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Tecnología

Los llamados vehículos con motor flexible oflex-fuel pueden constituirse en importantes aliados en la reactivación del Proálcool. Con este tipo de motor, es posible abastecer a los automóviles con alcohol y gasolina simultáneamente, mezclados en cualquier proporción o incluso puros. Al contrario que en los sistemas antiguos, que operaban con sensores instalados en la línea de combustible del motor, antes de la combustión, éstos utilizan un sensor de post-combustión, que evalúa el nivel de oxígeno resultante de la quema y realimenta al módulo de inyección electrónica con información sobre el combustible disponible en el tanque. La gran ventaja para el consumidor es que podrá disfrutar de un precio más bajo del alcohol, con la garantía de que puede también cargar el tanque con gasolina, en caso de falta de abastecimiento del primero.

Con la mira en este prometedor nicho de mercado, Ford salió en la delantera y presentó en mayo pasado el prototipo de un Fiesta con motor flexible gasolina-alcohol, desarrollado por Visteon, una empresa perteneciente a Ford con sede en Estados Unidos. Cuatro prototipos ya están siendo probados en las calles. Pero la dirección de la fábrica ya avisó: solamente producirá el coche a escala industrial en caso de que el nuevo Proálcool despegue. General Motors también está desarrollando un modelo flexible del Vectra.

Pese a estar ocupando ahora las portadas de los periódicos, la tecnología de motores flexibles no es ninguna novedad. En 1992, ingenieros de la industria de autopartes Bosch, con sede en Campinas, iniciaron los estudios para la fabricación de un motor flexible. Dos años después, presentaron el prototipo de un Ômega, de General Motors. Magnetti Marelli, una empresa del grupo Fiat que fabrica sistemas de inyección de combustible, también domina esta tecnología. “Bosch ya ha invertido cerca de 2 millones de reales en el desarrollo de este nuevo motor”, afirma Besaliel Botelho, director de sistemas de inyección de la empresa. En las previsiones elaboradas en la empresa, el motor flexible no saldrá al mercado de la noche a la mañana, sino pasados uno o dos años tras la aprobación de la tecnología por parte del gobierno. Será necesario, afirman los ingenieros de la industria alemana, efectuar una serie de modificaciones en el proceso industrial, como la protección de componentes del motor contra lacorrosión causada por el alcohol. Según la empresa Bosch, al margen de la flexibilidad a la hora de abastecer, esta nueva línea de motores tiene otra ventaja: su reducida emisión de contaminantes.

“El alcohol es un combustible sumamente benigno desde el punto de vista ambiental”, dice la ex directora de la Cetesb, Laura Tetti, actual coordinadora de la Cámara de Cambios Climáticos del Centro Empresarial Brasileño para el Desarrollo Sostenible. “Se trata de una energía renovable y mucho menos contaminante que la gasolina. La contaminación generada por el alcohol, en la emanaciones que salen de los escapes de los coches, es menor y menos reactiva”, asegura. Los automóviles que funcionan con alcohol emiten un 50% menos de monóxido de carbono (CO). De este modo, el alcohol no contribuye al agravamiento del llamado efecto invernadero, el gradual calentamiento de la Tierra provocado por la combustión de combustibles fósiles.

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