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Política C&T

En busca del tiempo perdido

La Anpei reúne especialistas para conocer las estrategias de inversión en I&D

Mientras el gobierno federal busca apoyo en el Congreso Nacional para aprobar este mismo año la Ley de Innovación, a través de la cual pretende estimular las inversiones del sector privado en investigación y desarrollo (I&D), países como Corea del Sur, Canadá y España contabilizan los resultados de la implementación de políticas de apoyo a la innovación. La distancia que separa a Brasil de los países que, desde hace por lo menos dos décadas, apuestan fuerte a I&D empresarial para asegurar su competitividad en el mercado internacional, quedó clara durante la 2ª Conferencia de la Asociación Nacional de Investigación, Desarrollo e Ingeniería de las Empresas Innovadoras (Anpei), realizada durante los días 19 y 20 de junio en São Paulo.

Pese a utilizar diferentes modelos, esos países tienen en común el hecho de que tienen una visión sistémica de la innovación, por medio de la cual el gobierno, los investigadores y los empresarios tienen claros sus roles como actores de desarrollo. En Corea del Sur, por ejemplo, la actuación del gobierno fue decisiva para ampliar la participación de las corporaciones en las inversiones en innovación, a partir de la década del 70. Actualmente, los centros de desarrollo operan bajo el comando del sector privado en el país, de acuerdo con Seunghyun Son, representante de la Korea Industrial Technology Association (Koita), una entidad que se encarga de coordinar la colaboración entre la industria y el gobierno. La Koita, dice Son, registró un impresionante crecimiento de los centros de I&D en el país durante los últimos 20 años. “En 1979, cuando la entidad fue creada, contábamos con 43 centros de investigación; al final de 2002, llegaremos a más de 10 mil”, revela Son.

La fórmula de colaboración de la Koita, que congrega a alrededor de 4.500 empresas, se apoya en seis pilares: apoyo a la tecnología industrial, cooperación internacional, educación, capacitación y fomento a los centros de I&D, además de la estipulación de políticas, informaciones e investigaciones. “La Koita promueve proyectos conjuntos con el gobierno y es responsable por la retroalimentación del sistema de colaboración, suministrando las respuestas que el gobierno necesita para dinamizar su política de desarrollo, mediante investigaciones conjuntas con las empresas”, explicó Son.

Para hacerse una idea del éxito de la política adoptada por el gobierno surcoreano, basta observar las cifras: en 1980, la participación de los gastos públicos en las inversiones en I&D era del orden del 80%, y la de la industria, del 20%. En 1990, la situación se invirtió, y la industria costea actualmente cerca del 75% de las inversiones, frente a un 25% del gobierno. El gobierno y las industrias, juntos, aportan 20 mil millones de dólares anuales en I&D, lo que coloca a Corea en el sexto lugar entre los países innovadores del continente asiático.

Es bueno hacer la salvedad de que los 4 mil millones de dólares que salen de las arcas oficiales con destino a los centros de desarrollo corresponden nada menos que a un 47% del presupuesto nacional. El resultado de esa aposta también puede mensurarse por el crecimiento del número de registros de patentes en Corea: en los últimos cuatro años, éstos prácticamente se quintuplicaron, trepando de 485 en 1998 a alrededor de 2.300, de acuerdo con la previsión para este año.

La innovación como sistema
Otra nación que planeó su desarrollo tecnológico fue Canadá. “En nuestro país, la innovación no es apenas un proceso, es un sistema”, puntuó la conferenciante Karin Keyes Endemann, directora de la oficina de relaciones internacionales del National Research Council of Canada (NRC). El sistema al que Keyes se refiere, basado en clusters de tecnología, prioriza las iniciativas regionales comunitarias, con foco en las pequeñas y medianas empresas (PyMEs), que en Canadá, así como en Brasil, son mayoría absoluta. Según Karin, existen en el país 260 consejos para dar apoyo a las PyMEs.

Los ingredientes esenciales de la propuesta canadiense son: capacitación para I&D, conocimiento generado en las universidades y esfuerzos continuos en educación y capacitación. “Entretanto, no hay posibilidades de éxito si los líderes de la comunidad no se comprometen en el proceso”, ponderó Karin. Los clusters de tecnología existen en Canadá desde hace 15 años, pero los resultados recién empezaron a aparecer en los últimos tres años. No hay espacio para iniciativas inmediatistas, justificó Karin. “Estamos apostando a las empresas que están dispuestas a dedicar tiempo antes de obtener ganancias”.

