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Historia

La maravillosa tierra extranjera

Investigador compila relatos sobre la Bahía de Guanabara antes de Don João VI

“Todo me lleva a creer que esos nativos son el pueblo más bárbaro que existe sobre la Tierra. El día 10 de noviembre, llegamos a Guanabara. En el lugar encontramos 500 ó 600 salvajes, todos desnudos y armados con arcos y flechas. Esa nación se mantiene en estado de guerra contra otras cinco o seis. Cuando toman un prisionero, le ofrecen como esposa a la más bella de la tribu. Esa relación es mantenida por un cierto tiempo. Expirado éste, los nativos hacen una gran cantidad de vino de maíz y lo beben hasta el hartazgo con los amigos invitados para la ceremonia. En esa ocasión, el prisionero es golpeado hasta la muerte con un garrote de madera y, posteriormente, dividido en pedazos, que son asados a las brasas y comidos con gran placer.”

Esta descripción es tan solo una -y de las más sutiles- realizada por el piloto francés Nicolas Barré, en carta enviada a París, en 1555. Barré narraba la travesía del Atlántico y las primeras impresiones sobre la tierra y los hábitos en la Bahía de Guanabara. Barré formaba parte de la comitiva de más de 500 hombres que acompañaron al caballero de la Orden de Malta Nicolas Durand de Villegaignon, responsable por el éxito de una ambiciosa aventura francesa en el Nuevo Mundo: fundar la Francia Antártica, a partir de la cual los franceses conquistarían el camino de las Indias.

La empresa de Villegaignon fracasó – Henriville, primera ciudad europea erigida en el territorio del estado de Río, fundada por él diez años antes de que los portugueses fundaran Río de Janeiro, fue destruida por los lusitanos cuatro años después de construida. Pero las aventuras del caballero en los trópicos rindieron varios relatos sobre el Brasil colonial, como el de su compañero Barré, que forma parte del libro Visões do Rio de Janeiro Colonial – Antologia de Textos 1531-1808 (José Olympio, 261 páginas, R$ 25,00), del historiador Jean Marcel Carvalho França.

La publicación es el primer volumen de una antología de 62 textos escritos por extranjeros que estuvieron en el Río colonial. El segundo, de la misma editora, recibió el nombre de Outras Visões do Rio de Janeiro Colonial – Antologia de Textos 1582-1808 (346 páginas, R$ 34,00).Entre los años 1995 y 2000 (durante los dos últimos contó con el apoyo de una beca posdoctoral de la FAPESP en la Universidad Estadual Paulista/Assis), França investigó archivos portugueses, ingleses, brasileños y australianos para reunir los raros y dispersos relatos de viajeros que estuvieron en Río de Janeiro antes de 1808, año en el cual la Corte portuguesa llegó a la ciudad y la transformó en capital del Imperio.

Compilación
Su intención inicial era realizar un análisis de la vida cotidiana de Río. Sin embargo, en razón de la escasez de documentos -hay más relatos posteriores a 1808 debido a los incentivos de la familia real-, França decidió hacer una compilación de lo que encontrara. Con ello, además de reunir subsidios para futuramente analizar el día a día de la ciudad, prestó un servicio útil a otros investigadores. “Fue un trabajo pensado para especialistas, pero acabó suscitando el interés del público en general, como lo demuestra el éxito de los libros”, observa el historiador.

Lo que se encuentra en los relatos reunidos por França es una visión abarcativa de las impresiones que estos extranjeros tuvieron de Río. “La gran sorpresa es la homogeneidad de esas visiones”, dice el investigador. “Curiosamente, hombres de diferentes épocas, nacionalidades y clases sociales, dejaron descripciones similares de la ciudad y de sus habitantes”, dice França. “Hay de todo un poco: carteristas, como George Barrington y James Hardy Vaux; grandes navegantes, como James Cook y Oliver van Noort; aventureros corajudos, como Antony Knivet y Richard Flecknoe; y cirujanos de la Marina, como John White y George Hamilton, así como muchos marineros profesionales.”

El Río de Janeiro descrito por ellos es bonito y agraciado con todo lo que Dios podría dar a una urbe para tener ciudadanos prósperos y felices. “No obstante, ese verdadero paraíso terrestre tiene una mácula: los hombres que lo habitan, violentos, corruptos, vanidosos, indolentes y, fundamentalmente, sin reglas en su conducta sexual -hombres y mujeres”, observa França.

La mayor parte de las narrativas, dice França, es del siglo XVIII y comienzos del XIX, período en el cual Río de Janeiro se convirtió casi que en parada obligatoria para las embarcaciones europeas con rumbo hacia el Cabo de Buena Esperanza y para el Estrecho de Magallanes. “Hay relatos para atender a las necesidades más diversas de los investigadores: relatos en los cuales pueden encontrarse detalles sobre navegación y comercio, y también sobre innumerables temas: cotidiano de los habitantes, arquitectura de la ciudad, etc.”, asegura el investigador.

Entre sus viajeros favoritos están Barré, “por la riqueza de detalles”, el español Aguirre (1783), “que describe con morosidad los hábitos de los cariocas”, George Staunton (1793), “un inglés culto, con un sentido exquisito de observación”, y James Tuckey (1804), “que traza un panorama de la vida local amplio y permeado por observaciones importantes para el estudio de la sociedad carioca años antes de que Don João VI y la corte portuguesa se instalaran en la ciudad”.

Confiable
Las traducciones de los textos, la mayoría originariamente en francés e inglés (había también otros en español, uno en italiano, uno en alemán y otro en holandés), fueron hechas por el investigador. “Siempre que me fue posible, traduje la primera edición de la obra o una edición organizada por el propio autor, o una edición más reciente que se haya tornado más confiable”, explica França. El trabajo de traducción, según él, se vio facilitado por la existencia de diversos diccionarios en Internet, que presentan los términos en desuso de las lenguas.

Internet, por cierto, hizo que esta investigación colocara a la orden del día un nuevo paradigma para la investigación histórica. “Alrededor del 50% del material fue localizado y obtenido a través de la red”, cuenta el historiador. França encontró relatos en archivos de diversas partes del mundo, como la Biblioteca de Washington, la Biblioteca Nacional de Francia y los archivos de Sevilla, sin salir de Brasil. “Confieso que me convertí en un ardoroso defensor de las investigaciones vía Internet”, observa.

El material no investigado virtualmente fue encontrado en Portugal (Biblioteca Nacional de Lisboa, Biblioteca de Ayuda y Sociedad de Geografía de Lisboa) y en Brasil (Biblioteca del Instituto de Estudios Brasileños – IEB/ USP y biblioteca particular de José Mindlin). Ahora França pretende investigar las ciudades de Salvador y Recife.

El proyecto
Visiones del Río de Janeiro Colonial; Modalidad Beca Posdoctoral; Orientador Luiz Roberto Velloso Cairo -Unesp de Assis; Investigador Jean Marcel Carvalho França – Unesp de Assis

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