Imprimir Republicar

Política C&T

Investigación rentable

La Anpei reúne a representantes de empresas para debatir sobre innovación tecnológica y analizar maneras de fomentar inversiones en investigación y desarrollo

El rápido proceso de industrialización con base en la sustitución de importaciones, sobre todo en las décadas del 30 y del 70, impidió que el país tuviera problemas críticos para el acceso a tecnologías. Pero comprometió la capacidad de innovación de algunos sectores productivos, principalmente en lo que se refiere a procesos y productos. Esta asimetría es, de acuerdo con la visión del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT), un obstáculo para la competitividad en la actualidad, y su superación un desafío que exige acciones no solamente por parte del Estado y de las agencias de fomento, sino también por parte de las empresas.

La definición de estrategias para impulsar la innovación tecnológica empresarial es, por lo tanto, fundamental. Ése fue el tema de la 1ª Conferencia de la Asociación Nacional de I,DeE de las Empresas Innovadoras (Anpei), en São José dos Campos, realizada entre los días 21 y 22 de junio. “Tenemos que dar vuelta el partido”, sintetizó el director ejecutivo de la Anpei, Miguel Chaddad. Corea del Sur, que enfrentaba problemas similares, logró “dar vuelta el partido” gracias a políticas públicas de incentivos a inversiones en investigación y desarrollo (IeD).

Song Hyun, representante de Korea Industrial Technology Association (Kita), informó a los asociados de Anpei que el gobierno coreano adoptó facilidades corporativas e incentivos fiscales para estimular la innovación. “En diez años, logramos un nivel de industrialización que los países desarrollados demoraron 25 años en alcanzar”, dijo. Actualmente, las empresas coreanas son responsables por el 90% de las inversiones en IeD en el país, porcentaje similar al registrado en Estados Unidos. “En Brasil, las inversiones privadas no superan el 20%”, comparó Ronaldo Sardenberg, ministro de Ciencia y Tecnología, presente en la conferencia. Aquí, el Estado está empezando a crear estímulos para inversiones en innovación.

Ejemplo de ello son los Fondos Sectoriales de Desarrollo Científico y Tecnológico, que financiarán investigaciones y proyectos para la implementación de nuevas tecnologías en los sectores de petróleo, energía, recursos hídricos y telecomunicaciones, entre otros. El gobierno federal también pretende revitalizar a la Ley 8.661, de 1993, que prevé el otorgamiento de incentivos fiscales para inversiones en IeD, y estudia la creación de un régimen tributario simplificado para atraer recursos de los fondos de pensión hacia la investigación. “Las empresas deben invertir en tecnología y aumentar el tenor tecnológico de sus productos para no ser excluidas del mercado y conquistar el mercado internacional”, aconsejó el ministro.

Inversión de resultados
Además de garantizar la competitividad, la innovación también genera ganancias. “Las inversiones en tecnología tienen retorno”, garantizó Antonio da Cunha Campello, gerente de Organizaciones y Procesos de Embraer, otro expositor invitado por Anpei. La facturación de la empresa saltó de 360 millones dólares en 1996 a 2.800 millones en 2000, lapso en cual hubo una apuesta pesada en IeD. El ciclo de desarrollo de proyectos, por ejemplo, se redujo de cinco a tres años y el de producción de aeronaves, antes de 12 meses, cayó a la mitad. La productividad creció: la tasa de facturación por empleado aumentó de 40 mil dólares en 1994 a 307 mil dólares el año pasado. “Esto demuestra la capacidad de la empresa de generar resultados y tener competitividad global”, dijo Campello.

El proceso de innovación que garantizó la apertura del mercado internacional, actualmente, tiene reflejos incluso en la estructuración de los negocios. Es el caso del proyecto de desarrollo del ERJ 170-190, un avión con capacidad para transportar a 108 pasajeros, presupuestado en 850 millones de dólares. La nueva estrategia de organización prevé, por ejemplo, asociaciones de Embraer con proveedores y técnicas de ingeniería simultánea. En los últimos años, la empresa amplió considerablemente su acervo de conocimiento. De los 11 mil empleados, cerca del 10% son ingenieros, parte de ellos con especialización en la Universidad Embraer. Por medio un convenio por valor de 60 millones con la FAPESP, la empresa tiene acuerdos con varias universidades y está definiendo nuevos proyectos.

Multinacional brasileña
Otro ejemplo de buenos resultados obtenidos con inversiones en tecnología presentado en la conferencia de Anpei fue el de Embraco, fabricante de compresores para refrigeración, con unidades de negocios en Estados Unidos, Italia y China, y una oficina en Singapur. La empresa controla el 70% del mercado nacional y un 25% del mercado internacional de compresores, y tiene 94 patentes. Invierte anualmente cerca de 20 millones de dólares en IeD. “Invertimos el mismo porcentaje de facturación en investigación desde la década del 70, aun en períodos de reducción de actividades”, justifica Ernesto Heinzelmann, superintendente de Embraco que ya ocupó el cargo de director de Tecnología de la empresa.

