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Especial

Las obras de las bienales estarán accesibles electrónicamente

El archivo concentra los 50 años de la muestra de arte São Paulo

Durante mucho tiempo permaneció prácticamente olvidado. Pero pocos archivos concentran material tan interesante como el Wanda Svevo, de la Fundación Bienal de São Paulo. ¿Dónde podría encontrarse, por ejemplo, un registro de las complicadas negociaciones que posibilitaron el arribo a Brasil del cuadro Guernica, de Pablo Picasso en 1953? Con una inversión de 130 mil reales del Programa de Infraestructura de la FAPESP, el archivo de la Bienal está organizando su acervo y preparando el lanzamiento de nuevas iniciativas.

“Todo el acervo ya se encuentra preparado en cajas de archivos apropiados y ‘desacidificados’, almacenados en armarios deslizantes, que ahorran mucho espacio”, dice la coordinadora de la institución, Sílvia Castelo Branco. Los recursos de la FAPESP hicieron posible también la contratación, en carácter de pasantes, de estudiantes de Historia, que están organizando los documentos, y la adquisición de equipamientos de informática con base en los cuales se creó un banco de datos.

El archivo se creó en 1955 bajo el nombre de Archivo de Arte Contemporáneo del Museo de Arte Moderno de São Paulo (MAM). En ese entonces, recibió documentos relativos a las bienales que eran realizadas en São Paulo desde 1951, libros de arte y documentos de artistas. Las negociaciones sobre la llegada del Guernica fueron difíciles debido a que el cuadro en esa época se encontraba bajo custodia del Museo de Arte Moderno de Nueva York (Moma). Picasso no permitía su retorno a España mientras el país permaneciese bajo la dictadura del general Francisco Franco. Solo después de la muerte de Franco, en 1975, el cuadro pudo llegar a Madrid.La bienal fue realizada en el Museo de Arte Moderno hasta 1993.

Ese año, el conde Francisco Matarazzo Sobrinho extinguió el MAM, donó sus cuadros al Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de la Universidad de São Paulo (USP) y creó la Fundación Bienal. Los documentos pasaron a formar parte del acervo de la fundación. El nombre de Wanda Svevo pertenece a una secretaria general de la fundación fallecida en 1962 en un accidente de avión cuando iba a Perú para tratar temas referentes a una exposición de arte precolombino.

“Ya hemos dado inicio a un proyecto para crear un sitio en Internet con el acervo del archivo”, informa el presidente de la Fundación Bienal, Carlos Bratke. Castelo Branco, por su parte, considera que las obras ejecutadas constituyen apenas la primera parte del proceso de reestructuración. “Vamos darle continuidad”, promete.La profesora Ana Maria de Almeida Camargo, del Departamento de Historia de la USP, responsable por el proyecto de reforma del archivo, considera una cuestión fundamental llamar la atención del público y de los investigadores con relación al potencial informativo del acervo de la institución. “Sería interesante tener una guía o catálogo que diera visibilidad a esos documentos”, sugiere.

De cualquier manera, el acervo del archivo servirá de base para una exposición que conmemorará este año el 50º aniversario de la Bienal. Bratke informa que se editará un libro basado en ese acervo, para narrar la historia de las bienales y mostrar la personalidad del conde Matarazzo, responsable por otras diversas iniciativas culturales en São Paulo, como la creación del Teatro Brasileño de Comedia (TBC).

Existen muchas otras preciosidades distribuidas en los archivos del estado de São Paulo. La FAPESP está contribuyendo para acercarlas a los investigadores y a otros interesados. En la Compañía de Saneamiento Básico del Estado de São Paulo (Sabesp), por ejemplo, uno de los problemas era alterar la forma de archivar planos, guardados en enormes mapotecas de acero, que demandan mucho espacio y no conservan adecuadamente los originales. Además, comenta el responsable por el archivo, el profesor Milton Tomoyuki Tsutiya, de la USP, el simple manipuleo ya representaba un riesgo para el material.

La solución hallada fue informatizar el control de la documentación, con un software específico para las necesidades de la propia Sabesp. Los recursos para la compra de los equipamientos necesarios apenas para la primera etapa, que abarca 300 mil planos, de un total de un millón, fueron otorgados por la FAPESP.

Se verificó entonces un problema. La inversión prometida, de 300 mil reales, era inadecuada frente a la alteración cambiaria, ocurrida justamente en el proceso de liberación. Pero acabó saliendo un suplemento, hecho no muy raro, pues normalmente una alteración de este tipo genera nuevas demandas. De cualquier manera, era un trabajo importante. “Se trata de preservar la memoria técnica del saneamiento ambiental del estado de São Paulo, un patrimonio de la nación brasileña”, dice el profesor Tsutiya.

En Campinas, una acción iniciada en 1983 por parte de profesores de la Unicamp se transformó en una referencia para los habitantes de toda la región, el Centro de Memoria de la Unicamp (CMU). Un contacto entre profesores y dirigentes de los tribunales de Justicia de Campinas y Jundiaí, apoyado por la rectoría de la universidad, redundó en un acuerdo a través del cual el acervo de las instituciones pasó a la Unicamp. Después llegaron los archivos del Cuerpo de Bomberos local y varias donaciones de particulares. El centro se convirtió en realidad en 1985.

“El espacio físico fue conquistado gradualmente”, comenta el coordinador del centro, Paulo Miceli, recordando que su sede funciona donde antes funcionaba la de la Facultad de Educación de la Unicamp y que, además de los tres pisos en ese lugar, tiene instalaciones en varios puntos de la universidad. El apoyo de la FAPESP, obtenido en 1998, fue fundamental para que ese espacio fuera mejor aprovechado.

La instalación de estantes deslizantes significó una economía de un 70% del espacio. Aproximadamente el 60% de los libros de la biblioteca están digitalizados y a disposición del público en Internet. De los 50 mil artículos de la colección de diarios y otros periódicos, que comienza en 1920, 20 mil se encuentran en la misma situación. Sin embargo, la mayor parte de la inversión de 475 mil reales, fue a parar a los archivos históricos. Con la instalación de montacargas, todo el acervo pasó a la parte inferior del edificio. La parte de catalogación se agrandó así en 80 metros cuadrados.

El acervo del centro reúne materiales importantes, como los mapas, planos y diarios de viajes a Brasil del naturalista Langsdorff entre 1824 y 1829 y la correspondencia personal del abolicionista Francisco Glicério. Pero entre los más buscados se encuentran los registros de 1882 a 1922 del Hospedaje de los Inmigrantes de São Paulo. “Las gente busca documentos que permitan tramitar la doble ciudadanía”, comenta Miceli.Mientras tanto, el centro va desarrollando un trabajo especial con varias ciudades, para rescatar su memoria.

El trabajo normalmente dura dos años y involucra principalmente a profesores, que divulgan sus descubrimientos en programas de radio y artículos en periódicos. En Jarinu, el trabajo redundó en una exposición pública, por pedido de los propios habitantes. El día de la inauguración estaban presentes 5 mil de los 12 mil habitantes de la ciudad.

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