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Historia

Censura

Recopilación de ensayos analiza la represión sobre la prensa escrita desde la época del Brasil colonial hasta la dictadura militar

“Aniquilar al hombre es tanto privarlo de comida como privarlo de la palabra”. Esa frase de Walter Benjamin se transformó en un emblema de la indignación contra uno de los grandes males de la historia de la Humanidad: la imposición de límites a la libertad de pensamiento, el cercenamiento de la expresión o, en apenas una palabra: la censura. Es mucho lo que ya se ha discutido sobre este tema, pero casi siempre bajo la forma de estudios esporádicos y lejos del alcance del público. Pero esa laguna ha sido ahora cubierta con el lanzamiento del libro Minorias Silenciadas: História da Censura no Brasil, organizado por la profesora Maria Luiza Tucci Carneiro, con apoyo de la FAPESP, y publicado por la Editorial de la Universidad de São Paulo (Edusp).

El libro es una recopilación de artículos presentados en el Simposio Minorías Silenciadas, organizado por la Universidad de São Paulo (USP) en 1997. En dicha ocasión, Maria Luiza fue invitada para un debate sobre la censura en un evento sobre derechos humanos. “Para intentar discutir la cuestión de los derechos de los ciudadanos, nada más oportuno que repensar el tema de las libertades políticas a través del prisma de la censura y la represión de las ideas”, argumenta la investigadora en la presentación del trabajo.

Pero las discusiones sobre el tema no se restringieron al libro. Las investigaciones fueron tan productivas que se desdoblaron en un proyecto temático, en este caso focalizado en la prensa clandestina brasileña hasta los años 50. Esta nueva investigación, intitulada Inventário Dops, organizada por Maria Luiza y por Boris Kossoyo, de la Escuela de Comunicación y Artes (ECA/USP), se basó en aproximadamente 90 periódicos, que serán publicados en cuatro catálogos. “Será el primer listado completo de la prensa política del período”, afirma la investigadora. Los libros estarán divididos por temas, tales como iconografía, panfletos y mujeres subversivas. Este trabajo, que se extendería por dos años, tiene por objeto entregarle al Archivo del Estado un banco de dados con 150 mil fichas registradas.

Minorias Silenciadas , el embrión de este nuevo proyecto, traza un amplio panorama sobre el tema, que abarca desde el Brasil Colonial hasta la dictadura militar, e investiga los orígenes de la censura en el país. “El trabajo contiene una propuesta lineal de evaluar esa represión a partir del primer acto censor y hasta los momentos de ruptura, como el que sucedió en 1968”, dice Maria Luiza. Entre los artículos que componen el libro, uno de éstos brinda una dimensión acerca de lo obtuso de los órganos censores. En Se busca a Peter Pan…, Márcia Mascarenhas Camargos y Vladimir Sacchetta narran la persecución al escritor Monteiro Lobato por parte del gobierno de Getúlio Vargas.

En uno de los trechos más impresionantes, los autores citan la prohibición de la lectura de Peter Pan, una historia clásica de la literatura infantil, considerada por la censura una “peligrosa obra criptocomunista, que predicaba que los niños desobedecieran a sus padres y huyeran de casa”. La censura se basaba en el hecho de que los libros de Lobato chocaban contra los proyectos del Estado Nuevo, “empeñado en forjar una juventud sana y patriótica, unida en torno a la tradición cristiana”.

Con todo, el control del libre pensamiento fue sembrado en Brasil mucho antes de la vigencia del Estado Nuevo. La génesis de la censura en Brasil está estrictamente ligada a la actuación de la Inquisición en Portugal. En su artículo Los regímenes totalitarios y la censura, Anita Novinsky afirma que la censura duró tres siglos en el Brasil colonial y fue mucho más rigurosa que en la América española. Según la autora, “el miedo de que ideas heréticas penetraran en el Nuevo Mundo fue una pesadilla para los inquisidores portugueses. Se les prohibía a los laicos la lectura de la Biblia y los agentes del Santo Oficio (…) vigilaban cada barco que entraba en los puertos brasileños”.

La censura se intensificó con la publicación del Index Romano en Portugal, una lista con los libros prohibidos por la Iglesia. Décadas después, se instituyó el Desembargo del Palacio – un órgano del poder regio -, que impedía la publicación de libros aun cuando éstos hubieran recibido la licencia del Santo Oficio y del Tribunal Ordinario. Es decir: se creó una triple censura: la Inquisición, el Tribunal Ordinario y el Desembargo del Palacio. Con la llegada de la familia imperial al Brasil, se produce una de las primeras rupturas del proceso de instalación de la censura. “La venida de la Corte portuguesa a Brasil trajo consigo a la prensa regia, que contribuyó con ideas abolicionistas y al aumento de las tensiones entre monárquicos y republicanos”, afirma Maria Luiza.

Persecución
Desde cristianos nuevos a masones, pasando por estudiantes “afrancesados”, jesuítas, anarquistas y comunistas, los enemigos de la censura se alternaron en el transcurso de los siglos, pero pocos sufrieron tanto como los “enemigos” de los gobiernos militares. Escritores, periodistas, músicos y todos aquéllos que poseían un mínimo de discernimiento y sentido crítico fueron duramente perseguidos por la dictadura. En el artículo Ensayo General de Socialización de la Cultura: el Epílogo Tropicalista, Marcelo Ridenti, del Departamento de Sociología de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), analiza el papel del movimiento tropicalista en el conturbado contexto político de los años 60.

