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Ciencia

Jugadores hechos a la medida

Investigación muestra quiénes son los que más corren y quiénes son los que tienen mayor resistencia y mayor pique en un equipo de fútbol

La ciencia y el fútbol están “haciendo una pared” nunca antes ensayada en Brasil. La universidad no suele erigir en objetos de estudio a los campos de juego, y en el mundo de los futbolistas tampoco es habitual, digamos, pasarles la pelota para ver qué dicen los investigadores sobre el deporte más popular del planeta. Turíbio Leite de Barros, director del Centro de Medicina de la Actividad Física y el Deporte de la Universidad Federal de São Paulo (Cemafe/ Unifesp) y fisiólogo del equipo del São Paulo Futebol Clube desde hace 15 años, se encuentra en una situación privilegiada con relación a los campos, tanto en la ciencia como en el fútbol.

Leite de Barros produjo un estudio que traza el perfil del fútbol practicado actualmente en Brasil desde el punto de vista de las exigencias físicas a las cuales los jugadores de un equipo son sometidos en cada puesto durante un partido. El trabajo fue presentado en marzo pasado en la Conferencia Internacional de Fútbol y Medicina Deportiva realizada en Los Angeles, promovida por la Federación Internacional del Fútbol Asociado (Fifa).

Para llevar a cabo dicho estudio, el investigador de la Unifesp filmó y analizó los movimientos de alrededor de 100 atletas profesionales del São Paulo durante partidos oficiales realizados en los últimos seis años, y también comparó los resultados de los tests físicos aplicados a mil jugadores que pasaron por el plantel desde 1986 hasta hoy. La principal conclusión indicó que no existe solamente un modelo de desempeño atlético que sirva para describir las acciones en el campo juego de un típico – e hipotético – jugador de fútbol, sino que son varios modelos, con características muy diferentes de acuerdo con la posición en la que el deportista actúa.

La creciente especificidad de las tareas ejecutadas en cada función del fútbol moderno – atacante, mediocampista con funciones ofensivas (o simplemente mediocampista), volante (meiocampista con acciones más defensivas), marcador lateral (que cubre uno de los costados del campo), zaguero central (defensor) y arquero – requiere jugadores con cualidades físicas nítidamente diferentes.

Es muy raro que un atleta reúna los principales requisitos de un puesto que no sea el suyo original. “El fútbol de hoy requiere cada vez más jugadores especialistas y no polivalentes”, dice Barros. “Pelé fue bastante versátil, pero eso no es norma actualmente, ni siquiera entre los cracks”. Como el brasileño no tiene un biotipo patrón – hay gente con los más variados atributos físicos, fruto de la intensa mezcla de razas -, el país es, de acuerdo con la visión del fisiólogo, un semillero de especialistas para todas los puestos. “Los europeos tienen biotipos más definidos y no cuentancon esa facilidad”, comenta.

Especialidades
Por eso no se puede decir a priori en qué puesto del fútbol se concentran los mejores atletas. “Antes de decir quién es el mejor, conviene preguntarse lo siguiente: ¿mejor para qué?”, analiza Barros. Si se seleccionaran individuos para pruebas de atletismo con base en los movimientos que éstos hacen en la cancha, probablemente cada puesto aportaría participantes para competencias bastante distintas. “Para disputar una carrera de 5 mil metros, los mejores serían los laterales y los jugadores del mediocampo con funciones ofensivas, que recorren en promedio las mayores distancias durante un cotejo y tienen una buena resistencia”, afirma el investigador de la Unifesp.

“Entretanto los atacantes son jugadores más moldeados para pruebas rápidas y de explosión, como una carrera de 50 metros. Esto se debe a que los jugadores que se desempeñan en ese puesto son los que más hacen piques cortos”. Siguiendo esa línea de pensamiento, los escogidos para una disputa de salto en alto deberían ser el guardameta, los zagueros centrales y los volantes defensivos, que se las ingenian mejor cuando la cuestión es el impulso vertical.

Este trabajo confirma algunas impresiones intuitivas de los que siguen el fútbol, como aquella de que los atacantes juegan más parados que los demás compañeros de equipo. Y la relevencia del estudio reside fundamentalmente en echar luz sobre aspectos como éste y cuantificarlos. Si es casi del orden del sentido común que los atacantes se mueven en una pequeña franja de terreno, ¿quién podría precisar cuánto corre de menos un centrodelantero que un mediocampista? Según este estudio, los atacantes son los que en general recorren las menores distancias en el campo: en promedio 8,2 kilómetros durante los 90 minutos de un partido.

Es un trayecto considerable, pero es un 18% menor que el transitado por los mediocampistas, los grandes fondistas del equipo, que recorren en promedio 9,9 kilómetros durante un juego. En ese apartado, los laterales, cuya función ha adquirido mayor importancia y corresponde actualmente a una amplia franja del campo, están tan bien como sus pares del mediocampo. Recorren en promedio 9,7 kilómetros durante un cotejo, contra 9,5 de los volantes y 8,8 de los zagueros centrales. La media del equipo entero, teniendo en cuenta el desempeño de los jugadores de todas las posiciones (menos el portero, lógicamente), dio 9,3 kilómetros por 90 minutos de balón rodando. Es interesante notar que los atacantes y los zagueros centrales, cuja principal función es anularse los unos a los otros, cubren distancias menores que el resto del equipo.

