Imprimir

Historia

Banderas de colores diferentes, pero con el mismo ideal

Un estudio compara movimientos de izquierda en Brasil y en Italia en el período de posguerra

Marx llegó a Brasil a través de los mares, puestos que los fundadores del socialismo por estos lares llegaron en barco. Los inmigrantes italianos fueron los responsables de las tentativas de “concientización del proletariado” y de las primeras huelgas. Esa estrecha relación entre militantes ítalo-brasileños en la São Paulo de inicios de siglo acabó por quedar congelada en el tiempo. Cerca de 1930, cuando concluyó el período de la inmigración extranjera masiva, pese a la gran presencia de italianos aquí no hubo ninguna tentativa de formación de partidos de izquierda con la colaboración de líderes de ambos países.

Es esa singularidad histórica lo que Alexandre Hecker presenta en la investigación La Fuerza del Modelo: Historia Comparada del Socialismo en Brasil y en Italia. En el proyecto, que contó con el apoyo de la FAPESP, Hecker analiza la historia de las izquierdas en Brasil y en Italia en el período comprendido entre la segunda posguerra y los años 60. Se trata de una escritura del “político” y no de la “política”. “La intención no fue hacer una historia de las instituciones, solo la de los partidos y sindicatos. Se trata de una incursión por la historia ‘del político’, porque es una definición más amplia, abarca la historia del militante como persona, su cotidiano, sus aflicciones, sus relaciones con los otros, su cultura política…”, explica Hecker, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), de Assis.

Hecker ya había investigado en su tesis de doctorado – que se transformó en el libro Socialismo Sociable: Historia de la Izquierda Democrática en São Paulo (1945-1965) (Ed. Unesp) – la historia de la izquierda en São Paulo, pero sintió la necesidad de llenar una laguna en la bibliografía brasileña y avanzar en la comparación con regímenes partidarios e ideológicos. “Llega a ser impresionante, pero no se conoce para la izquierda brasileña ningún trabajo de historia comparada con semejantes características”, resalta el investigador.

Para componer el trabajo, más allá de las vivencias y del diálogo con militantes brasileños e intelectuales de São Paulo como Antonio Candido, Jacob Gorender, entre otros, Hecker pasó seis meses en Italia. La permanencia en la Universidad de Milán entre 1997 y 1998 le permitió entrar en contacto con especialistas en historia de la izquierda italiana de la posguerra, como Alceo Riosa y Aldo Agosti. Hecker también participó en debates e investigaciones en diferentes centros de estudios, como la Fundación Giacomo Brodolini, organismo oficial del gobierno italiano para fomentar de estudios y divulgar temas relacionados con la historia del movimiento obrero italiano e internacional y de la cultura obrera; y la Giangiacomo Feltrinelli, fundación particular, pero de interés público, que constituye un de los más relevantes centros de estudios y orientación de investigaciones relativas a la historia del socialismo y del movimiento obrero italiano e internacional, entre otros centros de documentación.

El resultado fue la reunión de un considerable acervo (cerca de 200 títulos), entre libros, periódicos, revistas, documentos filmados y fotocopias. “Es un material sin similares en instituciones públicas o particulares en Brasil”, afirma Hecker. Entre las curiosidades se encuentran textos inéditos y manifiestos de época, iconografía, caricaturas y una serie de referencias simbólicas a los años de militancia de la izquierda. Hecker pretende, apenas acabe con la catalogación, poner a disposición las obras en el Centro de Documentación y Memoria (Cedem) de la Facultad de Ciencias y Letras de laUnesp.

Hecker también está acabando dos libros. Uno de ellos, que se basa en las teorizaciones de las Historia Comparada, contendrá traducciones de textos inéditos en portugués, como los de Marc Bloch. Tal compilación será realizada en asociación con la profesora de Historia de América de la USP Maria Lígia Coelho Prado. La otra obra será el resultado de la investigación comparativa entre los partidos de izquierda del Brasil y de Italia.

Comparando historias
La principal dificultad del trabajo, según Hecker, fue la de hallar una metodología de apoyo. “No hay ningún trabajo en Brasil que trate la cuestión del método de la historia comparada”, observa. La comparación es un procedimiento común, que siempre formó parte de la investigación histórica, ya sea para efectuar perfiles de líderes políticos de diferentes épocas y lugares como para fechar documentos y otorgarles autenticidad. No obstante, la teorización como método científico es relativamente reciente. Solo fue posible en este siglo gracias a los movimientos franceses, fundamentalmente a través de los escritos del historiador Marc Bloch.

“Opté por aquello que Bloch denomina comparación sincrónica, es decir, investigar sociedades o situaciones históricas sometidas a las mismas causas o derivadas de un origen común y apuntar en ellas las semejanzas y diferencias”, explica. El resultado, a diferencia de cuando se trabaja con sociedades muy distintas en el tiempo y en el espacio – método recurrente en la antropología, para, por ejemplo, aproximar las sociedades primitivas a las actuales -, consiste en que la afinidad temporal hace que sea más fácil reconocer lo que jamás se ha visto. Y lo singular es el propósito de la historia, por definición.

