Imprimir

Filología

En busca del horizonte de la lengua bandeirante

Una investigación muestra el portugués antiguo que salió de São Paulo en el siglo XVII y que aún sobrevive en el lenguaje cotidiano de otros estados brasileños

REPRODUCCIÓN Encontro de Monções no Sertão, (encuentro de expediciones en el interior) de Pereira da Silva: en estas reuniones se intercambiaban informaciones y palabrasREPRODUCCIÓN

Cazadores de oro, domadores de indios, devoradores de selvas: los mestizos (mamelucos en portugués, cruzamiento entre indios y blancos) de São Paulo de Piratininga se adentraron en el sertão (el interior brasileño) en las postrimerías del siglo XVII. Con arcabuces, guadañas y una bandera gastada se abrieron camino por los bosques, mientras arrasaban aldeas, misiones jesuíticas y agrupamientos de esclavos fugitivos, llevándose consigo las piedras preciosas que encontraban.

Los bandeirantes (expedicionarios armados) fueron mercenarios sin escrúpulos, pero fueron también héroes de la geografía y de la lengua. Ampliaron las fronteras del país, y las señales de su influencia proliferan hasta hoy en las culturas y lenguas locales. Con esa certeza, un grupo de estudiosos del idioma se aventuró por el interior de São Paulo, Minas Gerais, Mato Grosso y Goiás para buscar vestigios de la lengua bandeirante en la lengua oral brasileña.

Heitor Megale, profesor de filología y lengua portuguesa de la Universidad de São Paulo, encabezó esta nueva expedición con su proyecto Filología Bandeirante, que contó con el apoyo de la FAPESP. “En la ruta bandeirante surgieron muchos pueblos y villorrios. Algunos se convirtieron en ciudades, como Cuiabá. Pero tras el final del ciclo del oro y la abolición de la esclavitud, muchos de éstos permanecieron aislados, detenidos en el tiempo”, explica. “Con sus costumbres y manifestaciones culturales y religiosas, mantuvieron la variante lingüística de la época colonial o por lo menos algunos rasgos de ésta.”

El proyecto procuró hallar vestigios de la lengua de la colonización, que perduraron o sufrieron variaciones. La idea fue rescatar la herencia oral de lugares fundados por los bandeirantes o que surgieran con su avance. “No existe otra ruta de colonización más importante con un movimiento demográfico continuo durante más de medio siglo”, confirma Megale. “Por eso es posible encontrar vestigios de la capa lingüística antigua, que se expandieron, llegaron a los escritos y acabaron restringiéndose a la lengua oral rural.”

Los investigadores tomaron como base la ruta de la expedición de 1674, iniciada por 40 hombres comandados por Fernão Dias Paes. El trayecto original fue una aventura sin igual. Fernão Dias era un veterano de 65 años cuando encabezó una inmensa expedición en busca de plata y esmeraldas. Salió de São Paulo hasta las cabeceras del Río das Velhas (MG), atravesando la Sierra da Mantiqueira. Hizo paradas en aldeas como Ibituruna, Sumidouro do Rio das Velhas, Esmeraldas, Mato das Pedreiras y Serro Frio, futuros núcleos del poblamiento de Minas Gerais. Desde el Río das Velhas, atravesó el Valle do Jequitinhonha hasta la Laguna de Vupabuçu, en donde Dias encontró piedras verdes, tras siete años de búsqueda. Pero éstas eran piedras sin valor.

No obstante, el camino abierto por Fernão Dias sentó las bases de expediciones que luego descubrirían oro en Minas Gerais. “En torno a esa ruta, fijamos como prioridad los caminos utilizados hasta el hartazgo en la búsqueda de oro desatada durante los siglos XVII y XVIII”, dice Megale. El grupo retomó la ruta bien al oeste (en la bajada cuiabana) en el extremo norte, en Niquelândia (Goiás), Sumidouro y Diamantina (Minas Gerais). “Incluimos locales de otras incursiones y evitamos puntos con fuerte influencia moderna, como Ouro Preto”, añade uno de los integrantes del proyecto, Sílvio de Almeida Toledo Neto. Además pasar por Cuiabá, el equipo pasó también por la picada de Goiás, por Pacaratu y Catalão.

El grupo de 19 investigadores trabajó en dos frentes. Un esfuerzo se centró en recabar los vestigios del lenguaje identificables en los documentos de la época. El otro consistió en grabar las charlas con los ancianos analfabetos de esas regiones. De esa manera, el equipo pretende tabular las marcas orales no pertenecientes al portugués actual, para verificar aquello que fue retenido del portugués arcaico. “En la comparación entre los datos de época y en la palabra de los informantes se encuentra la raíz de Filología Bandeirante”, dice Toledo Neto.

