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semiología

Navegando entre Platón y salchichas

Una Investigación muestra que la complejidad de la hipermedia genera un nuevo tipo de lector, con habilidades distintas tanto del intérprete de la palabra escrita como del receptor de los signos urbanos

eduardo cesar / miguel boyayanAquellos que siempre se intimidaron delante de una computadora se asustaron aún más cuando esa caja mágica se transformó en una puerta de acceso al mundo virtual. Si bien para algunas personas ya era difícil lidiar con las microcoputadoras cuando éstas no pasaban de ser máquinas de escribir y de calcular mejoradas, el advenimiento de la faz amigable de Internet, en 1990 – el maravilloso mundo de la World Wide Web, o simplemente WWW, con sus pantallas invisibles y aparentemente sin fin, que pueden levar a todo (o a nada) – exacerbó el malestar.

¿Por qué tanta gente, sobre todo los más viejos y los menos instruidos, se sienten perdidos en el enmarañado de páginas electrónicas, sonidos, textos, imágenes, enlaces e iconos del universo digital? En fin, ¿por qué la comunicación en el ciberespacio es un desafío a veces casi que intransponible para los neonavegantes?

Para la semióloga Maria Lucia Santaella Braga, directora del Centro de Investigación en Medios Digitales de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (Cimid/PUC-SP), financiado por la FAPESP, que ha finalizado un estudio práctico y teórico sobre los usuarios de la hipermedia, la figura del internauta dio origen a un nuevo tipo de lector, del cual son exigidas habilidades totalmente diferentes a las requeridas a los receptores de la palabra impresa o de la imagen en movimiento del cine y de la televisión.

“Es un lector revolucionariamente nuevo”, dice la investigadora. Navegar es una actividad más compleja que leer un libro o ver un programa de televisión. “El internauta se encuentra en un estado permanente de apronte perceptivo y su actividad mental debe estar en perfecta sintonía con las partes motora y cognitiva. El lenguaje del mundo digital solo existe cuando el usuario actúa e interfiere en el mensaje”, afirma. No es de extrañar, por lo tanto, que los no iniciados en los meandros de la red se pierdan en su laberinto de opciones, todas a pocos clicks de distancia, y se cansen rápidamente de vagar en el medio virtual. Parafraseando al semiólogo y escritor italiano Umberto Eco, el internauta puede ir de Platón a salchichas “dando apenas cinco pasos”.

Lucia calificó al usuario de Internet como un lector inmersivo, un ser sumergido en las arquitecturas líquidas del ciberespacio, en donde todas las formas de signos (sonido, imagen y texto) se encuentran lado a lado, digitalizadas e interconectadas por redes de datos sin principio o fin aparentes. Quien establece el orden de esa información fragmentada disponible en el universo virtual es el usuario. Aunque para ello tenga que pasar, muchas veces, por puntos preestablecidos por los autores de las páginas electrónicas – los enlaces (links), atajos que conectan los incontables fragmentos de información que fluctúan por la red.

Cada internauta teje su tela particular de conexiones de manera asecuencial y multilineal, a veces con una lógica que es peculiar apenas para él, para nadie más. “Al final de cada página, es necesario elegir hacia dónde ir”, afirma Lucia. “El usuario es quien determina cuál información debe verse, por cuánto tiempo y en qué secuencia”. Esa peculiaridad, según la semióloga, hace de Internet el único medio íntegramente dialógico e interactivo. En el libro, el periódico, la radio y la TV, la comunicación tiene un solo sentido: del emisor al receptor. El teléfono y el fax son interactivos, pero solo conectan a un número limitado de personas y son monosemióticos, es decir: el primero solamente transmite el sonido, y el segundo, textos (e imágenes) sobre un papel.

Libro y ciudad
La postura del internauta es diferente al comportamiento exhibido por los dos tipos de lectores que lo precedieron: el lector contemplativo del libro, surgido al final de la Edad Media (siglo XV) y hegemónico hasta mediados del siglo XIX, y el lector movedizo y apresurado de la sociedad industrial, habitante de las grandes ciudades, que se desplaza en medio a una miríada de signos urbanos, consumidor de periódicos, oyente de radio y, más tarde, televidente. El primero es un ser sin prisa, que se depara con objetos y signos durables, palpables y inmóviles: pinturas, grabados, mapas y partituras, además de libros.

Su relación con esos signos perennes obedece casi siempre a una secuencia clara, y la vista es el sentido más accionado, al servicio de su imaginación. El segundo es el ciudadano de un mundo más acelerado, en se donde tropieza a cada momento ante las más variadas formas de signos móviles que pueblan las metrópolis: sonidos y ruidos de la vida urbana, la palabra escrita agigantada en letreros y afiches, paneles y pantallas luminosas y nerviosas, con imágenes en movimiento, como si fueran grandes televisores. En ese ambiente, casi todo es fugaz, para su consumo rápido e inmediato, como el periódico, el primer gran rival del libro, que en 24 horas pasa de ser una novedad a ser un objeto vetusto.

