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Medicina

Una compañía indeseable

Un estudio realizado con niños, adultos y ancianos revela altos índices de dolor crónico

Un estudio entre brasileños que no se encuentran en tratamiento clínico reveló un alto índice de dolor crónico, similar al de países altamente industrializados. “Los resultados demuestran la magnitud del dolor crónico entre nosotros y confirman que se trata de un problema de salud pública”, dice la profesora Cibele de Mattos Pimenta, coordinadora de dicho trabajo. Entre los adultos, el dolor de cabeza es más frecuente entre las mujeres, el dolor pélvico entre los más jóvenes y el lumbar entre las personas de estratos socioeconómicos inferiores.

La investigadora define al dolor crónico -siguiendo el patrón de estudios internacionales- como aquel que persiste durante más de seis meses en uno o más lugares del cuerpo y puede ser continuo o recurrente (se va y vuelve). Es diferente del dolor agudo, producto de lesiones traumáticas o procesos patológico agudos y que persiste hasta la cura. “Niños, adultos o ancianos portadores de dolor crónico”, afirma Cibele, “ven sus actividades y su vida profesional comprometidas, y generalmente sufren pérdidas significativas en su calidad de vida, su bienestar y su felicidad personal”.

Un mal de esta época
Pero ¿cuáles serían las causas de los altos índices dolor crónico? Aunque la investigación no toca en esta cuestión, Cibele dice: “Existe una hipótesis que indica que las causas están relacionadas con el propio estilo de vida moderno, con el sedentarismo y el estrés, y con una mayor intolerancia al dolor. Sin embargo, es un problema que puede y debe ser prevenido con medidas que mejoren la calidad de los ambientes de trabajo y un buen planeamiento de los servicios de salud, destinándolos a su prevención y atención terapéutica, y con la definición de políticas básicas de salud pública”.

En Estados Unidos, el informe Nuprin Pain Report, publicado en 1986 en el The Clinical Journal of Pain, estimó la pérdida de 500 millones de días de trabajo al año debido al dolor crónico, con un costo anual de 40 mil millones de dólares. En Europa es la causa más frecuente de limitación para el trabajo en individuos con menos de 45 años y la segunda causa de las consultas médicas. Según otro estudio, divulgado en 1992 por el British Journal of General Practice, entre el 25% y el 30% de la población de los países industrializados presenta dolor crónico, calificado actualmente como el mayor problema de salud pública.

Pimenta, profesora de la Escuela de Enfermería de la Universidad de São Paulo (EE-USP), trabajó con investigadoras de la Universidad Estadual de Londrina (UEL) y del posgrado de la EE-USP. Para evitar distorsiones, solo fueron incluidas personas no sometidas en la ocasión a tratamiento contra el dolor ni vinculadas a los servicios de la red pública de salud. La investigación abarcó a 1.871 habitantes de Londrina (Paraná), una ciudad considerada adecuada para la obtención de muestras representativas. El dolor crónico fue hallado en el 28,75% de los 915 niños de entre 7 y 14 años, de los cuales el 55,51% dijo que éste perjudicaba la frecuencia escolar y el 63,12% la concentración. Entre los 505 adultos entrevistados, con edades que oscilaban entre los 18 y los 60 años, el 61,38% padecía el problema y la mayoría no faltaba al trabajo por eso, pero su desempeño iba en detrimento. En el grupo de los ancianos (451 entrevistados, con edades entre 60 y 85 años), el 51,4% tenía dolor crónicoyel11,5% en más de un lugar.

Dolor aprendido
La investigación arribó a la conclusión de que es raro que un niño reciba tratamiento preventivo para el dolor de cabeza, el más frecuente. Niños de familias en las cuales alguien tiene dolor crónica son más propensos, incluso con coincidencia en la localización del dolor. Segundo Pimenta, esa constatación lleva a la hipótesis de que ellos “aprenden a sentir dolor” y repiten los comportamientos. El estudio sugiere también la influencia del modo de tratar al niño quisquilloso con medicación, mayor atención y permiso para faltar a la escuela. También se considera la existencia de factores genéticos.

Los chicos investigados iban a escuelas públicas y particulares de Londrina, en donde hay un alto índice de inserción escolar: del 95%. Ellos asociaron el dolor de cabeza al nerviosismo y a la agitación, el dolor abdominal a la alimentación y el dolor en las piernas a actividades físicas. También argumentan que los dolores en las piernas son desencadenados por el sueño, en lo podría ser llamado como dolor del crecimiento, que suele ocurrir por las noches.

