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Ciencia

Los caminos para salvar al Cerrado de São Paulo

Un estudio actualiza inventario, apunta el estado de conservación de los trechos que restan de la sabana y registra una pérdida del 34% en menos de una década

Quien circula por las carreteras próximas a Araçatuba y Presidente Prudente, en el noroeste del estado de São Paulo, por Botucatú, Marília y Baurú, en la región central, o incluso por Campinas, en dirección a la capital, puede ver un paisaje con árboles de troncos tortuosos y de hojas gruesas, que recuerdan a las esculturas barrocas. Llamado injustamente mato (bosque, selva), ese es el ‘Cerrado’ (sabana), vegetación asociada al centro-oeste brasileño, pero que atraviesa el territorio paulista y llega hasta el norte del estado de Paraná.

Considerado como un punto crítico para la preservación de la biodiversidad, el ‘Cerrado’ brasileño (sabana) se encuentra muy fragmentado y degradado por el avance de las ciudades y la producción agropecuaria. En São Paulo, ocupa apenas un 1% del área del estado (248,8 mil km.²), de la cual cubrió alguna vez el 14%. Y solo el 18% de lo que resta está protegido por 32 unidades de conservación y de reserva legal. El problema es serio. No está amenazada solamente la biodiversidad, también lo están los stocks del Acuífero Guaraní, una de las mayores reservas de agua subterránea del mundo (ver Pesquisa Fapesp 62).

Con la sustitución de la vegetación autóctona por la agricultura, los agrotóxicos y abonos pueden alcanzar el suelo profundo y contaminar el acuífero. En un intento por revertir el actual cuadro de destrucción, se puso en marcha en 1999 – y continúa hasta 2003 – el proyecto temático Viabilidad de la Conservación de los Remanentes del ‘Cerrado’ del Estado de São Paulo, coordinado por Marisa Dantas Bitencourt, del Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo (USP), que se desarrolla en el marco del Programa Biota-FAPESP. Los investigadores, trabajando con imágenes de satélite, registraron una pérdida de un 34% de las áreas estudiadas hasta el momento, con relación al inventario publicado en 1993 por el Instituto Forestal de São Paulo, que listó 8.353 fragmentos de ‘Cerrado’ sabana en el estado.

Cuna de ríos
El ‘Cerrado’, segundo ecosistema brasileño en extensión después de la Amazonia, ocupa actualmente 2 millones de km.², de los cuales 700 mil están sujetos a la acción antrópica (intervención humana intensiva), según la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa, sigla en portugués). Total o parcialmente, abarca a 11 estados y tres capitales: Brasilia, Belo Horizonte y Goiânia. Ésa era la vegetación original de la ciudad de São Paulo, pero hoy, los remanentes más próximos están en Juquerí, a unos 50 km. de la capital.

En el ‘Cerrado’ – llamado así por serun enmarañado de arbustos, herbáceas y árboles muy difícilde ser atravesado – nacen las aguas de las principales cuencas hidrográficas brasileñas: la Amazónica, la del Paraná-Paraguay y la del San Francisco. Es también el ambiente propio del burití (aguaje, Mauritia vinifera flexuosa), una palmera que crece en las orillas de los ríos, y de especies amenazadas de extinción, como el aguará guazú (Chrysocyon brachyurus) y el oso bandera (Myrmecophaga tridactyla). Viven allí 4.400 especies autóctonas de plantas, 800 especies de pájaros, 120 de reptiles y 150 de anfibios, de acuerdo con un estudio reciente de Conservation International, institución no gubernamental que el año pasado contribuyó para que el ‘Cerrado’ brasileño fuera incluido entre los hotspots (áreas críticas) del mundo.

Uno de los objetivos principales del proyecto – que forma parte del Programa Biota-FAPESP – de estudio de la flora, la fauna y la ocupación humana en el estado, es la interacción con la comunidad que vive alrededor de los fragmentos de la sabana o en sus inmediaciones. La mayor parte de esas áreas se encuentra en propiedades particulares y cuenta con la protección de la legislación brasileña bajo la forma de reserva legal. “El propietario es obligado a mantener un 20% intacto, pero hace lo que quiere con el resto de la vegetación”, dice Bitencourt.

