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Ciencia

Las líneas de tratamiento

Los estudios no desestiman la inhalación de corticoides, excepto en los casos más leves

Desde hace mucho tiempo, el asma es tratada con broncodilatadores suministrados durante las crisis de falta de aire mediante bombas de inhalación. Entretanto, cuando quedó claro el carácter inflamatorio de la enfermedad, el tratamiento pasó a incluir corticoides (antinflamatorios) inhalados. La inhalación regular de corticoides permite casi siempre controlar la inflamación y evitar las crisis, con pocos efectos colaterales, toda vez que el producto permanece casi por completo alojado en los pulmones. Pese a que en los últimos años se han desarrollado muchos estudios para la obtención de nuevas drogas contra el asma, ninguna, por ahora, se compara en eficiencia con los corticoides inhalados.

Muertes evitables
Un estudio del grupo interdisciplinario de Martins en la FM-USP muestra que en São Paulo, más del 80% de las muertes por asma podrían evitarse. Marisa Dohlnikoff analizó 30 casos fatales y verificó que al menos 25 pacientes tomaban medicación totalmente inadecuada -solamente broncodilatadores y ningún antiinflamatorio. Y 28 de ellos se encontraban en crisis desde hacía más de 24 horas cuando llegaron al hospital.

La necropsia mostró que la inflamación crónica había producido alteraciones irreversibles en los tejidos pulmonares, con acumulación de fibras de colágeno, que favorecen la pérdida de elasticidad y la obstrucción de los alvéolos. “A excepción de los pacientes que tienen menos de una crisis por semana, es esencial tratar el asma con antiinflamatorios para evitar esas alteraciones irreversibles. Los broncodilatadores por sí solos no bastan”, subraya Martins.Así, el equipo de Martins procura contribuir para perfeccionar las terapias con antiinflamatórios.

Un estudio de Ana Lúcia Cabral, por ejemplo, mostró que la medicación no puede ser prescrita apenas con base a la intensidad de los síntomas, como suele hacerse. Esto se debe a que, en muchos casos, no existe una correlación directa entre la gravedad de la inflamación y/o de la obstrucción pulmonar y el nivel de molestia – sobre todo la falta de aire – que se siente.

Para arribar a esta conclusión, Ana Lúcia estudió a 84 niños asmáticos, de entre 5 y 14 años. Durante tres meses, estos niños anotaron diariamente sus síntomas y midieron, con un aparato especial, la velocidad máxima con que el aire era expelido desde el pulmón, un buen indicador del nivel de inflamación. El estudio mostró que, en la mayoría de los pacientes, no existe relación directa entre la intensidad de los síntomas y la situación objetiva del pulmón.

Una percepción distorsionada
Algunos niños portadores de asma grave tenían, en un 45% de las ocasiones, una percepción que subestimaba el problema, mientras que en otras, apenas con asma leve, tenían una sensación exagerada en un 100% de las ocasiones.Esos resultados llevaron al grupo a desarrollar métodos eficientes y no invasivos de medir el nivel inflamatorio. “Es importante evaluar la intensidad de la inflamación, para administrar el medicamento más eficiente en la dosis justa”, subraya Martins.

Y recuerda que los disturbios psicológicos como el estrés y la depresión, que acentúan los síntomas del asma, pueden agravarse por la acción de los broncodilatadores usados. Por otro lado, una investigación del grupo comprobó la influencia de las alteraciones nerviosas en el desencadenamiento de crisis asmáticas.

Sí a los ejercicios
Los estudios del equipo de Martins también mostraron que, a diferencia de lo que muchos creen, los ejercicios físicos – siempre que sean efectuados en la intensidad apropiada – son esenciales para garantizar la calidad de vida de los asmáticos. De esta manera, en el Laboratorio de Ejercicio, armado con financiamiento de la FAPESP y coordinado por el fisioterapeuta Celso Fernandes Carvalho, un grupo de asmáticos adultos fue sometido a esfuerzos físicos intensos, lo que propicia crisis de asma. Sin embargo, la comparación entre los síntomas y el nivel de obstrucción pulmonar mostró, que, en buena parte de los pacientes, el momento de mayor falta de aire no coincidía con el de mayor obstrucción pulmonar. “Eso muestra que la molestia mayor es, muchas veces, causada por la falta de estado físico y no por el asma”, explica Martins.

