entre productores y predadores, y pasarelas o túneles para la travesía de los pumas.</p>
<p><em>Artículos científicos</em><br />
CASTILHO, C. S. <em>et al</em>. Genetic structure and conservation of Mountain Lions in the South-Brazilian Atlantic Rain Forest. <strong>Genetics and Molecular Biology</strong>. v. 35 (1), p. 65-73. 2012.<br />
CASTILHO, C. S. <em>et al</em>. Landscape genetics of mountain lions (<em>Puma concolor</em>) in southern Brazil. <strong>Mammalian Biology</strong>. v. 76 (4), p. 476-83. 2011.<br />
MIOTTO, R. A. <em>et al</em>. Monitoring a puma (<em>Puma concolor</em>) population in a fragmented landscape in Southeast Brazil. <strong>Biotropica</strong>. v. 44 (1), p. 98-104. 2012.<br />
MIOTTO, R. A. <em>et al</em>. Genetic diversity and population structure of pumas (<em>Puma concolor</em>) in southeastern Brazil: implications for conservation in a human-dominated landscape. <strong>Conservation Genecits</strong>. v. 12 (6), p. 1.447-55. 2011.
<p><a style="float:left" href="http://www.printfriendly.com/print/v2?url=http://revistapesquisa.fapesp.br/es/tag/zoologia-es/feed/" rel="nofollow"><img src="http://revistapesquisa.fapesp.br/wp-content/uploads/2012/04/ico_print_es.png" alt="Print Friendly"></a><span class='st_facebook_large' st_title='Las rutas de los pumas' st_url='http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2012/09/28/las-rutas-de-los-pumas/' displayText='share'></span><span class='st_twitter_large' st_title='Las rutas de los pumas' st_url='http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2012/09/28/las-rutas-de-los-pumas/' displayText='share'></span><span class='st_email_large' st_title='Las rutas de los pumas' st_url='http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2012/09/28/las-rutas-de-los-pumas/' displayText='share'></span><span class='st_sharethis_large' st_title='Las rutas de los pumas' st_url='http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2012/09/28/las-rutas-de-los-pumas/' displayText='share'></span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://revistapesquisa.fapesp.br/es/2012/09/28/las-rutas-de-los-pumas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

<!-- Performance optimized by W3 Total Cache. Learn more: http://www.w3-edge.com/wordpress-plugins/

Page Caching using memcached
Object Caching 574/610 objects using memcached

 Served from: revistapesquisa.fapesp.br @ 2013-05-22 16:01:42 by W3 Total Cache -->