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Ganadería

La solución líquida

El uso combinado de un hidratante y un diurético ayuda en el combate contra la intoxicación con amoníaco en bovinos

Una forma barata de asegurar una fuente permanente de proteínas para la ganadería de corte en zonas tropicales y subtropicales durante todo el año consiste en adicionar urea o sal en el alimento balanceado de las reses, especialmente durante la estación seca, cuando hay escasez de pasto. Con este suplemento alimentario, que luego de una serie de reacciones químicas se transforma en proteínas en el estomago de los animales, éstos alcanzan el peso ideal para la faena en la mitad del tiempo normal.

El problema reside en que, si el criador no acierta en la dosificación del suplemento proteico, se produce una intoxicación con amoníaco, sustancia proveniente de la urea, de difícil control y capaz de matar a una vaca por arritmia y paro cardíaco en cuestión de horas. Pero ahora llega la buena noticia: un equipo de veterinarios de la Universidad de São Paulo (USP) ha desarrollado y probado con éxito un nuevo procedimiento terapéutico para este tipo de problema, sencillo y alrededor de diez veces más eficiente que el tratamiento normal.

Los investigadores verificaron que la administración conjunta de una solución hidratante -generalmente suero fisiológico- y un diurético, logra reducir el grado de intoxicación y salva a la mayor parte de los bovinos con exceso de amoníaco que entran en convulsión, período crítico a partir del cual existe peligro de muerte inminente. Y si a este procedimiento se le suma el uso de aminoácidos del ciclo de la urea, el resultado de la nueva terapia suele ser aún mejor. “Pero el empleo de los aminoácidos, que son caros, no es imprescindible en ese tratamiento alternativo”, asegura Enrico Lippi Ortolani, de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la USP, que coordinó los estudios sobre intoxicación con amoníaco.

“Tan solo con el hidratante y el diurético es posible subsanar el problema”. El mes pasado, Ortolani participó del 22º Congreso Mundial de Buiatría en Hannover, Alemania, en donde expuso este tratamiento alternativo. El procedimiento usual para intentar neutralizar la intoxicación, cuya eficacia, según Ortolani, deja mucho que desear, consiste en administrar ácido acético, el popular vinagre, en los animales que presentan el problema.

El empleo del tratamiento alternativo estimula una acción crucial para un organismo intoxicado con amoníaco: la de orinar. Mediante una serie de experimentos, que contaron con el financiamiento del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), el equipo del veterinario verificó que animales con mayor capacidad de micción tenían espontáneamente, aun cuando no habían sido sometidos a ningún tipo de tratamiento, mayores chances de escapar con vida de la intoxicación. Esto se debe a que la concentración de amoníaco (y urea) en la orina es directamente proporcional a la cantidad de líquidos filtrados por los riñones y eliminados por el cuerpo.

También se verificó que el pH (índice de acidez o basicidad) sanguíneo y de la orina de los animales que orinaban mucho era ligeramente menor que 7 (levemente ácido) y que el de los animales en los que se observaba poca micción. Había una relación clara entre esos dos parámetros: cuanto más bajo (ácido) era el pH de la orina, más amoníaco era eliminado por esa vía. Este dato parece ser importante. Al alcanzar un pH superior a 7 (básico o alcalino), el fluido del rumen comienza a favorecer la absorción de amoníaco en el torrente sanguíneo, lo que abre camino para la intoxicación.