Estudiar la formación político-partidaria de las izquierdas en Brasil y en Italia en el período posterior a la Segunda Guerra parecía un objeto de estudio altamente instigador. “Se trataba de instituciones semejantes en el contenido y en la disposición político-partidaria, pero que no mantuvieron ningún contacto entre sí. El interés era reconocer los modelos de respuestas construidas por los socialistas para explicar las mismascrisis que vivenciaron”

Izquierda, volver
El punto de partida del trabajo fue 1945, fecha de la creación del Partido Socialista Brasileño en San Paulo y del Partido Socialista Italiano recreado en Roma, inmediatamente después de la guerra. “Son partidos que nacen del mismo peldaño marxista, de las mismas propuestas políticas y del afán de representar al proletariado, pero no tienen puntos de contactos directos. Los socialistas de acá no frecuentaban a los de allá y viceversa. No existe intercambio de literatura, incluso porque en Brasil siempre tuvieron más importancia las lecturas vinculadas a Francia y Estados Unidos”.

Italia llegaba al final de la Segunda Gran Guerra sin una unidad nacional y bajo la sombra del fascismo. El ambiente era más que propicio para la izquierda. “Los frentes militares y de autoridad interna del régimen italiano parecían desgastados, permitiendo incluso una gran demostración de desagrado de los obreros que, en las mayores ciudades del centro y del norte, declaraban huelgas como no se veían hacía más de 20 años”, observa Hecker. Las palabras de orden de la izquierda, tales como “tierra para todos”, les encantaron a las masas rurales.

En ese ambiente, todas las fuerzas antifascistas (comunistas, socialistas, demócratas cristianos y liberales) inician la “lucha por la resistencia”. En 1946, la lucha por la unidad nacional converge en los tres partidos de masas recién nacidos: la Democracia Cristiana, el Partido Socialista Italiano de Unidad Proletaria y el Partido Comunista Italiano. Los partidos cobraron extrema fuerza en el proceso de consolidación de la democracia. Italia es considerada hasta hoy, una “partidocracia”. “La patria era el partido que exigía una identificación primeramente católica, comunista o socialista y solo después italiana”, dice Hecker.

Pese a la ausencia de contactos directos entre las instituciones políticas de ambos países, se formaron culturas socialistas similares, sometidas a las mismas exigencias de las crisis del período. “El Partido Socialista Brasileño, por ejemplo, que durante décadas buscó soluciones para la situación bipolar de la Guerra Fría, recibió en su sede, en San Paulo, a militantes provenientes de Argentina, España, Francia e Inglaterra, pero jamás de Italia”, recuerda Hecker. No había intercambio de líderes, tampoco de teorías específicas. El pensador marxista Antonio Gramsci solo fue traducido en Brasil en los años 60 y cobra notoriedad en los medios intelectuales en la década del 70. “Sus obras fueron ocultadas durante mucho tiempo. Incluso en Italia, Gramsci quedó relegado a un contexto provinciano en los años 50. Sus textos permanecieron escondidos en el Partido Comunista Italiano, porque eran críticos al régimen soviético, y eso no era interesante para los militantes.”

De la hoz al martillo
Ya muy tempranamente, el PCI sostenía con fuerza la postura de que el movimiento comunista internacional debía de ser policéntrico, con cada partido haciendo su propio camino y adoptando cierta independencia con relación a Moscú. La investigación de Hecker cuestiona esa visión: “Esa visión policéntrica del comunismo italiano solo se da de hecho en los años 70. Antes, muy por el contrario, el gran líder Palmiro Togliatti y toda la estructura comunista italiana es extremadamente tributaria de Moscú, no da un paso sin seguir los moldes de la URSS”.

En Brasil, el emblema de la hoz y el martillo no fue seguido a rajatabla. “El socialismo de São Paulo después de 1945 es, a diferencia del comunismo, un movimiento contra la URSS. Pero en Italia, hasta la desestalinización, si agarramos los periódicos socialistas italianos, solo encontramos hoz y martillo. Eso es muy curioso. El trabajo fue muy útil para entender cómo a partir de bases comunistas comunes los socialistas de Brasil divergen diametralmente”, dice Hecker, destacando una de las cuestiones inéditas del trabajo.

“En Italia, algunas manifestaciones del marxismo fueron casi las de una religión laica; en Brasil, no existen esas raíces más primitivas de dogmatismo religioso, por lo menos entre los socialistas no comunistas”, advierte Hecker. Allá, esas manifestaciones tenían sus mártires, y la idea de que un intelectual que nace burgués, al adoptar la causa de la clase obrera debe convertirse, incluso a la creencia de que uno de los primeros socialistas del mundo fue Cristo. En el caso de la formación del socialismo en São Paulo, está es ligada al pluralismo democrático de los intelectuales que lo formaron y a la idea de democracia popular.

