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Política C&T

El conocimiento está (aún) confinado

El Índice de Realización Tecnológica (IRT) de la ONU evalúa los procesos de creación, utilización y difusión de tecnologías en 72 países y sugiere medidas para estimular inversiones en busca de soluciones para los problemas de las regiones en desarrollo

El Informe de Desarrollo Humano 2001, divulgado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) al comienzo de julio, incluye por primera vez un ranking de desarrollo tecnológico de 72 países, clasificados a partir de un Índice de Realización Tecnológica (IRT). “El desarrollo humano y los avances tecnológicos se refuerzan mutuamente”, justifica el informe.

Brasil se ubicó en la 43ª posición, pese a albergar dos de los 46 Centros Mundiales de Innovación Tecnológica -uno en São Paulo y otro en Campinas- identificados por la revista Wired y mencionados en el informe. Wired tuvo en cuenta la presencia de Universidades y centros de investigación de nivel internacional, de empresas de alta tecnología y disponibilidad de mano de obra calificada, entre otros criterios, para calificar estos centros en una escala de 4 a 16 puntos. São Paulo obtuvo 9 puntos, y Campinas 8, reforzando el liderazgo del país en el desarrollo de nuevas tecnologías.

Pero la ONU acota que el IRT no mide el poderío tecnológico. Tiene en cuenta el proceso de creación, utilización y, sobre todo, el de difusión de tecnologías, apartado que compromete la participación relativa de países en desarrollo en el Índice, particularmente la de Brasil.

El IRT se basa en la media ponderada de cuatro indicadores: el de creación de tecnología, medido de acuerdo con el número de patentes concedidas a los residentes y por los ingresos externos per cápita obtenidos con patentes y licencias; el de difusión de innovaciones recientes, que considera el número de sitios en Internet per cápita y la proporción de exportaciones de tecnología en el total de exportaciones del país; la difusión de innovaciones anteriores, que considera el número de teléfonos fijos, celulares y el consumo de energía eléctrica per cápita; y el indicador de capacitación humana, que mide la escolaridad de la población y la tasa bruta de matrículas en las carreras científicas de tercer nivel.

Los 72 países analizados fueron calificados en función de su posición relativa, como Líderes, Líderes Potenciales, Seguidores Dinámicos y Marginalizados. Finlandia obtuvo el primer lugar, encabezando la lista de 18 países calificados como Líderes de desarrollo tecnológico. Batió a Estados Unidos, al registrar un mayor número de accesos a Internet y de individuos con formación en ciencia avanzada. Brasil se ubicó entre los 26 países considerados Seguidores Dinámicos, junto a la India, China, Colombia e Irán. Argentina, ubicada en la 34ª posición, se alineó entre los 19 Líderes Potenciales, junto a México.

“Si el índice midiera el potencial tecnológico, Brasil, China y la India no estarían en esa posición”, analiza Carlos Américo Pacheco, secretario ejecutivo del Ministerio de Ciencia y Tecnología. El IRT, dice Pacheco, compara correctamente el impacto de la tecnología en la calidad de vida de la población brasileña con la de los demás países.

El precio del atraso
El problema son los números relativos. Brasil registra una media de 33,6 patentes otorgadas a residentes por millón de habitantes e ingresos bajísimos por royalties de licencias. El mayor índice registrado por la ONU fue de 994 patentes por cada millón de habitantes. Pese a que el informe registra un crecimiento espectacular en el número de accesos a Internet en Brasil -de 26,5 mil en 1995 a 1,2 millones en 2000-, el número de sitios por millón de habitantes, de alrededor de 2.500, revela que el país aún tiene un largo camino por recorrer antes de democratizar esta herramienta de información. Entre los países líderes, este número llega a 232,4 por millón de habitantes.

Un indicador cuestionable es el consumo de energía eléctrica por habitante, cerca de 2 mil KWh en Brasil, ya que la demanda es, básicamente, determinada por el clima. Los noruegos, por ejemplo, consumen 13 veces más electricidad sin necesariamente ser tecnológicamente más adelantados. “Si el criterio fuera el número de domicilios conectados a la red eléctrica, tendríamos una mejor posición”, comenta Pacheco.

La participación brasileña en el IRT también sería diferente si el indicador agregara también a las exportaciones de alta tecnología, de 4 mil millones de dólares, las exportaciones de soja, un producto que involucra alta tecnología agrícola, como recuerda Carlos Henrique de Brito Cruz, presidente de la FAPESP.Brasil ganó puntos en el apartado telefonía fija y móvil: ya ha alcanzado la considerable marca de 425 teléfonos por cada mil habitantes. Pero pierde significativamente en el indicador que evalúa la capacitación humana. En 1999, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), los brasileños tenían en promedio 5,8 años de escolaridad, ante los 12 años de los países desarrollados.

No obstante, en este aspecto el informe refleja mucho más el atraso estructural del sistema de calificación de recursos humanos que el cuadro actual de la educación en el país, según Pacheco. Entre 1980 y 1994, el número de matrículas en las universidades brasileñas creció un 20%. Esta tímida expansión de dicho número cupos no provocó una “revolución” porque la demanda en el período fue pequeña. Entre 1994 y 1999, la expansión del número de matrículas trepó un 43%, reflejando la expansión del 66% de la enseñanza media en dicho período. “En números absolutos, formamos 13 veces más doctores que México y Argentina y también en el tercer nivel de calidad”, observa. En los próximos años, prevé, la expansión de la escolaridad de los brasileños y de las matrículas en el tercer nivel será “impresionante”.

Tecnología y mercado
El gran mérito del informe, en la visión de Pacheco, reside en su evaluación del papel de la Ciencia y la Tecnología para el desarrollo social. La premisa básica es la de que la tecnología es un instrumento de desarrollo y no solamente su recompensa. Empero sea una iniciativa orientada al mercado, ella tiene que estar al servicio de las necesidades de la población. Sin embargo las demandas de los consumidores europeos, norteamericanos y japoneses no corresponden necesariamente a las de los consumidores de los países en desarrollo, y las tecnologías deben ser adaptadas.

Las inversiones en la creación, adaptación y comercialización de productos que las poblaciones más pobres necesiten o puedan costear acaban no concretándose pues el retorno es bajo y no representan una oportunidad de mercado para el sector privado, según consta en el informe. La ruptura de ese círculo vicioso exige por parte de los países en desarrollo políticas activas de ciencia y tecnología e iniciativas globales que permitan, por ejemplo, solucionar las carencias alimentarias de 2 mil millones de personas en todo el mundo, o suplir la falta de energía eléctrica de otros 3 mil millones de individuos.

Estímulo a la inversión
El informe exhorta a que se tomen por lo menos cuatro medidas a nivel mundial. La primera es instar los gobiernos, al sector privado y a las instituciones académicas a sumar su capacidad de investigación, tanto en los países en desarrollo como por medio de la colaboración internacional. La segunda se refiere a la administración de los derechos de propiedad intelectual, de manera tal de obtener un justo equilibrio entre los incentivos privados y los intereses públicos. La tercera sugerencia es ampliar las inversiones en tecnología para el desarrollo, garantizando la creación y difusión de soluciones para problemas nacionales urgentes que no hayan sido atendidos por el mercado mundial. Y finalmente, el informe propone que se refuercen los apoyos regionales y mundiales que fomenten la capacidad tecnológica de los países en desarrollo.

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