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Especial

Las condiciones para mejorar ya están apareciendo

Grynszpan trabaja actualmente como consultor y es director titular adjunto del Departamento de Tecnología (Detec) de la Federación de Industrias del Estado de São Paulo (Fiesp), grupo que realiza importantes trabajos, entre otros, en los campos de la innovación tecnológica, transferencia de tecnología, diseño y metrología. Grynszpan fue también representante de la comunidad empresarial en el consejo deliberativo del Consejo Nacional de Investigaciones (CNPq, sigla en portugués). Mientras estuvo en Motorola, impulsó diversos trabajos de asociación entre la empresa y las universidades.

El proceso de globalización obligó a las industrias brasileñas a participar de manera más activa en el mercado mundial. Ellas percibieron que, si no pusiesen en práctica otros patrones de desarrollo industrial, no serían competitivas en el nuevo escenario económico. Así, las industrias brasileñas, especialmente las de São Paulo, están siendo obligadas a desarrollar nuevos estándares. Al mismo tiempo, está comenzando a aparecer en Brasil cada vez con mayor frecuencia un ente antes extraño: las empresas multinacionales.

Aún no entendemos muy bien a ese actor, pese a su presencia cada vez mayor en la escena. Es importante recordar que esas empresas son de fuera, pero precisan nacionalizarse para operar eficientemente en Brasil. Esto quiere decir que ellas ya superaron la fase de empresa nacional en un propio país operando fuera de sus fronteras, y ahora están en la fase de empresa internacional. Con su sorprendente crecimiento, ahora necesitan desarrollar bases locales en varios países.

Brasil tiene grandes posibilidades de servirles de base a varias multinacionales. Esas empresas, especialmente las de los sectores más dinámicos de la economía, invierten en investigación y desarrollo y son fuertes inversoras en el área. Y eso para Brasil puede ser muy bueno. Si la única participación de esas empresas en Brasil llega a ser ensamblar, fabricar y utilizar la mano de obra disponible en el mercado brasileño, el país estará perdiendo un papel importante de la multinacional, el que le cabe como fomentadora e inductora de la investigación y el desarrollo. Principalmente es necesario crear mecanismos para que las multinacionales traigan sus centros de investigación a Brasil.

Dicho centros de investigación, además de los beneficios derivados de las propias investigaciones, absorben mano de obra calificada. Ya pasó el tiempo en el cual existía la visión de que las multinacionales efectuaban investigaciones centralmente y utilizaban los mercados en las puntas. Eso tal vez haya sido así en la década del 70. Actualmente no lo es más. No es más posible hacer investigaciones centralmente. Las multinacionales distribuyen hoy sus investigaciones por todo el mundo. Resta saber cuántas de ellas vendrán a Brasil.

Las cosas en el mundo ocurren muchas veces con mayor simplicidad de lo que se imagina. Vi muchos casos en lo que se lograron cosas porque un presidente, un gobernador o un diputado fue al lugar debido y lo pidió. Vi a los primeros ministros de Malasia y la India en el Silicon Valley pidiéndoles a las empresas de informática que se instalaran en sus países. Eso no es nada fuera de lo común. Funciona fácilmente un esquema en el cual un lugar planea construir un centro de investigación y uno de sus dirigentes va a negociar directamente la participación de una empresa en ese centro. Es como en el fútbol. Quién pide la pelota, tiene prioridad para recibirla.

Un problema es que eso exige atención para el desarrollo a largo plazo. El telón de fondo es mayor que la mera inducción para la instalación de un centro de investigación. Por ejemplo, es necesario saber cómo ese centro se esparcirá por el resto de la cadena y como la cadena de proveedores podrá aprovechar ese centro para expandir sus operaciones. El centro, además, puede quedar supeditado a las investigaciones realizadas en otros países, no a las que se realicen en Brasil. Es necesario que haya una política. No basta con poner el instrumento sobre mesa. Él por si solo no será suficiente.

Llegó la hora, también, de que la industria brasileña cambie su perfil de competitividad. Ya no son más suficientes los mecanismos macroeconómicos. La industria se rigió durante mucho tiempo por las políticas gubernamentales de cambio desfasado, lo que tullía su competitividad, y por la de intereses altos, que impedía dicha competitividad. La industria brasileña tiene un lista de 200 argumentos para mostrar por qué no es competitiva. Pero la verdad es que esos argumentos están desvaneciéndose con el paso del tiempo. El cambio se alteró, los intereses bajaran. La industria comenzó a notar que estamos entrando en un momento en el cual el argumento más importante para la competitividad va a dejar de ser la macroeconomía para ser el origen de todo: la tecnología.

