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Política C&T

El espacio de la diversidad

El encuentro de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia reunió en Salvador de Bahía a distintas expresiones culturales y relatos científicos en un ejercicio de reflexión sobre Brasil

Habitual escenario de intercambio de ideas, impresiones e informaciones sobre la realidad nacional, el encuentro anual de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC), realizado este año en Salvador, Bahía, entre los días 13 y 18 de julio, dejó como resultado un notable inventario de la producción científica nacional: 32 conferencias, 80 simposios y 950 trabajos expuestos. Una maratón que reunió alrededor de 11 mil participantes, principalmente investigadores y estudiantes universitarios, aunque entre ellos se destacara un grupo bastante animado, identificado con sus camisetas blancas y azules: los 2.706 profesores de la enseñanza básica y media de Recife (capital del estado de Pernambuco).

“Muchas de nosotras ni siquiera conocemos la ciudad vecina, y ahora estamos acá!”, enfatizaba Alda do Espírito Santo, una de las integrantes de un programa de actualización de conocimientos instrumentado por medio de un operativo que movilizó 60 ómnibus con un costo de aproximadamente un millón de reales. En las conferencias a las que asistieron, no hesitaban en levantar la mano para hacer preguntas sencillas, que ciertamente ayudarán en el día a día escolar – querían saber, por ejemplo, cómo un funciona un gen.

La 53ª reunión anual, organizada bajo el tema central Nación y Diversidad, se nutrió con debates que reflexionaron sobre la búsqueda de alternativas, los componentes culturales y la multiplicidad de visiones de los problemas del país. “Debemos tener coraje para producir ciencia con ideas propias”, subrayó la profesora de la Universidad Federal de Bahía (UFBa) Eliane Azevedo en la ceremonia de apertura, realizada en un marco de gran animación en el Centro de Convenciones de Salvador.

Tras los discursos de las autoridades se escuchó el batuque del afoxé de Filhos de Gandhi, un grupo tradicional de la ciudad, creado en 1949 y formado exclusivamente por hombres vestidos con túnicas y turbantes blancos. A continuación ganó el escenario un inquieto dragón de 15 metros de largo, con el tradicional rostro de proa de los barcos del río São Francisco, cabellos al estilo rastafari, sombrero de cangaceiro (bandolero del nordeste brasileño), plumas indígenas y cuerpo y cola que remiten más directamente a orígenes chinos.

Creado por el director teatral y profesor de la UFBa Luiz Marfuz, el dragón era movido por 14 bailarines y homenajeaba a los espectáculos callejeros tradicionales de Bahía, y al cineasta bahiano Glauber Rocha (1939-1981), que dirigió O Dragão da Maldade Contra o Santo Guerreiro (Antonio das Mortes – 1969). “Históricamente, el dragón representa la confusión, pero también la reconstrucción”, comentó Marfuz.

Otra obra original fue el símbolo de la reunión de este año: una esfera de cemento de cerca de cinco metros de diámetro con imágenes de hombres y animales hechas de pedazos de cerámica. Creada por el artista bahiano Bel Borba, que realizó los mosaicos de azulejos que retratan iguanas y dinosaurios que adornan las calles de Salvador, ocupa la entrada de la UFBa.

Sapos y plantas
Estudiantes, investigadores y profesores testimoniaron las perspectivas de la producción científica nacional en presentaciones concurridas como la de Eliezer Barreiro, de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), que versó sobre las tendencias de desarrollo de fármacos. Con base en el modelado molecular, las nuevas técnicas de trabajo permiten la determinación de distancias entre los átomos, la sustitución de tramos de la estructura química o la construcción de membranas celulares para entender la velocidad de absorción de los medicamentos.

Más allá de la imaginación
Pero Barreiro resaltó: no conviene confiar solamente en las computadoras: “La naturaleza construye moléculas con estructuras altamente originales, que nuestra imaginación no conseguiría concebir”, comentó. Ésa es otra razón por la cual, de acuerdo con su manera de ver la cuestión, es importante estudiar intensamente los recursos biológicos brasileños. “Las plantas y los animales suministran la mayoría de las sustancias que son la base de los medicamentos.”

Fue así con el LassBio-294, un fármaco desarrollado en el propio laboratorio de Barreiro. Capaz de aumentar la contracción de los músculos del corazón y al mismo tiempo actuar como vasodilatador, fue obtenido a partir del safrol, un compuesto extraído del aceite de sassafrás, encontrado en plantas tales como la casca-cheirosa (Ocotea odorifera). Patentado por la UFRJ en 1999 junto con la Universidad de Maryland, Estados Unidos, ya pasó por los tests de toxicidad en animales de laboratorio y en breve pasará a la próxima etapa de pruebas en en humanos.

El problema es que, a expensas del esfuerzo nacional, las pérdidas se acumulan. Recientemente, el laboratorio Abbot, de Estados Unidos, patentó un analgésico conocido hace siglos por los indios de la Amazonia y 200 veces más potente que la morfina, es extraído del mucus de la piel del sapo Epipadobates tricolor. “Está en juego la soberanía científica de la Amazonia”, advirtió Adalberto Luis Val, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa). Segundo Val, es dramática la escasez de investigadores en la Amazonia -una de las causas para que las investigaciones estratégicas se concreten fuera de Brasil. En su propio laboratorio, con equipamientos valuados en 2 millones de dólares, trabajan apenas dos investigadores, habiendo espacio para como mínimo diez. En el Inpa, donde trabajan 266 especialistas, “caben tranquilamente dos mil”, comentó Warwick Kerr, director de la institución.