Si bien no pueden ser fondistas, los atacantes tienen, en compensación, vocación para ser velocistas. Cuando el tema son los piques (carreras cortas a máxima velocidad), los reyes de la arrancada, como la que hizo célebre a Ronaldo, son precisamente los jugadores del ataque. Un centroatacante llega a hacer 50 piques durante un juego, más de la mitad de éstos como máximo de 15 metros. La función en la que un jugador es menos solicitado para realizar este tipo de movimiento es la de los zagueros, quienes realizan en promedio 35 piques durante un cotejo. A propósito: los defensores tienden a ser los jugadores de mayor potencia muscular y los que más andan hacia atrás durante un juego (más de medio kilómetro). ¿Cuáles serían las cualidades de las otras posiciones?

Las pruebas físicas y las filmaciones de los equipos del São Paulo muestran que, corriendo, la impulsión vertical del arquero es imbatible: sus saltos en movimiento son un 19% más altos que la media de los saltos ejecutados por sus compañeros que juegan sobre la línea. Estando parados, los que saltan más alto son los volantes defensivos y los zagueros centrales. El patrón de impulso vertical de esos dos puestos es un 16% mayor que el promedio de todo el grupo.

El desempeño de los marcadores laterales es un caso aparte. Tanto las pruebas físicas como los videos denotan que éstos son generalmente jugadores con una performance acentuada en casi todos los intems – como mínimo, superan el promedio. Son los más ágiles, los de mejor capacidad respiratoria (un 15% superior al promedio del equipo) y los que recorren la mayor distancia en el campo con la pelota al pie: 230 metros (contra 148 de los mediocampistas, segundos en este ítem). Solamente en el impulso vertical están por debajo del promedio del equipo. No es en vano, por tanto, que un excelente especialista en esa posición, como el lateral Roberto Carlos, sea actualmente casi tan valorado como los jugadores del mediocampo y del ataque, en donde solían estar presentes las estrellas del equipo.

Para llegar a los resultados sobre los movimientos ejecutados durante un juego por los atletas del São Paulo, Barros contó con la colaboración de Wellington Valquer, auxiliar de preparación física del club, que realiza su maestría en la Unifesp. Valquer utilizó una metodología desarrollada en Australia, la técnica de Withers. Munido con una cámara de video, el auxiliar escogía un jugador para analizarlo durante un partido – podía ser un atleta con paso por la selección, como el atacante França o el mediocampista Kaká, o uno menos conocido – y se apostaba en el borde del campo, con ojos solamente para el elegido. “Me olvidaba del juego y me concentraba en no perder un solo movimiento del jugador”, comenta Valquer.

Terminada la filmación, empezaba la parte más mecánica del trabajo. Era necesario ver el tape íntegro y anotar, un por uno, cada movimiento del jugador: cuánto anduvo hacia adelante o hacia atrás, cuánto trotó (movimiento intermedio entre el caminar y el correr) hacia adelante, hacia atrás y con la pelota al pie; cuál es la distancia recorrida en los desplazamientos laterales; cuántos piques se ejecutaron en campo y cuál fue la distancia recorrida en cada uno de éstos. Por último, con todas esas informaciones en bruto suministradas por el tape, el auxiliar de preparación física llegaba a la distancia total cubierta por el atleta durante el juego. “Solía demorar hasta ocho horas para ver y anotar la filmación de un jugador”, dice Valquer. “Pero desde 1999, cuando desarrollamos un software que permite hacer esto en tiempo real, todo se ha vuelto más fácil.”

Confrontando las exigencias más comunes de cada puesto con el desempeño de los atletas en las pruebas físicas – una batería de exámenes que miden la resistencia, la potencia máxima, el límite o umbral anaeróbico (el punto fisiológico a partir del cual los músculos comienzan a utilizar una mayor cantidad de oxígeno que aquélla que el cuerpo es capaz de transportar), la capacidad respiratoria máxima, los impulsos vertical y horizontal, la velocidad y la agilidad -, los investigadores de la Unifesp pueden evaluar de manera correcta si un jugador tiene o no la preparación y las características físicas para jugar en una posición.

Los estudios del fisiólogo permiten trazar un paralelo entre el fútbol practicado actualmente en Brasil y el tipo de juego que predominaba en el pasado. Algunas décadas atrás, en la época de Pelé y compañía, un partida transcurría a un ritmo más lento y cadente. Según Barros, la impresión de que los deportistas de antaño teníanmás terreno libre en el campo para ejecutar las jugadas tiene sentido. Al fin de cuentas, los jugadores de otrora eran menos atletas que los del siglo XXI. “Algunos estudios muestran que la distancia recorrida por un jugador de fútbol durante un partido aumentó entre un 20% y un 30% en los últimos 30 años”, dice Barros. El resultado práctico de esa aceleración de la búsqueda por el arco contrario es que, actualmente, los cracks cuentan con menos espacio libre (y tiempo) para dominar el balón y hacer una jugada genial.

El trabajo de Barros también permite comparar el desempeño físico de los atletas brasileños con el de los europeos. Estudios efectuados en el Viejo Mundo muestran que los jugadores de allá recorren entre 10 y 14 kilómetros en una partida, mientras que los brasileños oscilan entre 7 y 11 (con un promedio de 9,2 en el caso de los atletas del São Paulo). “Pero no hay que olvidarse que allá muchos juegos se realizan a bajas temperaturas, al tiempo que acá el clima es más cálido, lo que naturalmente reduce la distancia recorrida durante un partido”, dice Barros. El consumo máximo de oxígeno de los europeos, un parámetro importante de la eficiencia cardiorrespiratoria de un atleta, también es alrededor de un 10% mayor que el de los jugadores brasileños. “Algunos jugadores nuestros pasaron hambre durante su infancia. Esto puede comprometer su desarrollo físico. Ese problema prácticamente no existe en Europa”, completa el fisiólogo.

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