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Especial

Recursos para mejorar la investigación en todo el estado de São Paulo

Los nuevos tiempos de las universidades públicas

Fue necesario mucho trabajo y mucho dinero. La FAPESP invirtió 1,4 millones de reales y 26,2 mil dólares. Pero después de cinco años de reformas e informatización, las ocho bibliotecas que integran el complejo de la Escuela Politécnica de la Universidad de São Paulo (USP) cobraron nueva vida y elogios permanentes por parte de los empleados y los usuarios. “Es el mejor espacio para estudiar de la escuela, ya sea de manera individual o grupal”, dice un alumno. “La biblioteca no es más aquel monstruo que da miedo”, agrega otra alumna. Antes de la reforma, ella había entrado tan solo tres veces en el recinto. Ahora es una asidua frecuentadora.

“Fue una transformación total”, afirma la directora técnica, Maria Cristina Olaio Villela, quien informa que la frecuencia se elevó de 300 mil alumnos en 1996 a 458 mil en 1999: un aumento del 35%. Olaio Villela ocupa el cargo hace solo un ano más o menos, pero trabaja en la institución desde 1989. Cuando entró en la Politécnica, el servicio de bibliotecas había pasado por una reestructuración, coordinada por la anterior directora, Maria Alice Fernandes Carrera. Debido a ella, la biblioteca central retuvo el acervo básico para los dos primeros años y las obras más antiguas. El resto fue distribuido en siete bibliotecas sectoriales, que atienden a los 15 departamentos de la escuela.

En todas ellas, el panorama era el mismo: muebles muy antiguos, espacios mal distribuidos, organización deficiente del acervo y equipamientos faltantes. “Felizmente, recibimos todo el apoyo necesario por parte de la FAPESP para revertir esa situación”, dice Olaio Villela. Hubo bibliotecas, como la de Ingeniería Mecánica, Naval y Oceánica y la de Ingeniería Eléctrica, en las cuales se sustituyó totalmente la antigua estructura. Las instalaciones fueron reformadas completamente. Ahora cuentan con muebles nuevos, computadoras, aire acondicionado, portones electrónicos y nueva señalización.

Pequeñas salas
Uno de los puntos fuertes de la reforma consiste en el mejor aprovechamiento de los espacios. La biblioteca de Ingeniería Mecánica, por ejemplo, se agrandó casi 500 metros cuadrados con el aprovechamiento de un sótano que servía antes apenas como depósito de muebles rotos. Se crearon ambientes para actividades diversas, tales como investigaciones online, salas de video y recintos para pequeñas conferencias. Varias pequeñas salas son usadas ahora para trabajos grupales. Eso resolvió el problema del ruido, que iba en detrimento de la concentración, y dio mayor libertad para intercambiar informaciones y discusiones en grupo.

Olaio Villela, graduada en la década de 1960, dice que presenció una revolución en los servicios de biblioteca. “Casi todo lo que aprendí ya ha sido superado actualmente”, afirma. Los nuevos métodos de trabajo llegaron a asustar a algunos empleados. Una empleada, responsable por el servicio de intercambio de documentos entre bibliotecas, entró en pánico cuando los formularios que eran completados manualmente y enviados por correo fueron reemplazados por un proceso informatizado. “Se desesperó al creer que nunca lograría hacer eso”, recuerda Maria Alice Fernandes Carrera. Pero al final todo salió bien.

La biblioteca de la Politécnica fue pionera en varios métodos, incluso en el servicio Comut-on-line . Su éxito llamó la atención de otras bibliotecas de la USP y sirvió de modelo para el programa de informatización desarrollado por el Servicio Integrado de Bibliotecas (SIBi). El programa se basa en el uso del software Ariel, con el cual artículos y capítulos de libros son copiados por un escáner y convertidos en archivos. De ese modo pueden ser transmitidos por correo electrónico. Un proceso que antes demoraba un mes, dura hoy como máximo tres días.