Milagro económico
La economía a mediados de los años 50 pasó por una aceleración inusitada que provocó alteraciones no solo en los niveles de urbanización y de consumo y en la salud, sino también en áreas significativas de la actividad cultural, como la televisión y el cine. Tanto Brasil como Italia pasaron por un “milagro económico”. “La efervescencia del consumo en Italia era mostrada por la Lambreta. Todo italiano pasó a tener su Lambretita y a hacer pick nicks. El cine italiano también hace eclosión en esa época”, recuerda el investigador. Por otra parte, se dice que ningún país del mundo creció tanto en los años 50 como Brasil. En los tiempos de Juscelino Kubitschek, el país crece a un ritmo alucinante de entre el 7% y el 8% de su PBI.

Ese boom capitalista lleva a que las izquierdas de Italia y de Brasil sigan rumbos diferentes. “En Italia, hubo una alianza de los socialistas con grupos más conservadores como la democracia cristiana, lo que los llevó a ablandar su afán revolucionario y a candidatearse al poder, lo que acabó por ocurrir en 1963. En Brasil, los comunistas y los socialistas se aproximan al poder en la misma época, con el presidente João Goulart, pero la salida es totalmente diferente. Mientras Italia avanza hacia una democracia cada vez más diseminada, Brasil cae en una dictadura, con las izquierdas perseguidas y exterminadas. Ese paralelismo puede ayudarnos a entender nuestras especificidades”, alerta Hecker.

¿Una ideología derrotada?
Tras la caída del Muro de Berlín y el colapso del comunismo, muchos insisten en ver la historia como una calle de mano única. Contradiciendo los certificados de defunción del socialismo, los partidos de oposición se mantienen con fuerza en Italia y están emergiendo más recientemente en Brasil. En varias capitales brasileñas, los movimientos de izquierda salieron fortalecidos tras las elecciones municipales de este año y los partidos ya se preparan para una eventual llegada al poder. Para Hecker, existe una senda posible para la izquierda en el futuro, pero si ella cuenta con referencias en el pasado debe volcarse hacia lo nuevo. “El PT (Partido de los Trabajadores) tiene alguna cosa del viejo partido socialista cuyo lema era: ‘socialismo y libertad’.

En una época en la que no había libertad, las izquierdas siempre tendieron a valorizar de la tríada de la Revolución Francesa la igualdad, mientras que los liberales enfatizaban la libertad”, analiza. “Aun así su viabilizaciónpasa por la búsqueda de un nuevo camino.” En Italia, la llegada de líderes socialistas tuvo resultados contradictorios como el de Bettino Craxi. “El tomó el Estado y lo transformó en uno de los más corruptos del planeta, y, recordemos, era ‘socialista’. Fue un proceso traumático para Italia, pero la izquierda socialista sobrevivió. Hoy está D’Alema, que no es más un comunista, incluso porque debemos colocar todas esas palabras conceptuales bajo la luz de la crítica”, advierte.

Aún hoy la política italiana depende de los partidos, que forman un verdadero mosaico, con más de 30 siglas. Un sistema más cercano al bipartidarismo americano no significa necesariamente eficiencia: “Nosotros, los brasileños, vivimos quejándonos de que nuestros partidos no tienen una estructura organizada o una propuesta de gobierno, pues siempre quedamos en la dependencia de personas; el Partido Liberal dependiendo de ACM (el senador bahiano Antônio Carlos Magalhães), el Partido del Movimiento Democrático de sus caciques y así sucesivamente. Italia, en lo que se refiere a partidocracia, continúa siendo un referente válido”.

Si el diagnóstico es que los partidos, gobiernos e ideologías deben ser reinventados, ¿existe todavía espacio para las utopías? “Debemos buscar puntos de acercamiento entre individualismo y sociedad, pues hay espacio para los dos. La globalización trae maleficios, pero también beneficios”, dice Hecker. Hoy, observa, es más difícil, por ejemplo, ser un dictador, porque los procesos son mucho más visibles (veamos los casos de Pinochet y Fujimori). Hay una democratización por la vía de la comunicación, con Internet, con la diseminación de la TV, con la TV por cable.

En el Este Europeo fue la televisión quien organizó a la gente para derribar a los gobiernos que se autodefinían como comunistas. Todo eso puede permitir una cierta ciudadanía universal, según el investigador. “Quizás se pueda sustituir el viejo patriotismo relacionado a la nación por un patriotismo ligado al pertenecimiento a la democracia”. En los días de hoy, dice, ya no es una quimera conjeturar la posibilidad de formar un tribunal universal de derechos humanos. “Quién sabe si no será necesario decir, en el futuro, soy ‘brasileño’, pero soy de ‘una gran ONG mundial que lucha por la defensa de la democracia’. En vez de pertenecer a un país, perteneceríamos a un Estado de Derecho Internacional con credencial de afiliación y todo”.

Por todo eso, el socialismo no es una doctrina en extinción: “Hasta que se encuentre otro vocablo, el socialismo va continuar significando la búsqueda de una sociedad más justa y su posible encuentro”.

El proyecto
La Fuerza del Modelo: Historia Comparada del Socialismo en Brasil y en Italia (nº 97/03825-6); Modalidad Bolsa de pos doctorado; Coordinador
Alexandre Hecker – Departamentode Historia de la Facultad de Ciencias y Letras de la Unesp – Assis; Inversión R$ 15.000,00

Republish