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Artes plásticas

Vincent Van Gogh

Un libro analiza el trabajo del artista holandés con base en 262 cartas suyas, consideradas una obra paralela

THE ART INSTITUTE OF CHICAGOHabitación de Vincent en Arles: para la investigadora, la vida no explica la obra de Van GoghTHE ART INSTITUTE OF CHICAGO

Vincent Van Gogh (1853-1890), figura emblemática de arte moderno, libertó los colores en la pintura. A través de éstos, procuró captar la esencia de los seres y de las cosas, traducir emociones e intuiciones, sin los compromisos con la verosimiltud que dominaban el arte académico de su tiempo. Su extensa obra – no reconocida en vida – y su existencia trágica e intensa atraen, desde hace décadas, a estudiosos de los más diversos campos. Cerca de 900 cartas escritas por el artista fueron preservadas y constituyen la más importante fuente documental sobre su vida y su proceso de creación. El libro Ceifar, Semear – A Correspondência de Van Gogh, de Luciana Bertini Godoy (Annablume/ FAPESP, 2002, 274 págs.), considera que las cartas constituyen una obra paralela, cuyo análisis ilumina aspectos de la vida, el arte y el imaginario del pintor.

El interés de Luciana Bertini por el pintor holandés data de 1992, cuando comenzó su proyecto de iniciación científica. Actualmente, prepara una tesis de doctorado en el Laboratorio de Estudios en Psicología del Arte (Lapa) – coordinado por el profesor João A. Frayze-Pereira -, del Instituto de Psicología de la Universidad de São Paulo (USP). Dicha tesis discutirá la autoimagen de Van Gogh, que se delinea a partir de sus cartas, objeto de un primer abordaje en Ceifar, Semear . La locura es uno de los principales elementos que identifican al pintor, a punto tal de haberse convertido en un estereotipo. “La asociación entre arte y locura torna insuficiente un abordaje exclusivamente patológico del trastorno”, afirma Luciana.

La investigadora seleccionó 262 cartas, las cuales son trabajadas desde un punto de vista innovador en el dominio de la psicología. Dejando a un lado las perspectivas del psicoanálisis y de la psiquiatría – que alientan numerosos estudios sobre el pintor, más preocupados en suministrar diagnósticos para su locura -, la autora escogió un enfoque inédito: el de la psicología del arte. Ese abordaje intenta comprender al artista teniendo en cuenta su manera de ver el mundo – su subjetividad – y al propio mundo, que participa en la configuración de esa subjetividad. Van Gogh es considerado en su ambiente físico, en la realidad histórica de su tiempo, que tenía un conjunto específico de valores morales y culturales.

Luciana no busca una respuesta a la cuestión de la locura; la investigadora prefiere valorar la multiplicidad de determinaciones, considerando que son “legítimos todos los caminos, las idas y vueltas de Van Gogh, sin necesidad de imputarles causas, explicaciones disecadas que transforman al artista en lo que queremos que éste hubiera sido, en algo diferente de lo que éste fue, de acuerdo a los limites que nuestra incomprensión nos permite percibir”, anota. Lo que dificulta la interpretación de la locura del artista como evasión de sí mismo “es la lucidez que éste revela en su autocuestionamiento; la precisión y la obsesión que orientan la construcción de su obra, que aparecen constantemente en la correspondencia”, observa.

Durante la realización del estudio, la investigadora fue dándose cuenta que en los análisis realizados hasta ahora, las cartas sirven para legitimar las convicciones de los investigadores acerca del pintor, sin constituir un punto de partida para sus indagaciones. “La complejidad de las cartas y su carácter contradictorio permiten que se valide cualquier teoría escogida a priori”, afirma. El estudio sistemático de las cartas la llevó a aislar tres temas principales, que aparecían con gran frecuencia: la vida, el arte y la enfermedad. Cada uno de éstos abarca algunos subtemas. Organizado a partir de esos recortes, el material constituye un instrumento de reflexión sobre la configuración de la autoimagen del artista, la tarea en curso actualmente.

Los dramas existenciales del pintor no pueden ser entendidos fuera de su época. Luciana muestra que Van Gogh era un artista moderno con rasgos románticos – presentes en la pasión, la forma que lo conecta a la vida, su forma de estar en el mundo, que lo mueve y al mismo tiempo lo agota. Esa pasión aparece en el compromiso visceral con el cual se entregó al quehacer artístico y a las otras actividades que encaró, como la de pastor protestante, por ejemplo. Los vínculos del pintor con el modernismo aparecen en su toma de partido ante el mundo, en su compromiso con la transformaciones políticas, sociales y culturales. La carta en la que comenta Comedores de Patatas , uno de sus cuadros más conocidos (1885), deja clara la consciencia que tenía acerca de lo que hacía: combinaba innovación estética y crítica social.

Para la investigadora, la vida no explica la obra. “La relación entre éstas es más compleja que una mera relación de causa y efecto. Ésa es mi línea a lo largo de todo el texto: mantener la complejidad, el enigma”, dice. Van Gogh creía que las dificultades que afrontaba eran producto de su condición de artista, difícil de cargar. “Sostenía que la vida del artista era incompatible con lo que él decía que era ‘la verdadera vida’: casarse y formar una familia. La idea de que, en Van Gogh, la enfermedad se pone al servicio del arte, se relaciona con la autonomía de su arte, con el equívoco de comprenderla a partir de la locura”, afirma. “Al contrario, con la idea de la locura, el aislamiento y el sacrificio son atributos posibles para una determinada identidad de artista – el artista moderno – totalmente asumida por Van Gogh.”

El proyecto 
Ceifar, Semear – A Correspondência de Van Gogh (nº 00/13887-3); Modalidad Auxilio a publicación; Autora Luciana Bertini Godoy – Universidad de São Paulo; Inversión R$ 4.200,00

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