Días de trabajo perdidos
Los adultos fueron seleccionados entre no docentes de la UEL, con contrato permanente de trabajo. La mayoría continúa trabajando aun sintiendo dolor, un dato que, según Cibele, acentúa la importancia de medidas preventivas que mejoren la calidad de vida en el trabajo. Pueden ocasionarse también separaciones del trabajo, lo que oneroso para el empleador y para los servicios de salud.

En ese grupo, los sentimientos más asociados al problema fueron la irritación, el desánimo y la voluntad de aislarse. En el día a día, el dolor perjudica más al humor y al sueño.

Ancianos lúcidos
También en el grupo de los más viejos -seleccionados por medio de un pre estudio que evaluó sus condiciones mentales-, el dolor crónico aparece predominantemente entre las mujeres. Pimenta sostiene la siguiente hipótesis: las mujeres sufren más desatención a sus quejas de dolor y por eso éstas tienden a enfatizarlas. Y el sistema hormonal puede influir.

La investigación indicó que los familiares y el personal de salud suelen desvalorizar el dolor de los ancianos, considerado “normal en la edad avanzada”, cosa que, para Cibele, parece ser un dato cultural. El propio anciano, en general, se siente “un peso” y tiene menos acceso a los servicios de salud que las otras personas. En los tres grupos, casi no aparecieron relaciones entre el dolor recurrente y el sexo, la franja de edad, la clase social y la escolaridad del jefe de familia. Con todo, el dolor abdominal incidió menos en la franja de entre 13 y 14 años y el dolor recurrente en las extremidades surgió menos en las franjas socioeconómicas D y E y en donde los jefes de familia tenían poca o nula escolaridad.

Tanto niños como adultos y ancianos crean sus propias ideas sobre las causas del dolor: uno de cada cuatro ancianos, por ejemplo, asoció el dolor de espalda a los movimientos para bajar, elevar o torsionar el tronco. Pero aún no surgía un cuadro completo sobre las dimensiones y el impacto de este problema, que hace que las personas cancelen viajes y vivan días seguidos de agonía.

Un sufrimiento incesante
El dolor nuestro de cada día, desde la infancia hasta la vejez

Niños
– El dolor crónico se manifestó en un 28,75% de los 915 entrevistados, más en las chicas (31,5%) que en los chicos (25,9%).
– Es más frecuente en la cabeza (15,96%), abdomen (6,78%), extremidades inferiores (6,99%), espalda (1,97%) y tórax (0,76%).
– Es casi tan común en la franja que va de los 10 a los 12 años (30,67%) como en la de 7 a 9 (30,42%), y menos frecuente en la franja entre 13 y 14 años (24,44%).
– Aparece toda las semanas en el 70% de los niños y suele durar más de una hora en el 60% de los casos. Perjudica bastante la práctica de deportes (74,9%), los juegos (63%) y los paseos (58%); pero muy poco el sueño y el uso de videojuegos.

Adultos
– La mayoría (61,38%) de los 505 entrevistados relata que convive con el dolor crónico, que es más frecuente entre los que trabajan en servicios básicos (76,08%) y menos entre los que ejercen cargos de jefatura y coordinación (37%).
– En este grupo, afecta el rostro y la boca (26,73%), la región lumbar, el sacro y coxis (19,40%), las extremidades inferiores (13,26%), los hombros y las extremidades superiores (8,11%), el abdomen (7,52%), la región pélvica (3,76%), la región cervical (3,56%), la región torácica (2,17%) o es generalizado (0,79%).
– Para controlar el dolor, el 60,74% de los entrevistados se automedicay tan solo un 11,8% va al médico.

Ancianos
– Poco más de la mitad (51,44%) padece dolor crónico en por lo menos un lugar del cuerpo. Es más frecuente en las mujeres (57,23%) que en los hombres (48,28%).
– El dolor en las piernas es diario en el 42,7% de los ancianos y el 31,63% se queja de dolor diario también en la región dorsal.
– Los entrevistados asocian el dolor crónico a sentimientos de tristeza y depresión (28,33%) o ansiedad y nerviosismo (28,87%).
– Los aspectos de la vida más afectados son el sueño (40%), el humor (39,07%), el esparcimiento (36,74%), el apetito (20,93%), la actividad sexual (18,14%), la vida familiar (16,28%) y la vida profesional (10,23%).

EL PROYECTO
Dolor Crónico en Niños, Adultos y Ancianos: Preponderancia, Caracterización e Impacto en la Vida Diaria
Modalidad
Línea regular de auxilio a la investigación
Coordinadora
Cibele Andrucioli de Mattos Pimenta – Escuela de Enfermería de la USP
Inversión
R$ 55.100,00

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