Drogas específicas
Los investigadores enfatizan que ninguna nueva droga o nuevo tratamiento contra el asma, inmunoterápico o no, tuvo en los seres humanos una eficacia tan amplia como la de los corticoides inhalados. El problema de esas drogas, entretanto, continúa residiendo en sus efectos colaterales. A pesar de que dichos efectos son raros cuando las drogas son aplicadas por vía inhalatoria, los mismos pueden incluir ronquera, infección de garganta, agravamiento de osteoporosis y, en el caso de los niños, retraso del crecimiento.

Una novedad terapéutica son los antileucotilenos, pero solo funcionan bien en asmáticos para los cuales el ejercicio y la aspirina desencadenan las crisis, grupo que solo representa un 10% del total de pacientes. Otra familia de drogas, en fase final de tests, es la de la antinmunoglobulina E (IgE), que inhibe la producción de ese anticuerpo relacionado con el asma. Sin embargo, la expectativa indica que las anti-IgE solamente serían eficaces también para un subgrupo de asmáticos.

“Quizás el futuro sea ése: tratamientos específicos para cada tipo de asma”, especula Martins, destacando empero que, de inmediato, los pacientes podrían ganar mucho con la aplicación de los conocimientos ya disponibles sobre la enfermedad y con el perfeccionamiento del uso de corticoides.”Desgraciadamente, buena parte de los médicos aún trata el asma solamente con broncodilatadores”, dice, recordando un estudio sobre niños en el Hospital Darcy Vargas. “Ninguno volvió a ser internado después que pasó a recibir la medicación adecuada.”

Homeopatía y genética
Pese a que defiende los corticoides, Martins admite que otros tratamientos, como la homeopatía, pueden redundar en buenos resultados: “Existen pocos estudios sobre éstos, pero la mayoría de los pacientes cuenta que logró resultados satisfactorios con la homeopatía”. La búsqueda de drogas y tratamientos constituye tan solo una de las líneas de investigación sobre asma en el mundo. Otra que se encuentra en plena expansión es la investigación de los mecanismos genéticos que hacen que algunas personas tengan predisposición a desarrollar la enfermedad y otras no.

Aunque todavía estén distantes de llegar a aplicaciones prácticas, dichos estudios podrían revolucionar el tratamiento del asma. Investigadores de Europa, Estados Unidos y Canadá, actúan en esa misma línea de trabajo, en la que uno de los nombres más expresivos es el del neumólogo de Río Grande do Sul, Noé Zamel, que trabaja desde hace décadas en la Universidad de Toronto.

La relevancia de Brasil en los estudios sobre asma reside en los factores ambientales que hacen que la enfermedad crezca en el mundo. Existen importantes grupos de investigación en ese área en las universidades federales de São Paulo (Charles Naspitz y Dirceu Solé) y de Río de Janeiro (José Roberto Lapa e Silva), y en la Pontificia Universidad Católica (PUC) de Porto Alegre.

“Lo que está claro es que el asma es un síndrome provocado por un sinnúmero de causas y que su tratamiento debe incluir no solamente drogas, sino también la educación de los pacientes y sus familiares en cuanto a cómo identificar y evitar alergénicos y sobre la importancia de los ejercicios moderados”, evalua Martins. Precisamente con esos objetivos, las asociaciones de asmáticos están creciendo en todo el mundo (recientemente se creó una en Brasil) y la Organización Mundial de la Salud creó la Global Iniciative for Asthma (Gina), que tiene un sitio en Internet.

EL PROYECTO
Evaluación de la Inflamación de las Vías Respiratorias en el Asma: Desarrollo de Modelos Experimentales y Estudios Clínicos
MODALIDAD
Proyecto temático
Coordinador
Milton de Arruda Martins – Facultad de Medicina de la USP
Inversión
R$ 295.488,28 y US$ 123.789,25

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