Para ella, es necesario proponerle a la población una estrategia de conservación, porque con la ley solamente no se impide la destrucción: “Fuimos de una punta a la otra de la cuestión: la identificación de lo que resta del ‘Cerrado’ y su actual estado de preservación, quiénes son sus propietarios, cómo utiliza la gente el área y cómo puede utilizarla esta gente de manera sostenible, transformándose así en coadyuvante de la conservación”. Una de las estrategias que deben ser adoptadas con ese fin es la de fomentar la plantación de especies nativas, de manera tal de juntar los fragmentos pequeños y cercanos. “Con el uso sostenido de especies con valor económico, es posible recuperar la flora sin impedir el desarrollo social”, comenta. En ese terreno, la riqueza es inmensa. Hasta ahora, el número de especies típicas del ‘Cerrado’ (sabana) con potencial económico es de cerca de 80, mientras que otras 100 pueden tener uso medicinal. Un estudio en marcha en la Universidad Estadual Paulista (Unesp) de Araraquara indica que las plantas del ‘Cerrado’ pueden ser la fuente de medicamentos contra hongos, tumores y la enfermedad de Chagas (ver Investigación Fapesp 51).

En asociación
Para llevar adelante el proyecto, Bitencourt suscribió un acuerdo de cooperación con la Agencia Espacial Japonesa (Nasda), destinado a apoyar investigaciones de alta tecnología y estudios de vanguardia en el área de medio ambiente. “Abrimos una línea de investigación, con una serie de proyectos para la calibración de sensores orbitales con las fisionomías del ‘Cerrado’, en los cuales trabajan dos doctorandos. La agencia japonesa nos suministra las imágenes de radar y nosotros calibramos esas informaciones con datos de campo, una de las tareas más difíciles en el área de monitoreo remoto”, afirma.

El trabajo es de carácter colectivo desde el inicio. Según Marisa, el proyecto partió del interés de un grupo de investigadores que participó de un taller realizado en 1995, en el que Carlos Alfredo Joly, profesor de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) y coordinador del Biota, resolvió reunir todo el conocimiento acumulado sobre el ‘Cerrado’ paulista. Ese encuentro, que tomó como base los mapas del inventario del InstitutoForestal de 1993, dio origen al documento Bases para Conservación e Uso Sustentável das Áreas de Cerrado do Estado de São Paulo, publicado en 1997, que apunta 23 áreas de prioridad máxima para su conservación.

Hasta ahora, dos de los cuatro grupos de trabajo, el de geoprocesamiento y el de botánica, estudiaron 17 zonas de prioridad de conservación indicadas en ese documento, teniendo en cuenta diversos aspectos. En zonas ya se ha registrado una disminución del 34% el área de ‘Cerrado’ con relación a los datos del inventario de 1993. La evaluación de los fragmentos ya se encuentra en una etapa avanzada y estaría concluida a mediados de 2001. Por eso en octubre de 2000 se inició la fase de estudios socioeconómicos, que se intensificarán y se extenderán por lo menos hasta el final de este año.

Imagen de satélite
El grupo de geoprocesamiento, también coordinado por Bitencourt, actualiza el mapa del Instituto Forestal por medio de imágenes satelitales recientes. Los investigadores verificaron que algunos fragmentos desaparecieron y otros incluso crecieron, y establecieron el estado de conservación de cada trecho estudiado. Fue así que se subsanaron algunos equívocos, reclasificando como bosque estacional semidecidual (una forma del Bosque Atlántico del interior paulista) a algunos fragmentos antes catalogados como cerradão (región con vegetación similar, pero más densa).

Otro ajuste: algunos lugares antes clasificados como ‘cerrado’ ahora aparecen como cerradão. Los relevamientos más antiguos mostraban más ‘cerrado’ que cerradão, pero en los últimos años, con la protección contra incendios, la fisonomía de ‘cerrado’ muchas veces se transformó en cerradão. El método utilizado – índice de vegetación – indica la cantidad de follaje verde por área. Es una forma de distinguir las fisonomías del ‘Cerrado’, que varía entre la vegetación rastrera y dispersa y las formaciones forestales, con árboles de entre 8 y 15 metros de altura.