Fundaciones
Éste es un ejemplo más de pionerismo en la historia de la Politécnica, fundada en agosto de 1893. Fue la tercera facultad de ingeniería del país, precedida solo por la Politécnica de Río de Janeiro, de 1810, y por la Escuela de Minas de Ouro Preto, de 1875. Sus profesores y alumnos son responsables por muchas obras importantes en la ciudad de São Paulo. La Poli ayudó a verticalizar São Paulo de diversas maneras. Fue en sus laboratorios que se solucionaron problemas de fundaciones surgidos durante la construcción del edificio Martinelli (patrimonio histórico, llegó a ser el más alto de la ciudad), entre 1925 y 1930, por ejemplo.

Durante esos años, la escuela acumuló un gran acervo, con libros, periódicos, mapas, planos y fotografías antiguas. No todos están disponibles. Cerca de 23 mil volúmenes antiguos no pueden ni siquiera tocarse. Están cubiertos de polvo y muchos se están deshaciendo. Maria Cristina Olaio Villela intenta ahora conseguir fondos para higienizar ese acervo, de modo tal que el mismo pueda ser examinado. Así podrán ser identificadas las obras prioritarias para la restauración. Y se solucionará también otro problema. Ese material provoca tos y estornudos constantes entre los que trabajan en el depósito de libros de la biblioteca central.

Unicamp
No fueron solo las grandes escuelas de la capital las que tuvieron problemas para adecuar las reformas a un gran número de bibliotecas. En la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), por ejemplo, el movimiento abarcó 19 bibliotecas, 17 de ellas situadas en Campinas, una en Piracicaba y otra en Limeira.

Todas ellas se vieron beneficiadas, en mayor o menor medida. Junto a las reformas, se creó la infraestructura para el desarrollo de un plan de automación, que incluyó desde la adaptación de la red eléctrica para soportar la mayor demanda de energía hasta la instalación de los cables para los sistemas de comunicación.

“Salimos de la Edad Media para entrar en la Modernidad”, declara la coordinadora del sistema de bibliotecas de la Unicamp, Maria Alice Rebello Nascimento. El número de microcomputadoras se elevó de 139 a 420. Uno de los grandes impacto fue la adquisición de un software de última generación para el gerenciamiento de bibliotecas. Con él, todas ellas fueron interconectadas. Servicios que eran efectuados en sistemas independientes fueron integrados en la nueva plataforma. “Eliminamos muchas etapas de trabajo innecesarias”, destaca Rebello Nascimento.

Pero no fue solo eso. Las bibliotecas recibieron muebles más adecuados. Se solucionó también, por lo menos temporalmente, el crónico problema de la falta de espacio. “Se trata de un problema muy común”, afirma Maria Alice, “pues, al fin de cuentas, las bibliotecas crecen”. El acervo de la Unicamp aumenta, en promedio, un 10% por año. Donde existen 500 mil libros, esa cifra representa 50 mil libros más en un período de 12 meses.

Área física
Lo que casi siempre ocurre con ese aumento es que el acervo va invadiendo áreas destinadas a los usuarios y diminuye el espacio para las consultas. Pero en la Unicamp ocurrió lo contrario. Con el mejor aprovechamiento de los espacios y la adaptación de un anexo de 1.000 metros cuadrados en el Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas, el área física de las bibliotecas creció de 19.308 a 21.488 metros cuadrados.

Un paso importante fue la adopción de estantes deslizantes, para guardar colecciones especiales y obras raras. De acuerdo con Rebello Nascimento, este tipo de estante no puede usarse para obras de gran circulación o de libre acceso. Pero su empleo, incluso en áreas especiales, ayuda a ganar espacio y conservar mejor el material.

