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Zoología

Tras las huellas de una nueva especie

El método de diferenciación cromosómica permitió identificar en el Bosque Atlántico del sur de São Paulo un tipo brasileño de cérvido desconocido hasta ahora, pero ya amenazado de extinción

El personal del zoológico de Sorocaba no suele tener problemas para identificar animales, pero a comienzos de los años 90, llegó un cérvido que los tomó a todos por sorpresa: para unos, era sin lugar a dudas un venado de monte o cabro de monte, (venado temazate o colorado, Mazama americana); para otros, tenía todas las características de un venado bororó (corzuela enana, Mazama nana). Para resolver el impasse, llamaron al veterinario José Maurício Barbanti Duarte, profesor de la Universidad Estadual Paulista (Unesp) de Jaboticabal, que ya por esa época recorría Brasil investigando cérvidos. Duarte notó que el animal tenía las mismas manchas que el venado colorado debajo de la cola, del pescuezo y entre las piernas. Pero el peso era intermedio entre esa especie y otra, la corzuela enana. Duarte no supo qué decir.

Solamente años después el investigador de la Unesp sedimentó la conclusión: el animal de Sorocaba era nada menos que una nueva especie de venado, que vive en una área circunscripta del Bosque Atlántico entre el sur del estado y el nordeste de Paraná y fue bautizada como veado-bororó-de-São-Paulo (venado bororó de São Paulo, Mazama bororo). Con este trabajo, Duarte refuerza la importancia de estudiar el conjunto de los cromosomas (cariotipo) para diferenciar especies antes consideradas solo una. Al mismo tiempo, propone el estudio más profundo de los mecanismos de evolución de los animales. En el caso de esos venados, según él, parece haber una reacomodación en el empaquetamiento de cromosomas, que lleva al compactamiento del cariotipo y favorece la conservación de la especie.

Las diferencias
Duarte solo pudo alimentar la sospecha de que habría encontrado en Sorocaba una especie aún no descrita cuando comparó su cariotipo con los del venado colorado y la corzuela enana. El número y la organización de los cromosomas – las estructuras celularesque albergan el ADN (ácido desoxirribonucleico, portador delcódigo genético) – eran muy distintos, mucho más de lo que él podría imaginar. El venado colorado tiene 54 cromosomas, la mayoría acrocéntricos – el centrómero, el nudo que une las dos partes de los cromosomas, se sitúa en una de las extremidades. La corzuela enana tiene 38cromosomas, de los cuales 20 son metacéntricos, con el centrómero bien en el medio. El del zoológico, objeto de la duda inicial, tiene 36 cromosomas, cercano al de la corzuela enana, pero con una estructura bastante diversa: solo dos son metacéntricos y ocho son submetacéntricos, con el centrómero más cerca de las extremidades, una característica que refleja una historia evolutiva propia. “Las diferencias son pronunciadas, no podrían resultar del cruzamiento de especies diferentes”, asevera el investigador.

Para él, tampoco podría ser una aberración cromosómica o una variación dentro de la misma especie, como ocurre con el venado colorado – en el que el número de cromosomas varía de 44 a 54, pero el patrón general del cariotipo no varia. Por eso asegura: en el caso de que consiguieran cruzarse, esos animales producirían hijos estériles, híbridos, como la mula, producto del cruzamiento del jumento con la yegua, que tiene solamente un par cromosómico diferente. Pero ¿cómo explicar que los tres animales estudiados sean tan parecidos por fuera? “Esa semejanza es una consecuencia casual del proceso evolutivo”, dice el investigador.

Nuevas pruebas
Pero un animal solo no conforma una especie. Duarte trabajó silenciosamente y acabó encontrando otros tres ejemplares – una pareja con su cría -, sueltos en el fondo de la casa de una criadora en Barra do Turvo, en el límite con Paraná, todos con el mismo patrón cromosómico del animal de zoo de Sorocaba. Después, examinó otros tres ejemplares – dos en Maringá, Paraná, y otro en Passo Fundo, Río Grande do Sul -, pero concluyó que eran híbridos, frutos estériles del cruzamiento del venado colorado con la corzuela enana. Por el tamaño, el color del pelo y las manchas, fueron inicialmente confundidos con la supuesta nueva especie. La diferencia es que los híbridos tenían más cromosomas: 46, el promedio de cromosomas de los padres.