En los próximos tres años, el proyecto cubrirá cerca de 200 fragmentos de “Cerrado’. El grupo de botánica, bajo la coordinación de la ingeniera florestal Giselda Durigan, investigadora del Instituto Forestal de São Paulo y jefa de la Estación Experimental de Assis, ya ha visitado 121 fragmentos y ha estudiado 70 de éstos detalladamente. Ha identificado 459 especies de plantas, algunas de ellas exclusivas del ‘Cerrado’, y depositó 70 fichas en el Sinbiota, el banco de datos de la biodiversidad del Estado de São Paulo.

Como todas las informaciones deben ser georreferenciadas, el equipo de botánica va al campo munido de un GPS (Global Positioning System), aparato que opera vía satélite y suministra la posición geográfica exacta de cada local estudiado. Los investigadores evalúan en el lugar el estado de conservación de los fragmentos y elaboran una lista de especies, dando prioridad a las de valor económico, a los efectos de sugerir el potencial uso que éstas especies puedan tener.

Con base en estas informaciones, entra en acción el grupo de economía y biodinámica, coordinado por el biólogo Eduardo Mendoza, de la Asociación Brasileña de Agricultura Biodinámica, y la economista Maristela Simões do Carmo, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Estadual Paulista (Unesp). El grupo de economía estudia aspectos de la política agrícola, el perfil de los propietarios, el uso de la tierra y la organización social, para trazar un perfil socioeconómico de las comunidades encontradas e intentar establecer un puente de contacto con éstas.

Luego llega el turno del cuarto grupo, el de divulgación, que tiene como responsable a la bióloga Renata Ramos Mendonça, del Programa Estadual para la Conservación de la Biodiversidad (Probio). Su trabajo consiste en hacer efectiva la interacción entre la comunidad y las autoridades estaduales, en caso de que exista necesidad de alguna interferencia desde el punto de vista legal, además de sugerir políticas públicas para la región si fuera necesario. En total, trabajan en el proyecto 34 investigadores, incluidos los colaboradores: biólogos, ingenieros forestales, agrónomos, economistas y un geógrafo.

Refuerzos a la vista
Bitencourt busca a sus socios en todas las áreas. Entendimientos con la Escuela Agrícola de Penápolis (São Paulo) harán posible la concreción de un acuerdo mediante el cual las mujeres de diez familias de asentamientos de los alrededores de la ciudad de Promissão ya se han comprometido a cultivar especies nativas y producir abono natural.

Se está articulando otra colaboración con la Universidad del Vale do Paraíba (Univap), que ayudará a incluir en el estudio el mayor número posible de áreas de ‘Cerrado’ de la región. De acuerdo con Bitencourt, no existía ningún mapeo anterior del Vale do Paraíba, área que no había sido contemplada en el inventario forestal de 1993, pese a que la vegetación original de la región era la del ‘Cerrado’ (sabana), de acuerdo con el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

“El ‘Cerrado’ formaba una lengua entre la Serra do Mar y la Serra da Mantiqueira, a lo largo del río Paraíba do Sul, que actualmente se encuentra bastante fragmentada a causa de la presencia humana”, comenta la investigadora de la USP. Cinco fragmentos ya han entrado en el estudio, y continúa la búsqueda de otros para mapearlos. Con todo este trabajo, afirma Marisa, la intención no es únicamente transmitir conocimiento. El objetivo mayor -reitera- es la interacción entre los investigadores y los actuales habitantes de lo que queda del ‘Cerrado’ paulista.

Cara a cara con la vegetación
Entre los trabajos incluidos en el proyecto sobre el ‘Cerrado’, le cupo al grupo de botánica uno que, a simple vista, puede parecer el más penoso: confirmar en el terreno lo que el satélite sugiere, descubrir si existen realmente, y en que estado se encuentran, las especies de mayor valor biológico o con potencial de manejo sostenible. Se transpira mucho y se come poco, se convive con mosquitos, arañas y garrapatas, y se requiere de perspicacia para encontrar atajos y ánimo para hacer que la expedición siga adelante.