Con relación a las obras raras, ahora son mejor tratadas, gracias a una lectora-copiadora, con la cual los documentos pueden ser copiados en microfilms o en papel. Con ello se reduce ostensiblemente el contacto con los originales. El nuevo sistema de aire condicionado ayuda a preservar esas obras, muchas de las cuales provienen de colecciones donadas por intelectuales ya fallecidos, como los historiadores Sérgio Buarque de Hollanda y Peter Isenberg. El trabajo debe aumentar con la creación de un laboratorio de encuadernación, restauración e higienización en la propia universidad. Eso significará una gran economía, ya que dichas tareas son actualmente realizadas por terceros.

Una de las preocupaciones de Maria Alice es la completar la digitalización del catálogo, pues cerca de la mitad de las obras aún no está disponible por medios electrónicos. Otra es un upgrade en el sistema de gerenciamiento que fue instalado hace cuatro años. Pero mientras tanto, medidas aparentemente pequeñas, aunque de gran impacto, ya están en marcha.

Para este año, está prevista a adecuación de las bibliotecas para los portadores de deficiencias físicas, lo que incluye desde la construcción de rampas para sillas de ruedas hasta la adquisición de equipos de informática destinados a deficientes visuales. “Muchas veces, esas personas llegan a interrumpir sus carreras, ante las dificultades con las que se encuentran”, afirma Maria Alice.

Unesp
Sin embargo, en materia de número de bibliotecas, es difícil encuentrar tantas beneficiadas como las que integran el sistema de la Universidad Estadual Paulista (Unesp). Los fondos de 12,3 millones de reales invertidos por la FAPESP contribuyeron a alterar el paisaje en nada menos que 23 bibliotecas, tres en la capital y el resto en otras ciudades del estado. “El aspecto general era de abandono”, dice, recordando el período anterior, la coordinadora de bibliotecas de la Unesp, Mariângela Spotti Lopes Fujita. Actualmente, afirma, los visitantes se impresionan con la estructura existente.

“Principalmente los investigadores extranjeros”, destaca. No es para menos. Unode los trabajos realizados con los fondos recibidos de parte de la FAPESP consistió en la instalación de un sistema de investigación informatizado, comparable a los mejores del mundo. “Decididamente, el espacio de la biblioteca es multidisciplinario y multimedios”, dice Mariângela. El número de consultas, que pueden ser hechas a distancia por todos los alumnos y profesores de la universidad, aumentó bastante. “Ellos son atraídos por el confort y por los equipos, que son muy rápidos”, destaca. “No encuentran esos recursos en ningún otro lugar.”

Con su amplia base geográfica, la Unesp tenía problemas propios. En la biblioteca de Ilha Solteira, por ejemplo, con clima tropical húmedo, la temperatura, que llega frecuentemente a 41 grados, hacía que usuarios y empleados mantuvieran las ventanas abiertas, facilitando la entrada de tierra, hongos e insectos. “La climatización del espacio solucionó el problema”, afirma Spotti Lopes Fujita. La temperatura ahora se mantiene en 20 grados y la humedad del aire en un 50%, condiciones consideradas ideales para la conservación del acervo.

De cualquier manera, los planes futuros de las bibliotecas de la Unesp incluyen un ajuste en la seguridad. “El hurto de libros era una práctica que se estaba haciendo cada vez más frecuente”, recuerda Mariângela. La instalación de portones electrónicos y la magnetización del acervo parecen haber solucionado ese problema. La universidad pretende ahora colocar cámaras de TV esparcidas por la biblioteca, para disminuir los casos de personas que garabatean libros o arrancan páginas y fotografías.

“Eso es fruto de una cultura que desgraciadamente no ha aprendido aún a respetar a los libros como parte del patrimonio cultural de la humanidad”, lamenta. Pero, mientras tanto, la Unesp se preocupa por ayudar a los usuarios a aprovechar bien su acervo, impulsando cursos para enseñarles a usar de manera adecuada los programas de búsqueda. “La intención de la biblioteca es facilitar al máximo el desarrollo científico”, afirma. “Para ello, debe ofrecer a los investigadores las condiciones para obtener el máximo de información con el mínimo de esfuerzo.”

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