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Opinión

Se debe regular, pero nunca prohibir

Son necesarios instrumentos legales y éticos que permitan el progreso científico

La oferta suficiente de alimentos saludables, la prevención y el control de enfermedades y la supervivencia armoniosa del hombre en los diferentes ecosistemas es, sin lugar a dudas, el mayor desafío de la ciencia en la actualidad. Partiéndose, por lo tanto, del principio de que todo el esfuerzo de la ciencia está abocado a mejorar la vida del ser humano, los límites de la ciencia están mucho más centrados en cuestiones como el buen uso de las tecnologías que en el establecimiento de un “techo” para el avance científico. En ese sentido, el esfuerzo científico de los investigadores deje juntarse a la preocupación constante por mostrarle a la sociedad cómo está siendo desarrollada la tecnología y cómo ésta se insertará en el sector productivo o en la clínica. Y explicarle cuáles son los mecanismos, las técnicas, los parámetros que están observándose en el monitoreo de la tecnología.

Es fundamental el adecuado esclarecimiento de la sociedad. La prensa especializada puede contribuir de manera decisiva, traduciendo el lenguaje del “laboratorio” a un lenguaje periodístico claro. No sirve de nada pasar a manos de la sociedad la potestad de controlar el buen uso de las tecnologías si la gente no está informada sobre el tema. El nuevo desconocido provoca miedo y la actitud más cómoda y común es prohibir o declarar moratoria en vez de apoyar a los investigadores y elevar la capacidad de interpretación de la sociedad.

Cada vez que un nuevo evento científico es divulgado es posible observar una serie de iniciativas de proyectos de ley prohibiendo todo, antes incluso de entender mejor qué es lo que se busca con tales investigaciones. Bastó que fuera divulgado, en marzo pasado, el nacimiento de la ternera Vitória, de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa, en portugués), el primer animal surgido de la técnica de transferencia nuclear en nuestro laboratorio, para que resurgieran los proyectos de ley prohibiendo la clonación en general. Estamos a favor de la reglamentación y el seguimiento del desarrollo científico y del buen uso de las tecnologías por parte de la sociedad.

La estrategia adoptada por Brasil en lo que se refiere a los organismos genéticamente modificados (OGMs), con la creación de la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad, es un buen ejemplo, incluso porque las fallas detectadas en la ley 8.974, del 5 de enero de 1995, podrán evitarse en la edición de un nuevo instrumento legal. No obstante, lo importante es que en esa comisión se encuentran representados los diferentes segmentos de la sociedad, y existe un espacio democrático para discutir las propuestas de actividades con OGMs.

Cabe a la sociedad esclarecida decidir las prioridades, y a los investigadores, la elección de los métodos y de sus limites. En caso de que falte tino, la sociedad por sí sola neutraliza iniciativas mercantilistas y antiéticas. Como reflexión, es importante que nos impliquemos personalmente en el contexto de la problemática analizada, ya que emitir una opinión sobre el problema de los otros es más fácil.

Por último, debemos analizar el enorme progreso científico alcanzado por Brasil en los últimos años, fruto de varias iniciativas de apoyo y fomento y de la capacidad de innovación y articulación de los recursos humanos brasileños. Éste es apenas el comienzo y por eso es necesario discutir y definir instrumentos legales y éticos que permitan el progreso científico y el bienestar del ciudadano. Sería una actitud mediocre “enyesar” el progreso científico en este momento tan importante para la ciencia brasileña.

Rodolfo Rumpf es investigador de Embrapa Recursos Genéticos y Biotecnología, y coordinador del proyecto que permitió la primera clonación de un becerro en Brasil.

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