Pero de nada sirve ofrecerles otro tipo de vida a los integrantes de ese equipo: la coordinadora Giselda Durigan, ingeniera forestal; Marinez Ferreira de Siqueira, bióloga de la Base de Datos Tropicales (BDT), en Campinas; Geraldo Correa Franco, biólogo del Instituto Forestal de São Paulo; y el auxiliar de campo Edivaldo Furlan. Desde octubre de 1999, el grupo visitó 70 áreas y recorrió 120 km. de ‘campos cerrados’, ‘cerrados’ y cerradões paulistas. A continuación, el relato de Durigan y Siqueira:

“En el campo, descubrimos el tesoro escondido en cada una de las áreas que aparecen como puntos en el mapa del estado. Empezamos por el oeste, por los municipios de Campos Novos Paulista y São Pedro do Turvo, en la cuenca del río Paranapanema. Allí, el ‘Cerrado’ (sabana) tiene casi siempre la fisonomía de cerradão. Parece una selva baja y seca, mas allí están el pau-terra (Qualea grandiflora), los muricis (Byrsonima spp), el cinzeiro (Vochysia tucanorum), el pequí (Caryocar brasiliense), la copaíba o pau-d’óleo (Copaifera langsdorffii), las canelinhas (canelo, acuatillo, Ocotea spp) y canelões (canelo, laurel, Nectandra spp), los angicos (curupaú, Anadenanthera spp) y el limão-bravo (hierba de pasmo, Siparuna guianensis).

En el cerradão, los árboles son delgados y se encuentran próximos entre sí. Sobre ellos crecen enredaderas de flores como la Fridericia speciosa (roja), Odontadenia lutea (blanca), Temnadenia violacea (carmesí) y Pirostegia venusta (anaranjada), que matizan el verde oscuro del paisaje. Sin luz solar directa, el suelo se encuentra cubierto de hojas secas, hierbas y arbustos que toleran la sombra.

Aparentemente es monótono, pero el paisaje del cerradão reserva sorpresas, con riachos de aguas cristalinas y frutos sabrosos como el del madroño (Alibertia edulis), que probamos por primera vez en Agudos, o el ananá (Ananas ananassoides), que existe en casi todo el Estado. Otra sorpresa fue encontrar, en los cerradões de São Pedro do Turvo, una vasta área con árboles de yerba mate (Ilex paraguariensis). Probablemente es una de las últimas poblaciones naturales de esta especie en el estado de São Paulo.

Encontramos en Campos Nuevos una de las únicas áreas con aspecto de ‘Cerrado’ en el oeste del estado. Era noviembre, con un sol abrasador, y toda aquella riqueza exhibiéndose ante nosotros: sabrosas gabirobas (Campomanesia adamantium), arbustos como la carobinha (palisandro del Brasil, Jacaranda decurrens), con sus flores azules cubriendo el suelo, la jalapa (Mandevilla velutina), semillas de paineirinha (Eriotheca gracilipes) y de algodão-do-campo (Cochlospermum regium), llevadas por el viento como plumas para germinar con las primeras lluvias. Ese mismo día encontramos con una sucurí o anaconda verde (Eunectes murinus) y una coral (Micrurus spp), y recordamos que la vida en el ‘Cerrado’ es mucho más que las plantas.

En el ‘Cerrado’ los árboles son menores y más tortuosos, con la corteza generalmente suberosa (espesa). Predominan los árboles como los lapachos amarillos (Tabebuia spp), perobinha-do-campo (Acosmium subelegans), estoraque (inciensos, Styrax spp), brasa viva (Myrcia lingua), jacarandá violeta (Dalbergia miscolobium) y paus-terra, además de los arbustos de diversos tamaños diversos.

Más al oeste, en Taciba y Martinópolis, predomina nuevamente el cerradão, con algunas pequeñas manchas de ‘cerrado’ denso y árboles menores, pero espaciados y tortuosos. Al norte, encontramos raras manchas de cerradão y muchos fragmentos con la vegetación de transición entre el ‘Cerrado’ y el Bosque Estacional Semidecidual. En Baurú, en el corazón del estado, aún existen grandes remanentes de cerradão, muy presionados por la expansión urbana y los incendios frecuentes.Visitamos las islas de Cerrado do Vale do Paraíba, en São José dos Campos, Caçapava y Taubaté, pese a que no estaban en nuestro circuito original. Allí nos sorprendimos al encontrar, enclavadas en pleno dominio del Bosque Ombrófilo Denso (Bosque Atlántico), áreas razonablemente extensas de ‘Cerrado’ con todas las caracterísiticas campestres: ‘campo limpio’, ‘campo sucio’, ‘campo cerrado’ y ‘cerrado stricto sensu‘, que no habíamos visto en las otras regiones. También nos decepcionamos: probablemente en razón de los incendios, la flora del ‘Cerrado’ en el Vale do Paraíba es muy pobre.

