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Pesquisa

El fiel de la balanza

Un estudio de la Fundación Getúlio Vargas de Río de Janeiro analisa las exportaciones eimportaciones de servicios de tecnología

Una investigación de la Fundación Getúlio Vargas (FGV), de Río de Janeiro, pone en evidencia que Brasil paga literalmente caro por las bajas inversiones de las empresas en tecnología. Dicho estudio analizó los negocios de exportación e importación de servicios tecnológicos (suministro de tecnología, marcas y patentes, implantación de servicios, franquicias, etc.), entre 1990 y 2000, período en el cual se intensificó el intercambio entre las empresas brasileñas y las de otros países. El objetivo fue identificar el volumen de recursos implicados, el tipo de tecnología involucrada en las transacciones, los sectores más dinámicos y el porte de las empresas socias.

Los resultados fueron preocupantes. En el período estudiado, el comercio tecnológico de Brasil con otros países movió 14.500 millones de dólares, alrededor del 0,005% del Producto Bruto Interno (PBI), un volumen de negocios relativamente pequeño para un país que debe innovar para competir en el mercado internacional. En el mismo período, Estados Unidos movió un 4% de su PBI, es decir, 320 mil millones de dólares con la exportación e importación de tecnología.

Brasil exportó 2.800 millones de dólares en tecnología e importó 11.700 millones. Y el déficit en la balanza comercial fue de 8.900 millones de dólares. “En ninguno de los sectores encontramos resultados positivos”, dice Virene Roxo Matesco, de la FGV-RJ, coordinadora de la investigación y directora de la Sociedad Brasileña de Estudios de Empresas Transnacionales y Globalización Económica (Sobeet-São Paulo). Esos resultados, evalúa Roxo, sugieren que la incorporación de tecnologías importadas, pese a agregarle valor al producto interno, aún no ha tenido impacto sobre las exportaciones brasileñas de servicios de tecnología, como sería deseable.

Balanza comercial
Con base en los números suministrados por el Banco Central (BC), la investigación constató que, en el ámbito del comercio de tecnología, las exportaciones brasileñas de la industria de transformación lideraron las ventas externas por sector y representaron un 57,23% de los negocios brasileños con otros países. El sector de servicios participó con un 35,75% del total de las exportaciones, seguido por el de comercio, con un 6,18%, y por otros sectores, con un 0,84%. Las mayores inversiones se concretaron en la compra de servicios técnicos especializados, que representaron un 87,13% de las importaciones. Las restantes -servicios técnicos especializados de montaje de equipamientos, de proyectos, diseño y modelos de ingeniería y estructuración o instalación de proyectos- no superaron el 5%.

Las transferencias de tecnología lideraron las importaciones, sumando un 38,15% de las compras externas brasileñas. Luego se ubicaron los servicios técnicos especializados, con un 24,47%, y la provisión deservicios de asistencia tecnológica, con un 17,57%. En cuarto lugar se situaron los gastos con patentes -licencias de explotación y cesión de marcas y patentes-, registro, depósito o mantenimiento. Los números son significativos: sumaron 1.300 millones de dólares, casi un 11,5% del total de las importaciones. En la quinta posición aparecen los servicios técnicos especializados de montaje de equipamientos, que representaron un 3,8% del valor total de las importaciones.
Las importaciones de tecnología, reconoce Virene, son benéficas para el país, ya que son una muestra de las inversiones de las empresas en la modernización del parque instalado y en la innovación de sus actividades. “Demuestran la creencia en el futuro” observa. El problema, en el caso brasileño, reside en el ritmo de crecimiento de las exportaciones de tecnología a lo largo del período estudiado. “El desempeño de los negocios muestra de forma palmaria que las importaciones de bienes de capital y de tecnología no han logrado agregarles valor a los bienes y servicios producidos en el país de manera tal de permitir un superávit en algunos sectores de actividad”, afirma.

Déficit tecnológico
Todos los sectores analizados registraron un déficit en la balanza comercial de servicios de tecnología. En el sector agropecuario, las exportaciones se concentraron en las áreas agrícola y ganadera, y movieron un total de 46,9 millones de dólares, pero el déficit acumulado en el período fue de 8,1 millones. Idéntico desequilibrio pudo observarse en todos los sectores de la industria. La industria extractiva mineral presentó un significativo saldo negativo, del orden de los 156,6 millones. Incluso en el sector de petróleo, que históricamente registra altas inversiones en Investigación y Desarrollo (IeD), se registró un déficit tecnológico acumulado del orden de 58,5 millones de dólares.

Este desempeño se repitió también en la industria de transformación, que movió 7,5 mil millones de dólares en la compra y venta de tecnología, con un déficit tecnológico de 1.600 millones de dólares. El sector que registró mayores números en ventas con tecnología, pese a no salir por ello del rojo, fue el que agrupa a las industrias vinculadas a los segmentos automotor y de bienes de capital. En el sector de comercio, el déficit fue de 458,9 millones de dólares, y en el de servicios, de 3.900 millones de dólares.

Las grandes empresas fueron responsables por el 40% de las exportaciones. La participación de las pequeñas fue del 13,4% de los ingresos. Las importaciones se distribuyeron de mejor manera entre las empresas de diversos portes. Virene llama la atención hacia el hecho de que las megaempresas hayan participado con tan solo un 3% de los gastos totales, cosa que, en su opinión, demuestra el escaso interés en invertir en innovación.

Ventaja competitiva
Roxo reconoce una vez más que el tamaño del mercado interno brasileño -que consume alrededor del 90% del a producción nacional de tecnología- podría, para algunos, justificar este desequilibrio en la balanza del comercio tecnológico de Brasil en el transcurso del período. “Las multinacionales, por ejemplo, tienen su foco en el mercado consumidor nacional”. No obstante, Virene subraya que este desempeño tiene lo que denomina un lado estructural complicado. “Perdimos el tren en el pasaje de los años 60 a los 70, cuando la ventaja competitiva del país no residía en la producción interna, sino más bien en la tecnología intensiva”, analiza.

Durante la última década, el país fue negligente al respecto de varios factores que hoy contribuyen a que las nuevas tecnologías incorporadas a la producción se dispersen y no agreguen valor al producto, con reflejos positivos sobre las exportaciones. Uno de los factores de dispersión que Viren apunta es la ausencia de “educación para la tecnología.” “Apostamos a la erradicación del analfabetismo y a la formación de mano de obra abundante y barata, sin invertir en una preparación específica de la fuerza de trabajo”, evalúa.

También contribuye a esa dilución de las inversiones el hecho de que las empresas operaran “estranguladas” por los impuestos altos, elevando aquello que se ha dado en llamar como Costo Brasil. Virene señala, por último, la falta de una política industrial que tenga en cuenta las necesidades de los sectores. “El Estado no logra percibir qué es lo cada segmento necesita.”

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