Aún no era suficiente. Duarte consiguió una prueba más fuerte el 15 de junio del año pasado: junto a su equipo de tres biólogos y veterinarios capturó, tras años de búsqueda, un ejemplar de la nueva especie que vivía libremente en el Parque Estadual de Intervales, una reserva de Bosque Atlántico en el sudoeste del estado. Es notable que se descubra ahora una nueva especie de mamífero de ese porte, especialmente por ser en el estado brasileño más populoso y con el paisaje natural ya muy modificado por las ciudades, la agricultura y las tierras de pastoreo. Recientemente, una expedición encontró nuevas especies de roedores, solo que en el este de Tocantins, un área poco estudiada. No obstante, el equipo de Duarte sabía en qué terreno estaba adentrándose: sería necesario reunir más pruebas.

Las dificultades
El primer inconveniente: los cérvidos del género Mazama, al cual los venados de monte y los bororós pertenecen, viven en montes cerrados y son extremadamente ariscos. Por eso no existe aún una estimativa de las respectivas poblaciones, como si la hay para los cérvidos más conocidos. Brasil cuenta con alrededor de 130 mil ejemplares del venado del campo o venado de las pampas (Ozotocerus bezoarticus) y 40 mil del ciervo de los pantanos (Blastocerus dichotomus). Ambos viven en áreas abiertas – de la sabana o en las planicies – y puedenser contados y estudiados por medio de vuelos rasantes.

Además, la comparación cariotípica aún no es un método aceptado unánimemente. Es una prueba muy usada para diferenciar animales muy semejantes morfológicamente, sobre todo reptiles, roedores y, más recientemente, primates como los monos de la noche. Propuesto por el naturalista sueco Lineu – Carl Von Linné (1707-1778) -, el método de clasificación (o taxonomía) más adoptado considera las características externas (morfología). Duarte ve limitaciones en dicho método, que diferencia las especies por sus caracteres físicos, como la forma y el tamaño de las patas y el tipo de pelo, entre otros. “En el género Mazama, las diferencias morfológicas son sutiles frente a las cariotípicas”, dice. Un venado colorado adulto pesa cerca de 30 kilogramos (kg.) y un bororó de São Paulo alrededor de 25 kg., aunque ambos tengan las mismas manchas y el misma color de pelo, mientras que la corzuela enana pesa entre 13 y 15 kg. y no tiene manchas.

Fusión cromosómica
La hipótesis de Duarte para las diferencias cariotípicas en el género Mazama es la fusión de cromosomas. Así, la guazuncha o corzuela parda (Mazama gouazoubira) mantuvo el cariotipo ancestral, de 70 cromosomas, todos pequeños y con el nudo de la X en la punta. Pero el bororó de São Paulo sería la versión más compacta, con la mayor reducción del número de cromosomas. Para Duarte, cariotipos con cromosomas mayores y menos numerosos son más estables y reducen la posibilidad de combinaciones que lleven a enfermedades y pérdida de individuos. El caso más sorprendente de fusión cromosómica se da en un género de cérvido de Asia, el muntíaco (muntjac), que vive en las regiones de vegetación rastrera que van de Malasia al Himalaya. Una especie de 46 cromosomas, el Muntjacus reevesi, es absolutamente igual exteriormente a otra de apenas seis cromosomas (en la hembra), el Muntjacus muntiac. Se conocen los mecanismos por los cuales los cromosomas de la primera especie se fundieron para llegar a la segunda sin perder información genética. Cada fusión, se estima, puede demorar cerca de 300 años para fijarse permanentemente en una población.

Una especie puede también surgir por diferenciación génica – mutaciones -, mientras el cariotipo se mantiene estable. Véase el caso del ciervo de los pantanos y del venado de las pampas, totalmente distintos, pero cuyos cariotipos difieren solamente en un par cromosómico: el ciervo de los pantanos tiene 66 cromosomas y pesa entre 100 y 150 kg., mientras que el venado de las pampas, de otro género, tiene los mismos cromosomas más dos y raramente pasa de los 40 kg. En julio, Duarte pretende retornar a Intervales para estudiar mejor los hábitos del bororó de São Paulo. Su sueño es obtener ejemplares por donación de personas que los críen en cautiverio -pues está prohibido retirar animales de las reservas – e iniciar un programa de conservación en cautiverio. Podrá entonces enriquecer las evidencias del potencial reproductor y llegar a la comprobación definitiva, obteniendo crías fértiles de ejemplares de la especie y estériles del cruzamiento con otras.

Material congelado
Atento al futuro, Duarte mantiene en nitrógeno líquido 150 muestras de semen de dos machos, que pueden hacer posible la reproducción asistida: “Las características de ese material, analizadas según su morfología y la motilidad de los espermatozoides, son excelentes”, dice. En el laboratorio, Duarte guarda también muestras de sangre y de piel de los 850 cérvidos, un material que podrá ser valioso en investigaciones de clonación, ya que son células diploides (con o material genético del padre y de la madre).