Lucia Santaella subraya que, después de la revolución industrial, esos dos tipos de lector pasaron a coexistir en la sociedad. Las nuevas tecnologías de la comunicación y la creciente urbanización de la población mundial aumentaron progresivamente el peso del lector movedizo, del hombre que literalmente anda entre los signos. No obstante, no terminaron con el mundo de las cosas fijas y perennes, con el apreciador de libros. En este inicio del siglo XXI, se está dando un proceso similar. El internauta gana espacio entre los lectores de libros y los intérpretes de los signos urbanos.

Pero su llegada no es vista como un indicio de la extinción de sus antecesores. Los tres tipos de lectores convivirán lado a lado, materializándose a veces enuna misma persona en momentos distintos. “El libro no desaparecerá”, afirma la investigadora de la PUC. Para la semióloga, las personas que valoraban mucho los libros y que tienen poca familiaridad con el universo urbano de los signos en movimiento, tienen mayores dificultades para convertirse un lectores inmersivos, digitales.

En un primer momento, puede parecer inusitado el interés de una especialista en semiótica por Internet, un tema normalmente visto y analizado bajo la óptica de las ciencias exactas. Pero en la medida en que esta disciplina implica el estudio de los signos (objetos, formas o fenómenos que representan algo diferente de sí mismos), el análisis de la red por parte de este tipo de investigador es hoy en día más que natural. Al fin de cuentas, en toda la historia de la humanidad, Internet es el primer medio de comunicación que logró abarcar todos los tipos de signos – texto, sonido e imagen: lo verbal, lo auditivo y lo visual -, en una misma forma de lenguaje, el lenguaje digital de losbits , en donde la información, bajo cualquiera de sus formas, puede ser codificada y decodificada.

De repente todo lo que era real y palpable pasó a tener una versión virtual, distante apenas a algunos clicks de mouse : el diario, la revista del fin de semana, las imágenes de la televisión, el sonido de la radio, el texto íntegro de un libro antiguo. Incluso aquel afiche que veíamos en la calle fue transportado a la pantalla de la computadora. “El ciberespacio es el signo de los signos”, dice Lucia.

El desafío de entender cómo el ser humano razona e interactúa con Internet es tan grande y nuevo que Lucia resolvió realizar por primera vez en su carrera un trabajo de campo. “Siempre fui teórica y no tenía experiencia en investigación práctica”, reconoce la semióloga, que contó con la colaboración de tres becarios de iniciación científica del CNPq en su estudio. “Inicialmente, todo lo que pense fracasó”.

La idea original de Santaella era entrevistar y observar a 30 personas usando Internet; 15 de éstas ya entraban a la red, y 15 no estaban familiarizadas con el mundo virtual. Ese abordaje, demasiado esquemático, sencillamente dividía a los individuos en iniciados y no iniciados en el mundo virtual, y no tuvo éxito. Las respuestas eran lacónicas y la observación no mostró casi nada significativo. “Esa etapa sirvió para indicar que el camino era otro”, afirma la investigadora, con humildad y buen humor.

Novatos, legos y expertos
Ni bien percibió las limitaciones del método, Santaella realizó algunas correcciones en su derrotero. Elevó el número de personas estudiadas a 45 y las clasificó en tres grupos de 15 individuos, creando una categoría intermediaria entre los dos extremos. La primera categoría comprendía a los individuos sin conocimiento previo de la red, que fueron llamados novatos. En el nivel siguiente, fueron reunidos los individuos con poco conocimiento de Internet, caratulados como legos. En el tercer plano se ubicaron los internautas expertos, que dominan los meandros del mundo virtual y por eso pasaron a ser llamados de esa manera.

Para explotar toda la gama de razonamientos de esos tres grupos de usuarios, la semióloga también alteró la forma de extraer informaciones de los participantes del estudio. En vez de hacerles preguntas sobre el proceso de navegación, empezó a proponerles tareas, cuyo grado de complejidad variaba según el grupo al que pertenecía cada persona. Las tareas eran , por ejemplo, encontrar informaciones sobre el campeonato paulista de fútbol o entrar en un sitiode chat. Para obtener impresiones aún más detalladas sobre los usuarios novatos y expertos, también se realizaron grabaciones en videos de algunos usuarios.

El análisis del trabajo de campo dejó claro que la forma de razonar de cada grupo en el ciberespacio es orientada por diferentes mecanismos de inferencia, distintas formas de sacar conclusiones, y esto le confiere características particulares a cada categoría de internauta. Entre los usuarios novatos, las conclusiones son fruto, básicamente, de una manera de pensar llamada abducción, muy usada por las personas ante cosas o individuos sobre los cuales poco o nada conocen.

¿En que consiste la abducción? Es un proceso mental por el cual el entendimiento de un signo se lleva a cabo mediante el auxilio de un código que le es familiar al intérprete. Una persona que, por ejemplo, nunca navegó en el ciberespacio, abre un CD-ROM multimedia de acuerdo con las instrucciones que le fueron dadas sobre cómo operarlo. Al entrar al programa, se depara con un ambiente en tres dimensiones y no sabe qué hacer. Moviendo el mouse , pasea el cursor sobre la pantalla y percibe que un punto se ilumina. El usuario supone entonces que debe clickear el mouse en este punto. Listo: acabó de realizar una inferencia abductiva. Por navegar anclado mayoritariamente en este tipo de razonamiento, el novato es definido por Lucia como un “internauta errante, aquel que práctica el arte de la adivinación”.