Como no existe un banco de datos de lenguaje de la época que sirva como referencia para la investigación de campo, el primero acto del equipo de Megale consistió en buscar la base en documentos del siglo XVII. Fueron cajas con centenas de documentos de registros. “Inventarios de testamentos, cartas e informes de idas al interior que solían transcribir las comunicaciones orales de la gente”, relata Toledo Neto. En Taubaté, el Archivo Histórico mantiene oficios de las expediciones, como las de Borba Gato y Amador Bueno, en el siglo XVIII. “Las protestas, las causas civiles y los pregones constituyen noticias indirectas sobre la lengua hablada en el período.”

En total son 975 hojas y copias de manuscritos de los siglos XVII y XVIII, más allá de archivo digital de documentos más antiguos, que datan de 1723. A este volumen se juntaron decenas de minidiscos (MD) de 74 minutos conteniendo las entrevistas con ancianos analfabetos, archivos ambulantes de un modo de hablar remoto, popular, menos influenciado por la oralidad contemporánea. Cuanto más longincuo el lugar, mejor para el proyecto. En el interior de Minas, fueron rastreados 12 rincones por el equipo de Maria Antonieta Cohen. En São Paulo fueron seis localidades, mientras que en Goiás el equipo de Maria Sueli Aguiar recorrió 14 lugares, dos más que el grupo de Manoel Mourivaldo Santiago Almeida en Mato Grosso.

Los parajes escogidos en São Paulo fueron estratégicos. El movimiento demográfico hacia el sertão de Cataguá, tal como en la época era llamada la región a la que se entraba, seguía por el Valle do Paraíba hasta Pinheiros, después de atravesar las gargantas de la Sierra da Mantiqueira. “De esta manera, la región de Taubaté y Cunha nos interesó, pues estaba en el camino para atravesar la Mantiqueira y para el regreso a casa del oro de su fundiciónen Taubaté o en Paratí”, describe Megale.

En cada lugar, un cuidado especial para seleccionar criteriosamente a los entrevistados. “Nos preocupamos menos en contar con un número grande de informantes que con el valor de un único registro de calidad”, asevera Megale. Y su equipo transpiró mucho para hallarlos. “Teníamos que caminar mucho y conversar con el mayor número posible de habitantes del lugar, y todo al margen de las instituciones como la Municipalidad, la Iglesia o entidades gubernamentales”, recuerda. “Cuando hacíamos un contacto con alguien de la Municipalidad, nos enviaban gente que ‘hablaba mal’, pero con escolaridad y que usaban giros adquiridos por la TV.”

Fueron un sinnúmero de entrevistas antes de cerrar el cerco sobre nombres como José Felipe dos Santos, de 72 años, de Ibituruna; Maria Cristina Reis, de 86, de São Tiago, y José Pedro de Oliveira, de 92, de Bom Sucesso, todos de Minas Gerais. Lo que encontraron dejó a los investigadores boquiabiertos. “Hallamos rasgos que nunca pensamos que existieran”, recuerda Megale. “Una de las riquezas de la investigación es el encuentro con personas que viven sin agua corriente o desagües y padecen problemas vitales ya resueltos en las ciudades. No obstante, rápidamente se sienten a gusto entre sí como si fueran amigos de infancia”, continua. “Es un encuentro con un tipo de brasileño que la vida urbana consideraría como del pasado en su modo de obrar y hablar.”

El trabajo preliminar del equipo comenzó en 1997, con el mapeamiento y la selección de localidades. Pero la investigación de campo se extendió hasta el año pasado. La parte más pesada del proyecto finaliza el 28 de febrero de este año, pero el análisis y la tabulación de los datos, así como también la publicación del trabajo, irán hasta 2003. Pero resultados no faltan. Durante la investigación, se encontraron desde palabras obsoletas hasta pronunciaciones de herencia paulista en territorios de Minas Gerais, Goiás y Mato Groso. “Todas deben haber sido incorporadas después de la expansión bandeirante”, cree Megale.

Hay términos olvidados como mamparra (fingimiento), surgido de la boca de José Pedro de Oliveira en Minas Gerais, y también escuchado entre informantes paulistas. Pronunciaciones típicas del siglo XVII, como tchapéu y tchuva (chapéu y chuva en el portugués actual, que corresponden a sombrero y lluvia – La partícula tch en portugués expresa la sonoridad de la partícula ch en español, mientras que la partícula ch en portugués se pronuncia como la partícula sh en inglés) o el diptongo nasal [õ] por [ãw], como en mão [mõ] (mano), muntcho, por muito (mucho), que se desvanecieron incluso en ciudades del interior, y actualmente pueden oírse todavía en el norte de Portugal, son escuchadas en pueblos del interior de Mato Grosso, Goiás, Minas Gerais y São Paulo.