En el modelo canadiense, los científicos son incentivados a sacar la tecnología al mercado. Reciben, por ejemplo, remuneración por seis meses y capacitación para negociar y administrar el capital de riesgo. Los principales clusters en Canadá están en las áreas de biotecnología (Saskatoon), farmacéutica (Biophamaceutical), ingeniería oceánica (New Atlantic), nanotecnología (Alberta), tecnología de la información (ICT) y ciencias de la vida.

Clusters de conocimiento
El País Vasco, que estuvo representado en el evento por Monica Moso, también adopta la estrategia de clusters para fomentar las inversiones, empero, con la cooperación orientada hacia la producción de conocimiento. Según Monica, de Cluster Conocimiento, una asociación que cuenta con 172 miembros, ese modelo sigue la estructura de la participación de diversos protagonistas, que establecen articulaciones y generan las condiciones para instituir la práctica de la innovación. “Como el conocimiento está en las personas, debemos ser más participativos”, resumió Monica. En 1990, cuenta Moso, el gobierno vasco contrató “a peso de oro” al consultor Michael Porter, que realizó un detallado análisis del grado de competitividad del país y definió agrupaciones en las cuales las inversiones serían más fértiles.

Según Monica, la sugerencia que hizo Porter fue que implementaran cooperaciones verticales y horizontales por concentración geográfica, con prioridad para los siguientes sectores: automotor, energético, de telecomunicaciones, de aceros especiales, papelero, aeronáutico, de medio ambiente y de electrodomésticos. El modelo vertical -entre sectores- no ha sido aún implementado, pero el horizontal -en la cadena de valor- ya es unarealidad en el País Vasco, y suma actualmente 11 clusters. “Escogimos empresas que son evaluadas por las universidades, que constituyen un instrumento de divulgación y capacitación”, destacó.

Al comienzo de la década del 80, las inversiones en I&D en el País Vasco eran irrelevantes y, como bien recordó la disertante, tampoco había masa crítica en el medio académico o apoyo a las investigaciones en las universidades. La política de innovación que hizo brotar centros de desarrollo solamente fue posible, cree Monica, cuando el gobierno empezó a ser conformado esencialmente por políticos “no profesionales” -o provenientes de la industria. De entonces, las inversiones del gobierno en I&D se incrementaron 25 veces: saltaron de un 0,07% en 1979 a un 1,8% en 2002. Monica destacó que, en ese mismo período, el país también registró avances significativos en el área de educación, formando la masa crítica que faltaba para dar sustento a la innovación.

Incentivo a la exportación
Para recuperar el tiempo perdido, Brasil debe priorizar las iniciativas volcadas al desarrollo de negocios, agregando valor a la cadena productiva mediante inversiones en innovación tecnológica, en la evaluación del economista Luciano Coutinho, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). “Las commodities de bajo valor agregado no resolverán el problema”, afirma. Y da el ejemplo de China, que así como Brasil, respondía por el 1% de las exportaciones en el escenario mundial entre 1973 y 1983, y cuadruplicó su participación en 2000. “Mientras tanto, el peso de las exportaciones brasileñas en el mercado internacional se redujo a un 0,9% en 2000”, comparó.

La búsqueda de un superávit a gran escala en la balanza comercial solamente tendrá efecto, segundo el economista, si la fuente para el incentivo a la exportación y para la sustitución de importaciones se conecta con una política tecnológica más consistente, volcada a los productos más dinámicos del mercado. Entre 1980 y 1998, ejemplificó, mientras que las exportaciones mundiales crecieron en promedio un 8,4% anual, los 20 productos de los sectores más dinámicos del comercio internacional, que son los que están vinculados a I&D, crecieron un 12,9% promedio. No obstante, el crecimiento de la exportación de semiconductores en el período fue mayor, aún: alcanzó un porcentaje del 16,3%.

Acorde a su evaluación, falta clareza por parte del gobierno brasileño en la adopción de un sistema de incentivos para el sector privado. Según Coutinho, las tasas de interés consumieron el año pasado alrededor de 130 mil millones de reales en deuda nueva y más 40 mil millones en deuda fiscal. “No hay nada que impida que Brasil solucione sus problemas, a no ser nuestra propia capacidad de articulación.”

Apuesta de riesgo
Para el Ministerio de Ciencia y Tecnología, la responsabilidad central en el esfuerzo innovador está en manos de los empresarios. Según el ministro Ronaldo Sardenberg -que juntamente con Hermann Wever, ex presidente de Siemens de Brasil y consejero de la FAPESP, recibió el Premio Anpei al Mérito Tecnológico-, las empresas deben procurar alianzas internacionales para conjugar esfuerzos e inversiones en pro del logro de sus objetivos.