De regreso al interior, encontramos nuevamente cerradão y áreas ecotonales en Boa Esperança do Sul, Bocaina y Ribeirão Bonito, en la cuenca del río Jacaré-Pepira. Las fisonomías campestres aparecen en la región de Itirapina y São Carlos, con remanentes no muy extensos de ‘campo cerrado’ y ‘cerrado stricto sensu‘. En esas áreas, la abundancia de plantas frutales impresiona: son gabirobas (palillo, Campomanesia spp), araçás (guayaba, Psidium spp) y uvaias (manzana de agua, Eugenia spp) en noviembre, y pequis, muricis y caquis (Diospyrus hispida) en enero.

Constatamos que no existe una cultura del ‘Cerrado’ en el estado de São Paulo. Ni siquiera las personas que viven junto a los remanentes, salvo raras excepciones, conocen a las plantas. Vimos pequis pudriéndose en pie, porque poca gente sabe que se trata de un fruto comestible.

Durante eso 18 meses de caminata, además del aprendizaje, tuvimos con una ganancia adicional: dice una voz japonesa que la vida se alarga 75 días cada vez que probamos un sabor nuevo y nos gusta. Si fuera así, quizás al término de esta investigación lleguemos a una expectativa de vida de unos dos siglos, después de probar tantas frutas diferentes y sabrosas del ‘Cerrado’ paulista.”

Riqueza amenazada
El ‘Cerrado’ tiene varias aspectos, que varían entre el campestre y el forestal. Éstos dependen principalmente de la disponibilidad de agua y nutrientes. El ‘cerrado’ propiamente dicho (sabana, ‘cerrado stricto sensu‘) tiene una vegetación herbácea y árboles dispersos. El llamado cerradão es la forma forestal, mientras en el ‘campo sucio’ y en el ‘campo cerrado’ predomina la vegetación herbácea (rastrera), como gramíneas y otras plantas pequeñas.

La situación de ese ecosistema es peculiar: “A diferencia de la Amazonia, donde existe un todo con agujeros, el ‘Cerrado’ se encuentra extremadamente debilitado, es un nada con algunos puntos, algunas manchas de vegetación con intenso uso y ocupación alrededor” , explica Marisa Bitencourt. El problema es que, según la investigadora, un vacío con vegetación alrededor puede regenerarse con rapidez, pero las pequeñas islas de vegetación son mucho más frágiles.

En el ‘Cerrado’, la vegetación se adapta a los períodos secos, porque aunque llueva razonablemente, las lluvias se concentran en determinadas épocas. Es una cuestión estacional, del tipo verano/invierno, e incluso las áreas en las que existe una mayor disponibilidad de agua están sujetas a largos períodos secos. Las plantas crecen sobre suelos pobres, porosos, arenosos, ácidos, antiguos y profundos. Para la investigadora de la USP, ésa es otra de las razones para evitar la agricultura en el ‘Cerrado’, en la cual el uso intensivo de fertilizantes es común.

El costo para corregir el suelo es alto y también se destruye la vegetación nativa, además de contaminar los reservorios subterráneos de agua. Estas amenazas, sumadas a las evidencias del trabajo científico, refuerzan la visión de Marisa Bitencourt y su equipo en pro de un uso sostenible de algunas áreas del ‘Cerrado’ y la preservación de otras, como la solución más inteligente y viable para la conservación de ese ecosistema, por lo menos en São Paulo.

EL PROYECTO
Viabilidad de la Conservaciónde los remanentes de ‘Cerrado’ (sabana) en el Estado de São Paulo
MODALIDAD
Proyecto temático – Programa Biota
COORDENADORA
Marisa Dantas Bitencourt – Institutode Biociencias de la USP
INVERSIÓN
R$ 318.834,00

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