En el sur de Minas Gerais y en el interior paulista pueden escucharse expresiones como dá uma esmolna pol’amor de deus (una limosna, por el amor de dios), que se remontan al portugués del siglo XIII, en la cual el actual esmola (limosna) era tomado por eleemosyna, después esmolna. Muchas palabras obsoletas están en uso. En Minas Gerais, existe demudar usado en lugar de mudar, así como en vez de possuir (poseer), la preferencia es por pessuir o pessuido, que datan del siglo XVIII. El también obsoleto despois (actual depois, después) en uso en el sur de Minas, remite a obras arcaicas, de uso culto en los siglos XV y XVI. Preguntar, usada en el siglo XVII alternadamente con perguntar (del portugués actual) también fue encontrada. Son del portugués arcaico entre el siglo XIII y mediados del siglo XVI que remiten a las formas quajeo quage (el actual quase, casi), quige (quis, quise) yfige (fiz, hice).

Los sufijos de derivación, como en mensonha (que se remonta al siglo XIII) y mentireiro (Gil Vicente), sinónimos de mentira y mentiroso, aún hoy puntúan el habla interiorana, preservada por los informantes de Filología Bandeirante. Pese a que todo debe ser editado hasta el año 2003, algunos de los subproyectos del tema central ya han comenzado a ser publicados, con resultados interesantes para los especialistas.

Al fin y al cabo, la meta del grupo de Megale es mostrar que una capa antigua de la lengua sobrevive en otros puntos del país como heredera del São Paulo colonial. “Todo lleva a creer que la lengua que llegó a esos lugares salió de São Paulo”, afirma Megale. “El hecho es que existen marcas históricas de una lengua a lo largo de las sendas de las expediciones auríferas (bandeiras) que partieron de São Paulo, recorriendo los antiguos caminos de los indios y abriendo otros.”

El lenguaje bandeirante continúa siendo un misterio
El lenguaje de época es un problema para quienes investigan a los bandeirantes. Primeramente porque no existe una descripción exhaustiva de la lengua hablada en Brasil en el siglo XVII. En segundo lugar porque el portugués hablado por los bandeirantes aún se encuentra cercado de misterios. La lengua tupí reinaba en los primeros siglos de Brasil. Los colonizadores solamente se impusieron en el litoral en el siglo XVII, y en el siglo XVIII en el interior. Hasta el más portugués de los sertanistas o bandeirantes debía usar una lengua oral mixta, de base tupí, que era llamada lengua brasílica o general (geral).

Se cree que en el siglo XVII, solamente dos de cada cinco habitantes de la ciudad de São Paulo hablaban en portugués. Según Bruno Bassetto, en Elementos de Filologia Românica, la lengua común a mediados del siglo XVIII era el tupí: solamente un tercio de la población utilizaba el portugués, además del tupí. “Las indias casadas con blancos eran excluidas de la alfabetización, pero sus hijos permanecían expuestos al idioma materno. Mientras tanto, los bandeirantes debían ser bilingües para encargarse de los negocios”, dice el profesor Silvio Toledo Neto.

El proyecto de rescatar los rasgos de lenguaje dejados en la ruta de los bandeirantes puede constituir un paso decisivo en la reconstitución del idioma. “La historia de la lengua antigua está siendo construida ahora con iniciativas como ésta”, relata Heitor Megale. “Es necesario cercar al objeto de diversas maneras. Dejar que los datos hablen a través de los documentos de registros (cartórios) y por los resquicios encontrados en el habla actual”, completa Toledo Neto.

Los documentos hallados por el equipo de Megale son reveladores de las condiciones de la lengua del período. “No existe otro idioma que no sea el portugués en los documentos, señal indicativa de que los bandeirantes dominaban incluso la escritura. Había firmas de ‘entrantes’ (expedicionarios) y transcripciones de sus dichos por parte de los escribientes en los libros de registros”, dice Megale.

El propio término bandeirante es controvertido. Existen documentos que confirman que éstos no se designaban a sí mismos como tal. El movimiento de ida al sertão era denominado armação, entrada, jornada o tropa. Solamente adquirió el término bandeirante en el siglo XIX, por iniciativa de historiadores y escritores.

El proyecto
Filología Bandeirante (nº 96/01265-0); Modalidad Proyecto temático; Coordinador Heitor Megale – Universidad de São Paulo; Inversión R$ 19.280,00

Republish