Después de tanto trajín para localizar y capturar animales, el equipo de la Unesp trabaja también con las heces, un material poco valorizado aún, pero que se ha mostrado como una rica fuente de informaciones biológicas. “Con las heces” – subraya Duarte – “podemos evaluar a los animales genética, endocrinológica, sanitaria y nutricionalmente, y sin tocarlos”.

Estudiando la materia fecal de los cérvidos, el grupo de la Unesp constató de qué manera los niveles de testosterona (hormona masculina) determinan el desarrollo sexual. “Cuando el nivel de testosterona está bajo, los cuernos del venado de las pampas caen”, dice el investigador. “Cuando está alto, los cuernos crecen y los machos están preparados para luchar y disputarse a las hembras”. Células vegetales excretadas por las heces pueden indicar la composición de la dieta, del mismo modo que la presencia de microorganismos permite evaluar el estado de salud.

Pero ocurre algo lamentable: todos los ejemplares de la nueva especie que Duarte estudió ya han muerto. “Por lo que yo sé, ningún zoológico de São Paulo ha recibido ejemplares de esta especie desde 1992”, comenta. La dificultad para encontrar ejemplares se ve incrementada por la constatación de que el nuevo bororó debe ser tratado como una especie muy rara y que está amenazada de extinción, incluso porque vive en un área restricta del Bosque Atlántico.

¿Siete venado colorados?
El estudio de los cariotipos, apuesta Duarte, puede resultar en nuevos descubrimientos, una vez eliminadas las posibilidades de variación en la misma especie. Duarte sostiene que pueden existir siete especies de venado colorado. “Ya encontramos algunas diferencias cariotípicas entre las poblaciones de la Cuenca del Paraná, de Rondonia, de Acre, del centro de Amazonas, del norte de Amazonas y de Pará”, informa. El peligro entonces aumenta también para especies como ésta, cuyas poblaciones parecían suficientemente grandes como para asegurar su preservación. Según el investigador, una probable especie nueva de venado colorado vive exclusivamente en el Parque Nacional de Iguaçú, en la frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay.

Preparando la emboscada
Para encontrar uno o más animales y caracterizar la existencia de una nueva especie de cérvido, los investigadores de la Unesp prepararon cebos (señuelos) con frutas y pasta de maní y los esparcieron por el Parque Estadual de Intervales, en donde existían los mayores indicios de existencia de la especie. Aparecieron antas o tapires (Tapirus terrestris), pacas (majaz, Agouti paca) y hurones (Eyra barbara), animales con su característico cuerpo alargado. Pero de venados, nada.

Otro intento: atraerlos con orina y excrementos de animales en cautiverio. Tampoco funcionó. Intentaron también con pedazos de madera con secreciones de las glándulas de la base de los cuernos o con secreción vaginal. Nada.

Con el tiempo, los investigadores encontraron senderos con huellas de venados. Entonces, por medio de trampas fotográficas, descubrieron que estos animales se alimentan con los frutos del araçá-do-campo (manzana de agua, Eugenia sp.). Regresaron meses después y se instalaron en lo alto de los árboles por cinco noches seguidas, con un arma llamada netgun, que dispara una red. “No es fácil pasar la noche en lo alto de un árbol, sin conversar, ni beber o comer nada, y un frío de dos grados”, reconoce Duarte. Pero tampoco tuvo éxito.

Después, imaginaron que el olor humano podía ser la causa que ahuyentase a los animales, ya naturalmente hoscos. Entonces se valieron un recurso extremo: impregnaron sus ropas con heces y orina de los animales en cautiverio. Pero fue inútil.

Tiempo después, empezaron a cerrar con cercas de bambú el sendero por donde el animal pasaba, formando un corral donde éste pudiera ser apresado durante sus paseos por el monte. Entonces: ¡aleluya! Lograron capturar un macho de 24 kg., con las características de la nueva especie. Le pusieron un radiocollar y lo monitorearon durante semanas. Constataron cómo el animal es arisco: solo sale de los escondrijos por las noches y en sus caminatas intercala trechos de riachos, cosa de no dejar pistas de olor, que atraen a los predadores. “Es un especialista en huida”, reconoce Duarte.

El final fue desolador: dos meses después, encontraron al animal muerto. Había sido devorado parcialmente por un puma (Puma concolor), que fue identificado por sus huellas.

LOS PROYECTOS
Estudio Biológico de la Especie Mazama bororo en el Estado de São Paulo y Monitoreo de la Actividad Reproductora Anual de los Machos de Venado de las Pampas (Ozotoceros bezoarticus) en Libertad
Modalidad
Línea regular de auxilio a la investigación
Coordenador
José Maurício Barbanti Duarte – Unesp de Jaboticabal
Inversión
R$ 14.306,00 más US$ 18.730,00 y R$ 22.764,46 más US$ 3.749,50

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