Los usuarios legos, en proceso de familiarización creciente con Internet, se desplazan en el espacio virtual de manera diversa. Su proceso de inferencia predominante es la inducción: a partir de un caso específico, establecen conclusiones generales. Lucia los denomina “internautas detectives, que aprenden con la experiencia”. Un ejemplo de razonamiento inductivo.

En un programa de búsqueda, el usuario digita el tema que pretende investigar, pero obtiene un número muy grande de respuestas, de enlaces con sitios que pueden contener la información deseada. Entonces éste cruza más informaciones, refina su investigación y logra una respuesta más específica, más cercana a lo que buscaba. A partir de esa forma de refinar la búsqueda en este programa, el Sherlock Holmes del mundo cibernético concluye que siempre debe proceder de esa manera en todos los sitios de búsqueda.

La lógica de inferencia de los usuarios expertos se asienta fundamentalmente sobre procesos deductivos, modo de pensar mediante el cual, a partir de una o más premisas tomadas como verdaderas, se demuestra una tercera proposición, consecuencia directa de sus antecesoras. Es el “internauta previsor, que se anticipa a las consecuencias” de sus actos. Durante la navegación, casi todos los clicks con el lado derecho del mouse son ejemplos de deducción. Solamente usan ese recurso, que permite desempeñar una serie de funciones (downloads, avanzar, volver, etc.), quienes de antemano conocen las reglas de funcionamiento del espacio virtual.

En su estudio, la investigadora de la PUC también percibió que los internautas con un determinado perfil tienen más facilidad de locomoción en el ciberespacio. Fue el caso de las personas, en general jóvenes, que pasaron mucho tiempo en los videojuegos. “Quedé estupefacta con eso”, dice Lucia. Los juegos electrónicos exigen una amalgama perfecta entre la cognición mental y la parte motora, estimulando un proceso de apronte perceptivo que será muy útil en el ciberespacio. La forma actual del pasatiempo, criticada por algunoseducadores, es una avant première lúdica para esos futuros internautas.

Un admirable mundo nuevo, lleno de sonidos y de furia
La música y el sonido potencializan la inmersión del internauta en el mundo virtual. Las personas dedican mucho más tiempo a la fruición de una versión multimedia de un escrito literario que al texto original, retirado de un libro. Estas afirmaciones pertenecen a la semióloga alemana Karin Wenz, de la Universidad de Kassel, que estudia las diferencias de percepción proporcionadas por la palabra impresa y el cibertexto. En una de sus investigaciones, Karin comparó y analizó el comportamiento de un grupo de alumnos ante el poema The Angel of History, de autoría de la americana Carolyn Forché.

Los estudiantes fueron expuestos a una versión digital de los versos del poeta, con enlaces, música, sonidos e imágenes, y al texto original. Todos los alumnos, sin excepción, prefirieron el cibertexto al poema impreso. En algunos casos, el tiempo dedicado a los versos digitales fue incluso cuatro veces mayor que el dedicado al poema en papel. En el experimento, independientemente del número de palabras exhibidas en la pantalla, el internauta siempre mantenía la ventana abierta sobre el cibertexto mientras escuchaba la música.

Los resultados de los estudios de la alemana, todavía preliminares, son diferentes de las conclusiones de algunos trabajos anteriores, que compararon el grado de inmersión de lectores delante de hipertextos simples (con enlaces, pero sin recursos de audio y video) y los textos impresos. En esos estudios, el resultado fue inverso al obtenido por Karin: las personas permanecieron durante más tiempo leyendo el texto impreso. “El hecho de que los estudiantes dediquen más tiempo a un hipertexto con recursos multimedia no es necesariamente una señal de lectura atenta, sino más bien de observación contemplativa”, pondera.

Karin también percibió que el acto de leer en Internet es influido por la experiencia de los alumnos con otros medios de comunicación y su grado de intimidad con los hipertextos. Lectores que se describieron como telespectadores que gustan de cambiar constantemente de canal adoptaron una postura similar en la computadora: hacían zapping en Internet, pasando por muchas páginas, como si estuvieran siempre buscando algo. En tanto, las personas que no tenían ninguna experiencia con el mundo virtual se valían de las mismas técnicas empleadas en la lectura de un texto impreso: intentaban leer todas las palabras que aparecían en un sitio y, consecuentemente, gastaban más tiempo al frente de un hipertexto.

El proyecto
Revolución Digital y Nuevas Formas de Producción y Difusión Científicas (nº 98/09243-1); Modalidad Equipamientos multiusuarios; Coordenadora Maria Lucia Santaella Braga – PUC/SP; Inversión R$ 107.861,92 y US$ 10.835,54

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