Un buen ejemplo de esa asociación del sector privado es Votorantim Ventures, un fondo de capital de riesgo de 300 millones de dólares controlado por el Grupo Votorantim, que posee alianzas estratégicas con fondos de venture capital internacionales. Votorantim Ventures invierte en empresas promisorias, pero de alto riesgo, como Allelyx, que actúa en el área de biotecnología y tiene como objetivo crear productos que eleven la productividad de cultivos agrícolas. “Nuestros proyectos tienen entre siete y nueve años de maduración”, dijo Fernando Reinach, director de Votorantim Ventures. “Las mejores ideas son solamente ideas”, subrayó, reforzando el rol estratégico del inversor de riesgo.

Desde 1999, cuando mudó su foco de actuación, el Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas (Sebrae) también trabaja para dotar a Brasil de fondos de capital de riesgo. Y participa con 48,5 millones de reales en alrededor de diez fondos con un valor patrimonial de aproximadamente 162 millones de reales. Sérgio Moreira, director presidente del Sebrae Nacional, resaltó la necesidad de crear un ambiente favorable para las pequeñas y medianas empresas. Según éste, de los casi 4 millones de empresas brasileñas, un 99% lo constituyen PyMEs, que responden por un 20% del Producto Bruto Interno (PBI) y participan con un 12% en el total de las exportaciones.

Los participantes en el evento reconocieron los esfuerzos del gobierno federal para estimular las inversiones en innovación, con énfasis en las líneas de crédito -de hasta 150 mil reales- del proyecto Innovar, de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep). También apuestan a la Ley de Innovación, cuyo proyecto ya está listo para su envío y posterior votación en el Congreso. “Los resultados alcanzados también nos indican que es necesario hacer más, y en ese sentido, el cuadro internacional nos suministra indicadores importantes”, dijo el ministro Sardenberg. “Reconocemos que estamos ante un desafío impostergable: robustecer el esfuerzo nacional en ciencia, tecnología e innovación, para que, en un horizonte de una década, podamos alcanzar la meta de incluir a Brasil entre las naciones avanzadas en ese sector.”

El primado de la ética y del bienestar
“Una de las conferencias más instigadoras de nuestra vida”. Así definió Hermann Wever, ex presidente del grupo Siemens de Brasil, la disertación del futurólogo inglés Patrick Dixon, autor del libro Futurewise: Six Faces of Global Change, que trae en epígrafe el siguiente reto: “O asumimos el control del futuro o el futuro nos controlará”. Dixon, fundador de Global Change (www.globalchange.com), cautivó la atención de los participantes de la conferencia con una elaborada retórica y curiosos ejemplos de innovaciones científicas en marcha en el mundo.

La rapidez con la que el futuro se construye fue uno de los aspectos más abordados. Según Dixon, el conocimiento se duplica cada cinco o diez años, y el capital intelectual pierde la mitad de su valor cada dos años en algunas industrias. “Episodios como el del 11 de septiembre y el fraude en el balance de empresas como Enron se multiplican rápidamente y acaban generando una crisis mundial de desconfianza”, añadió.

En la próxima década, afirmó Dixon, las corporaciones deberán de aprender a operar con una realidad de seis caras para no perder el control del futuro. Para representarlas, Dixon tomó como ejemplo un cubo. En cada una de las seis caras, escribió una palabra: Fast, Urban, Tribal, Universal, Radical y Ethical. Esas seis palabras, según Dixon, se dividen en dos grupos: la cara rápida, urbana y universal (que está en las empresas) y cara tribal, ética y radical (que está en las personas). En un mundo que cambia rápidamente y constantemente, argumentó, lo importante es descubrir cuál será el impacto de los cambios futuros en el comportamiento de las personas.

Dixon afirmó también que las transformaciones deberán pasar cada vez más por el tamiz de la ética y del bienestar. “Raramente encuentro a un director ejecutivo entusiasmado en darles ganancias a los accionistas. ¿Por qué? Porque las reglas de juego indican que, si éste no alcanza las metas, su cabeza es cortada”. Lo que dará impulso a la investigación y la innovación, sostuvo Dixon, es la conscientización de que los datos que tenemos en manos cambiarán la suerte de muchos seres humanos y mejorarán la imagen de quienes creyeron en ellos.

 

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