Sin tecnología no es posible ser competitivo, por los menos en los sectores dinámicos de la economía. La importancia de la tecnología ya ha comenzado a ser percibida por parte de las industrias. El año pasado, la Fiesp preparó un documento llamado “Un proyecto para Brasil, Desarrollo Sostenible con Responsabilidad Social” . El documento presenta un proyecto para el desarrollo industrial de São Paulo, con repercusiones en toda la industria nacional. El sesgo tecnológico es evidente en sus términos.

Voy a abrir un paréntesis. Un estudio realizado en São Paulo, que no llegó a ser muy difundido, muestra que en todos los países desarrollados el gobierno ayuda directamente a las empresas en el desarrollo tecnológico. Es necesario definir esa ayuda. No es una financiación. Es una ayuda a la empresa para que ésta desarrolle tecnología y sea capaz de competir por el liderazgo en el mercado internacional. La Organización Mundial del Comercio (OMC) no permite que los gobiernos ayuden a las empresas en las etapas posteriores del proceso industrial, incluso para exportar ohacer marketing.

Pero no prohibe la ayuda para el desarrollo tecnológico, incluso porque los países más adelantados hacen eso naturalmente. Es decir, no se puede apoyar o financiar en la punta, en la venta, como muestra el ejemplo de Embraer. Pero se puede financiar en la base. En Brasil, sin embargo, existen aparentemente impedimentos para ello. Las leyes brasileñas procuran evitar, de manera muy incisiva, que el gobierno apoye directamente a las empresas privadas, incluso en el estímulo a los trabajos de investigación y desarrollo en el sector industrial. Es decir: Brasil sufre en los acuerdos internacionales, no ocupa el espacio dejado abierto por la OMC y, es más, adopta reglas internas que dificultan esa ocupación.

Y hay otros problemas. Los estados del norte y del nordeste están mejor preparados que São Paulo para la disputa política en el seno del Congreso Nacional. Esos estados formaron lobbies que están empeñados en crear leyes que favorezcan directamente a aquellas regiones, tendientes a achicar las diferencias regionales. Existen mecanismos partidarios y también suprapartidarios. Por ejemplo, en la defensa de los intereses de la Zona Franca de Manaos durante la discusión de la Ley de Informática, los argumentos esgrimidos por un diputado del PFL (Partido Liberal) de Amazonas son iguales a los utilizados por un diputado del PT (Partido de los Trabajadores) del mismo estado.

Esa acción en el Congreso ya está influyendo en los Programas de investigación y desarrollo. En el fondo del petróleo, está establecido que el 40% de las partidas irán obligatoriamente al nordeste. Lo mismo está determinado para los futuros fondos, que en última instancia van ser los principales mecanismos de fomento federal a la ciencia y la tecnología. Empero todos pretendamos avanzar en la disminución de las diferencias regionales, no podemos cubrirnos la cabeza y descubrirnos los pies. Es decir, necesitamos en verdad aumentar los recursos para Investigación y Desarrollo en todas las regiones. Y necesitamos el apoyo de la bancada paulista en nuestras iniciativas locales.

Es importante también definir prioridades. Es imposible ser el mejor en todo. El proceso de definición prioridades es complicado. La Federación de Industrias del Estado de São Paulo (Fiesp) propone, por ejemplo, que éstas se fijen en las áreas en las que la balanza de pagos es deficitaria. Otra prioridad importante puede ser la del desarrollo tecnológico ligado a la generación de empleos. Existen varias ideas, pero no podemos meter todo en la misma bolsa.

No se trata de un caso en el cual la nivelación produce resultados. Brasil debe comenzar con un número pequeño de prioridades y concentrar sus focos en esas prioridades. Tenemos varios planes y varias ideas, pero pocos resultados. Uno de los motivos por los cuales los resultados son pequeños es que el país apunta al mismo tiempo en diversas direcciones.Un mecanismo ya utilizado es el financiamiento universidad-empresa. Idealmente, ese financiamiento sería una manera de compensar el riesgo y los altos intereses.

La parte de la universidad entra a fondo perdido, la de la empresa es un financiamiento. Aparentemente, esa combinación puede dar resultado. Pero normalmente está limitada, pues la ecuación está equivocada. La universidad no entiende de tecnología industrial. Existía en el pasado un modelo de sustitución de importaciones, inicialmente reivindicado por la Comisión Económica para América Latina (Cepal), en el cual la universidad creaba la tecnología y se la transfería a la industria. Esta sacabael producto a la calle y todos quedaban conformes.