De acuerdo con Ridenti, ese estudio no aborda específicamente los actos censores contra el Tropicalismo, ateniéndose más al ambiente cultural en el período previo a la censura. “Hubo una apuesta al cambio que precedió al golpe del 64 y cobró fuerza con el compromiso de los artistas en la transformación radical de la sociedad brasileña. El escenario para ello serían los teatros, como el Oficina, los festivales y los espacios culturales”, explica el profesor. “Existía una fuerte unión entre la vida cotidiana política y la cultural, que adquirió un sentido subversivo para los cánones de la dictadura. Los órganos represivos trataron de censurar tales ideas.”

En su análisis del contexto político-cultural de los años 60, Ridenti toma de empréstito, como punto de partida, una expresión acuñada por Walnice Nogueira Galvão en As Falas, os Silêncios: “ensayo general de socialización de la cultura”. El Tropicalismo, dice el autor, significó el fin de ese ensayo. “Muchos creyeron que ese movimiento implicó en una ruptura radical con la cultura política forjada en aquellos años. En realidad, es apenas uno de sus frutos diferenciados.”

EnMuertos sin Sepultura , Maria Aparecida de Aquino, del área de Historia Social de la USP, aclara que existieron diferentes prácticas censoras. Muchos de los trabajos sobre el tema construyen una imagen estereotipada del trinomio partícipe en los conflictos durante el régimen militar: el Estado, la prensa y la censura. Maria Aparecida aclara que no hubo un “Estado todopoderoso, dotado de una voluntad única, carente de contradicciones internas e intereses diferenciados, conductor de los destinos de la nación”. O “una censura unilineal y aleatoria que actuara al calor de las circunstancias y al gusto del ‘censor de turno’ “. “Tampoco hubo una prensa víctima del verdugo censorio que actuara unida en la batalla por la restauración de la plena libertad de expresión”, afirma la autora.

Anecdotario
“La primera imagen que se tiene acerca de la censura es que ésta es carente de inteligencia, y tiene como función cortar el flujo de noticias. Eso acaba tornándose parte de un anecdotario”, dice Maria Aparecida. “Una cosa es leer y escuchar las órdenes emitidas para los periódicos durante el régimen militar, y otra distinta es conocer la acción sobre lo que fue escrito”. En su investigación, la profesora abordó la actuación de los órganos censores en las redacciones de diarios como O Estado de S. Paulo yO Movimento, que adoptaban perfiles editoriales diferentes y, por eso mismo, sufrieron intervenciones distintas. Si en el primero de éstos el control censor atacó asuntos políticos, en Movimento, que focalizaba las causas sociales, la mayoría de los cortes tenía como blanco reportajes sobre las condiciones de vida de la gente común.

Uno de los legados dejados por el régimen militar fue la autocensura, aquélla que no tiene una participación directa del Estado. Su aparición remite al período más violento de la dictadura, cuando fue promulgado el Acto Institucional nº 5, que creó la censura previa, practicada por los censores enviados a las redacciones. Muchos diarios optaron por acatar las órdenes y no fueron sometidos a la censura previa. En esos casos, el propio órgano de información pasó a desempeñar el papel de censor. La convivencia con esa situación creó la autocensura, practicada por los propios titulares de las empresas periodísticas, tal como lo define Maria Aparecida. Los diarios pasaron a publicar solamente aquello que les interesaba a sus dueños y directores. “Eso hizo peor aún una característica preexistente.”

La nueva censura
Por encima de todo, Minorias Silenciadas muestra que la censura es multiforme y camaleónica. Nunca muere, tan solo duerme. Un ejemplo reciente ilustra con claridad tal afirmación: la prohibición, vía decisión judicial – en vigencia desde el día 23 de mayo – de la publicación o difusión de cualquier noticia referente al caso que involucra a un juez del Tribunal Regional del Trabajo de São Paulo, acusado de estar comprometido en una organización de corrupción. La decisión, tomada por la desembargadora del Tribunal de Justicia de São Paulo, Zélia Marina Antunes Alves, impide que periódicos, radios, TVs y proveedores de internet informen acerca del hecho. Meses antes, el candidato a la presidencia Anthony Garotinho también se valió de la Justicia para impedir que una revista publicara un reportaje denunciando una estructura de corrupción en la cual el político estaría involucrado.

Nuevamente, la censura adquiere nuevas formas y regenera el cuerpo destruido, como ciertas especies de gusanos. Con todo, según el profesor Renato Janine Ribeiro, en el texto El Derecho a Soñar, que abre el libro, la censura jamás logrará reprimir la libertad de pensamiento y la imaginación. “Si queremos combatir a la censura, no lo haremos ridiculizando sus excesos, sino cuestionando su esencia. No será burlándonos de sus errores, sino defendiendo la capacidad que tiene el pensamiento – y la fantasía – de crear nuevos mundos”.

El proyecto
Minorias Silenciadas: História da Censura no Brasil (nº 99/07903-7); Modalidad Auxilio a la publicación; Organizadora Maria Luiza Tucci Carneiro – Departamento de Historia de la USP; Inversión R$ 7.500,00

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