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Cooperación

Red mundial contra el cáncer

Estudio de mil genes pone de relieve la contribución del proyecto brasileño

Durante seis días, entre el 20 y el 25 de agosto, treinta especialistas de los dos mayores proyectos que estudian los orígenes genéticos del cáncer se reunieron en el Instituto Ludwig de São Paulo, en donde con el auxilio de una red de 20 computadoras, discutieron y compararon sus datos con el objetivo de descubrir marcadores de la enfermedad. El encuentro reunió a investigadores del Genoma Humano del Cáncer, iniciativa conjunta de la FAPESP y de la filial paulista del Ludwig, y del The Cancer Genome Anatomy Project (CGAP), del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos. Participaron también especialistas de la Universidad de Oxford, Inglaterra, y del Instituto Nacional de Bioinformática de Sudáfrica (Sanbi).

Este tipo de evento, denominado de jamboree (congreso internacional de scoutismo, en inglés), es una reunión de trabajo informal y prolongada, que se extiende durante días. Un esfuerzo concentrado, con investigadores de varios países, con el objetivo de proporcionar una visión integrada sobre un tema. En el área de genomas, hubo recientemente dos jamborees, uno sobre la Drosophila melanogaster, la mosca de la fruta, y otro sobre el ratón común (Mus musculus).

En el encuentro sobre el cáncer, los investigadores centraron sus análisis en los 2,7 millones de secuencias expresadas (fragmentos de genes) extraídas de tejidos humanos con tumores, 1,5 millones de éstas provenientes de trabajo del CGAP y 1,2 millones del proyecto brasileño. Además de abocarse a estas secuencias, los investigadores estudiaron el patrón de expresión y de mutación de un grupo de mil genes relacionados con tumores. “A partir de esas discusiones, queremos producir un artículo para una revista científica”, dice Andrew Simpson, del Instituto Ludwig y coordinador del Genoma Humano del Cáncer.

Para Robert Strausberg, director del CGAP, el trabajo conjunto de brasileños y estadounidenses, responsables por los proyectos más productivos en el área de genoma del cáncer, puede acelerar la búsqueda de nuevas formas de diagnóstico y tratamiento de las diversas manifestaciones de la enfermedad. El optimismo se justifica: los dos grupos usan metodologías distintas, pero complementarias en la tarea de buscar fragmentos de genes vinculados al cáncer.

Medios y puntas
El Genoma Humano del Cáncer utiliza la técnica Orestes, creada en Brasil, que extrae informaciones principalmente de las regiones codificadoras (expresadas) del código genético, que suministrarán las instrucciones para la producción de proteínas. Situadas generalmente en la parte central de los genes, esas regiones representan a alrededor del 3% del genoma humano, compuesto de 3 mil millones de pares de bases. El CGAP usa técnicas que obtienen informaciones de los extremos de los genes.

El sueño de todo científico que estudia las causas genéticas del cáncer es encontrar marcadores para cada tipo de tumor, descubrir alteraciones en el genoma que sean la marca registrada de las diversas formas de la enfermedad. No es fácil. Al final, se trata de una de las dolencias más mutables de las que se tenga noticia. Algunas formas de cáncer son, por ejemplo, localizadas y de progresión lenta. Otras se esparcen por el organismo a una velocidad impresionante. Pese a todos los avances en medicina, el diagnóstico preciso – y precoz – no siempre es posible.

En la búsqueda de marcadores del cáncer, una de las herramientas de los investigadores son los chips de ADN. Con el auxilio de estos dispositivos, que permiten colocar miles de genes clonados en una lámina, los investigadores consiguen saber cuáles de ellos son usados en una determinada situación. De esta forma pueden verificar, por ejemplo, cuáles genes actúan en un tejido sano del pulmón y cuáles se expresan en células de ese órgano tomadas por tumores. El sudafricano Winston Hide, director del Sanbi, que participó del encuentro en São Paulo, cree que alrededor de un tercio de los estimados 30 mil genes humanos está relacionado con el cáncer.

En el primer equipo
Para Hide, la contribución del proyecto brasileño – una inversión de 20 millones de dólares, costeada en partes iguales por la FAPESP y el Ludwig – ha sido decisiva, mayor incluso que la contribución del CGAP. La cantidad de datos suministrada por el CGAP es mayor, pero la información proporcionada por el Genoma Humano del Cáncer es de mayor calidad. “Creo que el 70% del conocimiento del mundo sobre genes expresados del cáncer proviene de Brasil y apenas un 30% de Estados Unidos”, afirma Hide. “El jamboree fue muy interesante, ya que por primera vez tuvimos la posibilidad de tener una visión integrada del genoma de cáncer.”

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