En el mundo globalizado eso no funciona más. La verdad es que la universidad no entiende de tecnología, ni entiende de mercado y los productos que desarrolla no son competitivos. La universidad es principalmente una generadora de conocimientos y de personal calificado. Ese es su gran función. La tecnología se desarrolla en las empresas. Esos financiamientos solo funcionarán si es posible alterar la ecuación. O sea, si la empresa va a buscar a la universidad, recibe la financiación y lidera el proceso. Los resultados serán así mucho mejores. El papel principal debe caberle a la empresa, la universidad debe ser coadyuvante, y no al contrario.

He estudiado algunos modelos nuevos de relación entre universidad y empresa. Uno de los más interesantes surgió en Canadá en 1993. Se trata de una cooperativa llamada Canarie, en la cual participan universidades y asociaciones empresariales. Es como si en São Paulo se unieran las universidades públicas y la Fiesp. Es esa organización quien recibe el dinero y asigna los recursos. Es decir, el dinero es distribuido con el consenso de quien va efectivamente a usarlo. Es un modelo que podría funcionar en Brasil, pero tendríamos que mudar nuestra cultura, especialmente la del sector público, que hoy controla los dineros de IeD. La FAPESP es un buen ejemplo de ese modelo.

Está controlada por la comunidad científica, con mínima interferencia del gobierno. Y funciona muy bien. Lo que estoy proponiendo es crear una organización, formada por la universidad y la industria, que de manera similar a la FAPESP gerencie y defina el fomento a los proyectos de desarrollo de tecnología industrial. El gobierno continuaría fomentando proyectos de interés social, pero no los de interés industrial. Otro gran tema fundamental es el uso del pedido pionero como forma de estimular el desarrollo tecnológico. Por ejemplo: la Fundación Zerbini es apta para desarrollar un nuevo aparato.

El poder público adelantaría recursos para que la fundación cree dicho aparato, compraría las unidades piloto y facilitaría el desarrollo del producto. La industria aeronáutica brasileña fue estructurada mediante un proceso parecido. El Estado no efectúa, la verdad, una compra de unidades de un aparato (que aún no existe). Lo que hace es comprometerse a comprar las unidades piloto.

El capital de riesgo está apareciendo lentamente en Brasil. Está entrando en el país porque hoy existen sobrantes de capital en el mundo. Así, junto a los fondos creados por brasileños, hay también dinero que viene de fuera. Brasil aún no se ha organizado para aprovechar mejor esos capitales. Los brasileños aún no entendieron cómo funciona el capital de riesgo. Muchas veces, creen que es una manera de resolver los problemas de financiamiento de las empresas.

No es exactamente así. El capital de riesgo busca inversiones rentables que puedan, en el corto plazo, ser transferidas a otros agentes del mercado de capitales. Es temporario. Si la inversión no ofrece liquidez, el capital de riesgo no entra. La liquidez es tal vez el factor que más limita la existencia de capital de risco para las empresas nacientes de alta tecnología. Existe un descompás también en el acceso al mercado de capitales. Si les preguntamos a los emprendedores, estos dirán que no existe capital de riesgo; pero si les preguntamos a los inversores, estos dirán que no existen buenas empresas.

Parece que ambos tiene razón. Está faltando un elemento en la ecuación. Es el seed capital, el capital simiente, semilla, que escapaz de financiar las ideas y levarlas para ser presentadas, como empresa, al capital de riesgo. El seed capital es el dinero que la persona le pide a la tía y a un amigo y junta para apostar en su idea. Es el capital inicial, el capital de la familia. El capital de riesgo no es eso, es la etapa posterior.

Tanto la FAPESP como la Finep tienen programas públicos que se asemejan al seed capital, pero eso es muy poco. Necesitamos involucrar al sector privado, el más interesado en la creación de esas empresas. Hay mucho por hacer, pero el mayor obstáculo se encuentra en el desarrollo de la innovación por parte de la industria. Sin ella, el proceso de transferencia de conocimiento se bloqueará y Brasil continuará siendo dependiente, especialmente en el área de alta tecnología.

Flávio Grynszpan era profesor de la Coordinación de Proyectos de Pogrado en Ingeniería (Coppe) de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) cuando en 1988 renunció para trabajar en la iniciativa privada. Y tuvo mucho éxito. Llegó a ser presidente de Motorola de Brasil y vicepresidente de estrategia de dicha empresa para América Latina. De sus tiempos en Motorola recuerda una norma de la empresa: ninguno de sus laboratorios de investigación y desarrollo puede tener más de 500 doctores. Eso lleva a una distribución que pone a disposición de la compañía de celulares y otros equipos electrónicos talentos de los más diversos países, desde Estados Unidos a China.

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