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Ciencia

Un reloj sideral

Físico de Río Grande do Sul muestra cómo aprovechar las variaciones de brillo de las estrellas enanas blancas pulsantes

El astrofísico Kepler de Souza Oliveira Filho, de la Universidad Federal del Río Grande do Sul (UFRGS), fue a buscar una cosa y acabó encontrando otra. Primero descubrió una manera de localizar planetas del tipo terrestre, rocosos y apropiados para el desarrollo de organismos vivos, aún no hallados mediante las técnicas actuales: a través de los impulsos (variaciones de brillo) de las enanas blancas pulsantes, el estadio final de estrellas como el Sol, poco antes de su desaparición. “Si la pulsación de la estrella varía, eso significa que probablemente hay un planeta cerca”, dice Oliveira. “Hoy en día solamente se consiguen identificar planetas grandes a punto tal que perturban la órbita de las estrellas.”

Oliveira concluyó recientemente las ecuaciones que representan la tasa de evolución de dos enanas blancas pulsantes: la G117-B15A, situada a 150 años luz de la Tierra, en la constelación del León Menor (Leo Minor), y la R548, a 120 años luz, en la constelación Ballena (Cetus). Los puntos que representan la variación de luz emitida por esas estrellas forman parábolas -cualquier otro tipo de curva representaría la presencia de planetas terrestres en las proximidades.

Un reto a la suerte
Durante 25 años, el investigador de la UFRGS siguió la variación de brillo de las dos estrellas y realizó 82 millones de registros de luminosidad, pero no encontró ningún planeta. “Sería una suerte inmensa”, dice Souza. Solamente en la Vía Láctea, sobre un total de 100 millones de estrellas, 100 mil son enanas blancas, como el Sol. Trabajando en un límite de 300 años luz, todavía dentro de la Vía Láctea y relativamente cerca de la Tierra, el investigador gaúcho posee datos sobre otras 18 estrellas enanas blancas pulsantes, y pretende examinar alrededor de 100 durante los próximos cinco años.

Como esas estrellas se encuentran al borde de la muerte, los planetas eventualmente cercanos también ya estarían muertos, pero sería un avance notable si esa propuesta indicase que, digamos, la mitad de las estrellas enanas blancas aún vivas, como el Sol, albergan planetas terrestres. Su trabajo, hecho hasta ahora por medio de un telescopio de 11 metros de diámetro ubicado en Texas, Estados Unidos, adquirirá ritmo con el Soar -un proyecto con participación brasileña desarrollado en Chile, que permitirá conocer mejor las estrellas del Hemisferio Sur.

Oliveira no se sintió frustrado únicamente porque descubrió objetos sumamente precisos: las enanas blancas pulsantes constituyen “el reloj óptico más perfecto del universo, mucho más preciso que los relojes atómicos”, de acuerdo con su propia definición. La G117-B15A, con pulsaciones cada 215 segundos, con siete cifras decimales después de la coma, como Oliveira verificó, puede demorar 100 millones de años -el tiempo en el que su temperatura cae a la mitad- para atrasar un segundo ese ritmo de pulsación. Es una precisión diez veces mayor que el estándar internacional de los relojes atómicos a base de cesio, en los cuales se considera aceptable el atraso de un segundo cada 10 millones de años. “Podemos valernos de las estrellas para calibrar los relojes atómicos”, sugiere el investigador.

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