Al acecho de la plaga
También se mostró de qué manera la investigación puede, en sentido inverso, desarrollarse antes de que los problemas surjan. Es el caso del plano de combate la cochinilla rosada (Maconellicoccus hirsutus), un insecto devastador que puede llegar en cualquier momento a Brasil: ataca 200 plantas de importancia económica, entre ellas el frijol o poroto y los cítricos, y ya se ha instalado en 14 islas del Caribe y en Estados Unidos. “Adoptamos una estrategia de país inteligente, obrando como es debido”, contó Luiz Alexandre Nogueira de Sá, investigador de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa, sigla en portugués), en Jaguariúna. Motivados, los habitantes de las ciudades de frontera están atentos para avisar en caso de que encuentren cochinillas en Brasil, descritas en carteles y folletos.

Al mismo tiempo, fueron plantados hibiscos en los aeropuertos (Hibiscus cisplatinus), un de los blancos predilectos de la cochinilla rosada. Si la planta se seca y el ataque se confirma, se dará inició a la distribución de juanitas (Cryptolemus montrouzieri), que se comen a los individuos jóvenes y adultos de la plaga invasora. Mantenidas en la Embrapa de Jaguariúna, las juanitas puede ser reproducida por millares en los estados afectados.Está listo también, de acuerdo con Sá, un video que será exhibido en los aeropuertos, alertando sobre los riesgos y las posibilidades de transmisión de la cochinilla, que puede migrar escondida en los cabellos de los pasajeros de los vuelos internacionales o en las entrañas de las frutas. En esta área, el alerta es permanente. “Entran cargamentos de commodities agrícolas constantemente, como el maíz y el arroz, que a pesar de que son examinados, pueden traer plagas nuevas”, comentó.

La polémica de las aguas
Una de las presentaciones más animadas fue la que abordó el polémico proyecto de transposición de aguas del río São Franscisco, que contó con una platea de unos 700 estudiantes y profesores. Luiz Carlos Molion, de la Universidad Federal de Alagoas (Ufal), es favorable a la idea. “No habiendo una fuente alternativa de agua, será imposible que los sertanejos (campesinos habitantes del semiárido brasileño o sertão) salgan de la miseria”, comentó. “La lluvia disminuiría y por consiguiente la sequía se intensificará en los próximos años.” “Tengo dificultades para comprender cómo va a resolver los problemas de mi región este proyecto”, comentó, con una dosis de ironía, Edmilson Lacerda Evangelista, un sertanejo de 65 años que vive en Patos, Paraíba. Con un zapato en un pie y una chinela en el otro, expresó su recelo de que la transposición de aguas beneficie solamente a los propietarios de latifundios.

Abiertamente contrario al proyecto, João Suassuna, de la Fundación Joaquim Nabuco (FJN), de Recife, recordó que la región del semiárido es ambientalmente frágil y la extinción de las nacientes ya afecta irremediablemente el caudal del principal río del nordeste brasileño, de 2.850 m³ por segundo. “En mi opinión, no hay de dónde sacar agua”, dijo. Según Suassuna, Pernambuco es el estado con la menor oferta de recursos hídricos (1.320 m3 por habitante/año): los habitantes de Caruaru solo tienen agua una vez por mes y los de Recife viven últimamente con nueve de cada diez días sin agua. “Tenemos que usar mejor el agua, pues todavía se desperdicia mucho en las represas y en el riego”, alertó.Antes de sacar conclusiones, aconsejó Aziz Ab’Saber, de la Universidad de São Paulo (USP), es indispensable conocer y entender la región, principalmente los impactos ambientales. “Es necesario también exigir una reforma agraria en las áreas que pueden recibir aguas del São Francisco”, remarcó.

Cambio social
Miguel Trefaut Rodrigues, director del Museo de Zoología de la USP, comparte esa visión abarcadora: el proyecto de las aguas del São Francisco debe ser acoplado a un “cambio obligado en la estructura social y cultural brasileña”. “Solo tiene sentido llevar agua si son corregidas las injusticias sociales, si la población pobre del nordeste comienza a formar parte del tejido social y si las profesoras del interior comienzan a ganar por lo menos 40 por mes.”

Rodrigues mostró que llevar agua de una cuenca hidrográfica a otra, como se planea, implica alteraciones profundas en las estructuras de poblaciones de animales: si los peces del río São Francisco se mezclan con los del Jaguaribe, por ejemplo, sería más complicado conocer la historia evolutiva de cada comunidad. “Tenemos que encontrar soluciones propias, sin inercia intelectual, saliendo de los lugares comunes y de soluciones inmediatas”, enfatizó. “Trajeron mango, una fruta asiática, al nordeste. Pero ¿eso será bueno para la región a largo plazo? ¿No había alternativas más creativas, en un país tan rico en diversidad?”

Las raíces de la violencia
Mientras en el campus de desarrollaban los debates científicos -mechados con presentaciones de capoeira y de grupos musicales típicos de la región-, Salvador vivía momentos de tensión, ocupada por tropas del Ejército Brasileño con fusiles y tanques, en respuesta a la huelga de policías civiles y militares. No se dejó de examinar la explosión de violencia, que ganó formas colectivas con saqueos a comercios.

En una de las conferencias, Wander Melo Miranda, de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), recordó que la opresión, la miseria y la exclusión social constituían no solamente las causas más profundas de los embates ocurridos en las calles de Salvador: representan también la temática -actual, según su punto de vista- del escritor de Alagoas Graciliano Ramos (1892-1953), especialmente en Vidas Secas, llevado a la pantalla grande en 1963 por el cineasta paulista Nelson Pereira dos Santos. “Graciliano deshace la imagen de la patria como madre y la muestra como una madrastra de boca y ojos malos”, comentó Miranda. En una de las escenas, uno de los hijos de Fabiano, el personaje central, le pregunta a la madre qué es el infierno. Por toda respuesta, recibe un golpe con los nudillos de los dedos en la cabeza.

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