Al proponer el uso de un hidratante asociado a un diurético como nuevo tratamiento para ese cuadro de intoxicación, Ortolani, intenta por lo tanto producir temporalmente en todos los animales con exceso de amoníaco el mismo tipo de protección natural contra esa sustancia, cosa que de otra manera, permanecería siendo un privilegio de pocos animales. Durante su maestría, la veterinaria Sandra Satiko Kitamura verificó que cerca del 60% de los ratones intoxicados con amoníaco sobrevivieron a ese cuadro clínico con el empleo de diurético e hidratante, ante apenas un 6% entre los roedores que no recibieron tratamiento. “En experimentos con 25 bovinos con convulsiones, en los cuales habíamos provocado una intoxicación similar a la que se produce en el campo, conseguimos revertir el cuadro con la nueva terapia en todos los casos”, dice Ortolani. “No perdimos un solo animal”. Una hora después haber recibido por vía intravenosa la hidratación y el diurético, los animales tratados ya habían eliminado cerca de un 30% del amoníaco. Con el tratamiento convencional, ese índice es de menos de un 3%.

La alta concentración de amoníaco provoca una secuencia de eventos que, si no se los controla de manera rápida, ocasionan la muerte de los animales. Inicialmente, el exceso de esa sustancia deprime al ganado intoxicado y dificulta su permanencia en pie. Los animales sufren temblores musculares y perturbaciones nerviosas, pues esa sustancia interfiere en sus cerebros, y acaban desplomándose. Salivan mucho, tienen dificultades para tragar y se deshidratan. El amoníaco provoca acumulación de agua en los pulmones, en donde se produce un edema (acumulación de agua). “El rumen o panza para de funcionar, se hincha y comprime a los otros órganos”, afirma Ortolani. El inicio de las convulsiones es una señal de que, si no se hace nada para revertir el cuadro de intoxicación, se estará ante la inminencia de perder a un animal del rebaño. Con la nueva terapia, esos síntomas son controlados en menor tiempo. “Los animales tratados con hidratante y diurético recuperaron más rápidamente los movimientos del rumen y el apetito, y se levantaron más rápidamente del suelo”, afirma Sandra. El edema pulmonar también fue eliminado con mayor facilidad.

La existencia de amoníaco en la panza del animal es imprescindible para que la urea dada a éste se constituya efectivamente en una fuente de proteínas. En el ganado vacuno, como en el ovino, el rumen es la parte del estómago en donde la comida es digerida, con el auxilio de encimas producidas por microorganismos que viven allí en simbiosis. Cuando la urea llega al rumen, se transforma debido a la acción de una encima, la ureasa, y da origen al amoníaco y al dióxido de carbono. Partiendo del amoníaco, las bacterias del rumen sintetizan proteínas que enriquecerán la dieta de la vaca.

El llamado ciclo de la urea es algo en general benéfico para la cría de ganado. No obstante, a veces aparecen algunos problema en ese sistema -cambios de pH en el rumen, dificultades de ingestión, desbalanceo de la mezcla de urea y alimento balanceado- y entonces el hígado y la sangre no logran neutralizar la presencia excesiva de amoníaco en el rumen. Entonces se produce la intoxicación.Para evitar el exceso de amoníaco en el ganado, la cantidad de urea -un sólido que parece bajo la forma de cristales blancos- adicionada a la comida de los bovinos no debe exceder el 1% de la materia seca del balanceado ó el 3% del concentrado dado a los animales. En rumiantes no acostumbrados a ese refuerzo alimentario, debe efectuarse un proceso de adaptación gradual al suplemento proteico. Caso contrario, el riesgo de intoxicación es grande.

Cuando se produce una discontinuidad en el suministro de urea, el proceso de adaptación debe de ser reiniciado. Si eso no se concreta, puede producirse una intoxicación con amoníaco. En otras palabras, cualquier descuido en el empleo de esa fuente barata de proteínas puede llevar a que los animales se enfermen. Como las mejoras en términos de productividad son grandes con el uso de urea -el animal llega a su peso ideal para la faena en un máximo de tres años, en lugar de los tradicionales cinco años-, los productores brasileños, dueños de alrededor de 160 millones de cabezas de ganado, uno de los mayores stocks del mundo, recurren cada vez más ese refuerzo alimentario. En ese contexto, un tratamiento más eficaz contra la intoxicación con amoníaco, como el propuesto por Ortolani, es de fundamental importancia para aquéllos trabajan con ganado de corte.

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