Embraco inició sus actividades en Santa Catarina en 1974 utilizando la tecnología adquirida a la dinamarquesa Danfoss. “Ellos fueron buenos profesores, y nosotros, buenos alumnos”, dijo Heinzelmann. En 1983 crearon una área de IeD, y en 1984 ya estaban produciendo compresores con tecnología 100% Embraco. “Fuimos pioneros en el desarrollo de gases alternativos al CFC en la década del 90”, recuerda.

En un mercado consolidado y altamente regulado, el foco de interés de la empresa es la investigación aplicada. Para ello, además de contar con 23 laboratorios en tres países -Brasil, Italia y China-, Embraco mantiene otros también en la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC). La empresa también tiene acuerdos con la Universidad de São Paulo (USP), con la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) y con dos universidades en el exterior: la de Purdue, Estados Unidos, y la de Glasgow, Escocia.

Para preservar las plantillas de investigadores y mantenerlos activos en las tareas tecnológicas, la estructura de las carreras técnicas de la empresa es paralela a la de las carreras administrativas desde 1987. Un investigador senior, por ejemplo, tiene el mismo status, salarios y beneficios que los gestores que ocupan el mismo nivel en la organización de la empresa.Para Heinzelmann, una buena alternativa para fomentar la innovación sería estimular a los proveedores a acompañar el desarrollo tecnológico de las empresas. “Tenemos que transferirles competitividad a los proveedores”, dijo.

Sugiere también que las empresas inviertan más fuerte en la relación con las universidades. “No existe lugar más barato para hacer investigación con las universidades que Brasil: los profesores ganan poco, los laboratorios atraviesan dificultades y entonces cualquier adicional es bienvenido”, concluyó. Para Campello de Embraer, la Anpei debería, junto al gobierno federal, desarrollar acciones para estimular a las diez mayores empresas nacionales a apostar en el futuro tecnológico del país.

Ya existen alternativas exitosas de apoyo a la modernización de las empresas. Ejemplo de ello son los Programas de Asociación para la Innovación Tecnológica (PITE) y el de Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresa (PIPE), ambos financiados por la FAPESP, que ya operan con 162 y 55 empresas respectivamente. “No interferimos en el desarrollo de las investigaciones, pero la asociación tiene que generar conocimiento”, dice José Fernando Perez, director científico de la FAPESP.

Pequeña empresa
Si entre las grandes corporaciones se nota un escaso estímulo a la inversión en IeD, entre las pequeñas y medianas empresas el problema es aún más grave, dice Júlio Sérgio de Maya Pedrosa Moreira, director presidente del Servicio Brasileño de Apoyo a la Micro y Pequeña Empresa (Sebrae). En asociación con la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep), el Sebrae lanzó el Programa de Apoyo Tecnológico a las Micro y Pequeñas Empresas (Patme), que será desarrollado con el respaldo de las universidades e institutos de investigación y un presupuesto de 80 millones de dólares.

El Patme aún está lejos de tener la misma dimensión de la Anvar, la agencia francesa de innovación, que dispone de un presupuesto anual de 200 millones de dólares para financiar proyectos de empresas con hasta 2 mil empleados. “Por lo menos el 74% tiene un promedio de 50 empleados”, les comentó la representante de Anvar, Sylvie Leaute, a los asociados de Anpei.

El año pasado le fueron presentados a Anvar un total de 3 mil proyectos, y de ellos, 1.317 fueron viabilizados. El financiamiento incluye el pago de la mitad del salario de los investigadores contratados por la empresa a lo largo del primero año del programa.

Las multinacionales invierten en la customización de productos
Los centros de IeD de la gran mayoría de las empresas multinacionales están instalados en su país de origen. En Brasil y demás regiones donde éstas operan, mantienen centros de aplicación y customización de productos, de manera de adecuarlos a los cánones culturales y a las legislaciones locales. En el caso de JohnsoneJohnson, por ejemplo, el centro de investigaciones es en Nueva Jersey, Estados Unidos, dividido en áreas por producto.

“Cuando una empresa es global, el liderazgo no está en el país”, explicó Susan Nettesheim, vicepresidente de IeD de Johnson&Johnson, que participó de la reunión de Anpei. “La mayor parte de los productos es desarrollada en un país y luego lanzada en todo el mundo.”

La regulación también es un fuerte estímulo a la investigación, sobre todo en los países latinoamericanos, subraya. “Los mejores insights provienen de los pequeños países, porque están más cerca del mercado”. Los diversos equipos se reúnen cuatro veces al año, “para estudios futuros”. En el transcurso año, las informaciones sobre proyectos son intercambiadas por medio de sitios. Renault también invierte en investigación aplicada para adaptar sus automóviles a las exigencias de la legislación ambiental y los estándares de consumo brasileños.

Los proyectos de IeD son desarrollados en orden jerárquico, en aquellas áreas que la empresa ha dado en llamar como Centro de Competencia, Oficinas de Coordinación y Gerenciamiento a Distancia. “En Brasil, Renault mantiene una Oficina de Coordinación y de Gerenciamiento a Distancia”, explicó Kim Lansford, gerente del Grupo Internacional de Investigación de Renault.

Republicar